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Hemos perdido a Cataluña

Me da sentimiento ver a todo el pueblo catalán en la calle e incluso me duele algunas de las cosas que dicen muchos independentistas. De veras me da pesar ver cómo parece que no hay catalán que quiera seguir en España después de tantos años juntos. Pero también me da pena ver cómo se está intentando solucionar esto desde el Gobierno de Rajoy. Me da vergüenza ser testigo de cómo todo un pueblo se echa a la calle para denunciar las medidas represivas que están sufriendo cuando sólo quieren ser escuchados. En 2005 el independentismo en Cataluña no llegaba ni al 15%. Ni siquiera el federalismo era algo que se plantearan los catalanes. Hace poco más de diez años, el Centre d’estudis d’opinió de Cataluña resaltaba estos datos añadiendo además que más del 40% eran partidarios de seguir con la vigente autonomía. Estos datos hacen que me lleve las manos a la cabeza, estupefacto, por cómo han evolucionado las cosas, por cómo están las cosas en estos momentos. Qué desastre, qué pena. Y todo por los malos gobernantes, de uno y otro lado. Todo comenzó con aquél tripartito y su Estatuto de Autonomía. Con Rodriguez Zapatero de presidente se apoyó la reforma, o eso decía él y su endiablada ceja. Parecía que todo iba a ir bien, las relaciones entre Cataluña y el Gobierno de España parecían viento en popa. Y así fue, el Estatut quedó aprobado, pero con el tiempo, y como si fuera una margarita, el Gobierno comienza a desojarlo. Y es ya en 2006 cuando el independentismo comienza a despegar, tanto que en 2009 los partidarios a la independencia superan el 21%. Pero será en 2010, cuando el Tribunal Constitucional resuelve el recurso interpuesto por el Partido Popular contra el Estatuto, cuando el clima comenzará a enconarse, más y más, hasta el punto de que Cataluña es noticia todos los días. La sentencia del Tribunal Supremo acortó más aún el texto de autonomía, tanto que hasta eliminó el concepto nación para Cataluña. Los catalanes vieron su dignidad dañada y las protestas se intensificaron en las calles. No hay duda, la negociación del Estatut fue la chispa que encendió la mecha. Para el Partido Popular, que llegó a recoger más de cuatro millones de firmas en contra del Estatut, el mismo era un despropósito, todo lo que albergaba en su interior era una suerte de bomba de relojería para España. El Estatuto, aprobado en referéndum y cada vez más trasquilado, era ahora una amenaza para  la unidad de España.

En 2010 CiU, con Artur Más a la cabeza, se hace con el Govern y se empecina en conseguir un nuevo acuerdo fiscal para Cataluña. En plena crisis era aún más inviable. Zapatero se vió atado de manos y ya en 2012, con Rajoy en la Moncloa, los catalanes se encontraron con un muro de hormigón armado. El choque de trenes se avistaba. Y llegó el día de la gran Diada. El 11 de septiembre de 2012 éramos testigos de una enorme manifestación por la independencia, el único camino posible que veían Más y los demás nacionalistas. España ens roba y tal. Desde entonces la máquina independentista y su propaganda han sido imparables. No quiero parecer que estoy victimizando a los catalanes, no les estoy dorando la píldora, tan sólo estoy siendo lo más imparcial que me sale ser. Desde el Govern, pasando por la televisión pública catalana y muchas instituciones independentistas, avivaban el fuego, creando un clima anti españolista. Para ellos España era y es el causante de todo mal. Tampoco vamos a negar que desde las aulas, la educación autonómica ha influido mucho, y no crean que caigo en el tópico de que a los niños catalanes les han lavado el cerebro, pero aquí ha habido perversidad por ambos lados. Cataluña sí ha sido humillada en muchas ocasiones desde la Meseta y desde Cataluña se ha incentivado muchísimo, durante décadas, el sentimiento más anti español.

Muchos, muchísimos catalanes, desde 2012, sobre todo cada 11 de septiembre, han pedido la independencia. Y hasta antes de ayer, no lograban ser mayoría. Como se vio en el 9N de 2014, los votos por el sí a la independencia alcanzaron  casi el 48%, un 52 % quería seguir perteneciendo a España. Pero no fue un referéndum legal, vinculante. ¿Por qué no haberlo hecho en ese momento? ¿Por qué no haber mejorado las relaciones desde entonces? No, como dijera Michael Kane en la piel de Alfred en Batman Begins, hay gente que sólo quiere ver el mundo arder. El inmovilismo del PP y la cerrazón de la Generalitat escenificaban un choque de trenes. Y los trenes ya han colisionado. No me gustó la manera en la que el Parlamento de Cataluña aprobaba la ley del 1O y la de transitoriedad. Con la legitimidad que las urnas han dado a los políticos de Junts Pel Sí y la CUP,  quisieron derogar de facto el Estatuto, han aprobado unas leyes sectarias, de la forma más opaca. No me parece bien que los partidos independentistas hayan desdeñado a la oposición. Entiendo la frustración de pedir años y años un referéndum que no llega, uno como ya se hiciera en Reino Unido con los escoceses, donde Cameron no pudo ser más elegante. Pero de ahí a querer realizar un referéndum partidista, hecho por y para los del sí, dejando a la otra mitad de Cataluña incapaz y con la intención de realizar una declaración unilateral de independencia, no es lo más correcto. El referéndum que intentarán celebrar los independentistas dentro de ocho días no es trasparente, no es el referéndum que necesita Cataluña ni ningún país que quiere lograr su ansiada independencia. Se necesita un referéndum pactado, efectivo, que de cabida y mucha voz tanto a los del sí como a los del no. Las reglas hay que respetarlas y ambas partes han de ceder. Cataluña merece más y España también.

Pero esto es intolerable e insostenible. El Gobierno central ha decidido dar un trato judicial y policial a un tema político. Es un verdadero error y es sonrojante a más no poder ver cómo se están enviando a policías y guardias civiles a toda Cataluña. Ahora que el independentismo parecía disminuir, pues la actitud de los secesionistas no estaba dando buena imagen entre los catalanes e incluso la última Diada no ha presentado tanta magnanimidad como años anteriores, el Gobierno toma medidas represivas, encarcelando a cargos electos catalanes, enviando a la Guardia Civil y a los anti disturbios a las calles de las principales ciudades catalanas. Lo que estamos viviendo estos días y presenciando a cada momento, es bochornoso. Hemos perdido a Cataluña. Quizás no en este referéndum del próximo 1 de Octubre, pero sí en el que ha de hacerse más temprano que tarde. Mujeres y hombres, de todas las edades, están inundando las calles de Cataluña. Hasta unos niños, como ha sucedido en Manresa, han aprovechado esta mañana el recreo para presentarse ante las puertas de una comisaría de la Policía Nacional y mostrar su rechazo y sus ansias de independencia. Qué lástima. Ahora sí que parece que toda Cataluña quiere despedirse de España para siempre. Las generaciones de catalanes de hoy y más aún las que están por llegar no querrán ni oír hablar de España. Sólo hay que ver las imágenes, a poco que ninguna de las personas que están en las calles de Cataluña quiera nada con este país, ya podemos darlos por perdidos. En está última década muchos catalanes han desconectado emocionalmente de España, han hecho a pico y pala un país. Muchos de ellos, una gran mayoría, viven como si en ellos nada de España hubiera ni quisieran. No me quiero ni imaginar a partir de ahora.

No hemos sabido hacer las cosas.

Hemos perdido a Cataluña.