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Más te bale, Gareth

Hace unos años escribía sobre Gareth Bale en este blog. No soy muy dado a escribir sobre fútbol por aquí, pero ahora simplemente me apetece. Gareth Bale es desde hace tiempo uno de mis jugadores preferidos. Todo un atleta desde bien jovencito reconvertido a futbolista. Desde poco antes de que fichara por el Tottenham le llevo siguiendo la pista. Ya en el Southampton demostraba tener una calidad increíble, pero no fue hasta su llegada a los Spurs cuando definitivamente la partió. Ahí, en esos años vistiendo la camiseta del Tottenham Hotspur F.C., fue cuando me enamoré de este futbolista. La potencia de sus disparos, siempre tan certeros, su galopada, el continuo desborde. ¡El expreso de Cardiff, lo apodaban! Gareth pisaba su nueva casa en 2007. El White Hart Lane vibraría con su fútbol, sus goles. ¡Gareth no tiene gol feo! O debería decir, tenía. Hablar en pasado de él me entristece. Pero Bale tiene la pólvora mojada, sus goles no aparecen y lo que es peor, con él parece que el Real Madrid juega con uno menos. Cómo me duele decir esto…Fue en 2010 cuando envenenó a toda Europa con su juego. Es a partir del verano de ese mismo año cuando los mejores clubes de Europa se rinden ante el niño bonito, equipos como el F.C. Barcelona o el Manchester United le tienen puesto el ojo. Pero será el Real Madrid quien se terminara por hacer con los servicios del galés en el verano de 2013. El club blanco remodeló su plantilla. Con Carlo Ancelotti de entrenador y Zidane como su segundo -casi -, el Madrid se haría con fichajes como Isco, Carvajal o Casemiro. Y a estas alturas ya sabemos que son precisamente estos chicos, junto a ModrićLucas Vázquez y Asensio -del que todo el madridismo anda enamorado, y no es para menos-, los que parten ahora el bacalao por Chamartín. Pero fue Gareth el fichaje estrella de aquel verano, en esta entrada os hablaba de aquella plantilla que se había hecho el Real Madrid y con la que empezaría una etapa espectacular que por suerte, aún dura.  No os podéis imaginar lo mucho que me ilusionó el fichaje de Gareth Bale.

Hacía muchos años que el fichaje de un futbolista no despertaba en mí tanta expectación. A mí y a medio mundo, porque Gareth fue el fichaje más caro de la historia del fútbol en aquél momento. Ahora Neymar ha reventado el ranking, pues el PSG ha pagado por él 222 millones de euros. Pero para el Madrid sigue siendo el fichaje más caro de su historia. Jamás el club madrileño ha pagado tanto por un futbolista. Su primer año en el Real Madrid fue una locura: un gol espectacular, histórico, que daba al Madrid la victoria ante el Barça en la final de la Copa del Rey y su gol de cabeza en Lisboa ante el Atlético del Cholo Simeone que, tras la genialidad de Ramos, dejaba La Décima en manos del que es el máximo campeón de Europa. El primer año de Bale en el Madrid hacía que los 105 millones de euros que costó su fichaje estuvieran más que amortizados. El galés hizo una campaña muy buena, con asistencias y muchos goles y era más que decisivo en los partidos importantes. Nada que ver con ahora. ¿Es el crepúsculo de un dios del fútbol? Si bien es cierto que las lesiones lo han traído por el camino de la amargura, éstas no han sido tan graves como para que se vea en peligro su carrera y tanto ante como después de las mismas, no se ha visto al galés en plena forma. Sus últimas temporadas en el Real Madrid pasan con más pena que gloria. Ni se le ve, anda desaparecido en los partidos. Para la final de Cardiff del pasado 3 de junio se contó con él para la segunda parte del encuentro y más por darle la oportunidad de jugar unos minutos en su tierra que por otra cosa. Bale, cuando supuestamente anda recuperado, que es cuando todos esperamos ver su mejor versión, no es ni la sombra de lo que era.

¡BALE POR UNA COPA! 
¡Desde chiquitito!
¡El Real Madrid, vuelve a ganarle al Barça otra final!
Primavera de 1992

Gareth tiene toda una temporada por delante. Pero sólo llevamos dos jornadas y nada hace presagiar que la cosa cambie. Si su pretemporada fue lamentable, en estos dos primeros partidos de La Liga no se ha visto nada que lo mejore. O Gareth hace una temporada en la que se muestre trascendental para el equipo blanco o mucho me temo que será su último año en el Real Madrid. Ya este verano Mou le ha tentado para que se vaya al Manchester y muy probablemente el fútbol inglés -independientemente de que vaya al United u otro equipo de la Premier- sea el destino del de Cardiff si siguen las cosas como va. La actuación de Bale ante el Valencia en la pasada jornada fue sonrojante, ganándose los pitos del Bernabéu. Si Karim Benzemá falló, como se suele decir, más que una escopeta de feria, siendo uno de los señalados de la plantilla por prensa y afición, al menos el francés tuvo sus ocasiones, bastantes, aunque el balón no tocara la red. Sin embargo Bale no sólo andaba a por uvas, sino que se se vio eclipsado por un niño de veintiún años llamado Marco Asensio, la perla del Madrid.

