Personal

Lia cumple 7 añazos : )

Recientemente se marcharon mis amigos de Madrid, han estado aquí pasando unos días como cada verano y Luís me ha vuelto a decir que qué lástima que la gata no sea cariñosa, y yo me tenía que reír. Luís adora a Lia, le encanta, y le encantaría disfrutar, como a muchos, de sus mimos. Es verdad, esta gata sólo es cariñosa conmigo, no es el típico gato que está como la falsa moneda, de mano en mano. He conocido a gatitos que aunque no te conozcan de nada, se dejan coger, acariciar, achuchar. Lia no es así, Lia es súper cariñosa, pero solo conmigo. Lia desconfía de las manos ajenas y no soporta que nadie más que yo la colme a mimos. Eso sí, Lia juega con todo el mundo y a todo el mundo se acerca. Que no sea cariñosa con los demás no quiere decir que se asuste o que se muestre miedosa, y mucho menos ella nunca se quedará medio escondida en un rincón si tengo invitados en casa. ¡Para nada! Ella tiene que estar siempre en medio, como el jueves. Sea quien sea quien entre en casa, y sean cuántos sean, ella se tiene que hacer de notar. Y si le das juego, ten por seguro que ahí la tendrás, incasable, jugando contigo en todo momento. No voy a negaros que me gustaría que fuese con los demás lo tremendamente mimosa que es conmigo, me conformaría con que fuera la mitad de cariñosa. Así los demás podrían hacerse una idea de lo que verdaderamente es estar con Lia, de lo que es tener su compañía día tras día. Pero por otro lado, esto hace que valore aún más el cariño que sólo a mí me da. Eso me demuestra que no es así conmigo por interés, porque comida y juego cualquiera puede darle. Cualquier persona que entre en mi vida puede ponerle de comer y jugar muchas horas con ella, pero jamás se mostrará tan cercana y tierna como lo es conmigo. Una de las dudas que tengo es si en algún momento Lia se puede mostrar como es conmigo con otra persona, pensando, por ejemplo, en el día que conviva con una pareja. Desde que tengo a Lia no he tenido una relación de noviazgo con una chica de manera estable y duradera. Y sabiendo como es ella con los demás, me asalta la curiosidad de saber si Lia podría ser como es conmigo, o al menos parecido, con una chica que conviviera conmigo mucho tiempo. Con mi hermana, por ejemplo, que la conoce de hace años, si se deja manosear más, pero como no la ve a diario, sino muy de vez en cuando, pues no termina de coger la suficiente confianza que se ve, ella necesita.

Esta gatita acaba de cumplir este verano siete años, y yo sólo deseo que sean muchos más, porque tenerla como compañera, pasar mis días con ella, es de lo mejor que hay en mi vida. Bendito fue el día que decidí adoptarla, de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, no me cansaré de decirlo.


A la venta mi primer libro, Santa Catalina. Versos de arena y sal

No tengo la intención de ganar dinero con los libros que pueda publicar, ni mucho menos la pretensión de ganarme la vida con esto, y más cuando un servidor no es ningún Arturo Pérez Reverte que vaya a publicar un inmediato best seller. Estoy muy contento con la edición física del libro, todo ha quedado muy bonito, mejor incluso de lo que esperaba, pero el precio final del mismo no me termina de convencer. El libro junto, más el IVA y los gastos de envío supera los cincuenta euros y me parece algo caro. Es por eso que aquellas personas que tengan verdadero interés por disfrutarlo, tan sólo tienen que decírmelo y con mucho gusto les enviaré el libro en formato PDF. Con otras personas, a mis más allegadas, tengo la intención de regalarles el libro en su edición física y por supuesto, con una buena dedicatoria. Ahora bien, quienes por voluntad propia y con pleno convencimiento quieran comprarlo, es evidente que lo valoraré muchísimo.  Para mi próximo libro quizás busque publicar con otra editorial. También es cierto que el libro tiene el precio que tienen porque estamos ante un libro de fotografía, con páginas especiales para ello y que en total suman 74 páginas. Igualmente, quiero agradecer a la editorial Blurb la atención puesta, el buen servicio y la gran calidad del producto.

Para quienes no sepan de esta historia, les contaré que mi intención era publicar este libro al cumplir los treinta años. Pero cuando llegó el momento de cumplir esa edad, tan sólo era una idea en mi cabeza, por diversos motivos esa idea nunca se materializaba y fue con el paso de los años cuando poco a poco le fui dando forma. Luego, junto a otros problemas y, no voy a negarlo, la inseguridad de publicar un libro y ponerlo a la venta cuando soy un don nadie, hizo que postergara más la finalización de este libro. Pero en los meses de confinamiento me puse con lo poco que me quedaba para terminarlo y este es el resultado.

Los que me conocéis y los que sois asiduos a Anhelarium, sabéis lo importante que es para mí la playa de Santa Catalina, para mi es más que una playa y sobre ella he escrito varias veces en mi blog. Esta playa ha sido y será siempre el escenario de mi vida, y por eso quise homenajear este precioso lugar de la mejor manera que podía, publicando no sólo las fotos que de ella, durante algunos años tomé, sino también los distintos poemas que sobre su arena escribí.

No es gran cosa, no es nada que merezca reconocimiento y, aunque a veces titubeaba sobre publicarlo o no, siempre me hizo mucha ilusión la idea de hacerlo, de tener en este formato aquello que con tanto cariño y esmero hice. Deberíais haber visto mi cara mientras pasaba sus páginas nada más sacar el libro de la caja, todas las conozco de memoria, pero al mismo tiempo era como si las descubriera por primera vez. El libro está a la venta a través de la web de la editorial Blurb y aquí abajo os dejo el enlace.

Gracias, amigos míos, y disfrutad mucho de este verano.


Surf después del confinamiento

Y llegamos al 2 de mayo y ya todos pudimos volver a salir. Eso sí, respetando un horario establecido. Así que todos deseábamos que fueran las ocho de la tarde para poder salir a desinhibirnos tras semanas confinados en casa. Los paseos y los parques se llenaban de gente y, las distancias de seguridad, bueno, digamos que a veces se respetaba. En las ciudades costeras, sin duda, la playa era, comprensiblemente, el escenario deseado por todos para oxigenarse. Eso sí, el baño sólo estaba reservado para practicar deporte, por lo que sólo se veían en el agua a personas haciendo Surf. Y ahí que llegué yo, con la misma ilusión que un niño en Día de Reyes. Porque hacía mucho tiempo que no surfeaba y, si antes del confinamiento y toda esta crisis del coronavirus ya tenía previsto vérmelas de nuevo con mi tabla en el agua en primavera, tras pasar un mes y medio encerrado en casa, ya ni os cuento. El problema era el esperado, lo oxidado que me encuentro. Me costó bastante hacerme a mi tabla y no sólo por haberme llevado tanto tiempo sin hacer Surf, sino por lo desentrenado que me encuentro a nivel físico. Si a eso le sumamos el nulo ejercicio que he hecho últimamente y que durante el confinamiento no me he privado de nada, vamos, que he comido como un cerco vietnamita, el resultado no podía ser otro que el de encontrarme de lo más torpe y lento con mi tabla en el agua. Por suerte las olas se hacían de rogar, las series no fueron continuas, de ser así hubiera durado menos en el agua, me habría salido más rápido. Pero las olas daban tiempo a respirar y reponerse. Como sabrán, es evidente que tras escupirte una ola, tienes que remar hacia dentro para hacerte con otra, y la remada, más aún para un tipo tan en baja forma como yo, se hizo durísima. Tras salir del agua, y sobre todo al llegar a casa, me encontraba molido. Pero esta etapa post-Covid, como ocurre cada primeros de enero, donde todos comenzamos a hacernos propósitos de año nuevo, me he propuesto no desengancharme tanto del surfing. No fue una buena tarde de Surf, pero sí una muy buena tarde, porque todos volvíamos a salir, daba gusto ver a la gente disfrutar, a todos se nos notaba en el rostro el alivio y la alegría. Fuimos muchos aquella tarde en el agua, conmigo, éramos 41 los surfistas. Y a mí favor diré que no era, ni mucho menos, el más torpe. Ya nos encontramos en Fase 1 y ya hay una libertad de horarios para entrar y salir, hacer deporte o incluso ir a una terraza a tomar algo con los amigos. En unos días tengo pensado coger de nuevo mi tabla y lanzarme al agua. Por lo pronto ya estoy haciendo más ejercicio en casa para tonificarme más y estar en mejor forma. Ya os contaré.

Un abrazo a todos, mucho ánimo, ¡y buen surfing!


