Prima Vera
Me preguntaba el otro día camino a la Universidad, cual es el motivo de mi felicidad cuando llega este tiempo. El porqué de tanto optimismo. Bueno, es lógico pensar que a todo el mundo le agrada la llegada de la primavera, es sinónimo de buen tiempo, llega la luz y el color a nuestros días. A todo el mundo le complace que los días sean más largos, decir adiós al frío y salir a la calle con poca ropa. La llegada de la primavera es señal de que el curso está acabando y las vacaciones de verano están a la vuelta de la esquina. Pero en mi opinión es mucho más que eso. A ello añado la carga emotiva, los buenos recuerdos. Sin dudarlo, en mi vida, mis mejores momentos siempre han tenido lugar a partir de estas fechas. Pero añado más. Recuerdo cuando era pequeño y estaba en primaria. Rememoro con mucha ternura cuando, siempre a comienzos de la tercera evaluación, cuando ya le habíamos dado la bienvenida a la primavera –y más adelante os contaré cómo lo hacíamos–, el colegio siempre organizaba excursiones varias y todo tipo de actividades extraescolares. Como la mayoría de los colegios hacen, supongo. Las excursiones siempre eran las mismas, todos los años a los mismos sitios. Eso nos daba igual. Porque cuando estabas en clase y el profesor anunciaba la oportuna excursión, todos nos poníamos locos de contento. Y la noche antes de la misma, me acuerdo de esos nervios por saber que al día siguiente no teníamos clase, sino que teníamos todo un largo día por delante para disfrutar con los compañeros. Esos días eran los únicos en los que no me incordiaba madrugar, es más, me levantaba el primero.
Pero había algo que igualmente repetíamos cada año y eran las guerras de globos de agua. Esa era nuestra peculiar manera de dar la bienvenida a la primavera. Nuestro profesor, ese al que llamábamos El Piru, era el encargado de citarnos a todos a mediodía en el patio del colegio y de darnos a cada uno una considerable munición de globos que ya nos encargábamos nosotros de llenar en los grifos de cada una de las fuentes. Acabábamos empapados, pero con una risa imborrable en nuestros rostros de niño. Quizá sea ese el motivo por el que al llegar este tiempo me siento tan vivificado, tan ilusionado. Asocio la primavera a lo mejor de esta vida. ¡Ni que en invierno estuviera triste! ¡Para nada! Pero para mí es inevitable y es una de las sensaciones más gratificantes. Podría enumerar todos los recuerdos y cosas que asocio a este tiempo. Escribiría pues durante horas.
Los últimos exámenes, los partidos de futbol hasta bien entrada la tarde, las nuevas camisetas de manga corta, los primeros baños en nuestra piscina. Todo conformaba el preámbulo del buen verano que estaba por llegar. Son tantas y tantas las cosas que a la llegada de la primavera me marcaban de pequeño… Todo era entusiasmo para mí. Y lo sigue siendo. Nada ha cambiado. Sigo siendo aquel niño que al levantarse cada día, cuando no ve la noche oscura que dejó atrás al meterse en la cama y cerrar los ojos, sino que ve un radiante amanecer, se le enciende el espíritu. Son días de nostalgia y de rebosante energía. Un tiempo que me resulta balsámico, que me alienta a dar lo mejor de mí, pues lo mejor está por llegar.
Bienvenida seas, brillante primavera, una vez más.
Magia de la de los libros de cuentos

Playa de Vistahermosa (El Puerto de Santa María, Cádiz). Foto tomada con smartphone.
Tras haber disfrutado de una inconmensurable puesta de sol, donde de nuevo me sentí complacido por poder vivir una vez más algo tan puro y bello, en quietud y paz, mis pies echaron a caminar. Me llevaron donde quisieron, pues yo no marqué el rumbo en ningún momento. Caminaba, respiraba aire puro, me sentía tranquilo, ligero, vivo. Observaba y apreciaba con esmero todo lo que me rodeaba. Desde la nube más lejana, al árbol más cercano. Mis pies seguían caminando y era consciente de cada paso que daba. Estaba alegrándome del momento, de ese preciso momento. Miraba al frente, que era donde tenía que mirar. Pero de vez en cuando echaba la vista atrás, pues en ocasiones es inevitable no atisbar algo que te inunde de recuerdos, añorados o tristes. De los últimos consigo escabullirme con facilidad, los esquivo, aprendí a hacerlo con soltura, y si son de los malos, de los que me rememoran errores, tajante los ciego. Porque si eso decidí, por mal que me fuera, eso que aprendí, sobre todo sí me pareció que era lo correcto, pues eso ya fue razón suficiente. Pero de los otros, de esos que te despiertan un gesto de nostalgia y una sonrisa complaciente, les abro mi mente cual anfitrión y dejo que pasen y tomen asiento por unos instantes.
