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Surf después del confinamiento

Y llegamos al 2 de mayo y ya todos pudimos volver a salir. Eso sí, respetando un horario establecido. Así que todos deseábamos que fueran las ocho de la tarde para poder salir a desinhibirnos tras semanas confinados en casa. Los paseos y los parques se llenaban de gente y, las distancias de seguridad, bueno, digamos que a veces se respetaba. En las ciudades costeras, sin duda, la playa era, comprensiblemente, el escenario deseado por todos para oxigenarse. Eso sí, el baño sólo estaba reservado para practicar deporte, por lo que sólo se veían en el agua a personas haciendo Surf. Y ahí que llegué yo, con la misma ilusión que un niño en Día de Reyes. Porque hacía mucho tiempo que no surfeaba y, si antes del confinamiento y toda esta crisis del coronavirus ya tenía previsto vérmelas de nuevo con mi tabla en el agua en primavera, tras pasar un mes y medio encerrado en casa, ya ni os cuento. El problema era el esperado, lo oxidado que me encuentro. Me costó bastante hacerme a mi tabla y no sólo por haberme llevado tanto tiempo sin hacer Surf, sino por lo desentrenado que me encuentro a nivel físico. Si a eso le sumamos el nulo ejercicio que he hecho últimamente y que durante el confinamiento no me he privado de nada, vamos, que he comido como un cerco vietnamita, el resultado no podía ser otro que el de encontrarme de lo más torpe y lento con mi tabla en el agua. Por suerte las olas se hacían de rogar, las series no fueron continuas, de ser así hubiera durado menos en el agua, me habría salido más rápido. Pero las olas daban tiempo a respirar y reponerse. Como sabrán, es evidente que tras escupirte una ola, tienes que remar hacia dentro para hacerte con otra, y la remada, más aún para un tipo tan en baja forma como yo, se hizo durísima. Tras salir del agua, y sobre todo al llegar a casa, me encontraba molido. Pero esta etapa post-Covid, como ocurre cada primeros de enero, donde todos comenzamos a hacernos propósitos de año nuevo, me he propuesto no desengancharme tanto del surfing. No fue una buena tarde de Surf, pero sí una muy buena tarde, porque todos volvíamos a salir, daba gusto ver a la gente disfrutar, a todos se nos notaba en el rostro el alivio y la alegría. Fuimos muchos aquella tarde en el agua, conmigo, éramos 41 los surfistas. Y a mí favor diré que no era, ni mucho menos, el más torpe. Ya nos encontramos en Fase 1 y ya hay una libertad de horarios para entrar y salir, hacer deporte o incluso ir a una terraza a tomar algo con los amigos. En unos días tengo pensado coger de nuevo mi tabla y lanzarme al agua. Por lo pronto ya estoy haciendo más ejercicio en casa para tonificarme más y estar en mejor forma. Ya os contaré.

Un abrazo a todos, mucho ánimo, ¡y buen surfing!


Milencora Xpress #3. Música Surf

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Y aquí nuevamente con la música a otra parte. Y precisamente a otra parte os llevo con este nuevo programa. Os brindo estas ocho nuevas canciones para que lo paséis genial escuchando música Surf. Entre ellos hay temas clásicos que seguro os sonarán y otros muy modernos. Pero todos ellos tienen esa hebra tan característica de esta peculiar música tan animada.

La música Surf hace referencia a una música que, como su propio nombre indica, gira entorno a la cultura Surf. Si además te atrae este deporte, este pequeño programa te va a flipar.

Buen puente, amigos míos, os espero en el siguiente programa.

¡HASTA PRONTO!

Lista de canciones:

  1. Surfin’ USA – The Beach Boys
  2. Heaven Sent – Best Coast
  3. Surf Buggy – Dick Dale
  4. Heavy Metal Detox – Wavves
  5. The Green Flash – The Concaves
  6. The Trooper – Surf Report
  7. I Got You – Jack Johnson
  8. Sur’s You Right – The Sandblaster

Buena mañana de Surf

Playa de Las Redes (Santa Catalina), El Puerto de Santa María, Cádiz.

Playa de Las Redes (Santa Catalina), El Puerto de Santa María, Cádiz.

Ansiaba vivir un momento así desde hacía tiempo. Es lo que más echo de menos a lo largo de mis días en Madrid, poder sentir esa playa, la que me vio crecer. De hecho, alejarme de ella era lo único que me hacía sentir recelo cuando hace años tome la decisión de irme a vivir a Madrid. Son muchas las veces que durante estos años he sentido la falta de pasear por esa arena, de entretener mi mirada frente a ese horizonte, ante esas olas. Hoy ha sido otro de esos días para el recuerdo, de los que no se olvidan jamás. Hacía más de un año que no coincidía con mi hermana en El Puerto, y estas vacaciones ha sido posible estar todos juntos disfrutando de unos días muy agradables. El pasado viernes anduvimos toda la mañana en la playa. El día estaba precioso, soleado, lleno de personas disfrutando de ese idílico escenario. En una misma mañana pude dar rienda suelta a mis anhelos. Me divertí con mi hermana jugando con ella en la playa, como esos dos niños que un día fuimos y no dejamos de ser. Hice que mi mente se perdiera entre los rincones de Santa Catalina, la playa de mis amores, medité y viví ese momento presente como si no existiera otra cosa y, cómo no, me alivié ese ansia de volver a surcar olas.

Volví a dar rienda suelta a ese alma aventurera y henchido de ilusión me vi de nuevo jugando con esas olas, las que tanto echaba de menos y que resultaron ser mejor de lo que esperaba ese día. Estando ahí en el agua no pude evitar emocionarme, y de mi rostro no desapareció una sonrisa incontrolable en toda aquella mañana. Me sentía muy feliz.


Dos tiburones blancos en la J-Bay Open de Sudáfrica

El surf no es como montar en bici, que por mucho tiempo que lleves sin montarte en una bicicleta nunca te olvidas de cómo se hace y a la primera que la pillas pedaleas tranquilamente. Lo malo de tirarse tanto tiempo sin surfear es que cuando vuelves a hacerlo te sientes oxidado, nada ágil, y durante las primeras horas pareces ser el principiante que un día fuiste. Espero que la torpeza me dure poco cuando regrese a mi tierra a finales de la sema próxima.

Pero el motivo de este nuevo post es para escribir sobre algo que ha acaparado la atención –y no es para menos- de medio mundo en estos últimos días. Hablo del ataque de dos tiburones blancos al surfista australiano Mick Fanning, ex campeón del mundo. Fanning milagrosamente salió ileso del ataque de dos tiburones blancos que sufrió el pasado domingo en el campeonato J-Bay Open de Sudáfrica. Han leído bien, ¡dos tiburones blancos! A pesar de que uno de ellos no se deja ver en las imágenes, si la sola idea de verte atacado por uno de ellos aterra, imaginaos si son dos.

“Me sentí tan insignificante. Esa cosa se movía de forma tan poderosa y tan rápido” M. Fanning

Dos son las conclusiones que saco de este suceso. En primer lugar, y aclarando que soy un completo ignorante en esto de los tiburones blancos, creo que ambos escualos no tendrían mucha hambre o mejor aún, no tendrían mucho interés en atacar al surfista. De ser así, Fanning no hubiera salido vivo de allí. ¿Quizás los tiburones sólo pasaban por allí por mera curiosidad? Puede ser. Porque, y repito, desde mi completa ignorancia, estoy seguro que si a dos tiburones blancos les da la vena de atacar a un bañista lo hacen en un santiamén. Una suerte como pocas es la que tuvo el señor Fanning en el agua aquel día.