Mi padre a finales de los años 50

(podéis pinchar en las fotos para verlas en grande)

Últimos años de la década de los 50. Mi padre, que lucía como un actor de cine, trabajó durante varios años como mecánico en la Base Naval de Rota/El Puerto de Santa María. En una de las fotos lo podéis ver con su mono de mecánico, herramienta en mano, sentado en una Ford Pick Up. Tanto en su mono como en la puerta de la camioneta podéis ver las iniciales U.S.N, la Marina de los Estados Unidos. De esos años, en plena Guerra de Vietnam, me ha contado numerosas anécdotas de lo que allí vivió, algunas muy divertidas y otras no tanto. Como lo mucho que disfrutaba de sus largas charlas con el señor Youman, un oficial de la NAVY y que sale abrazando a mi padre en una de las fotografías. O como la de veces que tuvo que ver partir a muchos militares rumbo al Viet Cong y que jamás regresaron. Me dice que aún recuerda la mirada perdida y el rostro horrorizado que a muchos se les quedaba cuando se enteraban que tenían que ir a luchar a esa absurda Guerra del Vietnam. Otros regresaban tristes a Estados Unidos porque se enamoraban de la calidad de vida del sur de España, de su gente, sobre todo de las españolas, y deseaban quedarse para siempre. Conoció a personas maravillosas y aprendió muchísimo de los norteamericanos, gracias a eso, con los años, acabó siendo un buen industrial, creando su propia empresa y teniendo un gran éxito. Gracias a él y a su esfuerzo hemos disfrutado siempre de una vida cómoda. Pero también los americanos se mostraron agradecidos con mi padre, me cuenta que le cogieron mucho cariño, se lo pasaban genial con él y con los poquísimos españoles que trabajan en la Base. Los militares yankees no estaban acostumbrados a un trato tan humilde y afable. Fueron años de buena convivencia, ademas, España, aun sumida en una dictadura, comenzaba abrirse al mundo, eran los años del aperturismo (1958-1975), lo que también se conoce como el segundo franquismo. España, si bien no experimentaba cambio político alguno, sí vivía una auténtica transformación social, cultural y sobre todo económica.  Mi padre exprimió su estancia con los americanos, supo sacarle partido a todos esos años, a todos esos momentos. Aún hoy sigue diciéndome que fueron sus mejores años. Escuchándole y viendo todas las fotos que conserva de esos días, me lo creo totalmente. Ah, qué guapo era mi padre, por Dios, menudo rompecorazones fue.


¡Lia cumple seis añitos!

Debido al trajín que he tenido durante todo el mes de julio no he podido escribir antes esta entrada, que como ya viene siendo costumbre, escribo cada vez que Lia cumple años. Pues sí, seis años tiene ya mi gatita, y me sigue pareciendo que fuera ayer cuando la adopté en aquel verano de 2013. Hoy voy a contar algo que creo nunca he escrito en anteriores entradas. Lia, tiene un pequeño problema, y es que no se fía de las manos ajenas, o dicho de otro modo, de las manos que no son las mías. Cuando tengo invitados en casa nunca se aparta, no se aísla, siempre se muestra en todo momento juguetona y cercana, pero ese lado mimoso le desaparece cuando manos que no conoce intentan cogerla, abrazarla y darle arrumacos. Cuando alguien intenta hacerle caricias, ella, súper desconfiada, se aparta, da algún manotazo (que nunca arañazo) y se escabulle.  Eso sí, luego regresa para seguir jugando. Con el tiempo comprobé que eso poco a poco se le va pasando cuando más va conociendo a la persona. Cada gato es un mundo, habrá gatos a los que les pase lo mismo como también otros que son auténticos peluches, que se dejan acariciar y achuchar tanto por unos como con otros, indistintamente. Lia no. Cuando la que fue mi última novia ya llevaba un tiempo entrando en casa, ya Lia comenzó a tolerarla más, consentía entonces que la chica rubia la acariciara, aunque no tanto, había veces que de veras se mostraba bastante arisca y se las piraba, jamás con nadie muestra la complicidad y paciencia que conmigo. Yo puedo hacerle cualquier cosa, besarla hasta hartarme, abrazarla hasta que me entre ya calor de tanto tenerla pegada a mí, espachurrarla, conmigo se deja hacer de todo. Eh, que yo a ella también le consiento, le consiento de todo menos que arañe el sofá, que para eso tiene su buen rascador. Qué granuja…Ella me tiene a su disposición en todo momento, y lo sabe, vaya si lo sabe. Está acostumbradísima a que le consienta y le sacie de mimos. Por eso nunca se separa de mí, creo que es la gata más pegajosa del mundo mundial. No hay momento ni rincón de la casa en la que no esté a mi lado. Oye, que yo encantado. Para eso adopté una gatita hace seis años. Me comentó hace poco una amiga que tiene dos gatas lo siguiente: primero adoptó una, y al ver que por mucho que pasaba el tiempo la gata no podía ser más arisca y despegada, decidió adoptar otra. Con la mala suerte que resultó ser igual, otra gata que no se deja abrazar ni dar mimos. Yo le contesté entre risas que es una verdadera putada tener y cuidar a dos gatas y que ninguna te haga caso. Le pregunté si las adoptó desde bien pequeñas a lo que me contestó que sí. Algo raro decía yo, porque si acoges a un animal desde pequeño y le das mucha atención y cariño, ese animal por lo general lo vas a tener siempre ahí, devolviéndote lo mismo. Pero que va, cada animal es como es. Yo le he recomendado que si decide probar con un tercer gato, que sea macho, al ser ella una mujer, quizás el gato sea más cariñoso y dependiente. No es algo que deba de ser así, pero suele suceder. Yo he tenido perros y perras, y estas últimas conmigo eran puro amor, mucho más. Y regresando a Lia, el día que me falte, que espero sea dentro de mucho, me da que no voy a adoptar a otro felino, y de hacerlo, por supuesto tendría que ser hembra, como si adopto el día de mañana a un perro, también, tiene que ser perra. A mí es que las hembras, humanas o no, despiertan lo mejor de mí. Aún siendo hembra, me da que será difícil volver a tener una gatita tan lista y cariñosa como lo es Lia conmigo. Me ha hecho disfrutar de otro año donde quien más ternura y compañía me ha brindado, ha sido ella, mi gatita Lia.

 

¡FELIZ CUMPLEAÑOS LIA! ¡GRACIAS POR TENERME UN AÑO MÁS A TU LADO!


Mis amigos de Madrid, a los que quiero a más no poder

Hoy hace justo una semana que se fueron mis amigos de vuelta para Madrid y no os imagináis lo mucho que los echo de menos. Es el segundo verano que vienen al Puerto a pasar unos días, me llenan de vida la casa. Desde que me instalé aquí, solamente puedo verles las veces contadas que subo a Madrid y los veranos. No me canso de repetirles que intenten venir también en invierno, pero las cosas no siempre son como uno quiere, es comprensible que no puedan, principalmente por motivos laborales. Así que toca esperar hasta el próximo verano para que vuelvan a venir. Saben que tienen mi casa para lo que quieran, como les digo, ellos pueden decir tranquilamente a todo el mundo que tienen su segunda residencia en El Puerto.  Por otro lado espero que el venir todos los veranos sea una bonita costumbre que jamás se pierda, o al menos, que dure todo lo posible, porque uno sabe que cuando alguien se casa y tiene niños, ahí sí que las cosas ya no son siempre como uno quiere. Estos chicos me ofrecieron su amistad hace ya unos años, desde que me marché a Madrid a comenzar una nueva vida. Los conocí nada más empezar la carrera de Derecho. Desde 2012, jamás han dejado de hacerme sentir querido e importante. Siempre me han tenido presente y no sólo me han regalado su sana compañía, sino su desinteresada ayuda, en todo lo que he necesitado, incluso cuando no lo pedía. En todos estos años me han demostrado que me brindan una amistad sincera, como pocas. Siempre están ahí, nunca se muestran ausentes. Somos Los Románticos, como así denominamos en su día al grupo de WhatsApp que creamos y que compartimos. Surgió ese nombre, más bien en tono irónico, por lo crápulas y nocturnos que éramos en aquellos días. Responsables universitarios de día, truhanes de noche. He disfrutado de cada minuto que he pasado con ellos, y me han regalado unos días de verano espectaculares, inolvidables. Podría detallar todas las cosas que hemos hecho durante los días que estuvimos juntos, más de uno que lo leyera se partiría de la risa, pero no es mi intención hacerlo. Tan sólo me apetecía expresar y dejar constancia una vez más de la enorme fortuna que tengo con estos tipos a los que quiero con toda mi alma. Dice la frase que quien tiene un amigo tiene un tesoro. Yo tengo varios tesoros, porque si contar únicamente con Los Románticos ya sería más que suficiente, también puedo disfrutar de la preciosa amistad de mi, prácticamente hermano, Rafa, o la de Alberto y César. Sobre ellos escribiré más adelante, cómo no. Todos siempre tienen su hueco de alguna manera en Anhelarium.

