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Lia cumple 7 añazos : )

Recientemente se marcharon mis amigos de Madrid, han estado aquí pasando unos días como cada verano y Luís me ha vuelto a decir que qué lástima que la gata no sea cariñosa, y yo me tenía que reír. Luís adora a Lia, le encanta, y le encantaría disfrutar, como a muchos, de sus mimos. Es verdad, esta gata sólo es cariñosa conmigo, no es el típico gato que está como la falsa moneda, de mano en mano. He conocido a gatitos que aunque no te conozcan de nada, se dejan coger, acariciar, achuchar. Lia no es así, Lia es súper cariñosa, pero solo conmigo. Lia desconfía de las manos ajenas y no soporta que nadie más que yo la colme a mimos. Eso sí, Lia juega con todo el mundo y a todo el mundo se acerca. Que no sea cariñosa con los demás no quiere decir que se asuste o que se muestre miedosa, y mucho menos ella nunca se quedará medio escondida en un rincón si tengo invitados en casa. ¡Para nada! Ella tiene que estar siempre en medio, como el jueves. Sea quien sea quien entre en casa, y sean cuántos sean, ella se tiene que hacer de notar. Y si le das juego, ten por seguro que ahí la tendrás, incasable, jugando contigo en todo momento. No voy a negaros que me gustaría que fuese con los demás lo tremendamente mimosa que es conmigo, me conformaría con que fuera la mitad de cariñosa. Así los demás podrían hacerse una idea de lo que verdaderamente es estar con Lia, de lo que es tener su compañía día tras día. Pero por otro lado, esto hace que valore aún más el cariño que sólo a mí me da. Eso me demuestra que no es así conmigo por interés, porque comida y juego cualquiera puede darle. Cualquier persona que entre en mi vida puede ponerle de comer y jugar muchas horas con ella, pero jamás se mostrará tan cercana y tierna como lo es conmigo. Una de las dudas que tengo es si en algún momento Lia se puede mostrar como es conmigo con otra persona, pensando, por ejemplo, en el día que conviva con una pareja. Desde que tengo a Lia no he tenido una relación de noviazgo con una chica de manera estable y duradera. Y sabiendo como es ella con los demás, me asalta la curiosidad de saber si Lia podría ser como es conmigo, o al menos parecido, con una chica que conviviera conmigo mucho tiempo. Con mi hermana, por ejemplo, que la conoce de hace años, si se deja manosear más, pero como no la ve a diario, sino muy de vez en cuando, pues no termina de coger la suficiente confianza que se ve, ella necesita.

Esta gatita acaba de cumplir este verano siete años, y yo sólo deseo que sean muchos más, porque tenerla como compañera, pasar mis días con ella, es de lo mejor que hay en mi vida. Bendito fue el día que decidí adoptarla, de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, no me cansaré de decirlo.


¡Lia cumple seis añitos!

