Música

Bruce Springsteen – The Wild, the Innocent and the E Street Shuffle [1973]

Segundo trabajo del Boss. En este disco se aprecia como el jefe se nos aleja del sonido Folk y se adentra en los recodos del Rhythm and Blues, en gran parte, provocado por la unión del cantautor con la ya archiconocida E Street Band. The Wild, the Innocent and the E Street Shuffle contiene clásicos temas como Rosalita, uno de los temas más celebrados por el público en los conciertos de Bruce Springsteen, y también Kitty’s Back, New York City Serenade o 4Th Of July, Asbury Park.

Estamos ante un buen disco que sin llegar a ser tan portentoso como obras posteriores, muestra una tremenda calidad y sobre todo, fue un disco que coronó en su día a Bruce como uno de los mejores compositores del momento. Porque estamos ante un disco de canciones totalmente excepcionales, muy elaboradas, temas adornados con muy buenos solos de guitarra, una música de ritmos agitados y muy melódicos.  Un cóctel musical que combina gamberras guitarras, un saxo que suena como si lo tocara el mismísimo demonio, un piano y unos teclados que le dan un toque melódico magistral y sobre todo, unos buenos coros que acompañan la cada vez más potente voz de Bruce.

Encontramos en este disco temas ideales para poner a todo trapo en un guateque, temas super rockeros como Rosalita o canciones más personales, como Incident On 57Th Street o Wild Billy’s Circus Story, donde Bruce nos deleita con esas letras, estrofas donde se narran historias reales, una manera fabulosa de hacer música de la anécdota más simple. El potencial que emana de este disco es enorme y no es de extrañar que posteriormente llegaran trabajos tan sensacionales como Burn To Run, Nebraska, Born In The U.S.A, Tunner Of Love o The River.


Bruce Springsteen – Greetings from Asbury Park, N.J [1973]

2 de mayo de 1972, Oficinas de Columbia Records, Nueva York. Un jovencísimo Bruce Springsteen y su mánager Mike Apple, se citan con el que es el mayor cazatalentos del momento, el ejecutivo musical John Hammond, productor de grandes artistas como Bob Dylan o Aretha Franklin. Bruce estaba nervioso, viajó durante horas con una guitarra sin funda que le había prestado un amigo, sabía que ese día lo marcaría de por vida, para bien o para mal. Sin embargo, al señor Apple no le tembló el pulso, ni la lengua, porque al entrar en los estudios de Hammond éste, con toda la poca vergüenza, le estrechó la mano a prestigioso productor y le soltó: “Eres el tipo que descubrió a Bob Dylan, ¿verdad? Bien, porque queremos saber si eso fue suerte o si realmente tienes oído” Imaginaos la cara del pobre Bruce. Aunque más me gustaría saber qué cara puso el propio Hammond ante la altanería del amigo Apple.

Tras un tenso momento, el joven Springsteen cantó It´s Hard To Be A Saint In The City y Growin´Up. Es de suponer que a Hammond se le volvió a cambiar la cara, esta vez para bien, porque el productor de Bob Dylan, tras escuchar a Bruce le instó a fichar por Columbia Records y a comenzar a grabar justo al día siguiente. En ese momento comenzó todo, una soleada mañana del 2 de mayo de 1972, ese día fue el punto de partida, fue el día en el que Bruce Springsteen pasaría a convertirse en uno de los mayores artistas de este planeta.

¿Qué os puedo contar de Bruce Springsteen? ¿Qué puedo decir en pocas palabras sobre este gran artista, probablemente el mayor artista musical que haya salido de los Estados Unidos? Cuando decidí adentrarme en la discografía de este genio de la música, creí que sus primeros discos, pertenecientes a la década de los setenta, apenas me dirían nada. Siempre he respetado a los grupos de aquellos años, porque gracias a ellos, a su música, podemos disfrutar de la inmensa cantidad de grupos y discos que les prosiguieron.  Fue en esos años donde se abrió la veda, donde comenzó la verdadera eclosión del Rock puro Rock. Pero, los que me conocen saben la opinión que personalmente tengo de la mayoría de los temas rockeros de la época. Son pocos los discos y canciones setenteras que realmente me encandilan. Con el debido respeto, siempre he dicho que el Rock de los años setenta me parece un tanto vacío, falto de chispa, como algo que, al menos para mí, no termina de arrancar. Por eso los primeros discos de Deep Purple o Judas Priest entre otros grupos, nunca me entusiasman del todo. Pero qué digo… ¡Era el comienzo! Al Rock se le estaba dando forma, era un diamante en bruto, un diamante al que se le estaba sacando brillo.

Pero con Bruce Springsteen todo es distinto, por eso os he soltado esta parrafada. Porque cuando comencé con su disco debut, un disco que en principio pasó desapercibido en esos días, vendiendo menos de veinte mil copias en su primer año, noté cómo no había nada de ese Rock tan típico de los setenta, ese Rock tenía algo único, especial, un Rock totalmente diferente, peculiar. La música de aquel joven llamado Bruce Springsteen estaba envuelta en un sonido particular, una música propia, unas melodías totalmente privativas. Esa música tenía un sello especial, tenía la impresión de un músico excepcional, sus canciones llevaban la excelente marca de un joven de Nueva Jersey, de tan sólo 22 años de edad. La música de Bruce Springsteen ya no pararía.  Había nacido una estrella que ahora es leyenda viva.

Este disco contiene temas que con el paso de los años se convirtieron en auténticos clásicos, canciones como Growin’ Up, Mary Queen of Arkansas, Spirit in the Night, Does This Bus Stop at 82nd Street?, For You o It’s Hard to Be a Saint in the City.