Eso es magia, amigos míos, magia de la de los libros de cuentos. Porque con ello era testigo del paso del tiempo y de esa celeridad, esa que nos hace parecer que todo fue ayer y lo mucho que todo cambia. El tiempo, eso que nos recuerda a cada instante que la vida puede ser un placer o un infortunio, pero que siempre se acaba. Y poco a poco, como invitados que llegan a una fiesta, evoqué todo tipo de requiebros, de instantes y momentos llenos de afecto, terneza, entusiasmo y risa, mucha risa. Y así fue como, entre toda esa miscelánea, atisbé al Álvaro de Ayer. Logré verlo entre el gentío. Qué distinto lo vi. Me acerqué a él, le saludé y con cariño le abracé. En seguida me sentí conmovido y encandilado, pues logró transmitirme toda ilusión y ánimo. Ese Álvaro estaba henchido de deseo, de confianza y fe. Ansiaba saber de él, que me hablara, que me dijera lo que sentía. Así, le pregunté con cariño qué piensa del Álvaro de Ahora, de éste que con anhelo le mira y abraza. Fue entonces cuando me contestó, mirándome atentamente a los ojos y con una gran sonrisa dibujada en su rostro, lo encantado y orgulloso que se siente. Lo dichoso y afortunado que es por saber hasta dónde ha llegado, por ver quién es, lo que ha conseguido y todo lo que ha aprendido y vivido. Me devolvió el abrazo con esmero, me dio las gracias con afán y mientras asomaba alguna lágrima me dijo que somos algo más de lo que a ambos nos une, me dijo que siguiera adelante, que mirara sólo hacia atrás para tomar aliento, pues ahí estaría él siempre para recordarme lo que importo, lo que tengo y lo que verdaderamente soy.
Y así es como seguí mi camino, moviéndome con la sutil certeza de quienes saben muchas cosas.
Os deseo de todo corazón un feliz año 2015, un año en el que sigáis creciendo, amando, riendo y viviendo. No os preocupéis por el futuro, pues aún no existe y todo llega si así lo queréis.
Mi incursión en las ondas
Hace años hice un podcast y lo publiqué aquí mismo en Anhelarium. Me maravilló la idea de poder crear un nuevo soporte en el que seguir compartiendo mis gustos con los demás. No salió como esperaba, y me desanimé. Borré el primer y único programa y decidí dejarlo para más adelante. Aún no he retomado la idea de volver a dar vida a uno y la falta de tiempo hace que realmente me sea imposible llevarlo a cabo. Pero lo que sí que llevo haciendo desde hace un tiempo es participar de muy buena gana y con mucha ilusión en el programa de mi amigo Salva, Noches de Miedo. Desde aquí quiero agradecerle la oportunidad que me da de colaborar en un proyecto tan importante para él a título personal y por dejar que pueda explorar una nueva faceta con la que coqueteé en su día, poder adentrarme poco a poco en esto de los programas de radio, pues se ha convertido en una nueva afición para mí.
Todo comenzó cuando, a finales del curso pasado y prácticamente de casualidad, conocí un programa mediante la plataforma Ivoox que trataba de sucesos paranormales. Era un programa peculiar por la cercanía y desenfado que transmitía. Estamos acostumbrados a que los programas que versan sobre el misterio y lo paranormal seas en ocasiones muy serios y formales. Pero escuchar Frecuencia Fantasma era como estar con los amigos, alrededor de una hoguera, compartiendo historias de miedo. Y es que esa era la idea principal del programa, dar voz a todas aquellas personas que han tenido algún tipo de experiencia con el misterio y lo inexplicable y trasmitirlo de una forma natural, espontánea y con cierto desparpajo.
Para mí, encontrar este programa fue un auténtico bálsamo. Estaba bastante saturado por los exámenes finales del curso y con Frecuencia Fantasma conseguía desconectar, evadirme. Caía la noche y yo caía rendido en la cama, y con este programa podía olvidarme de los estudios por un buen rato. Tanto me gustó el programa que en muchas ocasiones escribí comentarios de agradecimiento, comentarios que Salva leía y con entusiasmo contestaba. Y así fue como le conocí y con el tiempo acabara forjando una sincera amistad con él. Frecuencia Fantasma terminó logrando obtener un éxito considerable, recibiendo muchísimas escuchas y descargas y una muy buena opinión por parte de los oyentes. A finales de verano Salva me propuso participar en su nuevo programa, Noches de Miedo, donde hablaría de todas aquellas películas de género de terror que fueran destacables. No lo dudé y acepté encantado.
De esta forma, ya he participado en varios de sus programas, el último de ellos, dedicado a la enigmática y mágica noche de Halloween. Podéis escuchar los programas de Noches de Miedo en esta dirección. A continuación, paso a colocar los audios de los programas en los que participo.
Y una vez más, muchas gracias Salva por entretenernos con tan buenos programas y en particular, por darme la oportunidad de expresarme en una nueva plataforma y poder dar rienda suelta a mi creatividad en una nueva dimensión.


































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