Debido al trajín que he tenido durante todo el mes de julio no he podido escribir antes esta entrada, que como ya viene siendo costumbre, escribo cada vez que Lia cumple años. Pues sí, seis años tiene ya mi gatita, y me sigue pareciendo que fuera ayer cuando la adopté en aquel verano de 2013. Hoy voy a contar algo que creo nunca he escrito en anteriores entradas. Lia, tiene un pequeño problema, y es que no se fía de las manos ajenas, o dicho de otro modo, de las manos que no son las mías. Cuando tengo invitados en casa nunca se aparta, no se aísla, siempre se muestra en todo momento juguetona y cercana, pero ese lado mimoso le desaparece cuando manos que no conoce intentan cogerla, abrazarla y darle arrumacos. Cuando alguien intenta hacerle caricias, ella, súper desconfiada, se aparta, da algún manotazo (que nunca arañazo) y se escabulle.  Eso sí, luego regresa para seguir jugando. Con el tiempo comprobé que eso poco a poco se le va pasando cuando más va conociendo a la persona. Cada gato es un mundo, habrá gatos a los que les pase lo mismo como también otros que son auténticos peluches, que se dejan acariciar y achuchar tanto por unos como con otros, indistintamente. Lia no. Cuando la que fue mi última novia ya llevaba un tiempo entrando en casa, ya Lia comenzó a tolerarla más, consentía entonces que la chica rubia la acariciara, aunque no tanto, había veces que de veras se mostraba bastante arisca y se las piraba, jamás con nadie muestra la complicidad y paciencia que conmigo. Yo puedo hacerle cualquier cosa, besarla hasta hartarme, abrazarla hasta que me entre ya calor de tanto tenerla pegada a mí, espachurrarla, conmigo se deja hacer de todo. Eh, que yo a ella también le consiento, le consiento de todo menos que arañe el sofá, que para eso tiene su buen rascador. Qué granuja…Ella me tiene a su disposición en todo momento, y lo sabe, vaya si lo sabe. Está acostumbradísima a que le consienta y le sacie de mimos. Por eso nunca se separa de mí, creo que es la gata más pegajosa del mundo mundial. No hay momento ni rincón de la casa en la que no esté a mi lado. Oye, que yo encantado. Para eso adopté una gatita hace seis años. Me comentó hace poco una amiga que tiene dos gatas lo siguiente: primero adoptó una, y al ver que por mucho que pasaba el tiempo la gata no podía ser más arisca y despegada, decidió adoptar otra. Con la mala suerte que resultó ser igual, otra gata que no se deja abrazar ni dar mimos. Yo le contesté entre risas que es una verdadera putada tener y cuidar a dos gatas y que ninguna te haga caso. Le pregunté si las adoptó desde bien pequeñas a lo que me contestó que sí. Algo raro decía yo, porque si acoges a un animal desde pequeño y le das mucha atención y cariño, ese animal por lo general lo vas a tener siempre ahí, devolviéndote lo mismo. Pero que va, cada animal es como es. Yo le he recomendado que si decide probar con un tercer gato, que sea macho, al ser ella una mujer, quizás el gato sea más cariñoso y dependiente. No es algo que deba de ser así, pero suele suceder. Yo he tenido perros y perras, y estas últimas conmigo eran puro amor, mucho más. Y regresando a Lia, el día que me falte, que espero sea dentro de mucho, me da que no voy a adoptar a otro felino, y de hacerlo, por supuesto tendría que ser hembra, como si adopto el día de mañana a un perro, también, tiene que ser perra. A mí es que las hembras, humanas o no, despiertan lo mejor de mí. Aún siendo hembra, me da que será difícil volver a tener una gatita tan lista y cariñosa como lo es Lia conmigo. Me ha hecho disfrutar de otro año donde quien más ternura y compañía me ha brindado, ha sido ella, mi gatita Lia.

 

¡FELIZ CUMPLEAÑOS LIA! ¡GRACIAS POR TENERME UN AÑO MÁS A TU LADO!


¡5 añazos Lia!

Este pequeño ser, que mientras estoy escribiendo estas líneas está enroscadito aquí a mi lado y la mar de a gusto, acaba de cumplir un lustro. ¡Cinco añitos, Lia! Y parece que fuera ayer cuando me cabía en la palma de mi mano. Supongo que lo habrás apreciado en la foto, pero su colmillito izquierdo está roto, desde hace tiempo además. No recuerdo exactamente cuándo se lo hizo ni con qué, pero ya lo lleva así desde hace tiempo. Vaya tela. Hay otra foto donde también la pillo en mitad de un bostezo y se le nota mucho más. Fijo que fue fruto de alguna decisión ilógica que tomó. Ella tendrá siete vidas, pero yo tengo que tener siete ojos, y no porque sea demasiado trasto, es una gata muy buena aunque la pueda liar de vez en cuando. Pero de imaginarme que le pasa algo por un descuido mío, es algo que me aterra. No podría cargar en la conciencia que le pasara algo. No me lo perdonaría. Por suerte no sale de casa, no es fácil que se escape y la tengo bastante controladita. Siempre ando pendiente de ella, como ella también lo está de mí.