Esto que leeréis a continuación escribí en mi cartapacio justo cuando mis madrileños se fueron. Creo que resume mejor aún lo que pretendo trasmitir.

Mis amigos me han dejado la casa sorda. Han estado poco más de cuatro días, pero me la llenaron de vida. Lo he pasado estupendamente estos días. Me he reído como sólo con ellos me río. La complicidad que tenemos los cuatro es inmejorable. Llevo ya muchos años disfrutando de ellos, de Los Románticos. Me siento feliz por comprobar que son de esas amistades que duran toda una vida, de esos amigos que siempre están, para lo que sea y que nunca desaparecen. El año pasado los cuatro lo pasamos muy bien, pero este año coincidimos todos en que ha sido mejor, hemos hecho más cosas, hemos ido a más lugares, compartimos la sensación de que este verano hemos aprovechado aún más y mejor todo el tiempo que pasamos juntos. Una pena que no vengan más veces al año y tenga que esperar hasta el verano que viene para que regresen. Los quiero muchísimo. De Madrid me quedé con lo mejor. 


Cuando el curso estaba a punto de acabar

Esta es la última semana de cole para los niños, además este viernes muchos tendrán la ansiada fiesta de fin de curso, en las que se suelen programar pequeños torneos de fútbol, actuaciones de baile, música y muchas chucherías y refrescos, todo para celebrar por todo lo alto que terminan esos largos nueve meses de colegio y que llega la mejor época del año, las vacaciones de verano. Recuerdo estos días con mucho cariño. Y quién no, claro. Yo ya comenzaba a entusiasmarme semanas antes de que llegara la fiesta de fin de curso. Era llegar el mes de mayo y sentir los ecos del verano en mi interior. El simple hecho de despertarme por las mañana para ir al cole y ver cómo el sol ya brillaba radiante antes de que me quitara las legañas de los ojos ya me hacía emocionarme. Ya me sentía distinto. Como simple también era le hecho de salir a la calle en mangas cortas. Después de tantos meses de abrigo y jerséis, me encantaba percibir esa sensación de salir a la calle en camisetas de manga corta. Yo, tanto la primaria como la secundaria, la hice en colegios privados donde teníamos que ir uniformados. En ambos colegios habían uniformes de invierno y de verano. La diferencia radicaba en que en invierno íbamos con camisa y corbata y en verano con polito. Esto, lo de dejar la camisa y la corbata por el polito de verano, para un chiquillo, era algo muy significativo, al menos para mí. Como decía, para mí el entusiasmo ya comenzaba con la llegada del mes de abril, pero era meternos en mayo y yo ya me sentía más feliz. Me siento como nuevo con la llegada de la primavera, aunque de esto ya he hablado varias veces en Anhelarium. Recuerdo perfectamente como todos comenzábamos a contagiarnos de esa energía y alegría de ver el curso llegar a su final. Las actividades en el cole eran distintas. Algunos profesores tenían la costumbre de ponernos películas en las últimas semanas del curso. Lo más importante del temario estaba dado y a pocos días de acabarlo, apagábamos las luces de la clase y nos ponían la película de turno. Y en esa sala de cine improvisada que era nuestra clase, podíamos estar comiendo todo tipo de chucherías y bebiendo refrescos.  Todo ello partía la monotonía de tantos meses. Agradecíamos enormemente el gesto que tenían los profesores. De las excursiones no me puedo olvidar tampoco, claro. Por estas fechas hacíamos varias visitas. El problema del colegio donde hice la primaria era que cada año las excursiones eran siempre las mismas. Ahí digamos que no se esmeraban tanto. El museo del Puerto de Santa María lo teníamos ya muy visto, si nos entusiasmaba ir al museo de la ciudad de excursión no era por ir al museo precisamente, era por hacer algo que nos quitara de estar en el colegio. Hasta las pelotas me quedé de ver todos los años el famoso cuerno de mamut que tenía más pegamento y plástico que marfil el pobre. Otra de las excursiones que hacíamos era ir al polideportivo a pasar una larga jornada de deporte. Todos los años igual. No le dedicaban mucho tiempo a eso de programar excursiones, la verdad. Pero igualmente nos motivaba dejar los uniformes y las clases para ir a jugar al fútbol o baloncesto. Bueno, yo no, yo ni jugaba al fútbol ni al baloncesto ni nada. Esa jornada deportiva la aprovechábamos a nuestra manera, porque yo, con dos o tres amigotes más, empleábamos dicha salida para hacer merendolas. ¡Ay esas merendolas! Eran merendolas ya las hiciéramos a las tres de la tarde que a las doce de la mañana. Y la merendola consistía en traer en nuestras mochilas copiosas provisiones de chuches, paquetes de patatas y refrescos y claro, algún que otro bocadillo. No todo iba a ser ensuciarnos el estómago. Así eran nuestras jornadas deportivas. Comiendo, riendo y hablando de películas de terror o videojuegos allí sentados a la sombra en las gradas del polideportivo de nuestra ciudad. No habían ganas de sudar, eso ya se lo dejábamos a los demás. Por estas fechas, semana arriba semana abajo, otra de las absurdas visitas que organizaba mi colegio donde hice la primeria era visitar las bodegas. El Puerto de Santa María se caracteriza por ser la ciudad del vino. Grandes y reputadas son las numerosas bodegas de esta ciudad. Pero más de lo mismo. La elaboración del vino y las bodegas nos daba absolutamente igual. A nosotros lo que nos importaba era el momento merendola. Los bodegas podían salir ardiendo. Pero había una actividad que acaparaba toda nuestra atención, había un ritual que se hacía cada año y que nos mantenía exaltados desde el día antes de celebrarse. Esa era la guerra de globos de agua. Días antes de aquella mañana donde acabábamos todos calados hasta los huesos ya hacíamos acopio de bolsas de globos. Comprábamos cientos. Recuerdo que era el profe de religión, “El Piru”, como así lo llamaban profesores y alumnos (y no sé por qué, la verdad) quien organizaba todos los años la guerra de globos de agua. Era un tipo raro, más feo que un taladro, pero que resultaba simpático, siempre con su sonrisa imborrable y por todos querido, sobre todo por organizar en la hora de su clase de religión la famosa guerra pasada por agua. Cambiar las mermadas clases de religión por eso, creedme, era algo de agradecer.

Era llegar el mes de mayo y sentir los ecos del verano en mi interior

No había ninguna norma, bueno supongo que la de no darnos de hostias. Era una guerra de globos de agua, no una pelea entre ultras de fútbol. Pero me refiero a que no se hacían bandos o equipos, ni se apuntaba quién era al que menos agua le había caído para darle algún tipo de premio o reconocimiento. No, simplemente nos bombardeábamos todos hasta que no quedara un solo globo utilizable. Cuando ya nadie tenía más globos que arrojar al compañero que fuera, ahí acababa la guerra. Algunos compañeros tenían la brillante idea de traer otra muda de ropa para cambiarse en los vestuarios del gimnasio, pero la mayoría, sobre todo este subnormal que os escribe, nunca pensó en ello. Pero no era el único. Éramos muchos los que nos quedábamos con los cojones bien remojados ahí plantados esperando que el solo nos secara. Menos mal que hacía buen tiempo, de hacerse en enero más de uno pillaba seguro un resfriamiento. Lo pasábamos bien, muy bien. Otra de las cosas que típicas de estas fechas era que el horario escolar se veía reducido. Tal y como comenzaba el mes de junio ya dejábamos de salir a la hora habitual, que eran las cuatro y media e la tarde para salir a la una. Eso era algo maravilloso y lo agradecíamos una barbaridad. Una vez en casa, las cosas también cambiaban. Era habitual dejar el uniforme del colegio para ponerme el bañador y jugar en el jardín o la piscina hasta que quedara poco para que cayera la noche. Algunas tardes bajábamos a la playa y veíamos el atardecer al son de las olas. Sonreía ilusionado por saber que tenía todo un verano por delante. Era un niño más que saboreaba la llegada de este tiempo como si de un helado se tratara. Deseo que todos los niños que ahora están deseando pillar las vacaciones tengan el verano que desean. Que rían y jueguen, tanto o más como lo hacía yo.


