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ALIEN, el octavo pasajero [1979]

No sé que ha tenido siempre este bicho que es el que más miedo me ha dado de todos los monstruos del cine. Siento fascinación por Alien. Cada cierto tiempo me veo la saga completa. Cuando hablo de la saga me refiero a la saga original, no hablo ni de Prometheus (2012) ni de Alien: Covenant (2017). La primera, un despropósito; la segunda, aún sigo digiriéndola. Y ya ni hablemos de Alien vs. Predator (2004) y su secuela, un crossover para el entretenimiento barato, demasiado estúpido. Alien es la obra maestra de Ridley Scott, por lo que siempre será recordado. Ya sé que este director tiene en su haber grandes obras como Gladiator (2000) o Blade Runner (1982), pero su nombre siempre estará ligado a Alien, siempre se hablará de él como el director de Alien. En 1979 Alien marcó un antes y un después en el cine de ciencia ficción y de terror y por supuesto, una enrome franquicia que ha dado cómics, libros, videojuegos y todo tipo de merchandising. Alien es de las películas más reconocidas del género, una de las más transcendentales. Alien, el octavo pasajero, es de las películas que mejor envejece, han pasado más de treinta años de su estreno y no ha perdido ni una hebra de calidad. Sus secuelas, esas que componen la que todos conocemos como la saga original, son joyas del séptimo arte. Cada una de esas secuelas fue dirigida, además, por excelentes directores de cine. Alien, el regreso (1986) fue dirigida ni más ni menos que por James Cameron (Titanic, Avatar); Alien 3 (1992), por David Fincher (Seven, El club de la lucha). Ya en 1997, para Alien Resurección, sería Jean-Pierre Jeunet (La ciudad de los niños perdidos, Amelie) el encargado de dirigir la última de las clásicas. Pero yo me quiero centrar en la madre de todas ellas, en Alien, el octavo pasajero, porque muchas películas han seguido los pases de esta cinta, pero pocas han conseguido transmitir la angustia y la intensidad de ésta.

Oscuridad, terror y belleza

Esta película cuenta la historia de la nave Nostromo, una nave de carga que recorre un largo viaje y en el que sus tripulantes están sumidos en un sueño criogénico. MADRE, como así llaman al ordenador central de la nave, tras detectar una extraña transmisión procedente de un planeta cercano y aparentemente deshabitado,  procede ha despertar a los siete tripulantes de la nave. Así, los navegantes espaciales decidirán acercarse al planeta para comprobar e investigar la procedencia de dicha transmisión. Dallas, el capitán de la nave, comunica al resto de la tripulación que MADRE ha dirigido a Nostromo al desconocido planeta porque ha interpretado la señal interceptada como una alerta de socorro. Una vez que la película nos ha presentado los roles de todos y cada uno de los tripulantes, éstos de disponen a aterrizar en el extraño planeta para comprobar lo sucedido y desvelar el inquietante misterio. Cuando el capitán Dallas y su equipo aterrizan en el inhóspito planeta, accederán al lugar donde se originó la transmisión. Allí se encontrarán con una nave alienígena que parece haber sido abandonada mucho tiempo atrás.  Mientras tanto, la teniente Ripley ordena a MADRE que realice una descodificación de la extraña transmisión obtenida para su interpretación y es ahí donde descubrirá que el mensaje no era una alerta de socorro, sino de advertencia. Uno de los oficiales, Kane, descubre en la nave que han abordado una sala llena de lo que parecen ser huevos en incubación. Uno de ellos se abre y una extraña y viscosa criatura se adhiere a su casco de forma violenta, derritiendo su visor y aferrándose a su rostro. Kane es llevado de urgencias a Nostromo. Allí, uno de los tripulantes, un androide llamado Ash, intentará liberar a Kane de semejante engendro. Cuando parecía imposible desaferrar a ese extraño ser del rostro del oficial, éste cae aparentemente muerto. Kane despierta ileso, la nave Nostromo pone de nuevo rumbo a la Tierra. Pero Kane comienza a convulsionar y una extraña criatura sale de su interior reventándole la caja torácica. Y es aquí donde comienza una tragedia galáctica que no se olvidará jamás.