Sobre lo gratificante y tierno que resulta disfrutar de la compañía de Lia podría escribirte largo y tendido.  Como también podrías hacer tú sobre tu querida mascota. Son la mejor compañía, la más sincera desde luego. Resulta casi imposible describir en unas pocas líneas lo que esta pequeña y traviesa felina me trasmite y cómo me hace sentir cada día. Cada día me regala sus caricias, sus arrumacos, la mayor de las ternuras. Es impagable todo lo bueno que me ofrece desde que entró en mi vida. No he sentido jamás por un animal lo que siento por esta gata. Es auténtica devoción por ella. Yo, que siempre fui de perros, tengo que reconocerte que Lia me ha malacostumbrado. Siempre seré de perros y gatitos, pero no tengo la más mínima apetencia de hacerme cargo de un perrete. Dan más quebraderos de cabeza y por el momento ni me lo planteo. Estar con Lia es muy fácil. No sólo porque a los gatos son más limpios y no hay que pasearlos tres veces al día ni ladran sin parar a la mínima de cambio, sino por cómo se comporta mi gata. Es tal la complicidad que hay entre los dos que dudo que en el futuro, otro gato pueda llenarme como lo hace Lia. De hecho, el día que Lia se me marche, y espero que ese día quede lo más lejos posible, es posible que no quiera adoptar a otro gato. Fijo que no tendría la suerte de que me saliera tan cariñosa, lista y divertida como es Lia.

Lia ha llenado mi vida como jamás pensé que lo pudiera hacer un animal de compañía. Lia es mí primera mascota, porque todas las que han pasado por casa a lo largo de mi vida han sido adoptadas por mis hermanas y claro está, han sido de ellas. Lia está totalmente a mi cargo. Sólo nos tenemos los dos. Desde aquél verano de 2013, es mi compañera inseparable. Como dijera antes, podría contarte mogollón de cosas sobre Lia, decirte todo lo que me gusta de ella, sus manías, sus lindezas. Pero creo también que no sería nada que no haya dicho ya de ella. Pero sí puedo decirte lo que más deseo, con todas mis fuerzas. Deseo poder despertarme cada mañana y verla a mi lado, que cada día de mi vida empiece así,  y que sea por muchos años más.

¡Gracias por todo lo que me das, Lia. Te quiero a todo poder!


Cuatro años a tu lado, Lia

Hace unos días me llevé un susto horrible. Era de noche, ya algo tarde, y decidí acostarme. Como Lia no soporta la idea de dormir fuera de mi habitación, pues se pone a maullar desesperada para entrar y está acostumbrada desde muy pequeña a dormir conmigo, fui buscándola por toda la casa para meterla en la habitación y pasar la noche juntos, como siempre. La buscaba y no la encontraba, cosa que en poquísimas ocasiones ha sucedido. Lia siempre está en medio, como el jueves. Raro que no se esté haciendo de notar de alguna u otra manera. Sí es cierto que en contadas ocasiones la he tenido que buscar por toda la casa porque, como cualquier gatito, si encuentra un rinconcito en el que se encuentra a gusto, ahí se queda un buen rato. Pero lo de la otra noche fue algo desesperante, aunque por suerte el sobresalto no duró mucho. No la encontraba por ninguna de las habitaciones, miraba debajo de las camas, por cada rincón, y no la encontraba. Me puse algo nervioso. Ella no es de salir de casa, nunca ha intentado escaparse, por suerte no me ha salido una gata con mucha vena salvaje que quiera irse a investigar y recorrer mundo. Algunas ventas, no todas, las dejo abiertas, Lia me da esa confianza. Pero ya anduve unos minutos buscándola y nada. La angustia llegó cuando al asomarme por la ventana de la cocina, justo en frente, sumergida entre la oscuridad, la vi. Lia estaba frente a un edificio antiguo antiguo de tejados viejos que está a varios metros frente a la ventana de nuestra cocina. ¿Cómo ha llegado hasta ahí? ¿Y cómo llego hasta allí para traerla de nuevo a casa? Forzaba la mirada porque no estaba del todo seguro que fuera ella. Pero era un felino del mismo color y tamaño que Lia. La llamaba, pero el gato hacia caso omiso. Eso ya me extrañó aún más, Lia es muy charlatana, mucho. Y cuando la llamo, esté donde esté, y sea lo que sea que esté haciendo, siempre me contesta con maullidos y sus típicos ruiditos. La llamaba, pero no contestaba. Quizás por estar asustada al sentirse desprotegida y lejos del calor de su hogar. Me dirigí al salón, muy nervioso, tanto que preocupe a mi padre que allí estaba viendo la televisión. Casi sin haberlo pensado, volví buscar más a fondo a Lia, esta vez gritando su nombre exasperado por toda la casa. Y la escuché, a mis gritos me contestó con uno de esos maullidos perzosos que parecen querer decir: ¿Qué quieres, eh?. Cuando miré, estaba en los asientos de una de las sillas que aguardan recogidas en la mesa del comedor, ahí estaba, adormilada, la mar de a gusto. La abracé con todas mis fuerzas, el susto aún lo tenía en el cuerpo.