Anhelarium” es cosa mía, al menos que eso quede claro

En la página de presentación que hay en esta misma web y que lleva por título Sobre Anhelarium, escribí hace años lo siguiente:

Anhelarium es una palabra que me inventé en aquél verano de 2009 para dar nombre a este espacio que ven. Quería crear un nombre único, algo que no existiera, que se asociara a mí al 100%. Una de mis palabras preferidas, por lo que significa y por lo bonita que es morfológica y fonéticamente, es la palabra anhelar. Me gusta esa sesanción de anhelo, sobre todo cuando es bueno aquello que se anhela. Cogí tan bella palabra y la “latinicé”, en latín muchas de las palabras que acaban en um hacen referencia a lugares. Anhelarium, el lugar en el que anhelas. Me parecía hermoso a la par que melódico. Puse en Google la palabra que me acababa de inventar y efectivamente, Google no me devolvió resultado alguno. No había página en el mundo y en todo el basto internet que contuviera la palabra Anhelarium. No vacilé más, así se llamaría mi página web y pronto compré su respectivo dominio punto com. El lugar ya estaba creado, ahora sólo faltaba dotarlo de contenido.

Hace unos meses, al poner en el buscador de YouTube la palabra Anhelarium para dar con mi canal me topé con la existencia de una pequeña empresa mexicana dedicada al mundo de las joyas que ha utilizado la palabra anhelarium para dar nombre a su nueva línea de joyas. También comprobé que por Instagram, como cabría esperar, también se encuentran publicitándose. Iré al grano. Hubiese sido y sería extremadamente costoso para mí registrar la palabra Anhelarium en todos los registros de patentes y marcas de cada país de este planeta. Eso es algo impensable para mí. Y en eso se apoya esta ingeniosa empresa. Me puse en contacto con ellos y eso mismo me dijeron, que en el registro de patentes y marcas de México dicha palabra estaba libre, que no tenían constancia de mi página web, que la palabra había surgido de su equipo de creativos (seguro) y por ello decidieron registrarla allá. En otras palabras, que me jodiese. Y así es. Me muevo en el mundo del Derecho y desde el primer momento supe que nada puedo reclamarles y/o exigirles. El farragoso sistema de leyes sobre patentes y marcas no las tiene conmigo y más en este caso pues la empresa es extranjera y nada tengo registrado en México. Pero con educación, a gusto me quedé diciéndoles lo feo que es lucrarse con algo que ha salido del ingenio de otra persona, que se hayan apropiado de una idea mía, pues me niego a creer que la palabra les ha venido por su propia inspiración y todo sea fruto de una casualidad. Por si fuera poca constancia que esta página fue creada hace una década (y por ende la palabra anhelarium) con esta entrada pretendo dejar aún más constancia de ello. Esta palabra surgió de mi imaginación, sin más. Antes no existía ni había constancia de ella por ningún otro lado. Así ha sido hasta entonces. Esto es internet, lo tengo bien claro, es algo que traspasa lo global y es habitual que pasen estas cosas. El ingenio, el talento, la creatividad, está todo aquí, en este inmenso océano que es internet. Sólo tienen que asomarse y elegir. Es la mayor ventana por la que podemos mirar, sobre todo los torpes, las personas cerriles que, sin ideas, se apropian de las ideas de los demás.


Gracias y hasta siempre, Madrid

Hace casi siete meses que dejé Madrid, pero es ahora cuando tengo la necesidad de escribir estas líneas. Quizás también porque quería darme un tiempo aquí, ver si este paso que decidí dar era el más acertado. Y vaya si lo es. Aunque tengo que confesar que no me he dado cuenta ahora. Al poco de estar aquí sentí que era donde debía estar. Pero de alguna forma quería medir la magnitud de mi decisión dejando que pasara el tiempo. Desde que comencé el cuarto año de carrera ya tenía en mente la posibilidad de ejercer aquí. Era una idea que me hacía ilusión aunque no pensaba mucho en ello, pues aún me quedaban cosas por hacer en Madrid, entre ellas terminar los estudios, lo más importante de todo. Fue precisamente estudiar la carrera de Derecho el principal motivo por el que a finales del verano de 2012 me instalé en Madrid. Irme a vivir a Madrid también me ayudaría a encontrarme a mí mismo, buscarme un porvenir, como se suele decir, y encontrar el rumbo de mi vida, por fin. Desde el primer día de mi nueva vida allí eché en falta no tener mi playa para deleitarme con esos largos paseos, notaba que vivía en otro estilo de vida, muy diferente. Tendría que acostumbrarme. Pero aún era temprano para saber si allí sería feliz o no, para saber cuál era mi sitio. Tenía cosas más importantes en las que pensar. Madrid es la ciudad de las oportunidades, estando allí tenía ante mí el mayor escaparate del mundo. Todo por descubrir y por hacer. Y así ha sido en todo momento durante los más de cinco años que he estado viviendo en Madrid. He exprimido mi estancia allí, he querido sacarle todo el jugo al tiempo que he disfrutado de vivir en un sitio tan abierto a todo. Me entregué a vivir experiencias, tanto las que venían sin avisar como las que me generaban inquietud. Todo ello sin desatender jamás la principal tarea que yo mismo me había encargado, sacarme los estudios en Derecho.

Madrid, desde el primer momento, ya comenzaba a darme. Madrid me ha dado mucho durante todos estos años, mucha mundología. Mi intención no es sacar a relucir en estas líneas las entretelas que han colmado todos estos años de vivencias, anécdotas y sentimientos de todo matiz. Pero sí voy a compartir lo más valioso que me llevo de Madrid. De Madrid me llevo el haber crecido, haber aprendido, Madrid me invitó a vivir una suerte de nueva adolescencia, esta vez desde la madurez que dan los años. Porque me marché para Madrid con veintiséis años de edad. No fue fácil comenzar casi de cero a ese punto. No lo fue ver cómo me acercaba a los treinta y aún tenía toda una carrera de Derecho por obtener. A medida que avanzaba en mis años de universidad sentía cómo el tiempo me resultaba opresivo. Se me hacía duro ver como acariciaba los treinta, como los cumplía, y aún me quedaba recorrido por delante. Un recorrido que además compartía con chavales muy jóvenes que me recordaban el bonito tiempo que no había sabido aprovechar tiempo atrás. De Madrid me llevo el haber tenido todo lo que andaba buscando y más. Porque no me esperaba encontrar unos amigos como los que he conseguido hacer allí. Amigos de los de verdad, de los que están, de los que dan sin esperar nada a cambio. Madrid me ha dado unos amigos que me quieren con sinceridad, que desde siempre se han acercado a mí por que así lo sentían. Tengo unos amigos que valen el doble de su peso en oro, y no pasó mucho desde que los conocí para darme cuenta que son de esas amistades que duran para toda la vida. A día de hoy, así me lo demuestran. Siempre me tendrán rodilla en tierra.

En Madrid he sido muy feliz y un tipo muy afortunado. Por si fuera poco vivir en un sitio como lo es Madrid, he tenido la fortuna de hacerlo con todo tipo de comodidades. Eso es algo que desde el minuto uno he sabido valorar. He sido siempre consciente de esa enorme suerte. La gran comodidad con la que he vivido estos años, la compañía de mis madrileños y los encantos de vivir en un lugar así, sin duda era lo que me invitaba a seguir allí. Vivir así en Madrid es todo un privilegio. Pero en mi última etapa en Madrid nació en mi un anhelo. A pesar de disfrutar de todo lo mejor que te puede dar vivir en una gran ciudad, yo echaba de menos mi tierra. Logré entender como nunca a mi paisano Rafael Alberti cuando escribió Marinero En Tierra hace casi cien años. Mi recorrido en la universidad llegaba a su fin y la idea de regresar cobraba fuerza. Lejos de todo chovinismo, anhelaba este estilo de vida, añoraba mi Puerto de Santa María. Madrid me enseñó a saber quitarme de encima toda inquietud y no quería echar el ancla allí y quedarme con la espinita de no darme una nueva oportunidad en la ciudad marinera que me vio nacer. Me apasiona Madrid, pero echaba mucho de menos mi vida “californiana”. Mi playa, mi surf, esta luz y tranquilidad. Esta vida con sabor a sal. No dudé y justo el día que comenzaba a reír la primavera, el día 21 del pasado mes de marzo, regresé. Si siempre me ha gustado estar aquí, ahora las circunstancias además eran más favorables, como tener la casa para mí solo o poder estudiar el Máster y ejercer aquí mi profesión sin problema alguno. Sin duda sería un salto cualitativo. Jamás le cerraré la puerta a Madrid. Siempre será una opción. Antes de irme a Madrid a vivir ya solía subir varias veces al año para disfrutar de unos días allí y visitar a mi hermana, que lleva en Madrid más de once años. Ahora vuelvo a disfrutar de Madrid de esa manera, como un turista más. De hecho desde que estoy instalado aquí ya he subido un par de veces para pasar unos días, visitar a mi gente y pasarlo bien. Pero como turista o residente, yo jamás dejaré de estar ligado al lugar que tanto me ha dado. En lo que me quede de vida, siempre visitaré asiduamente Madrid. Simplemente he querido venirme al mar, vivir cerca de las olas y sentir el abrazar de todos estos rincones que tan tranquilo me hacen sentir.

