Viajes

Las Minas de Tharsis

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Sobre mi viaje a Huelva ya hablaré más adelante, porque este fue un viaje de lo más agradable, donde pudimos recorrer varios de los acogedores pueblos de la provincia onubense y sobre todo, compartir bellos momentos con unas personas realmente únicas y maravillosas. Pero en esta entrada me quiero centrar única y especialmente en uno de los lugares que más me ha impactado en estos últimos años y que he tenido el inmenso placer y la suerte de conocer de la mano de José Manuel, uno de sus antiguos trabajadores. Os hablo de Las Minas de Tharsis, un pequeño pueblo minero perteneciente a Alosno, de la provincia de Huelva, Andalucía (España).

No me esperaba en absoluto ver algo así. No imaginé en ningún momento poder contemplar un paraje tan colosal, tan impresionante e imponente como aterrador. Era una sensación muy extraña, porque al estar allí, podías sentir lo insólito de aquél lugar. Era como haber aterrizado en otro mundo. Unas minas abandonadas, un vasto territorio aparentemente olvidado, desolado. Unas minas que antaño fueron el sustento de todo un pueblo, un lugar que fue el fragor de una época casi remota.

Hasta 7000 mil trabajadores llegaron a tener esas minas. Entraban los trenes hasta San Telmo, Corrales y La Zarza, colindando con el mar de Huelva, cargaban los trenes y enviaban el material a diversos países. Como no había bombas de achique, entonces tenían las antiguas norias que ponían en un burro o un mulo para dar vueltas y sacar el agua de las minas que a la vez valían para hacer cobre. Echaban en unos recipientes el agua, un agua muy azul y entonces echaban chatarra y recogían con unos cazos grandes de cobre el material. Donde echaban todo ese agua se llamaba el canaleo. Aquellos hombres primero trabajaron en las contraminas (debajo de la tierra) o galerías, y después como eran muy costoso sacar los minerales a través de las vagonetas y de forma manual, pues ya lo hicieron a cielo abierto. Los camiones iban bajando de forma escalonada, iban bajando y bajando. Había pozos profundos, donde estaban los minerales, tenían que sacar de ahí el agua porque de lo contrario no podían bajar. Las bombas de achique a cielo abierto eran ya en aquellos días eléctricas.

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Había unas minas a las que se les llamaba La Corta de Esperanza. El mineral siempre se sacaba mediante unos barrenos y mediante el uso de la pólvora, haciendo perforaciones, metiendo la pólvora y provocando una explosión que removía toda la tierra. Debido a esta erosión, el mineral estaba hecho polvo, y con las excavadoras sacaban el mineral. Esto no sucedía en Filón Norte y Filón Sur, donde el material era más duro. Aunque estas minas estaban más cercas las unas de las otras, a algunas no les cogió la erosión tan cerca. Algunas llegaban a tener más de 100m de profundidad.

Los pinos y los eucaliptos de los alrededores eran para activar las minas, no se podía sembrar otra clase de encimas u otros pinos. Los pinos y los eucaliptos los trajeron los ingleses para poder repoblar la zona por si necesitaban madera para las contraminas, etc. Cuando ellos llevaban el mineral al extranjero, en el mismo barco, traían víveres al economato, traían madera y todo tipo de materiales. Todo corría a cargo de los ingleses, incluido los profesores que daban clase en la escuela. Eran buenos tiempos, el pueblo prosperaba. Tanto que premiaban a los buenos alumnos con 15 pesetas en un sobre. Los jefes repartían en Reyes juguetes a las familias obreras. Incluso pusieron un cine, propiedad de los ingleses, donde proyectaban películas para todo el pueblo. Los ingleses formaban a la gente de la escuela y demás trabajadores. Los ingleses estuvieron hasta principios del 2000 cuando ya todo entró en declive.

En el pueblo hay casas y cuarteles, propiedad de los ingleses igualmente, los trabajadores no pagaban nada, ni luz ni agua. Si se rompía una sola teja, ellos corrían con los gastos de mantenimiento. Cuando se terminó la producción y las minas se cerraron, se hizo cargo la Junta de Andalucía. La Junta de Andalucía, al terminar la producción y cerrarse las minas, vendieron las casas y los cuarteles de los mineros por unos precios simbólicos. Cada vecino ahora tiene que correr con los gastos. Los primeros que trabajaron esas minas fueron los fenicios, posteriormente los tartesos, que fueron los que introdujeron la noria. Luego serían los belgas y por último los ingleses.

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Había varios relevos de ocho horas y hasta se llegó a tener un hospital, uno incluso más grande que el de Huelva. Vino gente de todas partes de España y de Portugal a trabajar. Como no había casas y cuarteles para todo el mundo, se hicieron casas en los huertos. Casi todos llegaban a tener casas y cuarteles en sus huertos. Los mineros de Alosno solían venir andando haciendo 7 kilómetros, con el foco y la talega. Venían andando o en bicicleta. Hasta que en los años 70 pusieron autocares en cada relevo. Por lo general, cada minero ganaba unos 10 duros diarios. José Manuel estuvo trabajando mediante una subcontrata del 65 al 68. Posteriormente se fue a la mili. Y de la mili, en el año 69, se vino para Madrid en la construcción y en las pieles, durante 28 años.