Si bien es cierto que el primer año de Bale en el Madrid fue buenísimo, los madridistas jamás hemos visto al Bale del Tottenham, nunca lo hemos visto brillar como lo hacía en Londres. Unos dicen que es porque debería jugar por la izquierda, otros porque Cristiano le frena su progresión. Pero se ha visto que no. Demasiado tiempo para darse cuenta que no es ni una cosa ni la otra. Gareth no está bien. Diría que no está ni a la mitad de su rendimiento. Quizás su lesión le tenga más fastidiado de lo que nos hace ver. Quizás su lesión sí que es más grave de lo que pensamos. Lo único indiscutible es que está a años luz de su mejor versión, que no parece la estrella con la que soñaban los mejores clubes europeos y que de él aún se espera mucho. El madridismo sigue confiando en él y no lo da por perdido. Eso sí, tiene que ser esta su temporada, es ahora o nunca. De no ser uno de los protagonistas de las victorias que los madridistas esperamos con ansia en esta nueva campaña, el galés tendrá que hacer las maletas.

¡Mis mejores deseos, Gareth! ¡Espero con ansias volver a ver ese expreso de gales!


¡Desde chiquitito!

Primavera de 1992. Ahí estaba yo con mi equipación del Real Madrid. Bueno, equipación…Ese escudo, además de parecer que lo había bordado una manca, era más falso que los penaltis a favor del Barça, o que el doctorado en termodinámica de Kiko Rivera. ¡O más falso que los besitos que te da tu suegra! Pero yo era feliz de mostrar mi madridismo. Lo que nunca entenderé es por qué estaba yo tan doblao en esa foto, que parece que me había hincado una botella de Fino Quinta yo solito. Pero yo no podía ser más feliz de mostrar mi madridismo. Las calzonas desde luego me las colocaba cual torero, hasta los sobacos, aunque, ¿y esas piernas? Con esas piernas que tenía tan escuchimizadas poco fútbol iba yo a mostrar. Me iba a desmontar más rápido que una pieza de Lego, ¡ni Prosinecki oiga! Pero qué feliz estaba de mostrar mi madridismo. Por aquél entonces no tenía ni idea de cuántos títulos tenía el Real Madrid ni del prestigio que ostentaba, pero sí sabía deciros de memoria la alineación de aquél Madrid de Buyo, Zamorano, Míchel, Hierro…

Hoy, a mis 31 años, disfruto de ver jugar al Madrid como cuando era pequeñito. Sigo llorando de emoción cuando veo a los blancos levantar un título, como también lloro de rabia cuando soy testigo de sus derrotas, de esas que duelen, aunque por suerte, de esas hay pocas. En estos últimos años los madridistas hemos podido emborracharnos de alegría al ver a nuestro equipo levantar tres Copas de Europa, las dos últimas seguidas. El Real Madrid es el club con más copas europeas, doce. Fue el único en ganarla en cinco ocasiones consecutivas (1955-56, 1956-57, 1957-58, 1958-59, 1959-60) y ya en el formato actual de la Champions League, es el único equipo en conquistar el título dos años consecutivos (2015-16, 2016-17). Llevamos unos años donde el Real Madrid sigue marcando a fuego su sello en la historia del deporte. Qué afortunado somos de vivir momentos tan únicos. Me vuelve loco ver jugar a mi Madrid, y qué os voy a contar cuando lo veo hacer historia. Historia que tú hiciste, historia por hacer… Ni si quiera sabría deciros por qué me hice del Real Madrid. Quizás me viera influenciado por la gran cantidad de madridistas que hay en mi querida ciudad, pero sinceramente, no lo siento así. Sí recuerdo el sentirme enamorado de ver a los jugadores lucir el color blanco como nadie, me encantaba imaginarme jugar al fútbol ante la atenta y vehemente mirada de miles de personas que no paran de animar. Aún hoy, cuando cierro los ojos antes de quedarme dormido, me gusta imaginarme vestido de corto jugando en el Santiago Bernabéu, marcando goles y celebrándolos con la afición. Sigo siendo ese niño que, sin tener hechuras de futbolista, sigue soñando que es uno de ellos.

¡HALA MADRID SIEMPRE, AMIGOS MÍOS!