Gracias por tanto y por todo. Gracias y hasta siempre, Madrid.

Gran Vía de Madrid. Abril de 2014

Gran Vía de Madrid. Abril de 2014

 


¡5 añazos Lia!

Este pequeño ser, que mientras estoy escribiendo estas líneas está enroscadito aquí a mi lado y la mar de a gusto, acaba de cumplir un lustro. ¡Cinco añitos, Lia! Y parece que fuera ayer cuando me cabía en la palma de mi mano. Supongo que lo habrás apreciado en la foto, pero su colmillito izquierdo está roto, desde hace tiempo además. No recuerdo exactamente cuándo se lo hizo ni con qué, pero ya lo lleva así desde hace tiempo. Vaya tela. Hay otra foto donde también la pillo en mitad de un bostezo y se le nota mucho más. Fijo que fue fruto de alguna decisión ilógica que tomó. Ella tendrá siete vidas, pero yo tengo que tener siete ojos, y no porque sea demasiado trasto, es una gata muy buena aunque la pueda liar de vez en cuando. Pero de imaginarme que le pasa algo por un descuido mío, es algo que me aterra. No podría cargar en la conciencia que le pasara algo. No me lo perdonaría. Por suerte no sale de casa, no es fácil que se escape y la tengo bastante controladita. Siempre ando pendiente de ella, como ella también lo está de mí.

Sobre lo gratificante y tierno que resulta disfrutar de la compañía de Lia podría escribirte largo y tendido.  Como también podrías hacer tú sobre tu querida mascota. Son la mejor compañía, la más sincera desde luego. Resulta casi imposible describir en unas pocas líneas lo que esta pequeña y traviesa felina me trasmite y cómo me hace sentir cada día. Cada día me regala sus caricias, sus arrumacos, la mayor de las ternuras. Es impagable todo lo bueno que me ofrece desde que entró en mi vida. No he sentido jamás por un animal lo que siento por esta gata. Es auténtica devoción por ella. Yo, que siempre fui de perros, tengo que reconocerte que Lia me ha malacostumbrado. Siempre seré de perros y gatitos, pero no tengo la más mínima apetencia de hacerme cargo de un perrete. Dan más quebraderos de cabeza y por el momento ni me lo planteo. Estar con Lia es muy fácil. No sólo porque a los gatos son más limpios y no hay que pasearlos tres veces al día ni ladran sin parar a la mínima de cambio, sino por cómo se comporta mi gata. Es tal la complicidad que hay entre los dos que dudo que en el futuro, otro gato pueda llenarme como lo hace Lia. De hecho, el día que Lia se me marche, y espero que ese día quede lo más lejos posible, es posible que no quiera adoptar a otro gato. Fijo que no tendría la suerte de que me saliera tan cariñosa, lista y divertida como es Lia.

Lia ha llenado mi vida como jamás pensé que lo pudiera hacer un animal de compañía. Lia es mí primera mascota, porque todas las que han pasado por casa a lo largo de mi vida han sido adoptadas por mis hermanas y claro está, han sido de ellas. Lia está totalmente a mi cargo. Sólo nos tenemos los dos. Desde aquél verano de 2013, es mi compañera inseparable. Como dijera antes, podría contarte mogollón de cosas sobre Lia, decirte todo lo que me gusta de ella, sus manías, sus lindezas. Pero creo también que no sería nada que no haya dicho ya de ella. Pero sí puedo decirte lo que más deseo, con todas mis fuerzas. Deseo poder despertarme cada mañana y verla a mi lado, que cada día de mi vida empiece así,  y que sea por muchos años más.

¡Gracias por todo lo que me das, Lia. Te quiero a todo poder!


MI HIPOPÓTAMO AMARILLO

Año 1988. Tenía dos añitos y ese que veis ahí era mi hipopótamo amarillo. No me separaba de ese juguetito de goma. Para que dejara de llorar y pudieran hacerme la foto volvieron a ponerlo entre mis manos. Tuvo un efecto inmediato. El llanto dio paso a una sonrisa sincera e inocente. Ahora mis ojos centelleaban de alegría. Apenas sabía pronunciar “hipopótamo”, pero ya sabía que era un animal la mar de raro. Con la misma añoranza me acuerdo de esos pantalones, tengo aún el nítido recuerdo de cómo me quedaba mirándolos por sus dibujos, señalarlos y llamar a cada cosa por su nombre. Esta foto significa mucho para mí porque plasma aquello que más recuerdo de esa temprana edad. Lo que daría por volver a sostener mi hipopótamo amarillo una vez más.

Por cierto, hoy cumplo 32 años.


Cuatro años a tu lado, Lia

Hace unos días me llevé un susto horrible. Era de noche, ya algo tarde, y decidí acostarme. Como Lia no soporta la idea de dormir fuera de mi habitación, pues se pone a maullar desesperada para entrar y está acostumbrada desde muy pequeña a dormir conmigo, fui buscándola por toda la casa para meterla en la habitación y pasar la noche juntos, como siempre. La buscaba y no la encontraba, cosa que en poquísimas ocasiones ha sucedido. Lia siempre está en medio, como el jueves. Raro que no se esté haciendo de notar de alguna u otra manera. Sí es cierto que en contadas ocasiones la he tenido que buscar por toda la casa porque, como cualquier gatito, si encuentra un rinconcito en el que se encuentra a gusto, ahí se queda un buen rato. Pero lo de la otra noche fue algo desesperante, aunque por suerte el sobresalto no duró mucho. No la encontraba por ninguna de las habitaciones, miraba debajo de las camas, por cada rincón, y no la encontraba. Me puse algo nervioso. Ella no es de salir de casa, nunca ha intentado escaparse, por suerte no me ha salido una gata con mucha vena salvaje que quiera irse a investigar y recorrer mundo. Algunas ventas, no todas, las dejo abiertas, Lia me da esa confianza. Pero ya anduve unos minutos buscándola y nada. La angustia llegó cuando al asomarme por la ventana de la cocina, justo en frente, sumergida entre la oscuridad, la vi. Lia estaba frente a un edificio antiguo antiguo de tejados viejos que está a varios metros frente a la ventana de nuestra cocina. ¿Cómo ha llegado hasta ahí? ¿Y cómo llego hasta allí para traerla de nuevo a casa? Forzaba la mirada porque no estaba del todo seguro que fuera ella. Pero era un felino del mismo color y tamaño que Lia. La llamaba, pero el gato hacia caso omiso. Eso ya me extrañó aún más, Lia es muy charlatana, mucho. Y cuando la llamo, esté donde esté, y sea lo que sea que esté haciendo, siempre me contesta con maullidos y sus típicos ruiditos. La llamaba, pero no contestaba. Quizás por estar asustada al sentirse desprotegida y lejos del calor de su hogar. Me dirigí al salón, muy nervioso, tanto que preocupe a mi padre que allí estaba viendo la televisión. Casi sin haberlo pensado, volví buscar más a fondo a Lia, esta vez gritando su nombre exasperado por toda la casa. Y la escuché, a mis gritos me contestó con uno de esos maullidos perzosos que parecen querer decir: ¿Qué quieres, eh?. Cuando miré, estaba en los asientos de una de las sillas que aguardan recogidas en la mesa del comedor, ahí estaba, adormilada, la mar de a gusto. La abracé con todas mis fuerzas, el susto aún lo tenía en el cuerpo.

Cuando regresé a la cocina, con Lia aún en los brazos, ese gato que tanto se parecía a Lia, no estaba. Ni rastro de él.