En 1965 trabajaban con máquinas de vapor e iban con vagones de unos 5mil kilos. Cada dos vagones llevaba un guardafrenos. Llevaban unos tacos de madera que cuando llevaba sobrepeso pues salían ardiendo los campos al echar tanta llama. Eso provocaba incendios en los campos. Las máquinas de vapor llevaban un maquinista y un ayudante que era el que iba echando el carbón. A finales de los sesenta, introdujeron máquinas diésel, y ya llevaban los vagones 10 kilos, que se llamaban vagones gres. Llevaban mucho más peso y ya no necesitaban guardafrenos, porque frenaba a través de la máquina. Para entonces ya sólo iba un maquinista.

Trabajaron las Minas del oro, moviendo muchas toneladas de tierra para sacar oro, plata y otros derivados de ese mismo gremio. Lo llevaban en bruto para después sacar el cobre, la plata u otros minerales. A los muchos años de estar sacando, la tierra dejó de ser productiva porque había que mover muchas toneladas de tierra para sacar la poca producción que había. Todo era mucho más costoso y no había medios para hacerlo.

En los años de bonanza, Thársis, en cualquier fiesta de Andalucía, siempre era de las que más se nombraba. El pueblo tenía mucho protagonismo. La fiesta más grande de Thársis se llama La Velada, y era reconocida por toda Huelva.

Como bien dice la letra de uno de clásicos fandangos de Huelva:

Thársis quién te conoció, que en tu nombre rememora,

Si tu vivir hoy es triste, ya te llegará la hora, de vivir como viviste.

 Esta no es más que una historia más de nuestra Historia. Desde aquí, agradecer a José Manuel por haberme guiado en esa visita a las minas, un momento que jamás olvidaré, y sobre todo por su agradable compañía en la que compartió conmigo importantes momentos de su vida.

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Lisboa – Un agradable fin de semana en la capital lusa

Por lo pronto está siendo ya una costumbre el hacer un viajecito a cualquier lugar con la intención de celebrar el fin de curso y sobre todo el inicio de otro nuevo verano. El año pasado, con motivo del concierto de AC/DC en Sevilla, decidimos pasar allí el que fue un magnífico fin de semana el cual a mí personalmente, me sirvió de mucho a nivel personal. Para este año, decidimos ir un poco más allá, el destino elegido, Lisboa, aunque en un primer momento se planteó ir a Málaga, un estupendo lugar que aún no he tenido el placer de conocer. Pero me río yo de Rastreator porque Sandra sí que es buena rastreando las mejores ofertas en cuanto a viajes y todo lo que ello conlleva y es por eso que encontró una buena ocasión para ir a conocer Lisboa.

Aunque permitidme que antes de describir cómo fue nuestro inolvidable viaje reseñe brevemente cómo fue la memorable noche del jueves, la noche antes de partir hacia Portugal, porque Sandra tuvo el detalle de invitarme, con motivo de mi cumpleaños, a un inmejorable espectáculo, al Circo de los Horrores que por entonces estaba representando su función en Madrid (me consta que a día de hoy andan de gira por tierras latinoamericanas) Hasta el último momento Sandra mantuvo en secreto la sorpresa, no fue hasta que llegamos a La Cubierta de Leganés cuando por fin vi en qué consistía la sorpresa de cumpleaños. Sin duda Sandra, distes en clavo, al principio imaginé, debido a que me decías continuamente que teníamos que estar a cierta hora en tal sitio, que sería un teatro, un musical o un concierto, pero la idea de ir a ver tal espectáculo no pudo ser mejor.

Nada más llegar a La Cubierta ya pudimos observar la cantidad de gente que asistía al evento, desde antes de entrar, actores del espectáculo muy metidos en su papel iban de un lado a otro asustando a los asistentes que poco a poco se acomodaban en sus asientos. El Circo de los Horrores  estaba a punto de comenzar. Bajo una tenue luz, todo estaba decorado de manera siniestra, no faltaba nada, demonios, momias, niñas poseídas, monjas asesinas, el maníaco de la sierra, todos estaban allí presentes. En el centro, el escenario, decorado como un antiguo cementerio gótico y donde haría lugar la función. Toda una experiencia inolvidable el haber asistido a esta gala no sólo de terror, sino también de buenas escenas acrobáticas, números sensacionales y sobre todo, escenas muy cómicas donde los actores interactuaban en todo momento con el público, sin duda, lo mejor del Circo de Los Horrores. Como es evidente, no quiero contar nada en concreto sobre este espectáculo ya que mataría la sorpresa de aquellos interesados en ir a verlo, pero para terminar, decir que hacía tiempo que un servidor no se lo pasaba tan bien, salí del espectáculo completamente renovado anímicamente, lo pasé realmente bien y durante el tiempo que duró fui muy feliz. Una función llamativa, sensacional y además, vivida en compañía de alguien excepcional.

A la mañana siguiente, muy temprano, fuimos rumbo al aeropuerto para coger el avión a Portugal. Del viaje ni me enteré, la noche anterior dormimos muy poco, apenas tres horas y media y fue tomar asiento en el avión y caer inconsciente. Al despertar ya estábamos a punto de aterrizar en Lisboa. Hacía una mañana nublada, tras llegar al hotel y dejar las maletas, no perdimos tiempo alguno, nos dimos un merecido desayuno -en el que probé los Pasteles de Nata, repostería tradicional de Portugal y que están deliciosos-  y nos pusimos manos a la obra, visitamos todo el centro de Lisboa. Me sorprendió lo antigua que es la ciudad, parece que está anclada en el tiempo a pesar de que las calles estén abarrotadas de tiendas y restaurantes. Edificios antiguos y la mayoría sin rehabilitación alguna, era todo lo que abundaba en pleno centro, además de unas plazas enormes con unas vistas estupendas como La Praça do Comércio (Plaza del Comercio, más conocida por Terreiro do Paço), una de las más importantes plazas de Lisboa y que fue foco importantísimo del comercio marítimo de la ciudad. Por momentos, Lisboa me recordaba -y no vagamente como se suele decir- a las viejas ciudades de Italia, sobre todo por esas gastadas calles en cuesta, esos edificios tradicionales y centenarios que impasibles perduran durante años. Hablando de edificios, lo más característico de los edificios de Lisboa es claramente sus azulejos, una costumbre inéditamente portuguesa el decorar por fuera los edificios con preciosos azulejos artesanales. Algunos son realmente maravillosos.