“Cuando perdí la tabla pensé que ya estaba acabado. Escapar del ataque de un tiburón sin un rasguño, eso es un auténtico milagro”M. Fanning

Por otra parte. Este tipo de hechos sólo aviva aún más la fobia, en mi opinión, desorbitada, que la gente tiene respecto a los tiburones. Desde lo ocurrido a Mick, las redes sociales se han volcado en ello y son muchos los comentarios de personas que a uno le llama más la atención que lo realmente sucedido. Hay personas que, independientemente de que vivan cerca o lejos del mar, sienten pavor a la hora de meterse al agua por si les ataca un tiburón. Es respetable y ciertamente comprensible que cada persona tenga sus miedos, fobias y demás. Pero veo exagerado que por noticas como esta la gente extreme sus miedos al agua. Seamos un poco más racionales. Muere mucha, muchísima más gente por accidentes de coche y no veo a tanta gente con fobias a montar en ellos. No poseo ahora mismo la estadística ni me molestaré en buscarla porque estoy segurísimo de que el número de gente que muere por ataques de tiburones es enormemente inferior al número de muertes por accidentes automovilísticos, domésticos, etcétera. Mantengamos la calma. Meternos al agua no es ni de lejos lo más peligroso que podamos hacer.

Go surfing!


Crónica del último día de olas

Sabía que serían las últimas del verano, las miraba atónito, las contemplaba con admiración y asombro, como si las hubiera visto por primera vez. Esa era una mañana especial, y tanto que lo era. Esa misma mañana me despedía de mi playa, hasta no sabía cuándo. Era casi mediodía, y se notaba que estábamos bien entrados en septiembre. La playa se presentaba sin esa multitud de veraneantes y volvía a recobrar esa estampa majestuosa que cada verano se enturbia por la burda presencia de forasteros y turistas que la colapsan y la ensucian. Las olas eran enormes. Como gigantes que aporrean sus tambores, esas olas partían en la dorada orilla y su estruendo anunciaba el fin del verano. Volvía a ser el fin, la melancolía comenzaba a brotar por mis venas y emborrachaba mi mente de no sé cuántos recuerdos. Porque mi vida entera está allí, estaba allí. La sentía como nunca. Montaba a lomos de esas olas que todo amante del surf anhela y dejaba que me llevaran, sin pretender nada más, ni giros, ni técnica alguna, sólo quería surcarlas, que mi cuerpo y mi mente se ensimismaran ante tal esplendor, y sentirme por un instante formar parte de ellas. No sé cuánto tiempo pasó, cuánto estuve dentro del agua, sólo salí cuando me sentí exhausto. Me senté en la suave y cálida arena, y contemplaba con delicadeza la belleza que me rodeaba. Mis lágrimas se mezclaban con el agua salada en la que me había bañado. Soy feliz, me decía, y daba gracias por vivir aquello.

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Le hice esta foto a mi tabla mientras esperaba el autobús. Cargar con ella y meterla dentro me ha hecho vivir alguna que otra anécdota muy graciosa.


Vuelta a los inicios

 

 

Mi primer contacto con esto del surfing fue hace ya muchos años, a finales de los años 90, cuando entre los más jóvenes se pusieron de moda los boogies y como ya os explicaba en la entrada de blog que dediqué al bodyboard, raro era no ver mínimo a una docena de niños en la playa cogiendo olas con sus tablas de corcho. Fue el deporte que más me cautivó en esos años de mi niñez, largas eran las horas que pasaba con mi primo y otros chavales la surcar esas pequeñas olas que tanto nos hacía divertir. Nos daban las tantas de la tarde…

Pasaron los años y sin motivo alguno, dejé de lado esta práctica. Mi adolescencia me volvió medio idiota y, entre una cosa y la otra, entre los nuevos amigos, la primera novia, y esa inmadurez que no te hace valorar las cosas como se merecen, dejé mi tabla arrinconada en un rincón de mi armario y ahí se quedó, prácticamente olvidada, siendo injusto con un deporte que tan buenos momentos me hizo pasar.

Quedando la adolescencia atrás, la idea de meterme de lleno con el surf se iba fraguando poco a poco en mi cabeza hasta que por fin di el paso, y con total decisión me adentré en este fascinante mundo del surf. Y así fue como hace unos años me compré mi primera tabla de surf y me entregué en cuerpo y alma, con toda seguridad e ilusión, a surcar las olas y de qué manera. Ahora que el surf es una parte importantísima en mi vida, no pienso en otra cosa que en mejorar y disfrutar de ello lo más que pueda, vivir todo lo bueno que pueda ofrecerme este grandioso deporte.

Y sin duda, con más ilusión aún, y después de tantos años, decido volver a surcar las olas como en aquellos días. Regreso con todo el ánimo y anhelo a la modalidad con la que me inicié en el surf, al Bodyboarding.

Un abrazo, ¡y buenas olas a todos!


El día que surqué mi primera ola

Playa de Santa Catalina, Las Redes. El Puerto de Santa María (Cádiz)

Me dejé caer en la arena, estaba agotado. Desceñí el neopreno, aunque sólo me lo quité por la parte de arriba, dejando mi torso al descubierto, en ese momento no tenía fuerzas ni ganas de cambiarme, sólo quería sentir ese instante, recrearme en él. Entre jadeos, ahí sentado, sonreía mientras miraba aquellas traviesas olas, esas que me llevaron al límite. Me desesperé, sabía que aquello no era coser y cantar, pero tampoco que pudiera resultar tan arduo. El esfuerzo era tremendo, mis brazos los tenía engarrotados de tanto remar hacia ellas, ¡tenía que hacerme con alguna! Era una y otra vez, una y otra vez. El cansancio hizo mella, demasiado, pero mi testarudez era mucho mayor, aquella pasión que sentía lograba superarlo.  Ya habían pasado varios días y del mar nunca salía victorioso, siempre acababa fatigado y con cierto sentimiento de frustración, así que ese tenía que ser el día, lo intuía, tenía que serlo, necesitaba una tregua. Cada ola me volcaba, pero todas me envalentonaban, me incitaban a seguir y engallado siempre regresaba adentro, porque en algún momento yo sería quién las dominara.

Sentado en aquella fina y suave arena, mi cara bañada por la luz de aquel hermoso día, mostraba la mayor de mis sonrisas, la mayor de las alegrías. Toda mi conciencia se impregnaba de aquel momento. Nunca lo olvidaría. Estaba agotado y débil, pero satisfecho y feliz, pues del mar salí triunfador. Aún recuerdo perfectamente lo que sentí al surcar mi primera ola, aquella visión desde su cresta, esa ligereza, la vivacidad de aquél instante, era mi primera ola y jamás la última. Aún me veo ahí sentado en esa dorada tierra, con el alma gozosa, complacido, deleitándome en casa suspiro. Era un mes de marzo, y aquel viernes a mediodía surqué mi primera ola, sintiéndome así un verdadero surfista.


