7 años
Anoche, a eso de las tres de la madrugada, estaba disfrutando de un rico helado mientras veía una serie. Era muy tarde sí, pero así soy yo en vacaciones, exprimiendo las horas que tiene el día todo lo que puedo. Pero a lo que iba. En ese momento, me salta un mensaje de felicitación de WordPress recordándome que mi blog cumplía siete años. Si ya de por sí me sentía como un rey con mi aire acondicionado, mi serie y mi helado de tarta de queso y fresa, en ese momento no podía sentirme mejor, pero sobre todo, orgulloso y satisfecho. No he pintado una obra de arte ni he descubierto la pólvora. No he hecho nada relevante para el mundo. Y muy probablemente jamás lo haga. Pero anoche me sentí orgulloso de ver como algo a lo que le puse tanta ilusión y corazón, siga ahí, siga aquí, acompañándome, y acompañándote a ti si así lo quieres. Hace siete años de aquel verano que me enamoré de la idea de escribir a la gente, de compartir con los demás. Muchas gracias a todos por hacer posible que pueda seguir haciéndolo. Gracias a todos y cada uno de los que se paran a leer algo de lo que aquí escribo.
Nos seguimos leyendo, amigos míos. Que sean por muchos años más. Buen y largo verano a todos.
Seis años después
A principios de verano publiqué una de las entradas que más expectación ha tenido en Anhelarium últimamente, titulada No son buenos días para los blogueros. En dicha entrada os comentaba la situación actual por la que atraviesan nuestros blogs y el notable cambio en cuanto a la forma de actuar de los usuarios con estos espacios. Así, seis años después de haber dado vida a Anhelarium, la cosa ha cambiado bastante. No voy a entrar de nuevo al tema porque todo lo que tenía que decir ya quedó plasmado en el artículo. Pero este verano este espacio cumple ya seis años y este que os escribe sigue estando tremendamente orgulloso y agradecido. Porque a pesar de que este blog, como tantos y tantos otros, luzcan a veces algo solitarios por la escasa participación por parte de sus lectores, yo al menos me sigo sintiendo agradecido por la gran cantidad de visitas que este humilde espacio recibe a diario. Sin ir más lejos, el artículo antes mencionado recibió en apenas tres días más de doscientas visitas y tan sólo cinco comentarios. Irónicamente, muchos blogueros me contestaron únicamente vía Facebook.
Seis años después, aquí estoy, hecho todo un romántico. Los blogueros como yo jamás abandonaremos esta aventura de escribir en nuestras bitácoras por mucho que las tendencias y el modo de compartir la información hayan cambiado. Somos unos nostálgicos.
Seis años después procuro mantener con la asiduidad que puedo el contenido de este blog, cuidando con esmero la apariencia para que, quien llegue hasta aquí, haga de su visita un instante placentero, atractivo y ameno.
Gracias por vuestra visita, esta es vuestra casa y aquí os estaré esperando.
No son buenos días para los blogueros
No son buenos días para los blogueros. O mejor dicho, no son los buenos días que eran antes, pero tampoco es para ponerse melodramático. Cualquier compañero de la blogosfera podrá darme la razón si digo que los blogs han perdido bastante. Las redes sociales lo han fagocitado todo y son la principal fuente de información. ¿O debería decir, desinformación? Da igual, eso es otro tema. Ya la gente no se para a buscar blogs o foros especializados en algo en concreto. Ahora siguen grupos o páginas de Facebook o perfiles de Twitter. Algo totalmente lícito por otra parte. Los tiempos cambian, avanzan y con él, la tecnología, las formas de comunicarse y el acceso a la información.
Pero es tal el exceso de información. Es tan basto el bombardeo constante de información, mucha de ella información basura (sí, esto también es otro tema) que la gente ya no se para a leer con el detenimiento o interés de antes. La gente, en especial los más jóvenes, se ha acostumbrado a leer esas pequeñas noticias compartidas en Facebook o escuetos tweets, es decir, se han habituado a leer poco y de ahí sacar un conocimiento general , en vez de leer mucho y sacar un conocimiento algo más concreto y metódico. Pero no me voy a meter en temas epistemológicos ni me voy a desviar del tema analizando la forma en la que la gente obtiene información para aprehender conocimientos.
Sea cual sea la temática del blog, aunque sea un blog que reciba muchas visitas y tenga cierto éxito, es seguro que ya no registra los números de hace unos años. Anhelarium está por cumplir seis años ya y a día de hoy no me hace los números de años atrás aun no siendo nada malas las estadísticas actuales. Si bien es cierto que por temas de estudio no puedo dedicarle el tiempo que otrora sí, el blog sigue manteniéndose en el tráfico virtual debido a su contenido y por, de vez en cuando y mucho menos de lo que me gustaría, alimentar su feed con las entradas que el tiempo del que dispongo me permite publicar. Pero hablándolo con otros blogueros, la cosa no sólo va únicamente de si publicas mucho o poco en tu blog. Y es cuando volvemos a lo que comentara en un principio: Las redes sociales.

Fuente: tumblr.com
Renovarse o morir. O eso dicen. Es por ello que desde hace varios años, muchos de los que administramos webs/blogs nos hacemos hueco en las redes sociales, sobre todo Twitter y Facebook, para llegar a más público y que aquello que ofrecemos en nuestros dominios tenga su escaparate en dichas redes. Pero es tal la fagocitación de la que os hablaba antes que dichas redes sociales han acaparado toda la atención, siendo el epicentro de todo. Y me explico. Puedes publicar un artículo en tu blog y comprensiblemente publicitarlo en Facebook por ejemplo. Y lo que ocurre de un tiempo para acá, es que incluso los comentarios que antes recibías en tu blog, se quedan en su correspondiente página de Facebook. A la gente hasta le da pereza clickar y llegar al blog donde se encuentra la entrada al completo. Ahora, y por lo general, la sociedad es más vaga que nunca a la hora de leer. Si los periódicos lo sufrieron con la aparición de las versiones digitales, ahora incluso los portales de información o sitios webs lo sufren con las concurridas redes sociales. Ahí queda todo.
Así, las personas no sólo se han habituado a obtener información de forma rápida y concisa, sino que además, su manera de participar en los debates también lo es. Comentar en Facebook una noticia o entrada es mucho más rápido y sencillo que hacerlo en el propio blog, donde para participar debes rellenar un pequeño formulario con tu nombre, correo y por supuesto, tu comentario. Con todo, es comprensible, y para los que nos dedicamos a esto, bastante notable, que la dinámica de los blogs ha aminorado de manera evidente. La actividad que un blog podía registrar hace unos años no es la que puede experimentar ahora. Y esto lo digo más por los comentarios que por las visitas. Las visitas se pueden mantener en mayor o menor medida, dentro de una media, pero los comentarios, la participación por parte de usuarios en espacios como este, no. Esto ya no es lo que era. Y se echa mucho de menos. Pero, al menos en mí, esto no me quita las ganas de seguir escribiendo en este humilde rincón. Un lugar abierto a todos, para todos, cuando y cuánto quieran. Yo sigo igual de agradecido por todas esas personas que siguen llegando a Anhelarium. Sólo deseo que la visita les haya gustado.
































Lo último que se ha dicho