Fuente: Google.es

Tras salir pálido del famoso Elevador do Carmo (Elevador de Santa Justa) un ascensor que une los barrios de la Baixa Pombalina y el Chiado en Lisboa, necesitaba reponer fuerzas y por supuesto, faltaría más, quería degustar la comida portuguesa y nos dirigimos a un restaurante donde pudimos disfrutar de un estupendo almuerzo. No recuerdo el nombre de lo que comí exactamente, y tampoco lo encuentro navegando por internet, pero para haceros una idea, el plato consistía en un delicioso solomillo de ternera, con lechugas, patatas fritas, piña, melocotón y un delicioso aceite de oliva (azeite) uno de los cimientos más importantes  de la cocina portuguesa.

Tras pasar un día de turismo por todo el centro de Lisboa, la noche del viernes fue la mejor de las dos noches que pasamos en la capital portuguesa. El cumpleaños de Sandra había sido recientemente y claro está, quería invitarla a cenar. El sitio elegido fue el Hard Rock Café de Lisboa. Nunca había estado en uno, a pesar de que subo muchísimas veces a Madrid (donde allí se encuentra uno de los Hard Rock Café más importantes del mundo) y estaba bastante emocionado. Y no es para menos, desde el primer momento me embriagó una agradable sensación, el ambiente era muy placentero. Una clientela muy selecta, una comida excelente (y cuantiosa) y un servicio muy completo, correcto y sobre todo muy amable. Parece que estoy haciendo publicidad descarada pero no, indiscutiblemente entrar en un Hard Rock Café es toda una experiencia y si además eres amante del buen Hard Rock ya es para tirar cohetes. Estábamos cenando, manteniendo una agradable conversación mientras en todos los televisores del establecimiento (y con la música bastante alta) echaban una y otra vez videoclips de grupos como Whitesnike, Bon Jovi, Def Leppard, Scorpions, Alice Cooper, Metallica, Europe, Guns N’ Roses, Van Halen, Cinderella, y un grandísimo etc. A todo esto hay que sumarle que los camareros del Hard Rock Café parece ser que tienen la obligación de “alborotar” un poco la situación y es por eso que delante de todos se ponen a bailar y a cantar mientras están sirviendo los platos, algo que recuerda a una escena de cualquier musical.

Tras la más que agradable cena, fuimos a la discoteca más importante de Lisboa, la discoteca Lux cuyo propietario es nada más y nada menos que John Malkovich. Los que me conocen saben que no soy muy amigo de las discoteques pero si hay que ir se va, yo no le hago ascos a nada y he de decir que me lo pasé muy bien. Sandra está de testigo que lo di todo en la pista, ¡vamos, que no me contrataron de gogó de milagro vaya!

Llegamos muy tarde al hotel pero a la mañana siguiente ya estábamos predispuestos a seguir conociendo los lugares que Lisboa nos tenía por descubrir. Cuando ya nos habíamos recorrido todo el centro de Lisboa, a la mañana del sábado, decidimos ir por los alrededores y en primer lugar visitamos el Castelo de São Jorge (el Castillo de San Jorge) situado en la más alta colina del centro histórico, proporcionando a los visitantes una de las más bellas vistas sobre la ciudad y sobre el estuario del río Tajo. Las vistas eran alucinantes, de vértigo, toda Lisboa bajo tus pies. Era tal la sensación de libertad que en ningún momento quería irme de allí, sentía la necesidad de quedarme el mayor tiempo posible. Mención especial al chófer del autobús que a cada curva que cogía temíamos por la vida de alguien. Vale que fueran curvas muy complicadas y en cuesta pero es por ello que hay que tener una mayor precaución. Y es que tanto los taxistas y autobuseros lusos se caracterizan por ser los temerarios más temerarios del volante y eso es algo que pudimos comprobar Sandra y yo. ¡Miedo daba!

Habíamos elegido movernos por Lisboa en uno de esos autobuses turísticos los cuales una vez que has pagado tu ticket puedes viajar en él las veces que quieras durante el fin de semana, así que eso nos ahorró el ir de taxis y sobre todo, nos ahorró el desgaste físico que conlleva el tener que ir andando de aquí para allá y con todo el solano de frente. También gracias al bus pudimos ver muchos lugares de Lisboa de cuales sólo reseño aquí los más importantes puesto que si tuviera que contar todos y cada uno de los lugares que vimos este artículo sería enorme. Así que una vez que vimos el Castillo de San Jorge decidimos ir a la otra punta de las afueras del centro de la ciudad, a la zona nueva, donde tuvo lugar la Expo 98 de Lisboa cuyo tema fue “Los océanos: un patrimonio para el futuro”. La zona está situada al límite oriental de la ciudad, junto al río Tajo. Todo el sector está rodeado de pabellones que, a diferencia de los de la  Expo 92 de Sevilla, éstos se siguen utilizando, albergando centros comerciales, restaurantes, hoteles, etc. El más conocido, el ahora llamado Parque das Nações (Parque de las Naciones)