Los oscuros pasillos y rincones de Nostromo forman un escenario claustrofóbico y amenazador. La pequeña y violenta criatura tiene innumerables formas de esconderse a placer de los tripulantes que ahora se muestran inquietos y asustados. La teniente Ripley comienza a mostrar sus dotes de mando y determinación y es donde poco a comienza a obtener el protagonismo. Desde el inicio de esta cinta vemos como los planos y secuencias están medidos al detalle. La música, encargada a Jerry Goldsmith, pone sutil y paulatinamente énfasis a cada momento. La nave Nostromo presenta cierto aire disco (como no podría ser de otra manera en pleno años setenta) para dar paso a un ambiente gótico y tenebroso, convirtiendo la nave en el mayor de los pasajes del terror. Como bien rezaba el cartel con el que se promocionaba esta película: «En el espacio, nadie puede oír tus gritos». 

El octavo pasajero

El pequeño Alien, ese que anda correteando por la nave, es el octavo pasajero, al que nadie a invitado a bordo. El pequeño ser sufrirá ciertas transformaciones que ni el mismísimo Frank Kafka hubiera imaginado. La metamórfosis del bicho es espectacular y lo que lo hace más brillante es que no se usan efectos digitales en esta película. Hablamos de una cinta rodada en 1979 y de ahí el atractivo que jamás conseguirán las películas de hoy día. Los monstruos y estrafalarios personajes de las películas de aquellos días eran maquetas o disfraces que se conseguían a base de horas de concienzudo esfuerzo. De un sangriento cangrejo pasaba a una suerte de escarabajo repugnante para convertirse finalmente en un ser bípedo, imponentemente alto y fuerte, con una especie de armadura irrompible, tan oscuro como un agujero negro, de un aspecto que no podría ser más amenazador y espeluznante, y con unas mandíbulas que por si fuera poco, escupían ácido corrosivo. Un ser inmune, un ser invencible.

El bicho, por excelencia. Uno de los inconos del cine de terror más impactantes y reconocibles. El monstruo que más miedo me ha dado de todos. Llegué a tener pesadillas con él. Recuerdo cómo un primo mío me regaló de pequeño un póster enorme que regalaba Pepsi con motivo del estreno de la tercera película, Alien 3, en 1992. En él se veía a este monstruo a tamaño original, de esos pósters que se pegan detrás de la puerta de tu habitación o en una de los armarios. No recuerdo qué hice con él, si lo tiré o lo regalé, pero jamás lo coloqué en mi habitación. Este bicho tan letal no cesará en su empeño de matar a todo ser viviente que se cruce en su camino. De la forma más mortífera, irá acabando con toda la tripulación. Perseguirá de manera incansable a la teniente Ripley y no sólo en esta película. Ay! La teniente Ripley…

Sigourney Weaver


El bicho se pasa toda la película soltando babas, escupiendo ácido y persiguiendo a una Sigourney Weaver ensagrentada, sudorosa y en braguitas, que corretea por toda la Nostrodomo. Puede parecer soez o simplista esto que acabo de escribir, pero tan sólo es la imagen que tengo grabada a fuego en la cabeza cuando pienso en esta película. Las escenas de Weaver y el Alien son las que más me marcaron y las que primero se me vienen a la mente. Son las dos piezas inquebrantables, insustituibles y que más perdurarán en el universo Alien. Como si de una versión alternativa de La bella y la bestia se tratase, Ripley y Alien son en esta cinta la pareja de un baile violento y sangriento. Sólo ella es capaz de hacerle frente a un monstruo de tal calibre, Ripley nunca dejará de ser una de las más admiradas heroínas del celuloide. Su periplo con Alien será la columna vertebral de toda la saga. La actuación de Weaver en la película es una de las más logradas de su carrera cinematográfica. Si Ridley Scott será siempre el director de Alien, Sigourney es y será siempre la actriz de Alien. Cuántas veces habré oido decir eso de: Sí, esa que hizo la peli de Alien, cuando alguien se quiere referir a la actriz. Todos los actores que dan vida a los miembros de la tripulación dan la talla, transmiten intensidad y realismo en la pantalla. Todos, sin excepción, Dallas (Tom Skerritt), el oficial científico Ash (Ian Holm), Brett (Harry Dean Stanton) y Parker (Yaphet Kotto), Kane (John Hurt) y Lambert (Veronica Cartwright). Pero el coraje, la valentía, el papel femenino por excelencia, es el de Ripley, Sigourney Weaver. Sin alardes, tan sólo con el arrojo de una mujer cabreada, Ripley se enfrenta a Alien. Es tal la determinación y entereza de Ripley, que a su lado Alien no parece tan imbatible.