Paddle Surf. El deporte de moda este verano

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Fuente: agustitoconlavida.wordpress.com

Considero que ha sido este verano de 2013 donde más se ha podido ver la práctica de este deporte en nuestras playas. Yo personalmente no he visto que años atrás el Paddle Surf haya tenido tanta aceptación como ahora, al menos en nuestro país. Ha sido este año, concretamente este verano, donde el Paddle Surf ha llegado a un numeroso público. Muchos creen que esto del Paddle o también llamado SUP (Stand Up Paddle) es algo nuevo, y dejadme que os diga que nada más lejos de eso. La práctica de ir encima de una tabla de surf de gran tamaño, con la ayuda de un remo, se remonta a la década de los 60. En eso años, los instructores de surf (aquellos famosos Beach Boys Surf) se montaban de forma vertical en estas tablas, con sus rudimentarios remos de canoa y sus cámaras colgadas al cuello, para fotografiar a los turistas que decidían probar el surf y por supuesto, para dar instrucciones y poder ver el oleaje mucho antes que aquellos que se iniciaban en este maravilloso deporte.

Pero la práctica del Paddle no fue a más. Precisamente los 60 y 70 fueron los años dorados del surf. Dos décadas en las que este deporte evolucionó considerablemente, las tablas se fabricaban con otros materiales, se hacían de diversos diseños, cada vez más modernos y estilizados. Incluso a lo largo de los 70 cambió la forma de surfear. El surf llegaba cada vez más a un público más numeroso. Estas dos décadas fueron los gloriosos años de este deporte, un deporte que revolucionó la sociedad de la época y que bien se merece una entrada más detallada en Anhelarium. Pero eso será más adelante. Pasaba el tiempo y se pusieron de moda la práctica de otras modalidades, como el Wind Surf, celebrándose en 1973 el primer campeonato y siendo en 1984 el año en el que fue considerado como deporte olímpico. A lo largo de los 80  y principios de los 90, ya apareció una nueva tendencia de surf, el Kite Surf. Todo esto hizo que el Paddle realmente no tuviera aceptación alguna.

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Fuente: kiteworldlasterrenas.com

Con los años, los surfistas utilizaban estas tablas para saciar el apetito de surfear cuando no había olas. Por decirlo de otro modo, con el Paddle surf lograban quitarse el mono. Fue a principios del 2000 cuando reconocidos surfistas como Dave Kalama, Brain Keaulana, Archie Kalepa y Laird Hamilton comenzaron a experimentar con el Paddle ya que notaron cómo con su práctica conseguían una mayor estabilidad y lograban mantenerse en plena forma los días en los que no había olas que surcar.

El Paddle Surf no requiere un contacto tan directo con el agua como con el surf y por supuesto, no requiere de tanto esfuerzo físico, aunque con esto no quiero decir que el SUP sea coser y cantar. Para todas las modalidades de surf es necesario estar en forma físicamente, es un requisito fundamental. La finalidad del Paddle no es exclusivamente coger olas, el SUP es más bien una práctica orientada para realizar tranquilas travesías por aguas en calma.

Además, como ya habéis podido comprobar, el tamaño de la tabla nada tiene que ver con una de surf. Para el SUP es necesaria una tabla de mayor longitud para que la flotabilidad sea mucho mayor y la persona pueda alzarse verticalmente en ella con más agarre. Algo imposible en una tabla de surf convencional. El accesorio clave es sin duda alguna el remo, una pala que sirve para mantener el equilibrio, avanzar y controlar la dirección, como si de un pequeño timón se tratase. Por supuesto, no nos olvidemos del invento o “leash” de seguridad y el neopreno si lo decidimos probarlo en pleno invierno.


Os recomiendo que alquiléis todo el material y toméis algunas clases de iniciación para probar si de verdad os convence o no. Las tablas de surf, en especial las de SUP no son nada baratas y siempre es bueno probar antes que hacer tal desembolso. Aunque parezca una tontería, hay gente que se gasta un dinero curioso en algo que luego comprueba que no le gusta. Y pocas cosas hay más tontas que esa.

Sobre gustos no hay nada escrito y a cada persona le llamará más una modalidad u otra. Dependiendo de qué se busque en cada momento, los que amamos practicar deporte en el agua tenemos para elegir. Y eso siempre es bueno. Cierto es que con el surf convencional o el Kite Surf, que también ha tenido un enorme tirón en estos últimos años, la emoción y diversión es mayor.

Pero con el Paddle Surf logramos disfrutar de otra forma, conseguimos adaptarnos a esta práctica más rápidamente por su fácil aprendizaje, no requiere de tanto esfuerzo y habilidad, lo que hace que más gente pueda practicarlo y por supuesto, aporta otras cosas como la sensación de relajación y esparcimiento en un ambiente tan agradable como es el mar, haciendo que la persona que lo practique disfrute aún más del paisaje.

Todo ello ha provocado que podamos ver a personas de todas las edades practicarlo. Aunque, como he dicho anteriormente, no requiere de un esfuerzo físico, con el SUP se trabajan piernas, brazos, espalda y abdominales, y claro está, mejora nuestro equilibrio. El Paddle surf tonifica físicamente y estimula emocionalmente.


Consejos para principiantes del surf

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Fuente: Tumblr.com

Es tal el mono que tengo de volver a hacer surf que me veo escribiendo esta nueva entrada a estas horas de la noche. Son tantas las ganas que tengo que aquí estoy, tomando una cerveza mientras tomo el fresco en el balcón de mi habitación, y me predispongo a intentar hacer un artículo que reúna los consejos más importantes que debe tener en cuenta todo aquél que quiera adentrarse en la práctica de este maravilloso deporte.  ¿Qué por qué, si estoy en mi tierra de vacaciones, no hago surf? Fácil: no hay olas. Llevo más de veinte días aquí y no hay olas. Fijaos, más de ocho meses sin hacer surf, ocho meses en Madrid anhelando surfear como loco y de pronto llego aquí, y nada. No waves, no surfing. Es por eso que desde hace unos días me siento muy atraído por el Paddle Surf. No se necesita viento de levante como así requiere para su práctica el Wind Surf, y mucho menos es necesaria la presencia de buenas olas surfeables. El Paddle quita mucho el mono de hacer Surf, es otro estilo que realmente me atrae desde hace tiempo, sobre todo por su carácter tranquilo y creo que no me vendría nada mal. Ya veremos, porque ahora no me viene bien hacer un gasto considerable comprándome una tabla de esas dimensiones (las tablas de surf en absoluto sirven para el SUP o Paddle).

Así que allá vamos. Los consejos que os dejo aquí son los que os daría cualquier surfista, son pautas esenciales a seguir cuando una persona tiene la genial idea de meterse de lleno en este mundillo del surfing.

[Primer consejo] – ¡No te agobies!

Lo primero que le diría a alguien que quisiera introducirse en este deporte, aparte de que le diría una y otra vez lo bonito y reconfortante que es y la buena decisión que ha tomado, es que para hacer surf es esencial tener una gran predisposición, una total entrega e ilusión. Es imprescindible mantenerse perseverante y entrenarse constantemente. Hay gente que decide hacer surf sólo porque es verano, está de vacaciones y le apetece probarlo, quedando ahí la cosa. Pero quien decida hacer del surf parte de su vida, tiene que tener una cosa bastante clara: el surf es un deporte que a lo primero puede llegar a frustrar bastante, y puede acabar con la paciencia de alguien. Por lo general, para una persona que mantiene un primer contacto con el surf, las primeras veces le parecerá algo un tanto arduo, pero con pasión, entrega y constancia, creedme, todo se consigue. Esto lo digo porque, a no ser que tengas un don especial para esto, antes de agarrar tu primera ola y surcarla como es debido, es muy probable que te caigas muchísimas veces. Pero, al tiempo, porque una vez  hayas surcado tu primera ola, no querrás parar.