Aquel lugar es fabuloso, además de los modernos edificios y las glorietas, esculturas y fuentes de un toque tan fresco, se sitúa el famoso teleférico, el Oceanográfico (uno de los mayores acuarios de Europa), y además posee una avenida entera de modernos restaurantes que dan todos de frente al Rio Tajo donde de fondo se observa el que es el puente más largo del Mundo, el famoso Puente Vasco da Gama. Pues en uno de esos restaurantes, para ser más exactos, en el Cervejaria, nos regocijamos de una grata y atrayente comida, y sobre todo, de un lugar maravilloso, idóneo y con unas vistas idílicas. Así es Lisboa, un espléndido lleno de contemplativos lugares.

Nos quedaba por ver una de las zonas más importantes de Lisboa, que se encuentra situada en la desembocadura del río Tajo, concretamente, el barrio de Santa María de Belém al suroeste de Lisboa. Si quedé maravillado por el emplazamiento de la Expo 98, donde habíamos pasado toda la mañana, más exhausto me quedé al contemplar el omnipresente Puente del 25 de Abril y posteriormente –ya que está más hacia delante- la Torre de Belém. Desde la parte de arriba del autobús turístico, al cual le debimos mucho ya que además de ahorrarnos largas caminatas, sentaba de maravilla recorrer toda Lisboa en un autobús descapotable dándote todo el fresco aire en la cara, se veía de forma colosal ese puente rojo, el cual casi todos conocemos de sobra por el famoso anuncio de Mapfre. Fue hermoso pasear franqueando ese gigante de metal, tan alto que daba vértigo sólo de verlo. Imposible no mencionar también el Monumento aos Descobrimentos (El Monumento a los Descubrimientos), un monumento que conmemora los 500 años de la muerte de Enrique el Navegante. Como podéis ver, Lisboa posee lugares que parecen sacados de un cuento, un cuento fantástico.

La Torre de Belem, cuya estructura tiene claras influencias islámicas y orientales, forma uno de los primeros baluartes para artillería en Portugal. De hecho, muy cerca se encuentra el Monumento a los soldados portugueses caídos en la guerra de ultramar, un monumento con un estilo modernista, y que personalmente me dejó prendado.

Cuando nos dimos un par de vueltas más en el bus turístico (no os imagináis lo a gusto que se estaba ahí arriba) decidimos ir a cenar y vivir una vez más la noche portuguesa. Cenamos en un irlandés bastante bueno y en cuya terraza se estaba de lujo y tras dar un relajante paseo por una ciudad excelentemente iluminada, decidimos ir a visitar una de las discotecas que la camarera del Hard Rock Café nos había aconsejado la noche anterior, la Music Box. Y ahí llega lo inolvidable, la pesadilla en vivo, lo raro mezclado con los visceral y lo absurdo. Y es que coincidió que, en esa misma noche de sábado, se daba cita un evento catastrófico, nada más y nada menos que, una fiesta Cheryl. ¿En qué consiste semejante fiesta? Juzgen ustedes mismos, tan sólo hay que ir disfrazado de la manera más ridícula posible y bailar al son de música psicodélica. Sandra y yo no teníamos ni la más remota idea de la existencia de eso –que no sé ni catalogarlo y cuando entramos y nos dimos de bruces con ese plantel no sabíamos si reír o llorar. Entendednos, sin conocer nada a lo que respecta la cultura Cheryl, al entrar y ver a gente ataviada con disfraces sin sentido alguno y de fondo un proyector gigantesco que no paraba de emitir una y otra vez psicodélicos vídeos cuyo fín parecía incitar la violencia y el asesinato, nos quedamos los dos con una cara de What the fuck? acojonante. Dos horas aguantamos, y nos fuimos rendidos al hotel no sin antes dar otro paseo nocturno.

Al medio día del domingo, mientras en el aeropuerto esperábamos el avión –el cual se retrasó más de una hora- nos dio tiempo de ver el partido de Nadal contra Djokovic. Hubiera sido genial que nuestro Nadal ganara al serbio para culminar el que fue un fantástico fin de semana en Lisboa.

¡Gracias Sandra!

 


UN DÍA EN EL PARQUE WARNER DE MADRID. ¡La mejor forma de despedir el verano!

Parque Warner Madrid

Éste fue el principal motivo por el cual estuve desde el jueves pasado en Madrid. Y es que desde agosto teníamos planeado despedir el verano a lo grande pasando todos juntos un día en el Parque Warner de Madrid.

Como ya he comentado en varias ocasiones, este verano ha sido muy significativo para mí. Este verano ha dado paso a una nueva etapa en mi vida por la cual me encamino muy ilusionado. Y si el pasado mes de junio, este verano comenzaba admirablemente pasando un largo y fantástico fin de semana en Sevilla viendo a los AC/DC, el verano no podía acabar de otra manera. El final de este verano debía de ser memorable, y así fue.

Por unos instantes y de camino a la Warner, pensé que acabaríamos en Toledo, ya que el Global Position System (para los de la LOGSE, ¡el GPS!) marcaba una ruta y nuestro conductor se empeñaba en que era otra. Discutirle a una máquina es absurdo, a no ser que KITT sea la máquina en cuestión, pero como no estábamos en El Coche Fantástico y no podíamos lograr que hombre y máquina se pusieran de acuerdo, optamos por castigar al GPS encerrándolo en la guantera (temía que incluso ahí dentro siguiera recalculando recalculando recalculando)  y dedicarnos a seguir nuestro propio instinto.