Alien, el octavo pasajero, es una película para disfrutar viéndola varias veces. Como esa botella del mejor vino que puede durar meses en tu pequeña bodega y que sólo sacas en ocasiones especiales. Esta película es para apreciar todos sus detalles. Su atmósfera opresiva, la interpretación de sus actores, la música, su fotografía, el ingenio de un director en estado de gracia, y la calidad de una actriz irrepetible como es la señorita Weaver, sin olvidarnos, ¡cómo podríamos!, del terror que infunda esta especie de quimera del espacio. Una obra maestra del séptimo arte. Yo, seguiré cada cierto tiempo disfrutando de esta saga como vengo haciendo desde hace años. Una noche que no tengas plan alguno, y no quieras salir de casa, ya sabes qué hacer.



La llegada (The Arrival) [2016] Ciencia ficción en su más bella expresión

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Ciencia ficción y realismo son términos antagónicos, incompatibles, o al menos es lo que puede uno llegar a pensar. Pero estamos ante una portentosa película de ciencia ficción muy realista, tanto que, si llegaran los extraterrestres algún día, estoy plenamente convencido de que la situación pintaría muy parecida a la que se ve en este inquietante film. Me apetece muchísimo dedicarle a esta cinta una entrada de blog y centrarme en sus encantos, porque es de esas películas que calan por todo lo que trasmiten y que merecen ser vistas más de una ocasión por todo lo que de ella uno puede llegar a desgajar. Desde Anhelarium recomiendo con afán el visionado de esta película, porque siguiendo el rastro de Interstellar, Denis Villeneuve, nos invita a una profunda reflexión como ya lo hiciera Christopher Nolan, obsequiándonos con otra conmovedora historia que deja con ella grabada a fuego la mejor ciencia ficción en su más bella expresión.

A Villeneuve, que logró meternos a todos en el bolsillo con su impecable película Prisioneros (2013), le acompaña el guionista Eric Heisserer donde juntos tejen un film hipnótico, muy alejado de esas arquetípicas películas de invasiones extraterrestres que llevan a una posterior y apocalíptica guerra contra los humanos, para adentrarnos en un relato dramático, innovador, profundo, y sin parecer pedante, no apto para todas las mentes. The Arrival es de esas películas que te hacen usar el cerebro cuando entras a la sala de cine. Así que, si lo tienes, no te olvides de llevarlo.

Doce imponentes naves han llegado a nuestro planeta. Inmóviles, parecen desmesurados monumentos que se sostienen en el aire, casi impasibles. Su sola presencia altera a toda la humanidad e inquieta al mayor de los optimistas. ¿Quiénes son? ¿Qué quieren? ¿Vienen en son de paz? Nada se sabe de ellos ni de sus intenciones. Cada nave ha descendido en un país distinto, y de la manera más imprevisible, todas las naciones tendrán que trabajar juntas para intentar averiguar qué es lo que intentan decir estos inesperados invitados. Para ello, cada país pone a disposición sus fuerzas armadas, sus mejores científicos e ingenieros y también, expertos en lenguaje. Y ahí entra en escena la bellísima Amy Adams, presentándonos un papel digno de Oscar. Pero en ella me detendré más adelante, porque su trabajo, creedme, bien lo merece.