Cuando regresé a la cocina, con Lia aún en los brazos, ese gato que tanto se parecía a Lia, no estaba. Ni rastro de él.

Perder a Lia de forma repentina y nunca saber de su paradero, como le ocurren a muchos dueños que sufren porque sus animales desaparecen, me sumiría en una tristeza que sólo de imaginármelo me abate. Hay muchos gatos de tejado, gatos callejeros, ese sería uno de ellos. La experiencia vivida me lo tomo como un aviso. Las ventanas ahora estarán más vigiladas, pero para vigilada, Lia, que nunca ha dejado de estarlo, pero ahora lo estará más.

Este mes de julio se cumplen cuatro años de aquella tarde que decidiera adoptar a esta gatita cuando por entonces cabía en la palma de mi mano. Cuatro añitos cumple este pequeño angelito de cuatro patas. Cuatro años a tu lado, Lia. Y por favor, que sean muchos más. Gracias por todos y cada uno de los momentos que pasas a mi lado.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS LIA!

 

 


Mi querida maestra. ¡Tres añitos ya, gatita!

En este mismo momento, mientras escribo estas líneas, tengo a Lia justo aquí, a mi lado. Recuerdo hace tiempo cómo mi padre se sorprendía al ver la manera en la que Lia se quedaba quieta, siempre a mi vera, mirándome fijamente con sus enormes ojos verdes. Unos ojos como planetas. Mi padre, que nunca había tenido trato alguno con gatos, siempre se ha quedado embobado contemplando cómo con total quietud, Lia permanece siempre a mi lado. Una quietud que sólo rompe el leve movimiento de su cola. Mi padre riendo exclamó que le parecía hipnotizante verla así. Al poco de adoptarla leí, entre otras muchas cosas sobre gatos, que cuando mueven el rabito así, es que se sienten a gusto. Y que, cuando teniendo todo el espacio de la casa para ellos, se quedan cerca, como Lia ahora, es porque se sienten más seguros, protegidos. Pero la sensación es, que soy yo quien de verdad se siente protegido por ella. Ahora está así, tranquila, infundando esa paz o calma que sólo ellos logran transmitir. Nada que ver como en el vídeo, ahí está juguetona, charlándome de sus cosas, porque charlatana es un rato, y a mí que me encanta que lo sea.

En estos tres años, por todos y cada uno de los días que han pasado, me he sentido afortunado de poder disfrutar de la compañía de un ser tan bello y tierno como Lia. Tenerla a mi lado me ha cambiado la vida. Besarla y abrazarla a cada instante, notar su cariño y su fidelidad, sólo ha traído cosas buenas a mi vida. Sentir día tras día su ternura me ha hecho ser mejor persona. Tengo el convencimiento de que nuestros gatitos y perritos tienen esa misión, la de recordarnos siempre el sentido de la nobleza y la ternura, y de la más sincera compañía. Parece que verdaderamente la misión de estos animales es la de recordarnos a cada instante nuestra parte más humana. Porque como dijo aquél sabio, hay muchos humanos, pero poca humanidad. Durante el tiempo que permanecen a nuestro lado, cumplen esa suerte de encomienda. Son pequeños maestros que nos enseñan más de lo que podríamos creer. Sólo hay que prestarles la atención que ellos nos prestan para comprobarlo. Porque nosotros no los humanizamos, son ellos los que nos humanizan a nosotros. Y aunque siempre llega el triste día en que nos tenemos que despedir de ellos, la huella que dejan en nosotros perdura siempre.

