Personal

Gracias por todo, pequeña.

Lloramos lágrimas de tristeza por tu pérdida, querida amiga. Pero nos consuela saber que allá donde estés, seguirás siendo lo juguetona y alegre que siempre has sido, porque a veces llegar a casa y sentir tu cariño y entusiasmo era el mejor bálsamo. Gracias por estos casi 16 años de ternura, de compañía y amor incondicional. Por muy viejita que fueras, querida amiga, ni un solo día perdiste tus habilidades para comunicar tu alegría y tu amor hacia nosotros.

Ahora corretea entre todas esas nubes, persigue todas esas estrellas, y conviértete en una de ellas.

Hasta pronto, Falla.


Lia cumple dos añitos

1489248_782858335103759_1434475615896710418_n

Dice el saber popular que uno no es el propietario de su gato, sino al revés, que el minino es el dueño de uno, y quizás haya algo de razón en ello. Ellos buscan tu cariño cuando quieren, necesitan su espacio. Un gato aceptará las caricias sólo cuando le apetezca y exigirá la atención del dueño cuando le plazca. Se pasean por la casa como si verdaderamente fueran ellos los dueños de la misma, parece que sólo reclaman tu atención cuando quieren que les pongas de comer y en ocasiones utilizan tu cabeza como almohada. Son muy autónomos y más aún si los comparamos con los perros. Pero muchos de ellos, dependiendo del cariño que reciban desde bien pequeños, pueden mostrarse bien apegados a sus dueños. Pueden mostrar un comportamiento totalmente distinto al que de primeras asociamos a los gatos. Y esto es lo primero que aprendí en mi experiencia con un felino.

Desde el primer día que adopté a Lia quise informarme de los gatos y sus modos de comportamiento. Y es ahora más que nunca cuando aquella frase que leí de John Bradshaw, experto en comportamiento animal en la Universidad de Bristol y autor del libro Cat Sense, cobra mayor sentido para mí. Bradshaw afirmó que: a diferencia de los perros, nuestros amigos felinos nos tratan como si fuéramos gatos. Precisamente por ello, desde el primer día que llegó a casa, cuando apenas toda ella cabía en la palma de mi mano, quise transmitirle esa sensación de protección, hacerla saber que a mi lado se sentiría segura, que estaría a salvo. Leí también que la manera en la que los gatos muestran su afecto es restregando su rostro. Y yo, tontamente restregaba el mío con el suyo a cada momento. De esta manera conseguí que Lia sea una gatita muy cariñosa y que siempre quiera permanecer junto a mí.

Lia ya lleva dos años a mi lado y en todo este tiempo no he dejado de admirar un solo día su excéntrica personalidad y su peculiar visión del mundo. Me fascina comprobar cómo cada instante para ella es una aventura y cómo cualquier cosa es idónea para el juego y la diversión. Para los gatos es más que un placer explorar el territorio que les rodea. Son aventureros, muy inteligentes y al mismo tiempo pueden ser la mar de temerarios. Ven una puerta abierta y se meten sin saber qué les aguarda al otro lado. Aunque tengo que decir que Lia no suele ser tan inconsciente como otros gatos a los que he podido observar. Ella suele recular un poco más, y yo lo agradezco. Y a pesar de su autonomía y de no ser tan dependientes como los perros, pocos son los momentos en los que se separa de mí.

Parece que fuera ayer cuando este pequeño animal entró en mi vida. No me cansaré de decir jamás que adoptarla fue de las mejores decisiones que he tomado. En estos dos años he aprendido mucho de los gatos, o mejor dicho, he aprendido mucho de ella. Una vez leí que los perros son para poseer y los gatos para admirar. No estoy del todo de acuerdo a lo que respecta a los canes, pues a éstos sólo los he tenido para cuidarlos y que me hagan compañía. Igual que ahora con los gatos. Pero sí estoy de acuerdo en que éstos, los felinos, suelen despertar en uno mucha más curiosidad. Son muchas las cosas que podría decir de mi gatita, como ya hiciera cuando cumplió un año. Pero prefiero centrarme para esta ocasión no sólo en su manera de ser sino lo que en mí ha provocado.

DSC_0038

Día tras día, y desde hace ya dos años, convivir con Lia hace que sienta diariamente lo que es la ternura, el afecto, la suavidad y el cariño que sólo un gatito podría concederme. Para mí, sentir estos sentimientos es imprescindible para una persona. Generalmente estos momentos de ternura y de mimo suelen ser fugaces en nuestra monotonía. Pero nada más despertar y verla a mi lado, estos momentos son continuos. Sin duda, resulta ser tremendamente terapéutico convivir con un gatito. Y es que en esta etapa, en la que la carrera ha absorbido gran parte de mi tiempo y el estrés suele visitarme con asiduidad, tumbarme en el sofá tras una dura jornada y sentir su ronroneo tiene en mí un efecto balsámico. Sentir su incansable y sincera compañía es lo que más me enamora, lo que más agradezco. Verla subirse a mi despacho cuando estoy estudiando y observar cómo se tumba despreocupadamente entre tantas páginas de apuntes buscando mi atención me hace reír como un idiota. Una gatita que con su manera de ser enciende esa chispa a cada momento. Una chispa de felicidad, afecto, entusiasmo y diversión.

Sentir ganas de besar y abrazar es quizás lo más bello que podamos percibir como seres humanos. Y es que cuando la veo contestar con maullidos a todo lo que le digo, cuando me levanta la patita para chocar sus cinco almohadillas conmigo, o cuando felizmente juega conmigo al escondite por toda la casa, no puedo resistirme a las ganas de estrecharla entre mis brazos y no cansarme de darle besos. No podría agradecer de mejor manera toda la ateción y el cariño que me brinda.

10439436_727804003942526_2864105975278961196_n

Gracias por todo lo que me das, Lia.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS GATITA!


Hey!

I.M.E- Mayo2015 (3)

29 años ya. Y lo mejor es que no tengo la sensación de que todo este tiempo se haya pasado volando como el viento. Siento que atrás queda un largo camino recorrido. Un camino en el que no todas sus historias fueron alegres, ni todos sus tramos cortos y llanos. Un camino de éxitos y fracasos, todos ellos producto de decisiones que tomé cuando dejé de pensar e hice sencillamente lo que creía correcto. Aunque carecieran de explicación y hubieran buenas razones para no tomarlas. Un camino del que he aprendido a cada paso y, al que aún le queda mucho que mostrarme.

Mis mejores deseos para todos, amigos míos. Sed muy felices.