Técnicamente admirable

La manera en la que está hecha esta película es todo un prodigio. Empezaré diciendo que The Arrival contiene escenas que son pura poesía, cada metraje está cuidado al detalle. La película plasma con elegancia todo aquello que intenta transmitir. A un cuidado guion que acontece sin dilemas, hay que destacar la meticulosidad de su banda sonora, llevada a cabo por el islandés Johan Jóhannsson, que riega cada escena dotándola de una gran carga sensorial. Visualmente, la fotografía de Bradford Young es impactante, captando y, al mismo tiempo, transmitiendo al espectador, cada una de las emociones por las que pasan sus protagonistas, que no son pocas. Incredulidad, asombro, desconcierto, angustia. La música, la fotografía, el conmovedor guion y el radiante papel de su protagonista, ocasionan que la cinta se vea envuelta en una atmósfera de misterio, tensión y conmoción.

Esta historia está basada en el relato titulado Story of Your Life de Ted Chiang. De él se sirve el director canadiense para mostrarnos algo nunca visto en las películas de extraterrestres, el lado más humano. Desde el primer minuto, la película nos refleja un drama familiar para adentrarnos, sin alterar el ritmo y con precisión de cirujano, en un clima de opresión y miedo por la llegada de unos alienígenas que ni tan si quiera se han dejado ver. La cadencia de las imágenes en cada plano es cada vez más y más sugerente. Los planos que muestran a los humanos acercándose a la nave, mostrando el pavor y el desconcierto de sus protagonistas. En esos momentos el espectador no cabe en su asiento, porque a un ritmo pausado, que no lento, la curiosidad por saber quiénes son esos visitantes va in crescendo. Ni qué decir cuando se adentran en el interior de la nave. La construcción de esos planos junto a lo mucho que transmiten los rostros y expresiones de los protagonistas, es magistral.

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Filantropía en la tercera fase

Es la película más interesante de estos últimos años. The Arrival es un clásico instantáneo de la Ciencia ficción que bebe de otras obras maestras como Encuentros en la tercera fase, de Steven Spielberg, Contact, o la ya mencionada, Interstellar. Pero esta da un paso más, convirtiéndola ya en otra obra maestra. Y no sólo por haberle dado más importancia a la ciencia que a la violencia y por encumbrar la sencillez de sus escenas a la grandilocuencia que nos tiene acostumbrado el cine de este género. La película rebosa ciencia por sus cuatro costados, como las antes citadas, pero esta película muestra mucho más arte. Si bien es cierto que la película de Spielberg ya jugaba con esa peculiar manera de comunicarse con los amigos del espacio, esta película habla del arte del lenguaje. Y es gracias al lenguaje donde vemos el factor más humano en esta obra. De una forma muy elaborada, nos enseña cómo utilizar el lenguaje por muy desconocido que éste sea. El lenguaje y la manera de interpretarlo, es la clave. Y aquí es donde el lenguaje tira de la manta del tiempo, concepto harto complicado para los estudiosos de la ciencia y la filosofía. El tratamiento que se le da al lenguaje resulta sublime, de lo más inteligente y sensato a la hora de querer interconectar dos especies radicalmente distintas. El lenguaje nos hará llegar entender el tiempo como dimensión física, pero esto lo dejo para más abajo, cuando llegue a los spoilers.

Así, La llegada es una película totalmente filantrópica. Es fiel reflejo y estudio al mismo tiempo del dolor por la pérdida de un ser querido, por todas esas emociones tan humanas que nos corren por las venas y por la manera en la que alcanzamos el conocimiento. La razón es nuestra mayor arma. Esta cinta teoriza sobre todo lo que somos y podemos llegar a ser.

Amy Adams, brillante

Es imposible hablar de La llegada y no destacar el papel de esta hermosa actriz. Su papel es extraordinario, y para los que ya conocemos bien su filmografía, no es que nos sorprenda que haga una buena interpretación, para nada, pues el hecho de que ella aparezca en una película ya es motivo suficiente para prestarle la debida atención. Pero es la manera en la que ha llevado su interpretación, la sutileza y delicadeza que ha mostrado a lo largo de toda la cinta, la que me lleva a hablar detenidamente de ella. Bajo la piel de la Dra. Louise Banks, experta en lingüística, nos descubre a una mujer rota de dolor por la pérdida de su hija, volcada en un trabajo que le apasiona, que es traducir textos y estudiar cada idioma y las diferentes formas de comunicación, a la que se la encargado una insólita misión, tendrá que establecer contacto con los visitantes que están en el interior de una de las doce naves y comprobar qué quieren. A medida que avanza en esa misión que se le ha encomendado, la doctora Banks experimentará ciertas fases con las que acabará descubriendo el verdadero propósito de los extraterrestres, haciéndola pasar por un profundo proceso de transformación.