Lia es mi pequeña maestra. Sólo deseo que sea así por muchos años más.

Gracias, querida gatita. ¡Feliz cumpleaños, Lia!

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Lia cumple dos añitos

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Dice el saber popular que uno no es el propietario de su gato, sino al revés, que el minino es el dueño de uno, y quizás haya algo de razón en ello. Ellos buscan tu cariño cuando quieren, necesitan su espacio. Un gato aceptará las caricias sólo cuando le apetezca y exigirá la atención del dueño cuando le plazca. Se pasean por la casa como si verdaderamente fueran ellos los dueños de la misma, parece que sólo reclaman tu atención cuando quieren que les pongas de comer y en ocasiones utilizan tu cabeza como almohada. Son muy autónomos y más aún si los comparamos con los perros. Pero muchos de ellos, dependiendo del cariño que reciban desde bien pequeños, pueden mostrarse bien apegados a sus dueños. Pueden mostrar un comportamiento totalmente distinto al que de primeras asociamos a los gatos. Y esto es lo primero que aprendí en mi experiencia con un felino.

Desde el primer día que adopté a Lia quise informarme de los gatos y sus modos de comportamiento. Y es ahora más que nunca cuando aquella frase que leí de John Bradshaw, experto en comportamiento animal en la Universidad de Bristol y autor del libro Cat Sense, cobra mayor sentido para mí. Bradshaw afirmó que: a diferencia de los perros, nuestros amigos felinos nos tratan como si fuéramos gatos. Precisamente por ello, desde el primer día que llegó a casa, cuando apenas toda ella cabía en la palma de mi mano, quise transmitirle esa sensación de protección, hacerla saber que a mi lado se sentiría segura, que estaría a salvo. Leí también que la manera en la que los gatos muestran su afecto es restregando su rostro. Y yo, tontamente restregaba el mío con el suyo a cada momento. De esta manera conseguí que Lia sea una gatita muy cariñosa y que siempre quiera permanecer junto a mí.

Lia ya lleva dos años a mi lado y en todo este tiempo no he dejado de admirar un solo día su excéntrica personalidad y su peculiar visión del mundo. Me fascina comprobar cómo cada instante para ella es una aventura y cómo cualquier cosa es idónea para el juego y la diversión. Para los gatos es más que un placer explorar el territorio que les rodea. Son aventureros, muy inteligentes y al mismo tiempo pueden ser la mar de temerarios. Ven una puerta abierta y se meten sin saber qué les aguarda al otro lado. Aunque tengo que decir que Lia no suele ser tan inconsciente como otros gatos a los que he podido observar. Ella suele recular un poco más, y yo lo agradezco. Y a pesar de su autonomía y de no ser tan dependientes como los perros, pocos son los momentos en los que se separa de mí.

Parece que fuera ayer cuando este pequeño animal entró en mi vida. No me cansaré de decir jamás que adoptarla fue de las mejores decisiones que he tomado. En estos dos años he aprendido mucho de los gatos, o mejor dicho, he aprendido mucho de ella. Una vez leí que los perros son para poseer y los gatos para admirar. No estoy del todo de acuerdo a lo que respecta a los canes, pues a éstos sólo los he tenido para cuidarlos y que me hagan compañía. Igual que ahora con los gatos. Pero sí estoy de acuerdo en que éstos, los felinos, suelen despertar en uno mucha más curiosidad. Son muchas las cosas que podría decir de mi gatita, como ya hiciera cuando cumplió un año. Pero prefiero centrarme para esta ocasión no sólo en su manera de ser sino lo que en mí ha provocado.