[Segundo consejo] – La elección de la tabla

Lo siguiente que diría es la importancia que tiene el hacerse con una tabla adecuada a vuestra complexión física. Se debe escoger una tabla apta para vuestro peso y altura. ¿Por qué? Porque así tendrás una perfecta maniobrabilidad y equilibrio. Por este motivo, yo personalmente NO aconsejo que compréis tablas usadas, si de verdad queréis permanecer en este deporte, es conveniente que os gastéis un poco más de dinero y encarguéis a un buen shaper que os haga una tabla a medida. Os saldrá más caro, claro, pero os será muy rentable. Por cierto, resalto brevemente lo importante también que es elegir a un shaper. Los hay muy buenos, de reconocido prestigio, pero también puede haber shapers bastante malos que os endosen una tabla mal hecha o mal pintada y os cobren una pasta. Tened cuidado, porque malos profesionales hay en todos lados.

Con respecto al neopreno. Bueno, eso es fácil. Elige el que mejor te quede y el que más te guste. Dependiendo de dónde vayas a surfear, hay neoprenos de mayor o menor grosor. No te olvides del invento, instrumento que te une a la tabla para así no perderla nunca. No escatiméis en gastos. Comprad el mejor invento que haya. Los baratos son los más malos, son esos que se enredan y te entorpecen. Y por supuesto, la parafina. Frota la tabla con la pastilla de parafina para conseguir un mayor agarre. No te preocupes si tu tabla tiene un diseño muy molón, porque la parafina reseca puede quitarse posteriormente con el debido cuidado. Tabla, neopreno, invento y parafina. Estos son los elementos fundamentales para la práctica del surf.

[Tercer consejo] – El mar

Es el principal elemento. Es en el mar donde vamos a disfrutar de este extraordinario deporte. Si eres principiante, verás lógico que te aconseje no meterte en días de mucho oleaje. Es aconsejable que, si careces de experiencia, te entrenes los días más calmos. Las olas perfectas para principiantes son las de 1.5m, y por supuesto, debes cerciorarte de lo que hay bajo el agua. Me explico: surfear en aguas de coral es horrorosamente peligroso, ídem si bajo el agua donde surfeas suele haber muchas piedras. Eso es sólo para los más expertos. Os aseguro que a la mayoría de surferos nos gusta practicar este deporte de forma segura y a sabiendas de que todo está bajo control y no sufriremos daño alguno. Así se disfruta mucho más del surf ya que tienes todos tus sentidos totalmente centrados en surcar olas y no en estar atento a otros peligros. Lo mejor es que en el fondo del agua haya arena.

Primeros pasos

Cuando antes ya hayas precalentado tus músculos (algo primordial) y te metas por primera vez al agua con tu tabla, paciencia. Antes de aprender a ponerte de pie y surfear debes practicar la remada y la sentada. Cuando te acuestes sobre la tabla, mantén la simetría, estabiliza tu cuerpo y la tabla, como si fueseis uno. Una vez te encuentres estable, comienza a remar hacia dentro. Los brazos firmes y la cabeza levantada, esto último es muy importante, la cabeza siempre levantada. La remada es lo que más cansa físicamente de este deporte. El remar constantemente hacia dentro para agarrar las olas te deja realmente molido y con unas agujetas de mil demonios si no estás acostumbrado a ello.

Una vez domines la remada, practica ahora el sentarte sobre la tabla, como si estuvieras montando a caballo. Desarrollarás un mayor equilibrio y tu manejo con la tabla se irá incrementando. Cuando logres sentarte sobre ella, haz giros a tu izquierda y derecha, logra sentirte con soltura sobre ella. Domínala.

El último paso, y el más importante, es lo que muchos conocen como Take off, y es precisamente el momento en el que te incorporas sobre la tabla y surcas las olas. Debes conseguir realizar este movimiento de una sola vez, colocando de forma simétrica los dos pies juntos y, muy importante, debes encorvarte ligeramente. Es lo que yo llamo ‘la postura de Spiderman’. Una vez logres ponerte en pie sobre la tabla, no te estires, no te pongas recto, debes arquearte ligeramente. Como estas es la parte más difícil, he decidido que para complementar este nuevo post, os dejo con un video tutorial que explica sencillamente cómo llevar a cabo la ejecución de este movimiento, el take off. Si lo dominas, enhorabuena, ya eres un auténtico surfero.

Espero que os haya gustado, aunque sea sólo un poquito, estos consejos. Si llegas a esta entrada y estás pensando en dedicarte de lleno al surf, déjame que te de mi más sincera enhorabuena. ¡Te felicito! Queda quizás un poco feo que yo lo diga, pero es el mejor y más bonito deporte que existe.

¡Mucha suerte y buen surfing! ¡Feliz verano, amigos míos!

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Corcheros antes que surferos

Los que ya tenemos unos años, concretamente los que nacimos en la década de los ochenta y además nos hemos criado en una zona costera, hemos tenido contacto, algunos más y algunos menos, con el bodyboard, o en términos más coloquiales, con el boogie. Y esto lo digo porque, ¿quién en la década de los noventa no probó surcar las olas con uno de estos boogies? Aunque sus orígenes se remontan un siglo atrás, el bodyboard tuvo una gran repercusión internacional en las décadas de los ochenta y noventa, sobre todo en esta última. Era raro ir a la playa y no ver a una gran cantidad de chavales de entre los 9-17 años surcando olas con un boogie o corcho, como también se le denomina. A día de hoy en verano verás a algunos, pero nada comparado como hace veinte años, y esto, para los que somos amantes de los deportes acuáticos y sobre todo nostálgicos, tenemos buena cuenta de ello.

No exagero si digo que al llegar la primavera, todo adolescente, generalmente chicos más que chicas, ya pensaban en meterse a coger olas con el boogie, y los que no, pronto caían en la moda de tener uno. Y es que sí amigos, como muchas otras, durante los años noventa el boogie fue una auténtica moda, todo un furor entre los más jóvenes. En absoluto digo esto con un tono peyorativo, ¡para nada, todo lo contrario! Precisamente muchos de los surferos de mi generación lo son gracias a esa moda por tener un boogie. Muchos hemos sido corcheros antes que surferos.

Publico esta entrada porque desde que me metí en el mundo del surf he dejado bastante de lado el bodyboard. Pero ahora, como buen nostálgico, me apetece comprarme un buen boogie y retomar este deporte que, en mi humilde opinión, es más entretenido y divertido que el surf, aunque sobre esto haré hincapié un poco más adelante.

Este verano, al igual que hace casi veinte años, toca comprar un boogie. Ahora ya uno tiene una edad y una experiencia, pero recuerdo con mucho cariño aquella mañana en la que mi madre nos regalaba a mi primo Leandro y a mí unas tablas de bodyboard. Los dos íbamos con las mismas, exactamente iguales. Dos corchos muy estrafalarios, uno de los varios modelos que se vendían en los supermercados Hipercor en aquellos días, con unos colores muy llamativos en la parte de arriba y amarillo por abajo. Esos eran los boogies que elegimos.