Cada una de las escenas de Amy Adams con su hija es una oda al amor de una madre. Cada mirada, cada gesto, dicen más que mil palabras. Pero las escenas en las que se vuelca en su labor de escudriñar la manera de comunicarse con los allegados es increíble. No sólo tiene que lograr contactar con los extraterrestres, sino que, por si esto fuera poco, también mediar entre éstos y los tercos militares que parecen más preocupados por saber de qué manera podrían resultar vencedores en una posible contienda. Ver a Louise volcada en su trabajo, dotándolo de una gran carga filosófica más que técnica y viendo en su labor la esencia que desborda esta historia, me hacen sentir total devoción por su personaje. Extraordinaria Amy Adams. Me asombraba, mientras veía la película, la capacidad de la actriz a la hora de expresar sin articular palabra. Desde la humildad y la sencillez, Amy Adams borda de forma insuperable el papel que se le encomendaba para esta cinta. Celebro mucho su actuación porque lo merece, me dejó fascinado. Desde el comienzo de la película, la actriz pasa por una paleta enorme de emociones en situaciones diversas y radicalmente distintas la una de la otra. Y en cada una, una interpretación impecable.

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ALERTA SPOILERS

En el curso del tiempo

La doctora explicaba a su hija por qué su nombre, Hannah, es un palíndromo. He aquí la salsa especial de esta película. Un palíndromo es una palabra que puede leerse de igual manera ya sea empezando por la izquierda que por la derecha. Empezando por el inicio o por el final. Nuevamente se nos plantea el eterno dilema del tiempo. En La llegada, el nombre de la hija de nuestra protagonista nos sirve para entender que el tiempo podemos conocerlo desde su inicio o su final. Los flashbacks que se nos presentan en la película a modo de escenas pasadas son el presente, al igual que los flash forwards.

Para nosotros, los humanos, llega a ser hasta inimaginable entender el tiempo como algo físico que puede entenderse o recorrerse como si de un camino se tratara. Y es lo que vienen a enseñarnos los alienígenas de esta película. Que, por cierto, me parece sensacional que a los extraterrestres se les haya dado esa forma de heptápodos en esta película, porque así refleja la inmensa diversidad o heterogeneidad en la vida que aguarda las galaxias. Estos heptápodos pueden percibir el tiempo de una manera totalmente distinta y avanzada que nosotros. Nosotros sólo percibimos el presente, nunca el pasado ni el futuro. Algo parecido a lo que ocurre con las dimensiones. Para nosotros solamente existen tres dimensiones (ancho, profundidad y altura), y hasta el mismo CERN ha confirmado la existencia de hasta diez dimensiones. ¿Acaso, en un universo que se nos presenta infinito, no puede haber más dimensiones? Debe de haber decenas de dimensiones, quizás hasta cientos o miles. Pero, como pasa con la percepción del tiempo, se nos escapa de nuestro entendimiento. Los alienígenas de siete patas pueden leer el tiempo como tú estás leyendo estas frases. Pueden saber perfectamente lo que pasó hace miles de años en el pasado o lo que pasará dentro de miles de años en el futuro. Y es ese el motivo de su llegada. Dentro de tres mil años, estos alienígenas necesitarán la ayuda de los humanos y el planeta Tierra.