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Día tras día, y desde hace ya dos años, convivir con Lia hace que sienta diariamente lo que es la ternura, el afecto, la suavidad y el cariño que sólo un gatito podría concederme. Para mí, sentir estos sentimientos es imprescindible para una persona. Generalmente estos momentos de ternura y de mimo suelen ser fugaces en nuestra monotonía. Pero nada más despertar y verla a mi lado, estos momentos son continuos. Sin duda, resulta ser tremendamente terapéutico convivir con un gatito. Y es que en esta etapa, en la que la carrera ha absorbido gran parte de mi tiempo y el estrés suele visitarme con asiduidad, tumbarme en el sofá tras una dura jornada y sentir su ronroneo tiene en mí un efecto balsámico. Sentir su incansable y sincera compañía es lo que más me enamora, lo que más agradezco. Verla subirse a mi despacho cuando estoy estudiando y observar cómo se tumba despreocupadamente entre tantas páginas de apuntes buscando mi atención me hace reír como un idiota. Una gatita que con su manera de ser enciende esa chispa a cada momento. Una chispa de felicidad, afecto, entusiasmo y diversión.

Sentir ganas de besar y abrazar es quizás lo más bello que podamos percibir como seres humanos. Y es que cuando la veo contestar con maullidos a todo lo que le digo, cuando me levanta la patita para chocar sus cinco almohadillas conmigo, o cuando felizmente juega conmigo al escondite por toda la casa, no puedo resistirme a las ganas de estrecharla entre mis brazos y no cansarme de darle besos. No podría agradecer de mejor manera toda la ateción y el cariño que me brinda.

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Gracias por todo lo que me das, Lia.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS GATITA!


¡Un año con LIA!

Lia

Reconozco que era de los que renegaba de los gatos. Siempre fui más de perros, y aunque los gatos despertaban en mi cierta ternura, nunca me planteaba tener uno. Siempre caía en absurdos tópicos, como que los gatos son demasiado independientes, que no son cariñosos y cosas por el estilo. Que necesitaba un animal que me hiciera compañía y con el que pudiera jugar y divertirme. Y eso que, como todo el mundo ha hecho alguna vez, ya había visto varios videos de gatitos en YouTube la mar de graciosos que me habían hecho reír bastante, incluso algunos eran de lo más tierno que había visto. Pero nada más, nunca se despertó en mí la necesidad de querer adoptar un gatito. Aunque no puedo olvidarme de Andy, un gatito blanco con ojos de un azul intenso que me dejó fascinado hace ya varios años, el primer gato al que achuché y al que le tomé un cariño enorme.

Así, hasta el verano pasado. Mi hermana y yo estábamos hablando por teléfono. Ella se encontraba en Madrid y yo en Cádiz. Me decía que estaba viendo por Facebook unos gatitos que se daban en adopción. Yo, que tenía el portátil justo en frente le pedí que compartiera los enlaces para poder echarles un vistazo, era pura curiosidad. Mientras seguíamos hablando por teléfono, ambos estábamos mirando a esos gatitos. Alucinábamos con cada uno de ellos, eran hermosos y muy pequeñitos, no llegaban al mes. Mi hermana me dijo que había una gatita que era preciosa y que le había encantado, y yo, un minuto más tarde aproximadamente, le dije que me había enamorado de una pequeña gatita llamada Lia, que me resultaba preciosa y que me entraban ganas de acogerla en casa. Realmente se me puso cara de tonto al verla. Lo gracioso es que al decirle a mi hermana qué gatita era, resultó ser exactamente la misma que había engatusado, y nunca mejor dicho, a mi querida hermana. Poco más había que decir. Nos enamoramos de Lia, y sin pensarlo, la adoptamos.

A los dos días ya estaba en casa. Era muy pequeña. Jamás había estado al cuidado de un animal tan pequeño e indefenso. El cuerpo le temblaba, y la cabezota que tenía le hacía perder el equilibrio. Apenas podía mantenerse mucho tiempo en pie, iba dando tumbos de aquí para allá. Sus ojos delataban que desconocía por completo donde estaba, el lugar, los sonidos, los olores, todo para ella era nuevo, estaba temerosa pero, como cualquier gato, ansiosa por conocerlo todo. Nos tenía hechizados con su encanto.