La dichosa capa deslizante

Con los días, mientras pasábamos largas horas hablando de bodyboard entre nosotros y con más chavales, aprendimos que los mejores boogies eran los que llevaban capa deslizante, ¡y los nuestros no llevaban! Nuestra inexperiencia nos hizo elegir unos que no tenían esa capa deslizante en la parte inferior del corcho y que sí poseían los boogies más chulos y que sólo los más guays de la playa llevaban. Al recordarlo me río de cómo mi primo Leandro y yo nos mirábamos con cierta resignación al ver que todos los chavales nos decían -¡cómo si ya no lo supiéramos!- que nuestros boogies no eran de capa deslizante, haciéndonos sentir como unos novatos pringaos. Aunque tampoco es que fuera un trauma, porque una vez que nos metíamos en el agua, pronto nos olvidábamos de si nuestras tablas tenían o no capa deslizante, porque surfeábamos igual de bien que todos esos chulitos que tenían esos boogies tan pro. Es cierto que con capa deslizante es mucho mejor tener un boogie, pero mi experiencia os dice que de verdad la diferencia no se nota lo más mínimo. Era más el hecho de vacilar con que se tenía un boogie de ese tipo que el hecho de tenerlo en sí. Cosas de niños…

Momentos para el recuerdo

Nos lo pasábamos genial, ahí con los demás cogiendo olas, alguna bastante puñetera, nos sentíamos los reyes del verano. Llegábamos a ser tantos ahí corcheando que éramos un espectáculo. Recuerdo que mucha gente se nos ponía a mirar, muchos eran padres que alucinaban con lo que hacían sus hijos, e incluso algunos nos llegaban a echar fotos. ¡Qué tiempos aquellos!

Nosotros personalmente solíamos pasar las tardes enteras con el boogie, ya que era por la tarde cuando mi primo y yo solíamos ir a la playa juntos. Jamás olvidaré esas puestas de sol y esas últimas olas que surcaba antes de secarnos e irnos a casa. Para mí, era lo mejor del verano. Bueno, eso, y las noches en el porche de casa, sobre todo si había pinchitos y patatas fritas para cenar.

Como todas las modas, el corcheo o el bodyboarding, decayó. Ya no he vuelto a ver abarrotada la orilla de la playa de niños con boogies cogiendo olas. Pero en la actualidad observo con añoranza a esos chavales que lo siguen practicando, porque me traen a la mente recuerdos tan maravillosos y por supuesto, inolvidables.

¿Más divertido el bodyboard que el surf?

Antes os comentaba que a mi parecer, el bodyboard es más divertido que el surf. Antes que nada deciros que soy un gran enamorado del surf y de todo lo que a este maravilloso deporte rodea, no estoy en ningún momento infravalorando al surf ni mucho menos. Pero, ¿por qué pienso así? Pues porque el bodyboard, a pesar de que también es un estilo en el que se pueden hacer bastantes piruetas y puede ser bastante técnico, es muchísimo más asequible que el surf. Por norma general, a una persona, y siempre partiendo de la base de que tiene una correcta complexión física y es apta para el deporte, se le hace más costoso aprender a hacer surf que a corchear. Uno se hace más pronto al bodyboard y, muy importante, este estilo no frustra como sí lo hace el surf. A paciencia siempre he dicho que no me gana nadie, y menos cuando algo me hace tanta ilusión como el surfing, pero tengo que reconocer que hubo un momento en el que el surf me frustraba por lo difícil que me parecía. Y amigos, no soy el único al que le ha pasado esto, creo que nos pasa a todos cuando nos acercamos a este deporte. Con el bodyboard no pasa en absoluto, pues a la primera zambullida ya disfrutas el estilo, ya disfrutas del oleaje, haces bodyboard desde el primer minuto.

“El océano es tan magnífico, tranquilo e impresionante. El resto del mundo desaparece para mí cuando estoy en una ola”
Paul Walker

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Camposoto Septiembre 2010 (34)

Detalle de uno de mis rincones favoritos

Sabía que sería difícil. Cuando aún meditaba el venirme a Madrid a estudiar la carrera de Derecho, siempre e inevitablemente, se me venía a la mente el hecho de separarme de la playa, de mi surf, y por supuesto, de mi padre y de mi mejor amigo. Todo eso era lo que me echaba hacia atrás. Pero lo necesitaba. Necesitaba venirme a Madrid y vivir esta experiencia. No me arrepiento por un instante de haberme venido a Madrid, pues desde que llegué me está dando muchísimo. Estoy bien y me siento muy ilusionado aquí. El anhelo de volver a mi tierra, de sentir siempre que quiera la cálida arena sobre mis pies y zambullirme en la reluciente agua de mi mar, es fuerte. Tengo una conexión emocional con mi playa que no podría describir con palabras. No sé el tiempo que estaré en Madrid, aún me queda bastante para terminar la carrera, se podría decir que apenas he empezado el primer año. No sé qué me deparará el futuro, dónde estaré, con quién y qué estaré haciendo. Pero tengo claro que este es ahora mi lugar. Madrid es el sitio en el que debo estar. Aquí me queda mucho que hacer y mucho que aprender. Encontrarme a mí mismo.

Cuando ya llevaba poco más de un año practicando Surf, y justo cuando más y mejor surfeaba, me vine a la capital. Ahora el tiempo no me permite bajar a mi tierra todo lo que deseo. Sé que esto me pasará factura de cara a volver a montar en mi tabla. El Surf requiere de mucha práctica y la necesidad me ha llevado a separarme de este deporte que para mí, y permitidme decirlo, es el mejor deporte del mundo. Es más que un deporte. Claro que lo es. Surfear es estar en conexión con la naturaleza, sentirla, aprender a formar parte de ella, a respetarla. Y ahí entra en juego de nuevo esa conexión que tengo con la playa. Es mi entorno. No es fácil no poder ni tan siquiera pasear por la dorada orilla cuando lo necesito. No es fácil para un apasionado del Surf estar lejos del mar. Me queda el verano para saciar mi ansia de sentir ese agua salada, de surcar olas y disfrutar de la compañía de los míos en un lugar así. Pero ahora, aquí es donde debo estar. Es lo que necesito. Sabía que sería difícil.


Santa Catalina. Mi spot predilecto en la provincia de Cádiz

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Qué fortuna tan grande haber nacido en un lugar así, de haberme criado en un paraíso como este. Esta es la bajada que da a la playa de Las Redes, una de las playas de mi querido Puerto de Santa María. Realmente es la playa de Santa Catalina, toda ella lo es. Pero es una playa bastante larga y cada urbanización que media con ella tiene su correspondiente entrada y, claro está, a cada entrada, a cada zona, se la llama de una manera, algo que viene bien para determinar a los tuyos en qué parte de la playa te encuentras. Esta es una de las entradas a mi amada Santa Catalina, perteneciente a la urbanización Las Redes. En la playa de Santa Catalina, los que surfeamos, elegimos siempre esta zona por la sencilla razón de que es el lugar exacto de la playa donde más y mejores olas hay. Si el día está apropiado para surfear en esta zona encontrarás una buena serie de olas. Por sus condiciones de viento, por esas olas y por el acceso a la playa, es un magnífico spot para surfistas. Ya llevo un tiempo escribiendo en el blog sobre surf y me apetecía mostraros dónde practico este apasionado deporte. Santa Catalina es una de las mejores playas de la provincia de Cádiz. Tan sólo hay que verla para darse cuenta. Más afortunado me siento si tengo en cuenta que en esta playa puedo hacer de todo. Es idónea para lo que quieras hacer. Pasar un buen día de playa relajado, correr, bailar tus cometas un buen día de levante, practicar surf cuando el día lo permita… Al final de la playa encontrarás una zona rocosa donde podrás incluso entretenerte buscando camarones y cangrejitos. Aunque cuidado, que para mariscar hace falta ya licencia, no vaya a ser que te pongan una buena multa.