Perder a Lia de forma repentina y nunca saber de su paradero, como le ocurren a muchos dueños que sufren porque sus animales desaparecen, me sumiría en una tristeza que sólo de imaginármelo me abate. Hay muchos gatos de tejado, gatos callejeros, ese sería uno de ellos. La experiencia vivida me lo tomo como un aviso. Las ventanas ahora estarán más vigiladas, pero para vigilada, Lia, que nunca ha dejado de estarlo, pero ahora lo estará más.

Este mes de julio se cumplen cuatro años de aquella tarde que decidiera adoptar a esta gatita cuando por entonces cabía en la palma de mi mano. Cuatro añitos cumple este pequeño angelito de cuatro patas. Cuatro años a tu lado, Lia. Y por favor, que sean muchos más. Gracias por todos y cada uno de los momentos que pasas a mi lado.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS LIA!

 

 


¡Desde chiquitito!

Primavera de 1992. Ahí estaba yo con mi equipación del Real Madrid. Bueno, equipación…Ese escudo, además de parecer que lo había bordado una manca, era más falso que los penaltis a favor del Barça, o que el doctorado en termodinámica de Kiko Rivera. ¡O más falso que los besitos que te da tu suegra! Pero yo era feliz de mostrar mi madridismo. Lo que nunca entenderé es por qué estaba yo tan doblao en esa foto, que parece que me había hincado una botella de Fino Quinta yo solito. Pero yo no podía ser más feliz de mostrar mi madridismo. Las calzonas desde luego me las colocaba cual torero, hasta los sobacos, aunque, ¿y esas piernas? Con esas piernas que tenía tan escuchimizadas poco fútbol iba yo a mostrar. Me iba a desmontar más rápido que una pieza de Lego, ¡ni Prosinecki oiga! Pero qué feliz estaba de mostrar mi madridismo. Por aquél entonces no tenía ni idea de cuántos títulos tenía el Real Madrid ni del prestigio que ostentaba, pero sí sabía deciros de memoria la alineación de aquél Madrid de Buyo, Zamorano, Míchel, Hierro…

Hoy, a mis 31 años, disfruto de ver jugar al Madrid como cuando era pequeñito. Sigo llorando de emoción cuando veo a los blancos levantar un título, como también lloro de rabia cuando soy testigo de sus derrotas, de esas que duelen, aunque por suerte, de esas hay pocas. En estos últimos años los madridistas hemos podido emborracharnos de alegría al ver a nuestro equipo levantar tres Copas de Europa, las dos últimas seguidas. El Real Madrid es el club con más copas europeas, doce. Fue el único en ganarla en cinco ocasiones consecutivas (1955-56, 1956-57, 1957-58, 1958-59, 1959-60) y ya en el formato actual de la Champions League, es el único equipo en conquistar el título dos años consecutivos (2015-16, 2016-17). Llevamos unos años donde el Real Madrid sigue marcando a fuego su sello en la historia del deporte. Qué afortunado somos de vivir momentos tan únicos. Me vuelve loco ver jugar a mi Madrid, y qué os voy a contar cuando lo veo hacer historia. Historia que tú hiciste, historia por hacer… Ni si quiera sabría deciros por qué me hice del Real Madrid. Quizás me viera influenciado por la gran cantidad de madridistas que hay en mi querida ciudad, pero sinceramente, no lo siento así. Sí recuerdo el sentirme enamorado de ver a los jugadores lucir el color blanco como nadie, me encantaba imaginarme jugar al fútbol ante la atenta y vehemente mirada de miles de personas que no paran de animar. Aún hoy, cuando cierro los ojos antes de quedarme dormido, me gusta imaginarme vestido de corto jugando en el Santiago Bernabéu, marcando goles y celebrándolos con la afición. Sigo siendo ese niño que, sin tener hechuras de futbolista, sigue soñando que es uno de ellos.

¡HALA MADRID SIEMPRE, AMIGOS MÍOS!

 


Escribiendo con musicalidad y mucho estilo

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Reconozco que cuando esta mañana mi padre me dijo que teníamos que ir a comprar un carrete nuevo para la máquina de escribir me quedé algo extrañado. Le pregunté sorprendido dónde conseguiríamos encontrar un carrete a lo que él respondió sonriendo que sabía perfectamente dónde hallarlos. Mi padre ya no utiliza tanto la máquina de escribir como antes por lo que los carretes le duran una barbaridad. Pero ya era hora de reemplazarlos así que lo acompañé a donde él, convencido, sabía que los vendían. Y efectivamente, allí estaban. En una antigua papelería -la más antigua de la ciudad- nos atendió una amable mujer que nos dijo que, últimamente, a mucha gente le había dado por volver a la máquina de escribir. “Algunos por nostalgia, otros por disfrutar de lo retro“, afirmaba. Precisamente, dentro de la papelería, tenían una exposición de máquinas de escribir, algunas muy pero que muy antiguas. Camino a casa estaba expectante, me había ilusionado la idea de volver a ver a mi padre manejar sus máquinas. Recuerdo que de niño mi padre me enseñó a usarla y delante mía, en más de una ocasión, le vi cambiar las cintas. Esta mañana me volví a sentir como ese niño curioso que embobado miraba a su padre manejar la máquina de escribir. Hoy, tras mucho tiempo, he vuelto a ver a mi padre poner a punto su vieja Olympia que lo acompaña desde hace cuarenta años. Sus dos máquinas, del mismo modelo y marca, las hemos limpiado y recambiado los carretes. A lo largo de todos estos años siempre he mirado a mi padre con ternura cuando lo he visto ante su máquina, concentrado, escribiendo con esa postura y ese estilo tan peculiar. Pero esta mañana ha sido especial, no me preguntéis por qué, pero lo he sentido así. Quizás ha sido hoy cuando más le he dado el valor que se merece. Ver a mi padre ante esa vieja máquina de escribir, ya oxidada por el paso del tiempo, a la que tantas horas ha dedicado, y escucharlo dar las instrucciones de cómo usarla como si fuera la primera vez que lo hiciera, ha creado un nuevo impronta en mi memoria, de esos que con el tiempo uno recuerda con lágrimas en los ojos. ¡Buenas risas nos hemos pegado cuando no atinaba a poner las tildes! Hoy he vuelto a aprender con él. Esta mañana nos hemos sentado uno al lado del otro y hemos escrito juntos un rato en el que sólo se apreciaba esa musicalidad típica que genera el escribir con estas máquinas.

Después de que escribiéramos juntos, le he prometido a mi padre que estas reliquias del pasado que tan significativas han sido para él y que aún todavía lo acompañan, siempre encontrarán unas manos amigas que las devuelvan a la vida, ya sean las mías o las de un hijo mío. Pero jamás quedarán abandonadas al rincón del olvido. Gracias papá, por un momento tan maravilloso a tu lado.


Mi querida maestra. ¡Tres añitos ya, gatita!

En este mismo momento, mientras escribo estas líneas, tengo a Lia justo aquí, a mi lado. Recuerdo hace tiempo cómo mi padre se sorprendía al ver la manera en la que Lia se quedaba quieta, siempre a mi vera, mirándome fijamente con sus enormes ojos verdes. Unos ojos como planetas. Mi padre, que nunca había tenido trato alguno con gatos, siempre se ha quedado embobado contemplando cómo con total quietud, Lia permanece siempre a mi lado. Una quietud que sólo rompe el leve movimiento de su cola. Mi padre riendo exclamó que le parecía hipnotizante verla así. Al poco de adoptarla leí, entre otras muchas cosas sobre gatos, que cuando mueven el rabito así, es que se sienten a gusto. Y que, cuando teniendo todo el espacio de la casa para ellos, se quedan cerca, como Lia ahora, es porque se sienten más seguros, protegidos. Pero la sensación es, que soy yo quien de verdad se siente protegido por ella. Ahora está así, tranquila, infundando esa paz o calma que sólo ellos logran transmitir. Nada que ver como en el vídeo, ahí está juguetona, charlándome de sus cosas, porque charlatana es un rato, y a mí que me encanta que lo sea.

En estos tres años, por todos y cada uno de los días que han pasado, me he sentido afortunado de poder disfrutar de la compañía de un ser tan bello y tierno como Lia. Tenerla a mi lado me ha cambiado la vida. Besarla y abrazarla a cada instante, notar su cariño y su fidelidad, sólo ha traído cosas buenas a mi vida. Sentir día tras día su ternura me ha hecho ser mejor persona. Tengo el convencimiento de que nuestros gatitos y perritos tienen esa misión, la de recordarnos siempre el sentido de la nobleza y la ternura, y de la más sincera compañía. Parece que verdaderamente la misión de estos animales es la de recordarnos a cada instante nuestra parte más humana. Porque como dijo aquél sabio, hay muchos humanos, pero poca humanidad. Durante el tiempo que permanecen a nuestro lado, cumplen esa suerte de encomienda. Son pequeños maestros que nos enseñan más de lo que podríamos creer. Sólo hay que prestarles la atención que ellos nos prestan para comprobarlo. Porque nosotros no los humanizamos, son ellos los que nos humanizan a nosotros. Y aunque siempre llega el triste día en que nos tenemos que despedir de ellos, la huella que dejan en nosotros perdura siempre.