Y es a través de un lenguaje extremadamente complejo donde, en un primer mensaje, los humanos erran en la traducción entendiendo la palabra «arma», y esa es la razón por la que las naciones movilizan todo su arsenal bélico y se ponen en pie de guerra. Pero es fruto de la mala traducción, pues en realidad el mensaje descifrado no quiere decirnos eso, lo que realmente quieren decirnos es que tienen un obsequio para darnos, la palabra correctamente traducida es «regalo» un regalo, y es regalo es poder conocer el tiempo. La doctora Louise Banks será la primera en entender el lenguaje de estos allegados y por lo tanto, adquiere la capacidad de percibir el tiempo como ellos y así es como ve pasar toda su vida, de principio a fin, como una película. Todas esas imágenes que nos muestra la cinta como si fuera el pasado de la doctora, son su futuro. Ella, una vez que los alienígenas abandonan la Tierra, ve su futuro, ve como su hija fallecerá siendo aún una niña, ve quién será su marido y por qué la abandonará, y se ve a sí misma explicando a la humanidad la manera de entender el lenguaje de los visitantes, quienes, dentro de tres mil años, vendrán a pedirnos ayuda. La película nos muestra a Louise viviendo con intensidad cada instante de los que pasa al lado de su hija y su marido, sabiendo que los perderá. Nos da una lección, una más, de cómo vivimos nuestras vidas, de lo importante que es sacar el jugo a cada momento vivido, a saber vivir la magia del momento presente.

La película es una verdadera maravilla. No te la puedes perder. ¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!

 


MINICRÍTICAS de CINE #7 – COHERENCE – La Cosa – The Final Girls – We Are Still Here – Cuentos de Halloween – Blue Ruin

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Con motivo del reciente Festival de cine Fantástico y de Terror que se ha celebrado en El Puerto de Santa María y que concluyó hace pocos días, y las ganas que tenía que regresara a Anhelarium otra entrega de las famosas “minicríticas”, os presento a continuación todas y cada una de las películas que se proyectaron en el Festival Insomnia y que tan buen rato nos hicieron pasar. Se nota que cada película fue escogida a conciencia, pues todas, las seis, dejaron allí presentes con muy buenas sensaciones. Esperemos que la iniciativa crezca y el verano que viene, en vez de ser seis películas, que sean ocho, o nueve, y por qué no, diez. Insomnia ha tenido muy buena acogida y deseamos que nos sorprendan con más ediciones en un futuro.

Y yendo al grano, deciros que por muy cinéfilo que sea uno, siempre hay joyas que se nos escapan. Pasa como con la música. Es casi imposible conocerse todos los discos de todos los grupos de todos tus estilos musicales preferidos. Y mira que yo lo intento. Pero los discos se van acumulando, aunque nunca me llego a saturar, como buen melómano, sino todo lo contrario, quiero más y más. Pues con el cine pasa exactamente lo mismo. El séptimo arte es una de mis pasiones, soy un indoncicional del buen cine, y siempre me siento con ganas de disfrutar de una buena peli. Como cinéfilo implacable, busco y rebusco cuál será la nueva remesa de pelis a ver. Pero como es comprensible, siempre se me escapan algunas joyas que acabo viendo con el paso del tiempo gracias a la recomendación de algún amigo o porque de casualidad leo algo sobre la misma por alguna web o redes sociales. En este caso, gracias a Insomnia, salvo La Cosa de John Carpenter que ya conocía desde hace muchos años, las cinco películas restantes fueron todas manjares a degustar por vez primera. Esto, sumado a que todas me sorprendieron y que ya de por sí el Festival me entusiasmó desde el primer día que supe que se celebraría en mi ciudad en estos días de verano, he disfrutado cada noche de proyecciones como un niño el día de Reyes Magos.