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Magnífico fin de semana en Sevilla, con motivo del concierto de AC/DC

Paseando por las hermosas calles de Sevilla, quedé asombrado por lo que se podía apreciar en el ambiente. Gente de todo tipo, de todas las edades,  con sus grupos de amigos, sus parejas, y lo que más atrajo mi atención, familias enteras, padres y madres, con sus hijos cogidos de la mano, todos con camisetas de AC/DC, compartían con alegría una misma ilusión, disfrutar de un bonito fin de semana, viendo a una de las bandas más importantes de todos los tiempos. Era de esperar, el concierto de AC/DC, no pasaría desapercibido en la capital hispalense.

Desde hacía tiempo, ansiaba la llegada de este fin de semana, el cual, marcaría en mi vida, un antes y un después. Este fin de semana no sólo ha supuesto para mí alegría y diversión, sino que ha cerrado eternamente una cansada etapa en mi vida, y ha abierto una nueva, que trae consigo cambios inminentes tanto en mi vida personal como en la profesional. Una nueva etapa en la que me encamino muy feliz, orgulloso de mí mismo y satisfecho.

Tras pasar un día espléndido, en el que disfrutamos de un exquisito almuerzo en un buen restaurante, y nos deleitamos saboreando unos deliciosos helados ya entrada la tarde, nos preparamos para poner rumbo al que sería uno de los conciertos más multitudinarios a los que he podido asistir en estos últimos años.

Más de 60 mil almas abarrotaron el Estadio Olímpico de La Cartuja. Y es que era de esperar. Al llegar a los alrededores del estadio, podías observar a docenas de autobuses allegados de todas partes, a miles y miles de personas congregadas allí, comiendo, bebiendo, riendo, en definitiva, preparándose para pasar una noche inolvidable. Una vez dentro, nos situamos en mitad de la pista, cerca de la pasarela que erigieron para que los músicos pudieran acercarse a un mayor número de gente.

A medida que los teloneros, Los Perros del Boogie, finalizaban una actuación más que notable, el estadio cada vez se llenaba más y más de gente. A día de hoy sigo mirando los videos que grabamos y de nuevo, me asombro. La pista era una marea de gente y las gradas, eran como gigantescas olas que cubrían el estadio y que acarreaban a una multitud apasionada. Era algo realmente asombroso.

A la hora prevista, y con el estadio a rebosar, los australianos AC/DC, salieron a escena.

Tras un video quemolabaquetecagas y sonando los primeros acordes de Rock ‘N’ Roll Train la gente cayó presa de la locura. Allí, a oscuras, y entre miles de personas, todos saltaban, gritaban, cantaban, se abrazaban, se besaban, otros tiraban sus cervezas al aire, y es que parecía nuestro último día en la tierra, ¡y qué si lo hubiese sido!, no habría mejor manera de despedirse de este mundo.

Tras la primera canción, les siguieron portentos como Hell Ain’t a Bad Place to Be, Back in Black, Big Jack, Dirty Deeds Done Dirt Cheap, Shot Down in Flames…¡extasis total! Era tal la alegría que podías sentir, cómo se metía en cada poro de tu piel.

Angus Young, que con cincuenta y cinco años, no para ni un momento de ir de un lado a otro, nos deleita con unos culminantes solos de guitarra que en ningún momento se hicieron cansinos,  no como en otros conciertos, que te entran ganas de subir al escenario y decirle al colega, hey, deja de aburrir, llama a tus compañeros y seguid tocando el resto de los temas!! ¿Y qué decir de Brian Johnson? ¡Todo un show-man!

Mención especial a todas esas preciosas chicas que las cámaras captaron y que aparecieron en las patallas del escenario , donde se podía ver cómo se levantaban la camisa y enseñaban su encantos. Entre el concierto y esto, ¿se puede pedir más? ¡Creo que no!

Un espectáculo como Dios manda. Un escenario admirable, una puesta en escena espectacular, pirotecnia, fuegos, una gorda y gigantesca muñeca hinchable que baila al ritmo de los temas, y unos genios de la música, hicieron que me quedase embobado en más de una ocasión.

Un concierto apoteósico, frenético, delirante, enardecido, triunfante, jubiloso, algo que jamás olvidarán las personas que allí dentro, olvidaban sus problemas, despejaban sus mentes, desnudaban sus almas y saboreaban la vida de esa forma en la que tendríamos que hacerlo siempre. Sorprendía observar la felicidad de tantísima gente, gente que vive en una sociedad cargada de violencia, odios y desprecios y que allí, eran capaces de abrazar y besar a desconocidos, como aquella chica que me pidió que la subiera a hombros para luego agradecérmelo con un beso.

Llegó el momento que todos esperaban, con Highway to Hell y For those About to Rock (We Salute You) el delirio se apodero de todo aquel que allí se encontraba. ¡Y no es para menos! ¡No es ninguna exageración! Porque poder estar abrazado a los tuyos, cantando a viva voz el mítico Highway to Hell, no tiene precio.

Con el inicio de For those About to Rock todos sabíamos que el concierto llegaría a su fin. Así que todos sacamos nuestras fuerzas y unidos, despedimos el concierto como es debido, ¡a lo grande! ¡Elevándonos todo lo que podíamos! ¡Deleitándonos como nunca!