En Greetings from Asbury Park, N.J. encontramos canciones que nos hablan sobre los primeros años de Bruce en la costa de Nueva Jersey, el paseo marítimo de Asbury Park y su preciosa playa, su gente, el ambiente en sus calles, los atardeceres, sus composiciones son odas al amor adolescente, a los sueños de la juventud, a las incansables andanzas de unos corazones jóvenes  y cargados de ilusión.

Desde que me sumergí en la discografía de Bruce Springsteen, no he querido apartarme de su música, no he dejado de palpar esa particular atmósfera que impregna sus canciones. Bruce Springsteen ha pasado a ser uno de mis artistas favoritos. Desde la primera vez que me deleité con su música supe que Springsteen tendría que formar parte de la banda sonora de mi vida. Su música jamás dejará de acompañarme allá donde vaya.

¡Gracias, Bruce!


¡Gracias Power Rangers!

A veces soñaba con ser el ranger rojo, otras veces el verde, y por último, soñaba ser el blanco, el White Ranger. Todos queríamos ser él. Tan majestuoso, tan imbatible, el líder perfecto para este grupo de superhéroes. Qué largos y buenos eran esos momentos en los que en el jardín de mi casa jugábamos a ser unos Power Rangers y gritábamos eso de: ¡A metamorforsearse!  Tuve la suerte de pasar mi infancia en aquellos años de la década de los noventa. Los Power Rangers marcaron a millones de niños, y así han hecho generación tras generación, porque los rangers fueron evolucionando, nuevos actores, nuevos trajes, nuevos poderes, nuevos nombres, nuevos enemigos. Pero, con todos mis respetos, como los primeros nada de nada, esos eran los auténticos, los que más pasiones levantaron. Quien no haya vivido esos años y con esa edad, no puede comprender lo que para muchos niños significaron esos héroes.

Yo, gracias a los Power Rangers, no sólo he pasado muy buenos momentos de mi infancia. No sólo recuerdo esos maravillosos e irrepetibles años. No sólo es una clásica y mítica serie infantil que me trae a la mente una buena época. Los Power Rangers me brindaron más que buenos momentos e inolvidables recuerdos. Ellos significan algo más para mí, pues los Power Rangers me mostraron algo más que dar patadas voladoras y combatir a los malos. Gracias a ellos, disfruté enormemente de algo nuevo, algo que por aquél entonces no sabía qué era,  se me abrió una puerta más, una que me ayudaba a imaginar mejor, a sentir mejor mis sueños, a vivir con más placidez. Seguid leyendo si queréis, y sabréis por qué…

Supongo que los que me conocéis bien ya os habréis hecho una idea. Era tal mi fascinación por esta enorme canción que ansioso le pedí a mi madre que por favor me comprara la cinta de la banda sonora de la película. Era verano de 1995 y había ido al cine a verla con un amigo de la infancia y su hermano. Recuerdo perfectamente que, aún con las luces encendidas y la sala de cine aún por llenar, ya estábamos ansiosos por ver la película, queríamos que empezara ya. Estuve con los ojos como platos durante toda la película, emocionado, impresionado, pero fue al final de la misma cuando conseguí excitarme aún más. Justo en la escena final, mientras los Power Rangers disfrutaban de una fiesta con espectáculo pirotécnico incluido, fue en ese instante cuando sonó el tema de Van Halen, Dreams. Una canción que pertenece al álbum 5150, publicado curiosamente justo el año en que nací, 1986. Tras tanta escena cargada de acción y momentos épicos, llegó una escena final cargada de emoción, con cierto toque melancólico y sobre todo, una escena brillante de energía y fuerza. Quedé totalmente prendado…

Fue ahí cuando todo comenzó, aún yo sin saberlo, fue ahí cuando me convertí en un melómano. Porque cuando regresamos de comprar el cassette con las canciones que formaban la banda sonora de la película, sin pensarlo me fui a la cara b de la misma, y rebobinando con afán, buscaba escuchar de nuevo esa canción. A los pocos días de ver la película, no me separaba de mi radio cassette rojo chillón, uno con pequeño micrófono amarillo incorporado para hacer karaoke y unas teclas del mismo color. Iba a todos lados con ese loro, mi loro, escuchando una y otra vez, una y otra vez, ese tema de Van Halen, uno de los mejores temas AOR que puedas escuchar, un tema que recoge a la perfección la pura esencia del Rock melódico.

No creáis que sabía lo que estaba escuchando, no, yo por aquél entonces no sabía nada de música, no tenía ni tan siquiera interés por saber qué músicos o qué grupo estaba detrás de esa canción, sólo sabía que amaba esa canción, que me ayudaba a soñar, ayudaba a que mis días fueran más felices, puso música a mi vida. Muchas fueron las canciones que cantaba en mi infancia y que adoraba escuchar, pero ésta fue la primera que me marcó profundamente.

Con el paso de los años dejé de escucharla aunque nunca salió de mi cabeza. Fue con quince años cuando comencé a sentir curiosidad por la música, en especial por el Heavy Metal y fue ahí cuando comenzó ese proceso, ahí fue cuando esa melomanía durmiente comenzaba a despertar. Como muchos adolescentes, comencé escuchando los acordes más duros del Rock, mucho Thrash, mucho Power y mucho Heavy Metal. Y con veintiún años, ya anhelaba escuchar otros estilos de Rock. Fue entonces cuando conocí los recodos más melódicos de este género musical, es ahí cuando rescaté aquella canción de Van Halen y comencé a indagar en estas melodías tan anímicas y alegres. Fue ahí cuando me enamoré del AOR y el Hard melódico.

Por supuesto, mención especial también para el tema oficial de la serie, la que abría y cerraba cada episodio y que todos los que fuimos niños en aquella época recordaremos con mucho cariño. ¡Puro Power Metal!

GO, GO,  POWER RANGERS!!