Yo y los videojuegos.

Tras visionar el pasado viernes por la noche un reportaje sobre la adicción a los videojuegos en un conocido canal de televisión, me volvió a la mente mi infrecuente relación para con el mundo de las videoconsolas. No sólo lo admito, sino que además, me considero ser un auténtico friki, un enganchado a las novelas de fantasía, a los buenos cómics, y un adicto al cine y a la música Hard/AOR hasta tal punto que mi cuarto, según cómo lo mires, parece, por una parte Casa del Libro y por otra, la tienda Tipo. Y es que es incansable mi adicción por comprar y comprar cada vez más discos y vinilos, libros y cómics.

Pero por una extraña razón, la cual desconozco, nunca he sentido devoción por los videojuegos, aunque en Anhelarium encontréis un par de artículos sobre ello. Ahí está mi Play Station 3, solitaria y acumulando polvo. Y es que sí señores, me la compré en su día y para nada. Aunque decir “y para nada” creo que es muy injusto ya que he pasado muchas horas jugando con ella al Heavenly Sword y al Lobezno Orígenes. Esto, a priori, puede resultar contradictorio, digo que nunca he sentido devoción por las videoconsolas y ahora sin embargo digo que he pasado muchas horas con ambos juegos. Pero es que ha sido eso, sólo con esos juegos. Teniendo en cuenta que compré la PS3 hace dos navidades, que tengo 11 juegos (entre ellos el gran valorado Dead Space) y que sólo me han interesado esos dos, y porque era verano y no tenía nada que hacer, creo que la cosa es un tanto turbia.