Si impactante fue la entrada al estadio, más aún fue ver la salida. ¡Eso era un océano de gente!

Para mí, era todo un honor y toda una satisfacción, ver a hombres y mujeres, de edad bastante avanzada, rondando los cincuenta e incluso superando los sesenta, entusiasmados y entregados como cualquier veinteañero del lugar.

Por eso, no, no quiero dejarlo, después de lo vivido la noche del sábado en Sevilla, jamás abandonaré esta pasión por la música y mucho menos, este frenesí por los buenos conciertos.

Desde aquí, quiero agradecerle a Sandra su insuperable compañía y el haberme hecho pasar uno de los mejores fines de semana de toda mi vida.

Tras el concierto, pasé una noche inolvidable. Esa divertida charla frente al río, en La Torre del Oro, ese paseo a las cinco de la mañana por La Catedral, no se me olvidará jamás.

Al día siguiente, pase un día precioso. Un domingo como pocos, con ese almuerzo en la Calle Betis donde degustamos el mejor pescaito frito, esos muffin de chocolate y fresa y esos mojitos en el famoso chiringuito del Puente de Triana.

¡Un beso muy fuerte preciosa! ¡Gracias por todo!

 


Descubriendo Toledo, Manzanares El Real y Chinchón.

No, no subo a Madrid sólo por los conciertos, últimamente estoy que no paro, y es que cada vez que subo, ya de paso me tiro unos días allí y mi hermana (que es la mejor) se encarga de enseñarme todo lo que puede. El octubre pasado, subí varios días con motivo de ver a GUN, que en este enlace podréis ver la crónica del concierto, y en todos esos días hicimos varias cosas, pero lo más destacado, fueron las visitas a Toledo y a Manzanares del Real.

Así que si, como mi buen amigo Manu dice, mis conciertos son siempre de lo más productivo que existe.

Pues bien, en la visita de octubre, a aparte de ir a Burrolandia, dónde hablé de dicho sitio en Anhelarium también y lo podéis ver en este enlace, fuimos cual labordetas a conocer nuevos rincones. Y así fue, Toledo fue el primer lugar elegido. ¡Qué bonito! No viajo nunca, y no puedo decir que es lo más bonito del mundo, pero sí que es lo más bonito del mundo que he visto hoy por hoy.

TOLEDO

Toledo es una ciudad que se encuentra en la España central, capital de la provincia homónima y de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Toledo es conocida como La ciudad de las tres culturas, por haber estado poblada durante siglos por cristianos, judíos y árabes, así como “La ciudad Imperial”, por haber sido la sede principal de la corte de Carlos I de España en los reinos hispánicos.

Esto se puede comprobar fácilmente desde el primer momento que pisas esta bella ciudad. Puedes ver desde mezquitas hasta juderías pasando por iglesias típicas del cristianismo.

Justo al llegar, vimos un puente por donde pasaba un río a gran velocidad y una fortaleza al otro extremo. Destaco este fantástico lugar, ya que las vistas son preciosas y es un sitio que te traslada a esa época antigua. En más de una ocasión, me sentía como un caballero banderizo cruzando las numerosas calles de Toledo. Una vez cruzado el puente, pasamos a callejear por el centro de la misteriosa ciudad. Rincones insólitos (parezco Iker Jiménez hablando), edificios cargados de miles de años de historia, plazas cargadas de piedra tallada y edificios con una arquitectura compleja y perfectamente labrada. Toledo es uno de los sitios más turísticos de España y como es normal, es una ciudad plagada de bares con fabulosas terrazas, restaurantes y tiendas de suvenires, todas ellas, cargadas de espadas de todo tipo, y es que es una de las tantas cosas típicas de esta maravillosa ciudad, las espadas de Toledo.

Otro lugar a destacar en Toledo, es su ayuntamiento y su plaza principal. El ayuntamiento probablemente sea el más bonito que haya visto junto con el de Suecia y la plaza, más coqueta y familiar no podía ser. Todo en Toledo es una preciosidad. La Catedral es portentosa al más no poder e impactante, con esos grilletes colgados en lo más alto y esas vistas. La cantidad de fotos que hice solamente en Toledo, supera las doscientas y no es para menos, Toledo, es una ciudad extraordinaria.

MANZANARES EL REAL

Al día siguiente, tras pasar un inolvidable día en Toledo, fuimos a parar a Manzanares El Real para ver sus encantos, entre ellos, el magnífico Castillo de Manzanares, una preciosidad digna de ver.

Manzanares el Real es un municipio de la provincia y Comunidad de Madrid. Se asienta al pie de la Sierra de Guadarrama y en la orilla del embalse de Santillana, formado por el Manzanares, río que surca su término.

Antes de entrar en el castillo, dimos un paseo por los alrededores, y qué decir, precioso, unas casas y chalets con unas vistas increíbles, que daban al Embalse de Manzanares El Real -también conocido como De Santillana- es uno de los principales focos de suministro de agua de la Comunidad. Se acabó de construir en 1908, pero en 1971 el Embalse adquirió una considerable capacidad de almacenamiento cuando se construyó la nueva presa, con 40 metros de altura. La originaria está prácticamente sumergida y quedan a flote solamente la parte superior de la torre neogótica y algo del dique. El Embalse ocupa una superficie de 1.044 hectáreas y puede recoger hasta 91,2 hectómetros cúbicos de agua.