Lia es mi pequeña maestra. Sólo deseo que sea así por muchos años más.

Gracias, querida gatita. ¡Feliz cumpleaños, Lia!

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Graduados en Derecho. Amigos para siempre

En todo momento he sido siempre consciente de la inmensa fortuna que he tenido de conoceros y poder estar a vuestro lado. Habéis demostrado ser los mejores compañeros, que entre interminables clases, risas y apuntes, me acabasteis brindando vuestra amistad. Es lo más valioso que me llevo de todos estos años de universidad. Siempre me ha emocionado ver lo importante y querido que me habéis hecho sentir. Con vosotros siento cómo la vida me ha sonreído, pues de entre tantos, conocí a los más alegres y sinceros. Olvidaré muchas de las cosas que he estudiado a lo largo de estos años, pero jamás olvidaré el tiempo que pasé a vuestro lado ni cada una de vuestras sonrisas. Jamás he sentido tanta gratitud. Os quiero con toda mi alma, amigos.

En cuanto a mí…De informático a jurista, quién me lo iba a decir.

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Acabo de cumplir 30 años. Es un gran momento para seguir invirtiendo en mí mismo

No hace ni una semana que he cumplido los treinta años y resulta casi inevitable no echar la vista atrás y pensar en todo aquello que ha pasado, lo que he conseguido y lo que no, y lo que espero esté por llegar. Pero no lo hago como una suerte de crisis existencial como algunos van diciendo por ahí, sino como un ejercicio que me ilusione a seguir con todo lo que he venido haciendo hasta ahora, aprender, sentir, y vivir. A medida que me acercaba a los treinta años se me hacía a veces imposible no compararme con los que ya tenían mi misma edad. Sí, también, es algo a veces inevitable. Pero lo importante está en no darle importancia. Porque realmente no la tiene. Porque sujetándome a lo que decía nuestro madrileño José Ortega y Gasset, yo soy yo y mi circunstancia, mi vida es algo concreto, incomparable, es única. Como la tuya, como la de todos. Soy yo y el mundo, y no lo que los demás quieran que sea. Como si de un actor se tratara, soy un hombre en lo alto de un escenario, viviendo un drama o una comedia, tratando con el mundo y formando la otra mitad de mi persona. Perfilando, aquí y allá, y esbozando lo mejor de mí mismo. Pienso en los logros y dejo atrás los fracasos, me quedo con lo que aprendí de ellos.

Sólo puedo sentirme orgulloso, pues mucho antes de cumplir los treinta años sentía como si hubiera vivido bastante más. No he tenido en ningún momento la sensación de que el tiempo se hubiera pasado volando y sigo sin tenerla. Quizás por todas las experiencias vividas en mi vida, por todos esos cambios que hicieron remover mis cimientos de una manera u otra, por todas esas personas que llegaron y se fueron, por todo lo sentido, ganado y perdido, quizás por eso tenga la sensación de haber vivido más de la cuenta. Los callos que no tengo en las manos los tengo en el corazón, cada vez el sufrimiento me dura menos y, cada vez, más a gusto estoy sin necesitar nada más ni nadie más. Pero acabo de cumplir treinta años y aún soy muy joven para que mi rostro comience a marcar arrugas. Después de todo, aún queda lo mejor.

No pretendo contar la historia de mi vida, pues no la contaría bien. Sólo me consuela saber que quise aprender y aprendí a ser, quise amar y amé demasiado, quise encontrar una buena amistad y conseguí más de una, de esas amistades que siempre había soñado. Quise seguir adelante y aún sigo caminando, despacio, sin prisas, poco a poco, que todo llega. Quise crecer y crecí madurando. Aprendí a creer en mí y no dejo de hacerlo. Vivo el momento presente y lo que este me brinda, ya dure un minuto o un día. No me ha hecho falta llegar a los treinta para saber que envejezco y soy mortal. Sólo disfruto de ser algo más mayor.

Doy gracias por tanto, y por todo.


Buena mañana de Surf

Playa de Las Redes (Santa Catalina), El Puerto de Santa María, Cádiz.

Playa de Las Redes (Santa Catalina), El Puerto de Santa María, Cádiz.

Ansiaba vivir un momento así desde hacía tiempo. Es lo que más echo de menos a lo largo de mis días en Madrid, poder sentir esa playa, la que me vio crecer. De hecho, alejarme de ella era lo único que me hacía sentir recelo cuando hace años tome la decisión de irme a vivir a Madrid. Son muchas las veces que durante estos años he sentido la falta de pasear por esa arena, de entretener mi mirada frente a ese horizonte, ante esas olas. Hoy ha sido otro de esos días para el recuerdo, de los que no se olvidan jamás. Hacía más de un año que no coincidía con mi hermana en El Puerto, y estas vacaciones ha sido posible estar todos juntos disfrutando de unos días muy agradables. El pasado viernes anduvimos toda la mañana en la playa. El día estaba precioso, soleado, lleno de personas disfrutando de ese idílico escenario. En una misma mañana pude dar rienda suelta a mis anhelos. Me divertí con mi hermana jugando con ella en la playa, como esos dos niños que un día fuimos y no dejamos de ser. Hice que mi mente se perdiera entre los rincones de Santa Catalina, la playa de mis amores, medité y viví ese momento presente como si no existiera otra cosa y, cómo no, me alivié ese ansia de volver a surcar olas.

Volví a dar rienda suelta a ese alma aventurera y henchido de ilusión me vi de nuevo jugando con esas olas, las que tanto echaba de menos y que resultaron ser mejor de lo que esperaba ese día. Estando ahí en el agua no pude evitar emocionarme, y de mi rostro no desapareció una sonrisa incontrolable en toda aquella mañana. Me sentía muy feliz.


Equinoccio de primavera

Los mejores momentos, los más vivos recuerdos, tienen como telón de fondo una bonita primavera.

Muy buena Semana Santa a todos, y feliz equinoccio de primavera. Ya se la echaba de menos. Os quiero.

Playa de La Muralla, El Puerto de Santa María (Cádiz)


Papá

Desde pequeño he sentido cómo has depositado siempre en tus hijos toda tu esperanza y tus mayores ilusiones. Pocas cosas me hacen sentir tan henchido de felicidad como cuando me dices lo orgulloso que te sientes de mí. Has sido y eres, madre y padre al mismo tiempo. Toda una proeza. Es por eso que mi esperanza siempre la encuentro en el calor y la fuerza de tus abrazos. Soy yo el que se siente orgulloso de ti, de tenerte como padre, de ser tu hijo. Gracias por sacarme adelante, gracias por tanto, y por todo. Te amo, papá.

Aún te sigo viendo como aquél gigante que de niño me sostenía entre sus brazos.

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Cadizfornia. Nostalgia y otras cosas

Yo era un niño en 1994. Acababa de hacer la primera comunión. Cuando me he referido a la década de los 90, en muchas ocasiones he manifestado lo mucho que me hubiera gustado vivirla pero con la edad de ahora. Quizás tenga nostalgia de una vida que nunca viví. La colorida década de los 90, aquellos maravillosos años en los que cada día parecía surgir algo nuevo. Los 80 y 90 fueron años de cambio, en el que el mundo, al unísono, parecía ir al mismo compás. La sociedad era un barco que iba a toda máquina. No me detendré más en esto, pues no es el objeto de esta nueva entrada que os traigo a continuación. Pero me complace saber que pude vivirla, que los 90 fueron el decorado que formara la puesta en escena de mi infancia. Qué grandes recuerdos, qué momentos. Todos, como si fueran ayer. Algunos dicen que la nostalgia es síntoma de insatisfacción con la vida que uno lleva en la actualidad. Yo no podría estar más en desacuerdo. No tiene nada que ver en mi opinión. 