 


El último partido de Raúl, el adiós de una leyenda del deporte. Gracias, eterno capitán

La otra noche te vi jugar, querido Raúl, el que sería tu último partido como futbolista. La pasada madrugada del 16 de noviembre me encontraba pegado a la televisión, totalmente emocionado, expectante, viéndote levantar tu último título. ¡Qué merecido lo tenías! Conseguiste meter a tu equipo, el New York Cosmos en la final de la NASL. En el minuto 61 del pasado día 7 de noviembre, contra los Strikers de Fort Lauderdale, metiste el gol que os daba la victoria y el pase a la final. Menuda manera de retirarte Rulo, luchando por otra final, otra nueva gesta en tu envidiable trayectoria. Desde ese mismo momento, contaba los días para poder disfrutar una última vez de tus jugadas, esas tan inesperadas e imposibles para muchos, de esas triquiñuelas, como tú siempre las has llamado, esas que tan bien se te dan y que nos han dado tantas alegrías a los que siempre te hemos seguido con admiración, ya lucieras la camiseta de nuestro querido Real Madrid, o la del Schalke 04, Al-Saad, o por último al del NY Cosmos.

Celebré los tres goles de Cellerino, uno gracias a un gran pase tuyo, como si el Cosmos fuera el equipo de mis amores de toda la vida. Cuando la verdad es que sólo he visto sus partidos por ti, porque de nostalgia nadie me curará nunca, y sigo siendo aquél niño que se deleitaba viéndote, viendo al más listo de la clase hacerle esos quiebros a los porteros, dejándoles en ocasiones sentados y es que, ¿a cuántos equipos les has hecho goles, querido Raúl? ¡Cuántos chirlazos se han comido los porteros que te ponían en frente! El 7 del Madrid, el eterno capitán. Nuestra referencia en ataque durante todos los años que estuviste en el Real Madrid. Ya hiciera el club el fichaje que hiciera para la delantera, los madridistas sólo ansiábamos verte marcar a ti los goles de la victoria. El equipo nos emocionaba, nos ponía los nervios a flor de piel, pero tú eras el que nos ponías el vellito de punta, el que nos hacías llorar de la emoción.

La otra noche te vi jugar, querido Raúl, tu último partido. No voy a entrar a detallar tu trayectoria, pues de perdurable y de triunfante me quedaría un artículo sumamente largo. Pero tampoco mencionaré tus números, no hace falta Raúl, tus estadísticas las conocemos bien los que amamos este deporte, no hay nada que nadie no sepa a estas alturas. Yo, el adulto que ahora soy, y el niño que fui y que sigue dentro de mí, tan sólo queremos que estas líneas que escribo tengan como único fin el trasmitirte nuestra entera y por siempre eterna gratitud. Y es que aún sigo viendo a ese niño que brazos en alto gritaba y celebraba aquél gol con el que mandaste a callar a todo el Camp Nou que quedó silenciado por esa garra que siempre has demostrado en los terrenos de juego. Te recuerdo siendo ya un imberbe adolescente levantando la Novena Copa de Europa y ahora, a mis casi treinta años, soy testigo de cómo ganas la North American Soccer League. Te marchas levantando nuevamente un trofeo y con lágrimas en los ojos veo cómo tus compañeros de equipo te mantean y celebran especialmente contigo la victoria, tu última victoria.

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Querido Raúl, llevo años anhelando volver a ver en el Madrid a un futbolista como tú. Desde que te fuiste no hemos vuelto a ver a alguien mínimamente parecido a ti. Por tu manera de tratar a tus compañeros y a tus rivales, no sólo echamos en falta tu manera de jugar, no sólo nos faltas como futbolista sino que también nos faltas como capitán. Eres el futbolista que más clase y elegancia ha demostrado en el césped. Por eso, querido capitán, considero que aún tienes mucho que ofrecerle al fútbol. Este deporte te necesita. Has colgado las botas pero tus valores no desaparecen, esos van contigo allá donde vayas. En estos días, donde en muchos vestuarios no se respeta la figura del capitán como antes, donde se le cede el brazalete a quien sea, y las instituciones deportivas se vienen abajo por la corrupción y los partidos están más politizados que nunca, necesitamos a gente como tú. Los que adoramos este deporte, necesitamos que te mantengas cerca. Y es que no sólo eres leyenda viva de nuestro adorado club, el Real Madrid, eres un grande de la historia de nuestro deporte. El buen futbolero, sea del equipo que seas, sabrá reconocer tu saber estar, tu trabajo y sacrificio, y tu pasión por el balón, valores que te han hecho llegar a lo más alto en la historia del fútbol mundial.

Querido Raúl, ¿sabes lo que más me gustaba de ti? Que entre todas esas estrellas y fichajes millonarios, de entre todos esos futbolistas colmados de fama y ego, el que acababa siempre destacando eras tú, porque la pasada madrugada del 16, a tus 38 años, todavía podíamos ver a aquél joven que debutó en la Romareda con 17 años y que durante dos décadas ha disfrutado del fútbol de élite jugando como el que juega en su barrio con los amigos. Has disfrutado del fútbol con toda la humildad y sencillez.

Gracias, eterno capitán.