La presencia del Embalse ha dado lugar a un ecosistema donde los peces como lucios y carpas y las plantas y aves acuáticas son protagonistas.

Pasamos a entrar al castillo. Tras entrar en un enorme salón y comprobar lo hermoso que era, con sus armaduras y estandartes, vimos un pequeño video dónde mostraba todas las películas que fueron rodadas en el castillo. Un bufón de la corte, nos hacía un número de equilibrismo y nos invitaba a visitar las estancias del castillo de su señor. ¡Y menudas estancias! Todas muy grandes, con muchísima decoración hasta el mínimo detalle. Todas las estancias estaban alrededor de un cuadrado patio principal. Me llamó la atención la estancia de los duques, ya que tenían una capilla en su interior de lo más hermosa. Subiendo más arriba, pudimos visitar las torres de vigía, pasando por los miradores y pasadizos secretos. Las vistas desde dichas torres eran espectaculares, todo se veía de Manzanares El Real. La Capilla es lo único que no ha sido restaurado hoy por hoy y actualmente es la casa de todas las palomas de la ciudad, algo que convierte en ese alojamiento en algo más misterioso y recóndito aún.

CHINCHÓN

En este último viaje a Madrid, me llevaron a conocer Chinchón, un pequeño municipio que se encuentra en el sureste de la Comunidad de Madrid a cincuenta kilómetros de la capital.

Coqueto, elegante y de lo más entrañable es este hermoso pueblo. Justo al llegar subimos por una calle cuesta arriba, dónde pude observar sus antiguas casas e históricas plazas. Al llegar arriba, nos encontramos con el rincón más popular y famoso de Chinchón: Su plaza mayor, que a su vez, sirve de plaza de toros para Chinchón. Desde su construcción, la plaza ha albergado numerosas actividades: fiestas reales, proclamaciones, corral de comedias, juegos de cañas, corridas de toros, ejecuciones, autos sacramentales, actos religiosos, políticos y militares, plató de cine (por ejemplo, en la escena taurina de la película “La vuelta al mundo en 80 días”, espectáculo circense en “El fabuloso mundo del circo”), etc.

Algo que me hizo reír mucho, es la explicación que me dio Luisa sobre La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y es que, Chinchón tiene una torre sin iglesia y una iglesia sin torre. En la foto podéis comprobar cómo es cierto, que ambas están separadas. Pero no, esto tiene una explicación muy sencilla y que poca gente sabe. La famosa torre pertenece a la antigua Iglesia parroquial de Nuestra Señora de Gracia, construida en el siglo XV. La torre fue restaurada mucho tiempo después de que los franceses destruyeran todo el conjunto (en 1808), pero no así la iglesia, que ha quedado totalmente enterrada con el tiempo. Por eso existe el dicho de que Chinchón tiene una torre sin iglesia y una iglesia sin torre ya que la contigua y actual iglesia de la Asunción carece de ella.

Otra de las peculiaridades de Chinchón, son sus cuevas. De hecho, en el restaurante donde almorzamos, Mesón Quiñones Cuevas del Murciélago, pudimos visitar una de las cuevas que poseen en su interior. Allí dentro, visitamos la cueva y pudimos degustar un vino típico de Chinchón, vino que antiguamente se almacenaba en las cuevas para mantener su buen estado.

Chinchón también posee un castillo, el Castillo de Los Condes. Su estado es un bastante ruinoso por su poco uso y la falta de remodelación. En los siglos XIX y XX fue utilizado como casa de labranza y fábrica de licores (anises de Chinchón). Hace unos años la factoría se trasladó al valle del Tajuña, quedando vacía la fortaleza.

Las vistas desde el castillo son fabulosas, si uno se fija bien, podrá observar de fondo las famosas Torres Quio y sus altos edificios de alrededor.

Un día espléndido en Chinchón. Me encantó, y se lo recomiendo a todos que quieran hacer turismo por la Comunidad de Madrid.

De nuevo, gracias chicas por invitarme a descubrir todos estos lugares tan maravillosos.

Un abrazo.

 


Fatiga y diversión en el Parque de Atracciones de Madrid.

Parque de atracciones de Madrid 2009 (122)

Tornado

Desde mi última visita a Madrid, ya planeamos ir al Parque de Atracciones de la ciudad. Y así ha sido, hoy sábado, 7 de Noviembre de 2009, hemos pasado un gran día. Me conozco muy bien y sé que las atracciones no son mi fuerte, me mareo con facilidad llegando incluso a vomitar en la mayoría de los casos, pero no quería revivir lo sucedido en la primavera del 2002 dónde en mi primera y única visita a Isla Mágica (Sevilla) no me monté absolutamente en nada. Fui de excursión con la clase y me daba vergüenza que me vieran potar, sería el hazmerreír del día y no estaba por la labor. Así que hoy, me atrevería con todo. ¿Quién dijo miedo? Al entrar, comprobamos que había muy poca gente, algo lógico ya que cuando hay puente, los madrileños salen escopetados de la ciudad a pasar unos días fuera. Ahí teníamos un punto a favor, ya que, no tendríamos que esperar largas colas para disfrutar de las atracciones. Una de las máquinas a las que más miedo tenía era La Lanzadera, y hoy, estaba chapada por mantenimiento. Tenía muchas ganas de montarme ahí, pero al verla de cerca, me sorprendió lo pequeña que era para lo que yo me había imaginado. Me quedé con las ganas de probarla, pero por suerte, era la única atracción cerrada junto con una acuática, ‘El aserradero’ (algo lógico por el lluvioso clima de hoy).