La playa de Santa Catalina es la playa ideal para los que empiezan en el surf, incluso para los más avezados. A la hora de practicar surf o bodyboard, las características de esta playa son excelentes. De la temperatura en esta playa poco os tendría que decir sabiendo que está situada en la provincia de Cádiz, ¿verdad? Y es que clima por estas tierras es envidiable. Pero vamos allá. Aquí los inviernos son muy suaves y los veranos cálidos, pero no demasiado calurosos como consecuencia de los vientos del océano, con una media anual de 18 °C. En cuanto al viento, destacan los vientos de levante y poniente. Mi incondicionalidad por esta playa es mayor aún cuando observo cómo en ella no se encuentran arrecifes, no hay rocas ni peñascos donde encallar y sufrir un grave accidente. Sus olas, salvo algunos días de frío invierno que pueden ser grandes y bravas, por lo general son de metro y medio. Suelen encontrarse olas con asiduidad en esta playa, olas para nada peligrosas que hacen que practicar surf sea algo placentero y casi libre de todo riesgo. Digo casi, porque al mar siempre hay que tenerle respeto y mucha prudencia. Nunca se sabe. Salvo los meses de julio y agosto, que la playa está abarrotada de turistas, el resto del año está prácticamente desierta. Es ahí donde más y mejor se disfruta. Además de tener al lado un pequeño centro comercial, tiene zonas de muy fácil acceso y aparcamiento.

Siempre he sido y seré consciente de lo afortunado que he sido en esta vida por haber nacido frente a esta playa, de haberme criado pisando su arena, testigo de mis primeros pasos. No sólo es mi playa favorita, es mi lugar favorito. Puedo conocer todos y cada uno de los rincones de este planeta, pero jamás ninguno podría transmitirme lo que siento estando ante este horizonte. Mi lugar de poder, donde se alivian mis penas y se avivan mis alegrías.


Go surfing!

Desde luego la playa es otra cuando todo el turisteo se las pira. En los meses de julio y agosto me puedo olvidar de surfear en mi playa. Podría irme a otras, como la de El Palmar o la de Camposoto, pero no dispongo de coche actualmente y la idea de trasladarme hasta allí en transporte publico con mi tabla, se me hace afanoso y agotador. Siempre surfeo en la playa de Santa Catalina, a la altura de Las Redes, donde mejores olas entran, aquí en El Puerto de Santa María. Es la playa donde me crié y una suerte enorme tengo de poder disfrutar tanto de ella. Para pasear, meditar, hacer running, disfrutar de un buen día de playa, contemplar el paisaje, tirar fotos, o compartir un agradable momento con alguien especial. Además de todo eso, puedo dar rienda suelta a esta pasión por el Surf sin tener que trasladarme a otras playas, porque ésta se ajusta perfectamente a lo que quiero a la hora de surfear.

Y hasta el próximo verano volvemos a tener la playa bastante desocupada y disponible para los que nos gusta disfrutar de ella sin la aglomeración de los veraneantes. Pues con tanta gente en la playa es imposible surfear, además, la Ley de Costas lo prohíbe expresamente para proteger a los bañistas. Algo totalmente comprensible. Hoy he podido volver a disfrutar del Surf y ha sido un día de olas muy bueno. Me sentía algo oxidado por las semanas que no he estado surfeando, pero pronto me hice con ello. Antes de meternos más en el curso académico que apenas acaba de comenzar, quiero aprovechar todo lo que pueda para practicar y saciarme de surf. La remada ha sido hoy algo dura del tiempo que he estado sin meterme al agua con la tabla. Hoy las olas no se presentaban con mucha periodicidad. Había que esperar unos minutos a que viniera otra ráfaga y yo personalmente lo agradecí, porque noté bastante que físicamente no me encontraba en optimas condiciones tras estar unas semanas desconectado del surf. Por lo que, de haberme topado con una gran serie de olas, me habría dejado reventado y surfear me habría sido bastante dificultoso. Aproximadamente unas tres horas he estado en el agua. Si por mí fuera, la playa presentaría las condiciones de hoy eternamente. Era todo un gustazo poder coger una ola y tranquilamente remar hacia dentro y esperar a la siguiente. Prefiero las series más prolongadas como hoy, para poder tomar aire y, sentado en la tabla, disfrutar de la quietud de ese instante en que esperas, mirando al horizonte, la siguiente ola.


¡Os presento mi primera tabla! ¡Espero que os guste!

(Pincha en las imágenes para verlas en grande)

Tipo de tabla y fisionomía

Tras un tiempo utilizando una tabla que muy amablemente Guille me había dejado, ¡por fin tengo mi primera tabla de Surf! ¿Qué os parece? No está mal ¿eh? ¿No tiene un cierto tono andalú con esos colores? Já! El tamaño de tabla es una 7 pies de tipo Evolutiva y de la marca Soul Captive, una tabla técnicamente ideal tanto para expertos como para principiantes. Antes de seguir con las caracteristicas hago un pequeño stop para dar las gracias a Diego González, creador de la marca Soul Captive y de origen uruguayo, el cual ha sido el shaper que ha fabricado esta preciosidad de tabla justo a mi medida. ¡Muchas gracias compañero! Como iba diciendo, estas tablas son más grandes y gruesas que las shortboards y tienen la punta ligeramente redondeada, algo que le da estabilidad y flotabilidad a la vez que también ofrece una maniobrabilidad excelente. Las evolutivas son tablas que hacen más cómoda la remada y por supuesto, permiten surfear las olas desde el primer día. El rocker, es decir, la corvatura de una tabla, en este caso no es demasiado prominente debido a que las tablas con mucho rocker están hechas para olas muy potentes y así girar bruscamente, y no es el caso. En cuanto al borde de la tabla, el canto, es redondeado y la popa de ésta es de tipo squash, la más estandar, una cola cuadrada pero algo más redondeada con lo que se consigue mayor estabilidad en la ola. Lo único que le falta a la tabla es añadirle el Grip para así conseguir un mayor agarre.

Go surfing!

Grandes momentos de surf, playa y olas me esperan con esta maravilla, o al menos, eso es lo que espero yo. A día de hoy, ya entrado en el mes de septiembre, la temporada de verano se da por finalizada y ya podemos ir con más tranquilidad a la playa sabiendo que no vamos a jorobar a ningún bañista. Ahora, y hasta el próximo mes de junio, la playa estará libre de veraneantes y domingueros, disponible y puesta a punto para aquellas personas que verdaderamente valoran estar en en un paraje así y no van sólo por el hecho de que es verano y hay que tostar la piel. Personas que necesitan estar en una playa para poder relajarse, entrar en armonía con ese lugar. Otros pocos sin embargo van con sus cañas de pescar y pasan largas horas contemplando el horizonte.

Pero no obstante, en esas fechas y, dentro del agua, podrás distinguir unas manchas negras que de vez en cuando se mueven astuta y rápidamente. Chicos y chicas enfundandos en esos trajes negros y que practican el que probablemente sea el mejor deporte de todos los tiempos. Si alguna vez los ves, si nos ves, míranos, porque seguro que te entran ganas de probar.

¡Ahora la playa es nuestra!