Este video me viene que ni pintado para lo que quiero contar en este nuevo post. Hace bastante le di su hueco en Anhelarium en una de mis innumerables entradas sobre AOR, pero hoy lo traigo a colación no exclusivamente por el aspecto musical. Pero eso no quita para que lo presente brevemente, pues lo merece. La canción que suena en este vídeo pertenece a Alex De La Nuez, un cantautor madrileño que en 1994 triunfaba en las emisoras de radio gracias a esta versión del tema Give It Up del grupo Steve Miller Band. Para mi gusto, la versión del madrileño supera al tema original por su enérgica melodía y pegadizo estribillo. Pero la canción viene acompañada de unas escenas muy veraniegas que forman parte de varios spots publicitarios de la marca de refrescos KAS. Esta marca de refrescos era originaria de Vitoria (País Vasco, España), pero a finales de 1992, Pepsi se haría con la marca con la intención de comercializarla por todo el mundo. De ahí que en el vídeo, que servía a su vez como videoclip para dicha canción, podamos observar escenas al más puro estilo de vida californiano. Y ahí es donde quiero llegar.

Tanto la canción como el video me han acompañado a lo largo de mi vida. Me remolcan hacia una época muy añorada, a unos días que mantengo muy vivos en el recuerdo. La canción, como tantas otras, puso música a una etapa muy importante de mi vida, haciéndola aún más inmortal en mi memoria. Y el vídeo, refleja a la perfección el estilo de vida de aquellos años. El video parece un pequeño reportaje sobre esos años y lo que llegaron a ser. Y no porque en esos días todo fuera sol, playa y chicas guapas, para nada, sino por las vibraciones que transmite, la manera en que está hecho. No pecaré de exagerado si digo que todo lo que salía en esos años (televisión, música…) llevaba impregnado una gran carga de color y buena energía. El video es sólo una muestra más de cómo era esa época, cómo se vivía y de qué manera se transmitía. Poco se encuentra algo así hoy día.

Pero sí encontraba similitudes entre ese vídeo y mis días de aquella añorada época. Como ocurre en la actualidad. Es por eso que me marcó tanto, y es por eso mismo que se me dispara la nostalgia cuando veo este u otro vídeo de esos años. No olvidemos que es un vídeo de puro marketing y que a comienzos de la década de los 90 era el boom de las series americanas en España, sobre todo esas series de instituto como Salvados por la campana, Sensación de vivir o más tarde California Dreams. Todas ellas marcaron nuestra infancia y a mí particular y especialmente. En estas series se reverberaba la forma y el estilo de vida californiana, haciendo que me sintiera muy identificado. Yo no me crié en California, y El Puerto de Santa María dista mucho de ciudades como Los Angeles o Beverly Hills. Pero he tenido la gran suerte de nacer en La Costa de la Luz, la provincia de Cádiz destaca por su turismo y sus playas poco tienen que envidiarles a las del oeste de Estados Unidos. Me crié en una casa en la playa, y la playa se transformó en el escenario de mi vida. Mi colegio estaba también frente a la playa, tanto que en invierno nuestro patio de recreo se inundaba y se cortaban las clases por unos días. Estamos en alerta roja, decían los profesores. Además, cerca de casa aún sigue estando uno de mis sitios favoritos, el Diner 24h, decorado al estilo americano de los años 50, donde ponen las mejores pizzas de la ciudad. Justo en frente, una de las mayores y más conocidas tiendas de Harley Davidson de la provincia. Y al lado, los mejores helados, los de la Baskin Robbins. Para más seña, en mi ciudad siempre ha habido mucha presencia norteamericana por la base militar que hay cercana. No, no vivía en California, pero lo parecía.

Es por eso que desde pequeño me he sentido identificado con ese estilo de vida californiana. Un estilo de vida que siempre he sabido valorar, y ahora mucho más desde que vivo en Madrid. No solo por mi infancia, pues durante mi adolescencia y toda mi vida, he estado rodeado de esa calidad de vida que ofrece el lugar de donde vengo. Como aquella tarde que cambiamos las clases por el surf, la playa ha vertebrado el estilo de vida que he llevado durante muchos años. La playa era mi jardín cuando apenas aprendí a caminar, ha sido y es el lugar preferido de reunión con amigos y familiares. La playa ha sido el marco en el que han tenido lugar muchas de las más importantes escenas de mi vida.

Para los que somos de allí, es nuestra California particular, nuestra Cadizfornia, como a muchos nos gusta llamarla. Pero a todo este rollo californiano súmale los encantos que tiene Cádiz y sus ciudades, la identidad de mi tierra, su gente, sus rincones, sus paisajes. Todo lo yankee entonces queda en una anécdota. Cádiz, tierra trimilenaria, bañada en sal y en siglos de historia. Sinceramente, no hay lugar mejor.

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Playa de Vistahermosa. El Puerto de Santa Maria, Cádiz.


25 años después

Verano de 1988 y verano de 2013. 25 años después, mi hermanita y yo fuimos al mismo lugar para rendir nuestro particular homenaje a esta dulce foto de nuestra infancia, de aquella tarde en la que perdí mi zapatito. La que ha sido y es mi hermana, mi amiga y mi madre, es y será por siempre, la niña de mis ojos. Te quiero, Desirèe 😉

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Ni hace aún un año y un año va a hacer…

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…De aquella tarde en la que sintiera tanta alegría y orgullo por encontrarme conmigo mismo en aquel paseo tras esa etapa algo túrbida. De ese momento en el que me miré a los ojos, esos rebosantes de ilusión y me abracé con cariño. De aquella tarde en la que me encontré y de emoción lloré conmigo, en la que tropecé con mi ilusión, la de un muchacho muy joven y esperanzado que me animaba a seguir adelante. No. Ni hace aún un año y un año va a hacer. Y pareciendo que fuera ayer, desde entonces no he dejado de verme. No he dudado un segundo en acudir a mí para preguntarle a ese chico cómo de bien lo estoy haciendo, a lo que siempre me contesta con sonrisas y miradas de acogimiento. No sentiría jamás tanta complicidad.

Magia de la de los libros de cuentos
Gracias por otro año más
30 diciembre, 2014
27 diciembre, 2013

Ahora tan sólo sigo este ritmo acompasado como mejor sé, viviendo como si a morir fuera mañana, teniendo clara la idea de que la vida es ahora, y sólo ahora. Porque los proyectos de futuro son buenos, pero preocuparte y sufrir por ello es nefasto. Porque la vida es esto que está pasando ahora mientras te obcecas en pensar en el mañana. Sé muy bien de lo que hablo. Tuve que aprender a no pensar. Aprender a destrozar todo ese maldito pensamiento estructural que tanto me deterioraba. Me he sentido perdido. No sabía qué hacer ni a dónde me dirigía. Me sentía fracasado. He sufrido por cada intento fallido, me he visto frustrado, como un juguete roto. Pero aprendí, pues para eso estamos aquí, para aprender. Aprendí que poseo todas las virtudes para ser feliz y que mis carencias no significan que mi vida sea pobre o triste. Tengo todo lo que necesito para ser feliz, siempre lo he tenido. Me sacudí, me desprendí de toda energía negativa y ahí seguía el camino, cuesta arriba. Pero esta vez ya no miraba la cima, ahora me centraba en escuchar el fuerte sonido de mis pisadas.

No fue hasta ese momento cuando comencé a atisbar toda esa confianza que pareció desaparecer. Regresó la ilusión, y la fe en mí tornó más sólida que nunca. Henchido de confianza logré la tranquilidad que había perdido, reemprendí el camino con más fuerza de la que había puesto al comenzar. Y ha sido al lograr estar en este estadio cuando he podido dar forma, de la manera más sana y temperamental posible, a un proyecto de vida. Soy feliz porque sólo tengo que mirarme para saber que tengo todo lo que necesito para seguir hacia delante.

No necesitas nada de nadie y de nada más. Eres todo lo que eres, todo lo que necesitas, y estando bien contigo mismo, todo llega a su momento. FELIZ NAVIDAD Y FELIZ 2016, AMIGOS MÍOS. DISFRUTAD Y CONTENTAOS DE LA COMPAÑÍA DE LOS VUESTROS NO SÓLO EN ESTAS FECHAS, SINO SIEMPRE. SED FELICES.

 


Gracias por todo, pequeña.

Lloramos lágrimas de tristeza por tu pérdida, querida amiga. Pero nos consuela saber que allá donde estés, seguirás siendo lo juguetona y alegre que siempre has sido, porque a veces llegar a casa y sentir tu cariño y entusiasmo era el mejor bálsamo. Gracias por estos casi 16 años de ternura, de compañía y amor incondicional. Por muy viejita que fueras, querida amiga, ni un solo día perdiste tus habilidades para comunicar tu alegría y tu amor hacia nosotros.

Ahora corretea entre todas esas nubes, persigue todas esas estrellas, y conviértete en una de ellas.

Hasta pronto, Falla.