El principal plan de hoy: No comer antes de montarnos en los cacharros. No es plan de echar toda la papilla, aunque yo la acabé echando, pero a ello llegaremos más adelante. La primera maquinita a probar: Abismo’, una montaña rusa de lo más escalofriante, con una pendiente completamente perpendicular y unos loopings de aúpa! Era mi primera montaña rusa, y la verdad, salí de ella de lo más contento. Me encantó. Y no, no me dio fatiga, de hecho, justo al salir, me volví a subir. Tras disfrutar dos veces de esta buena montaña rusa, nos dirigimos a una curiosa atracción nunca antes vista, al menos para mí. ‘El Rotor’.  Dos ejes unido a un vértice de unos treinta metros contienen en cada extremo varias naves (o eso parecen) que giran, suben, siguen girando, bajan y giran y giran. Poco emocionante, sí, eso pensamos todos, pero al montarnos, si hubo emoción, ya que cuando el cacharro empezaba a subir, a unos cuatro metros del suelo, se paró. Nos quedamos todos con una cara en plan: What the fuck!!! Y nos bajaron para probarla y arreglara.

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Burrolandia – La manera más sana de disfrutar en Madrid.

Tengo la suerte de tener una hermana fantástica que cada vez que voy a visitarla, me lleva a los mejores sitios. La primera vez que subí a Madrid, me enseñó todas las maravillas de la capital, que no son pocas, ya que todo Madrid es precioso. Monumentos, museos, plazas, avenidas, edificios emblemáticos, ciudades, barrios, multitud de centros comerciales, estadios de futbol, cines, pubs, restaurantes, bares, polideportivos, etc. Actualmente conozco muy bien Madrid y sus zonas de ocio, pero en mi última visita a la capital pude disfrutar de Madrid de una manera completamente distinta. El pasado domingo pude gozar de la parte más sana de la capital, fuimos a pasar un buen día al campo, y sobre todo a visitar a los apacibles burros.

Una vez llegamos allí, comprobamos el enorme éxito de dicha iniciativa. El emplazamiento estaba repleto de familias que iban a pasar un feliz día con sus hijos y de la manera más sana posible. Era una estampa preciosa, ver a los niños con sus papás, divirtiéndose con los animales de la granja. Algunos niños reían y otros, los más peques, lloraban por el miedo que les causaba ver a un animal tan grandote acercándose a pedir comida. Y es que aparte de verlos, tocarlos e incluso montar a lomos de los más dóciles, puedes darles de comer. Cuando te veían con una bolsa llena de zanahorias, pan y manzanas (alimentos que suelen tomar) no te dejaban tranquilo ni un instante. Mi hermana y yo sufrimos el acoso de un par de burros, una madre y su hijito cuyo afán era hacerse con la bolsa de comida que llevábamos. Era destronchante, lo pasamos muy bien.

Burrolandia abre sus puertas gratuitamente todos los domingos de 11:00 a 14:00 HH.

Todos los visitantes a Burrolandia podrán disfrutar de una experiencia inolvidable ya que ni por asomo, es lo mismo que un zoo cualquiera. En Burrolandia, puedes relacionarte perfectamente con los animales que allí pululan sin temor alguno, ya que éstos  están correctamente familiarizados con las personas.

Los visitantes pueden relacionarse sin temor con los animales

Burrolandia cuenta con el apoyo incondicional de voluntarios que día tras día trabajan en la finca cuidando de los animales lo cual podemos comprobar estupendamente. Además de burros, podemos ver caballos (en la parte superior, se sitúan las cuadras), perros, gatos, gallinas, cabras, todos estupendamente integrados en el entorno.

Pero aquí no queda la cosa. Cada tres meses, Burrolandia organiza un rastrillo para obtener beneficios y así poder concertar un cariñoso encuentro entre voluntarios y personas dispuestas a colaborar en el cuidado de los animales. Por si fuera poco, los niños pueden apadrinar a cualquier burro y de esa manera, seguir sus andanzas de por vida.

No solo los peques disfrutan en Burrolandia

También podemos comprar algunos recuerdos de nuestra estancia en Burrolandia ya que tienen instalado una tienda de souvenirs de lo más rural. Puedes comprar desde una camiseta con el logo de Burrolandia a un artículo de labranza.

Para quien nunca haya oído hablar de Burrolandia ni sepa dónde está su ubicación, le facilito de ante mano los datos:

Saliendo de Madrid, hay que tomar la autovía de Colmenar Viejo M-607 y coger el primer desvío de Tres Cantos, que se encuentra en el kilómetro 21 (Tres Cantos-Soto de Viñuelas). Se continúa siempre por la derecha, en el orden indicado de la marcha. A unos dos kilómetros se deja a la izquierda una gasolinera BP.

Tres kilómetros más adelante se llega a la entrada del Castillo de Viñuelas. De allí parte un camino de tierra, por el que continuaremos en dirección recta hasta completar unos 400 metros. Se efectúa entonces un giro hacia la izquierda, tomando como referencia el cartel (frontón y de burros). A continuación hay que atravesar un mini-puente situado sobre los tubos del Canal de Isabel II. A unos 700 metros, sin dejar este camino, se localizan las instalaciones de Burrolandia.

Vayan, os lo recomiendo con mucho gusto. Yo lo pase genial, jamás olvidaré el buen día que pasamos. Me hice muchísimas fotos, me reí mucho, y lo tengo muy claro, volveré a ir.

Un abrazo.