Just Add Water. Clay Marzo, su historia sí que es de película

Decir que tan sólo quedé impresionado cuando descubrí la historia de Clay Marzo sería quedarse corto. Desde que decidí meterme de lleno en el espectacular mundo del Surf, muchas han sido las horas que he dedicado a leer esto de aquí y esto de allá, intentando aprender lo mínimo que se requiere para adentrarse en este deporte. Pero ahora que ya sé, por llamarlo de alguna manera, los conocimientos mínimos sobre este peculiar deporte, muchas también son las horas que dedico a intentar conocer ya no el deporte en sí, sino todo lo que el Surf en sí abarca y lo que entorno a él hay.

Y así fue como una tarde, mientras iba surfeando por decenas de páginas sobre Surf, avisté la historia de este chico californiano residente en Hawái y que se ha convertido en uno de los mayores surfistas de todo el mundo. ¿Qué tiene esto de impresionante? Bueno quizás no sea de lo más impresionante que se pueda ver, y de seguro que historias como las de Clay las hay a patadas, siendo muchas de ellas incluso más impactantes y conmovedoras.

Clay Marzo padece el Síndrome de Asperger, un trastorno mental que forma parte de los trastornos autísticos. Como muchos sabemos, los sujetos que padecen algún tipo de autismo carecen prácticamente por completo de interacción social provocando así serios problemas en la conducta del paciente para con el resto de personas que con él convive. Pero dentro de los distintos tipos de autismo, el Síndrome de Asperger destaca porque los pacientes que lo sufren, en su mayoría, se encuentran obsesionados con alguna materia en concreto haciendo que éstos adquieran enormes conocimientos al respecto. Por ejemplo, encontrarse obsesionado por los dinosaurios, la construcción de maquetas, etc. Algunas de estas obsesiones más comunes entre los pacientes con este síndrome son los medios de transporte (sobre todo los trenes), las matemáticas o la física y todo lo relacionado con los ordenadores y la informática en general.

Hans Asperger, que fue quien descubrió esta enfermedad, llamó a sus jóvenes pacientes “pequeños profesores”, debido a que pacientes de tan solo trece años de edad conocían su área de interés (la pediatría) con la profesionalidad de un profesor universitario. Es entonces donde nos centramos en Clay Marzo. A este joven de tan sólo 22 años, le diagnosticaron este síndrome en 2007. Desde entonces, su obsesión no ha sido hacer maquetas ni cálculos numéricos, su obsesión es hacer Surf durante resto de su vida.

Como era de esperar en una persona con síndrome de Asperger, Clay no tardaría en despuntar en la materia que él eligió, en el Surf, ¿o fue el Surf quien lo eligió a él? Sea como fuere, recientemente se ha estrenado la película Just Add Water, que cuenta con la participación de surfistas de la talla Kelly Slater, Mark Occhilupo, Dane Reynods, Andy Irons (DEP) y Jake Paterson, que frente a la cámara, declaran lo que piensan y sienten sobre Clay Marzo y su historia.

Aquí os dejo con el tráiler extendido:

 



Mau Loa

Llevo pocos meses muy volcado en el Surf. Desde el pasado mes de marzo, concretamente. No sé cómo no hice esto antes. Cuando era pequeño disfrutaba, como muchos niños de la época, de mi boogie. Incansable, nunca quería salir del agua, y me recuerdo siempre mirando, ansioso, porque vinieran más olas. Tonto de mí, no volví a practicar Bodyboard. La adolescencia que vino después hizo que se me nublara el seso con muchas tonterías, demasiadas. Tonto de mí por no haber mantenido encendida esa pasión por seguir surcando olas. Y más tonto aún habiendo sido desde siempre un incondicional de la playa. Claro. Más delito tiene aún cuando la playa, mi querida playa, siempre ha sido uno de los más importantes escenarios de mi vida. Las imágenes de aquél niño que jugaba a cabalgar las olas con su corcho siempre me han acompañado, muchas veces llegaban a mi mente y dejaban en mí esa sensación de nostalgia. Ya bien entrado en mis veinte años, y desde lo más profundo de mi, sentía una inquietud, necesitaba algo, anhelaba algo, y en mi mente, alguien llamaba a la puerta desde el recuerdo. Algo querría con tanta insistencia. Era aquél niño, que sonriente, con ese brillo  en los ojos que sólo un niño alberga en su mirada, me decía las ganas que tenía de volver a montar a lomos de una tabla. Y aquí estoy, a mis veinticinco años, mirando al mar, a punto de meterme en el agua, y volver a ser aquél precoz surfista que con tanto ahínco se metía al agua.

Mau loa significa para siempre en hawaiano,  y esto lo escribí al poco de llegar a la playa. Sentí la necesidad de escribirlo y no dudé en sacar mi pequeño cuaderno de notas que suele siempre acompañarme. No suelo surfear por las tardes, y tendré que hacerlo más, porque la sensación de estar encima de la tabla, mientras esperaba la ansiada ola, manteniendo la mirada fija al horizonte y viendo cómo el Sol se retira lentamente…es un momento místico, una sensación pura como ninguna otra. Es lo más cerca que me he sentido de Dios.

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Entro en el Surf – El arte de deslizarse sobre las olas

Desde antes de terminar el curso ya rondaba por mi cabeza la idea de crear un buen artículo relacionado con el surf y la posible  manera de enfocarlo. Hace ya más de un año, escribí sobre la que fue mi primera experiencia surfera y desde entonces no he vuelto a tocar el tema, pero ya estoy de vacaciones, me he librado de este pesado y cansino curso que ya ha quedado atrás, eso sí, aprobado todo con notables y sobresalientes y ya puedo centrarme plenamente en mí y en las cosas que me gustan, entre las que se encuentra, el surf.

La idea de adentrarme en el maravilloso mundo del surf nunca se apagaba, desde siempre el surf ha sido un deporte que me ha llamado la atención, pero nunca conseguía dar el paso, supongo que por lo mal que se me dio la primera vez con Gonzalo. Pero de eso ya hacía mucho tiempo, ocho años nada más y nada menos y, entre eso y que este es mi último año aquí en mi ciudad, ya que pronto me voy a vivir a Madrid por temas de estudio (y… vaya vaya allí no hay playa), era el ahora o nunca. Así que el pasado invierno, me lancé de lleno, pasé horas y horas frente al ordenador, navegando sin rumbo fijo por todas las webs relacionadas con este deporte, viendo muchos videos por la red y sobre todo empapándome de todos esos consejos para principiantes que encontraba en numerosos web/blogs. Pero lo más importante es que el pasado mes de marzo me apunté a un curso de surf, ya no había marcha atrás, por fin iba a dedicarle el tiempo necesario a este deporte que de una vez por todas, ya tenía entre manos.

El Día D

Mes de marzo. Acababa de hablar por teléfono con Guillermo, un simpático argentino, el encargado de enseñarme surf durante unas semanas y con el que había quedado para empezar a tomar las clases para el día siguiente. Contacté con él gracias a un anuncio de internet en una conocida página web en la que éste se ofrecía para impartir clases de surf. El día antes, a pesar de que Guille me comentó que tenía varias neoprenos, fui a comprarme uno, y es que ya saben, los neoprenos son muy ajustados, no sé, pero la idea de ponerme prendas de ese tipo y que han sido usadas por otras personas, por muy lavadas que estén, me da mucha tericia, soy muy repipi para esas cosas, además tenía ganas (e ilusión) de tener uno propio.