COHERENCE 

coherence-164378169-largeDirigida por James Ward Byrkit y estrenada en 2013, ganó el premio al mejor guión del Festival de Sitges de ese mismo año. En la que sería la primera noche de Insomnia, ya nos avisó el presentador del festival que la película se hacía cada vez más complicada y que es de esas pelis que te dejan pensativo un rato despues de verlas. Razón no le faltaba, como tampoco es de extrañar que ganara el premio a mejor guión en el prestigioso Festival de Sitges. Lo merece desde luego. El guión ni para de dar vueltas como una lavadora y los personajes se enredan cada vez más en una trama que termina por explotar como una traca de petardos. Pero ese guión resulta brillante, poderoso, y muy efectivo. Coherence es la Ópera Prima del director escritor y director norteamericano y de seguro que nos sorprenderá en un futuro con más películas del mismo calibre. Pues quien logra dar forma a algo así, tiene capacidad de sobra para hacerlo cien veces más. Coherence es de esos films que uno celebra haber visto, por lo original y el suspense angustiante que logra transmitir. La película nos centra en lo que pinta ser una noche entre amigos. Todos juntos, charlando y riendo, compartiendo anécdotas. Pero esa misma noche un cometa pasaría, uno que tenía a la población bastante alarmada por sus posibles efectos. Y es que en 1923, ya pasó un cometa similar por Finlandia, provocando el pánico y la confusión entre sus habitantes. Es difícil hablar de una película sin centrarse en su núcleo central y no destriparla, pero la película no está hecha como mero entretenimiento, está hecha a consciencia para desquiciar el espectador. Es un claro ejemplo de cómo llevar a cabo una muy buena película de Ciencia Ficción con cuatro duros como ya pasó con El Hombre de la Tierra (2007). Un cometa anda en el cielo mientras unos amigos andan celebrando. Pero pronto verán que el paso del cometa acarreará desastrosas consecuencias. El desenlace de la Coherence es simple y al mismo tiempo, deslumbrante.

La Cosa

the_thing-142296417-largeMítiquísima película de terror de los gloriosos años ochenta. Dirigida por el siempre querido e idolatrado John Carpenter (La Noche de Halloween, Starman, Están vivos, El pueblo de los malditos, etc), dirigió una de las películas más recordables y  clásicas del cine de terror, The Thing. En 1982 fue el año en que se estrenó La Cosa y desde entonces ha sido una película recurrible por y para todos los amantes del cine de terror. Es de esas que nunca envejecen, y que siguen siendo igual de efectivas con el paso de los años como el primer día. Protagonizada por un guaperas Kurt Russell, La Cosa, nos emplaza en mitad de la Antártida, con un equipo de investigadores que descubren lo que parece ser un ente extraño, que aparenta haber estado congelado y enterrado durante cientos de años y que al descongelarse, parece mutar en algo diabólico. Un clásico del cine de terror que anhelaba seguir la senda de Alien, el octavo pasajero, estrenada años antes en el 79 y que cumple con las expectativas. La Cosa es una película que mezcla de forma magistral el terror y el suspense, todo un clásico del género que no puede faltar en tu filmoteca. Esta cinta crea una atmósfera de abandono espeluznante, dando pie a una cobrecogedora lucha entre los hombres de la estación y…la cosa.

The Final Girls

the_final_girls-637994518-largeSegunda noche de Insomnia. Las películas elegidas, The Final Girls y We Are Still Here. Las Últimas Supervivientes, película dirigida por Todd Strauss-Schulson y protagonizada por Taissa Farmiga (American Horror Story: Coven), narra la delirante historia de unos chicos que van al cine, y cuando todo parecía ir como debiera, la sala de cine sale ardiendo. El caos de apodera de la sala y de toda la chavalería allí presente. Todos estaban viendo un slasher ochentero protagonizado por la madre de nuestra protagonista, la scream girl más cotizada del cine ochentero a la que esa noche homenajeaban en el aniversario de su muerte. La sala está en llamas, la gente histérica, y a nuestra siempre preciosa Taissa Farmiga se le ocurre la genial idea de intentar encontrar una salida rompiendo la pantalla y traspasándola. Y para sorpresa de ella y sus amigos, no sólo traspasan la pantalla para escapar del fuego sino que acaban dentro de la película. Ahora, no sólo nuestra protagonista se reencontrará con su fallecida madre dentro de la película sino que tendrá además que sobrevivir al psycho-killer de la misma. La cinta es muy graciosa, las actuaciones están más que correctas y algún que otro susto te llevas. Esta disparatada comedia, con sus alocados personajes, intenta realzar de nuevo el género slasher que tanto éxito tuvo durante toda la década de los ochenta y noventa. De hecho, cada metraje de esta The Final Girls es una continuo veneración al cine de terror de esos años. Para mí fue una película que disfruté desde el primer minuto hasta el último. Soy un apasionado de los años ochenta y todo lo que envuelve a aquellos maravillosos años. Y si además, en mitad de la película suena “Cherry Pie” de Warrant, más aún. Aunque como curiosidad, esta canción es de los noventa, y la película se recrea en el año 1986. Un pequeño gazapo sin importancia. Recomendadísima.