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Decidimos que la gatita dormiría en la cama conmigo. La primera noche, tal era el miedo que tenía de poder hacerla daño, de moverme y espachurrarla sin querer, que las primeras noches eché la almohada al suelo y dormí en él, dejándole toda la cama para ella sola. Al amanecer, mi hermana y mi padre se sorprendían al verme tumbado en el suelo durmiendo a pierna suelta. A mí no me importaba, lo que me importaba era que Lia estuviera bien. Lógicamente no podía estar más días durmiendo en el suelo, así que me las ingenié con la almohada y unos cojines para protegerla y a partir de ahí dormimos cómodamente los dos en la cama.

Desde entonces, entre Lia y yo fue surgiendo una conexión que jamás he tenido con ningún animal. Mientras escribo estas líneas la tengo aquí pegada al ordenador portátil, nunca se separa de mí. Cuando me levanto por las mañanas y me dirijo al cuarto de baño, ella se viene conmigo. Cuando me pongo en mi habitación a estudiar, se sube a mi despacho, se acurruca entre los libros y ahí se queda. Cuando me pongo a cocinar, igualmente ahí esta ella en la encimera viendo como bato los huevos o pico cebolla. Si estoy en el sofá, está ella conmigo. Y a la hora de irnos a dormir, es la primera en subirse a la cama. Jamás me he divertido y he reído tanto con un animal como cuando juego al escondite por la casa con Lia, ¡es un show!

Y qué deciros de cómo se ha ganado a la gente. Ya son varias las personas que han venido a casa para verla y estar con ella. Y en Facebook sus fotos son un éxito. Foto que subo foto que acumula una gran cantidad de likes y comentarios. A mí me encanta su actitud cuando viene gente a casa, sobre todo cuando somos muchos. Ella se nos queda mirando, como preguntándose qué hace tanta gente en su casa sin ella haberlos invitado. Parece  que va a decir de un momento a otro: ¿Me podéis decir quiénes son éstos que están en mi casa por favor? Pero a poco que le des juego, ya la tienes en el bolsillo. ¿Y lo charlatana que es? Se pasa el día maullando y haciendo ruiditos. A veces creo que tiene conversaciones con ella misma. Conversaciones que tienen que ser de lo más trascendentales. ¡Y cuidado con tardar mucho en regresar a casa! Porque abres la puerta y te la encuentras viendiendo hacia ti cual toro miura, maullando, ¡como preguntándote por qué has tardado tanto!

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¡Y el fútbol! ¡Qué le llama la atención el fútbol! Se coloca frente al televisor y se queda fascinada al ver tantos puntitos moverse por la pantalla. He tenido varios perros a lo largo de mi vida, y ellos me han enseñado como nadie el valor de la amistad y la fidelidad. Pero jamás pensé poder ver lo mismo en un gato, y en Lia lo veo cada día. GRACIAS LIA por un año tan maravilloso, GRACIAS por tanto ronroneo y afecto, GRACIAS por tus idas de hoya, con las que nos reímos y reímos tantísimo, GRACIAS en definitiva por cruzarte en nuestras vidas, porque no has hecho más que darnos alegría, una impagable. Adoptarte ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en toda mi vida.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS GATITA!

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¡Bienvenida LIA!

¡Bienvenida LIA!

Siempre recordaré este gran verano por muchas cosas buenas que me están pasando, por lo especial que está siendo para mí, pero sobre todo, lo recordaré por ser el verano en el que LIA pasa a formar parte de nuestras vidas. Desde hacía bastante tiempo deseaba disfrutar de la compañía de un gatito, quería incluir un minino en nuestra manada. Y esta misma mañana, sin haberlo planeado y sin necesitar apenas pensarlo más de una vez, hemos decidido mi hermana y yo, con toda nuestra ilusión, adoptar a LIA, una linda gatita de tan sólo dos meses de vida.

Querida LIA, con tu presencia, nos vas a hacer más felices, viviremos mil y una aventura juntos y te aseguro que te lo agradeceremos dándote todo el cariño y la atención que un ser tan maravilloso como tú merece.

¡Bienvenida eres a esta familia, linda gatita!