A la mañana siguiente me desperté temprano, se notaba que marzo se estaba despidiendo y que pronto llegaría el buen tiempo ya que el día amaneció despejado y muy soleado. Había quedado en la playa con Guillermo a las ocho y media y allí me presenté, un tanto nervioso, no voy a negarlo, pero también excitado, contento con lo que estaba a punto de hacer. Y eso es muy bueno, para aprender a hacer algo hay que tener muchas ganas sobre ello y sobre todo, mucha ilusión.

Tras haberme explicado las nociones básicas en cuanto al remado y posicionamiento en la tabla, calentamos un poco antes de entrar en el agua (muy importante hacerlo) y después nos lanzamos como patos, decididos a hacer surf, o al menos eso es lo que yo tenía en mente. Y es que, sin resultar tan patético como aquella primera vez, al principio me resultó algo complejo, sobre todo la remada, algo que a priori parece sencillo, pero he de decir que cuesta mucho y más si uno no está acostumbrado a ejercitar los brazos de esa forma. Resaltar que la remada se hace más fácil o más difícil ya no sólo dependiendo de la fuerza de la persona en cuestión, sino de la tabla a utilizar. En mi caso, como viene a ser lo normal, he empezado con una tabla evolutiva pero no de fibra, sino de poliuretano o de “espuma” como también se les llama, un tabla un tanto pesada y gruesa, algo que sin duda viene bien para que encuentren el equilibrio y se adecuen en la tabla los principiantes pero que en contraposición, dificulta un tanto la remada y la maniobra. Con mi experiencia personal, sin duda veo prescindible el uso de este tipo de tablas, de primeras, recomiendo una tabla evolutiva pero de fibra, en otras palabras, la típica tabla de surf que siempre le veis a los surferos.

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Fuente: Google.es

Mientras remaba hacia dentro tumbado en la tabla (y con la espalda ligeramente erguida, como debe hacerse) sabía que en los días posteriores iba a estar acompañado de unas bonitas agujetas. Y llegó el gran momento, el momento de darse la vuelta, con los pies juntos y con el cuerpo en equilibrio y neutralizado con la tabla, la ola se acercaba y llegaba el momento de cogerla. Quien diga que a la primera se deslizó en la ola, se consiguió poner de pie y la surfeo un tiempo, miente. Yo ni a la primera ni a la segunda ni a la tercera conseguí levantarme en la tabla, siempre acababa de rodillas antes de dar de bruces con el agua. Pero mi afán por aprender a surfear no amainaba, independientemente de cómo tomara la ola, volvía a remar hacia dentro (quizás lo más duro, ya que es lo que más cansa), buscaba la ola idónea y, una vez que la identificaba me iba hacia ella, volvía a posicionarme correctamente en la tabla y de nuevo intentaba agarrarla lo mejor posible. Le dije a Guillermo (intentando no parecer desagradable) que cogiera él su tabla, que dejara de estar varado a mi lado viéndome y que surfeara a mi lado, ya que soy de los típicos que se ponen nervioso si alguien está atentamente mirándome a ver cómo hago lo que estoy haciendo. Y ahí es donde me sentí más a gusto, me venía bien no tener la atenta mirada de nadie y sobre todo, necesitaba ver a alguien surfear (bien) a mi lado, y es que en ese momento, sólo estábamos los dos en el agua, la playa estaba prácticamente vacía, a esas horas y en el mes de marzo, no cabría esperar otra cosa. Eso era algo que agradecía, no me agradaría que mucha gente viera mi inexperiencia en la tabla. Los minutos pasaban y yo estaba cada vez más desahogado y seguro, cada vez estaba más cerca de erguirme en la tabla, en términos técnicos, paulatinamente me iba saliendo mejor la maniobra del Take Off (momento en que se deja de remar acostado sobre la tabla y se pasa a la posición erguida, listos para deslizarse sobre la ola).

Todo esfuerzo tiene su recompensa o eso dicen, por eso cuando terminamos de surfear, ya fue costumbre el subir siempre a la terraza de uno de los bares situados frente a la playa y tomarnos unas cervezas y conversar largo y tendido sobre el surf y todo lo que este grandísimo deporte puede ofrecerte. A la hora de aprender, es importante también escuchar lo que los expertos pueden decirte, consejos, avisos, testimonios, anécdotas, todo ello enriquece el aprendizaje.

Tras muchas olas…

Tuve que abandonar las clases durante un tiempo debido a que pronto llegaron los exámenes finales. Así pues, no fue hasta que finalicé el curso cuando retomé el surf. Pensé que todo lo aprendido se me habría ido, pero en absoluto, esto es como montar en bici, jamás se olvida. Con mucha determinación y sin que en ningún momento cesara el ánimo, lo intentaba una y otra vez. Esto lo digo porque el surf es un deporte que al principio parece duro, es más, lo es, además de tener una buena forma física (y una adecuada salud) hay que ser constante para practicar este deporte, hay mucha gente que a la primera de cambio piensa que el surf no es lo suyo y que deben dedicarse a otra cosa. Pero si verdaderamente te sientes atraído por el fascinante mundo del surf, seguro que no decaes en ningún momento.

Los días pasaban y cada vez me adhería mejor a la tabla. No diré que ya surfeaba en perfectas condiciones, pero sí se me iba dando mucho mejor, conseguía hacer el take off, y en lo que tenía que centrarme (y sigo en ello) es en mantenerme en esa posición y encaramarme durante más tiempo a la ola.

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Fuente: TodoPaisajes.com

 

Constancia

Esa es la clave del éxito, la constancia, o al menos en el surf. A día de hoy, y sobre todo, debido a que estoy de vacaciones completas hasta mediados de septiembre, sigo incrementando mi aprendizaje, me sigo instruyendo y todas las mañanas que se presentan con olas ahí estoy para continuar surfeando. En breve tendré una tabla de fibra echa a mi medida y personalizada, uno de los tantos caprichitos que me voy a dar este verano por haberme esforzado tanto estudiando a lo largo del curso. Cuando la tenga, la presentaré como es debido aquí en Anhelarium.

El surf y la huella que deja en ti

El impacto anímico y espiritual que propicia este deporte en todas aquellas personas que lo practican es imborrable. No se pude ni se podrá jamás explicar con palabras lo que sientes al estar sentado en la tabla, acariciando el mar con tus manos mientras la brisa te besa en la cara, allí, mirando al horizonte, esperando ver llegar la ola que tanto anhelas alcanzar. Un momento contemplativo, un momento místico que embriaga todos tus sentidos.

Desde aquí, agradecer a Guillermo por sus enseñanzas y todas esas buenas horas de surf y también a mi hermana Desirée por alentarme aún más a practicar este deporte. ¡Muchas gracias chicos!

 

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Fuente: hdfondos.eu

Planeando la escapada

Esa misma mañana, en plena clase de historia y como era de costumbre, Gonzalo y yo compartíamos otra de nuestras largas e interesantes (al menos para nosotros) charlas matutinas. Y no es que la historia nos aburriera, para nada, era esa forma que tenía la profesora de dar las clases. Era como ponerse un documental de La 2 recién comido y tumbado en el sofá. Acabas por dormirte mientras de fondo escuchas la apacible y somnolienta voz del narrador. Como es normal, no nos podíamos quedar dormidos (aunque alguna cabecita de vez en cuando sí que se daba uno) así que optamos por hablar, de lo que fuera, el caso era echar el rato.

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