We Are Still Here

we_are_still_here-570761581-largeCada película siempre tenía su horario. La primera a las 22:30 y la segunda, a las 00:00. Y qué mejor manera que empezar la media noche con We Are Still Here, la cinta más aterradora de las proyectadas en Insomnia. Dirigida por Ted Geoghegan y protagonizada por actores bastante desconocidos, Todavía estamos aquí es una película que el verdadero amante del cine de terror sabrá apreciar. Pasará siempre desapercibida entre tantas del género, pero es de esas pequeñas joyas que los fieles del terror saben saborear. De esas que gusta desempolvar de tu filmoteca y proyectarla en esas sesiones de cine en casa con tus amigos. Esta cinta cumple y bastante bien, generando tensión y propiciando al espectador algunos sustos muy buenos. La película nos cuenta sobre una maldición que insaciable, cada treinta años, el mal que habita en ella ansíe devorar a aquellos moradores que la habiten. Porque si cada treinta años la casa no se alimenta, la desgracia caerá sobre todas las personas del pueblo. Una pequeña familia acaba de mudarse a la mansión, y cuando todo parecía ir bien, lo demoníaco hará acto de presencia. Estamos pasando por unos de muy buen cine de terror y esta es una más para la colección. Las actuaciones son en ocasiones algo tercas, pero el terror que presenta es directo, efectivo, y diría que hasta elegante. La película, ambientada en la década de los 70, nos hace recordar clásicos de la época como Al final de la escalera, creando esa atmósfera en ocasiones sórdida y tenebrosa. No defrauda al espectador, os lo aseguro.

Cuentos de Halloween

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Última noche del Festival. De las dos comedias de terror que presentaron en Insomnia, me quedo sin dudarlo con Halloween Tales. ¡Qué barbaridad! ¡Un no parar de reír! Terror retorcido y de lo más friki. La película es una compilación de diez historias, diez relatos de terror que se surgen durante una noche de Halloween en un mismo barrio americano. Cada relato me gustaba más, todos delirantes, surrealistas, absurdos, tronchantes. Que el espectador no espere encontrarse algo con lo que pasar miedo, que no espere ver algo como Expediente Warren o It Follows. Es una película desenfadad, una película friki para frikis. Una simpática antología de terror llena de clichés y sustos baratos que te mantienen totalmente entretenido. Es la película ideal para abrir esa sesión de cine que a todos nos gusta montarnos en casa, ya sea Halloween o no, sólo o con amigos. La película hizo las risas de todos los allí presentes y fue de las más aplaudidas. Recomendada sobre todo para verla con gente, se disfruta mucho más, pues en mi opinión, está hecha para eso.

ue_ruin-158938233-largeBlue Ruin

Último film de Insomnia. Con la proyección de esta película los organizadores del evento se garantizaron ponerle a Insomnia su broche de oro. No estamos ante una película de ni terror, ni de ficción. ¿Por qué se eligió Blue Ruin entonces? Precisamente por la atmósfera tan cargada de suspense, uno digno de la mejor película de terror. Película independiente, financiada a través del crowfunding (aportaciones solidarias de internautas). Toda ella  genera desde el principio hasta el final un ambiente denso y opresivo. Blue Ruin nos presenta la historia de Dwight (Macon Blair), un hombre de mediana edad que malvive en su destartalado Pontiac azul. Un día recibe una amarga noticia que reabrirá una vieja herida del pasado que jamás llegó a cicatrizar. Entonces, Dwight decide urdir un plan que espera, le de esa paz que anhela.   Este film nos cuenta la historia de un hombre que ya no tiene nada que perder, que ha tocado fondo en su vida,  ya no queda nada del hombre que un día fue. Eso le da esa extraña libertad de poder hacer lo que desea. Estamos ante un thriller vengativo, que no aporta nada original, pero la calidad visual y sobre todo es microcosmos denso, depresivo, y de auténtica  tensión,  que junto a la espléndida actuación de Macon Blair, es lo que hace que Blue Ruin sea una película diferente, sólida, violenta e incómoda por momentos. Tan real como la vida misma.