Personal

Los mejores días de mi vida

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Playa de Santa Catalina, Vistahermosa. El Puerto de Santa María (Cádiz)

Reímos, amigo mío, las ventanillas de tu viejo coche rojo están bajadas y el viento nos da en la cara. La música está a todo volumen. Cruzamos miradas de auténtica complicidad y nos seguimos riendo. Disfrutamos el instante, cualquiera que sea ese instante. Nos regocijamos en esa rara libertad que uno siente en esos días de verano, donde sentimos que todo lo malo ha quedado atrás, donde el pasado no existe, esa libertad que nos hace ansiar el vivir lo mejor posible ese mismo instante, nuestro presente, este nuestro verano. Pisa el acelerador amigo, sube el volumen y vayamos dónde queramos.

Me despertaba aquellas mañanas de aquellos largos veranos con el aroma a jardín recién cortado. Ese aroma es siempre embriagador. Y ese jardín. ¿Qué te puedo yo decir de ese jardín, si ha sido el escenario de mi infancia? De él te puedo decir todo y nada en pocas palabras. Hoy día, ese jardín ya no existe, ya no me revuelco en su hierba, pero ese olor, esas radiantes y soleadas mañanas, esos momentos, quedan siempre en mi memoria y ésta las rescata cuando me despierto en las mañanas de verano  con media sonrisa en mi rostro, como aquél niño.

Vuelvo a disfrutar de un divertido baño en la playa con mi querida hermana. Volvemos a tomarnos de la mano como cuando éramos niños y juntos nos dejamos embestir por las olas juguetonas. Cuando éramos niños, ¿y cuándo hemos dejado de serlo, hermanita? Si te miro y aún veo a esa niña sonriente de cabellos rizados recogiendo conchitas en la orilla…

Nos pasábamos las noches en vela, dando largos paseos o mirando tumbados las estrellas y contando divertidas anécdotas e historias de terror. Ahora las noches las pasamos igual, con la mente un tanto nublada, cual crápulas, pero seguimos contando historias, algunas divertidas y otras no tanto, porque hay tiempo para el desahogo, las confesiones, la risa y los llantos. Cualquier sitio nos sirve para charlar hasta las tantas, lo único que queremos es estar juntos el mayor tiempo posible. Nuestra compañía lo es todo.

Cruzo miradas que hablan de amores imposibles, saboreo noctámbulo los pequeños placeres de la vida, respiro, por cada mirada va un suspiro, y cada roce sacude mis sentidos. Miro, siento, contemplo, recuerdo con nostalgia y miro al frente con ilusión. Los días me abrazan con cariño, me hacen ser de nuevo aquel niño de divertidos hoyuelos, las tardes me calman, me muestro contemplativo y las noches, ¡ay madre!, las noches me sonríen con picardía, y como está mandando y es de buen trasnochador, me cuido bien de los pecados, y me cuido bien de ti, y de ti, y de ti. Aquí mando yo, en esta noche mando yo, y no manda más nadie.

No sé qué tienen estos días, que hasta las claras del día son distintas, diferentes. No sé qué decirte, amigo, pronto volverá a ser verano, son los mejores días de mi vida.


¡Gracias Power Rangers!

A veces soñaba con ser el ranger rojo, otras veces el verde, y por último, soñaba ser el blanco, el White Ranger. Todos queríamos ser él. Tan majestuoso, tan imbatible, el líder perfecto para este grupo de superhéroes. Qué largos y buenos eran esos momentos en los que en el jardín de mi casa jugábamos a ser unos Power Rangers y gritábamos eso de: ¡A metamorforsearse!  Tuve la suerte de pasar mi infancia en aquellos años de la década de los noventa. Los Power Rangers marcaron a millones de niños, y así han hecho generación tras generación, porque los rangers fueron evolucionando, nuevos actores, nuevos trajes, nuevos poderes, nuevos nombres, nuevos enemigos. Pero, con todos mis respetos, como los primeros nada de nada, esos eran los auténticos, los que más pasiones levantaron. Quien no haya vivido esos años y con esa edad, no puede comprender lo que para muchos niños significaron esos héroes.

Yo, gracias a los Power Rangers, no sólo he pasado muy buenos momentos de mi infancia. No sólo recuerdo esos maravillosos e irrepetibles años. No sólo es una clásica y mítica serie infantil que me trae a la mente una buena época. Los Power Rangers me brindaron más que buenos momentos e inolvidables recuerdos. Ellos significan algo más para mí, pues los Power Rangers me mostraron algo más que dar patadas voladoras y combatir a los malos. Gracias a ellos, disfruté enormemente de algo nuevo, algo que por aquél entonces no sabía qué era,  se me abrió una puerta más, una que me ayudaba a imaginar mejor, a sentir mejor mis sueños, a vivir con más placidez. Seguid leyendo si queréis, y sabréis por qué…

Supongo que los que me conocéis bien ya os habréis hecho una idea. Era tal mi fascinación por esta enorme canción que ansioso le pedí a mi madre que por favor me comprara la cinta de la banda sonora de la película. Era verano de 1995 y había ido al cine a verla con un amigo de la infancia y su hermano. Recuerdo perfectamente que, aún con las luces encendidas y la sala de cine aún por llenar, ya estábamos ansiosos por ver la película, queríamos que empezara ya. Estuve con los ojos como platos durante toda la película, emocionado, impresionado, pero fue al final de la misma cuando conseguí excitarme aún más. Justo en la escena final, mientras los Power Rangers disfrutaban de una fiesta con espectáculo pirotécnico incluido, fue en ese instante cuando sonó el tema de Van Halen, Dreams. Una canción que pertenece al álbum 5150, publicado curiosamente justo el año en que nací, 1986. Tras tanta escena cargada de acción y momentos épicos, llegó una escena final cargada de emoción, con cierto toque melancólico y sobre todo, una escena brillante de energía y fuerza. Quedé totalmente prendado…

Fue ahí cuando todo comenzó, aún yo sin saberlo, fue ahí cuando me convertí en un melómano. Porque cuando regresamos de comprar el cassette con las canciones que formaban la banda sonora de la película, sin pensarlo me fui a la cara b de la misma, y rebobinando con afán, buscaba escuchar de nuevo esa canción. A los pocos días de ver la película, no me separaba de mi radio cassette rojo chillón, uno con pequeño micrófono amarillo incorporado para hacer karaoke y unas teclas del mismo color. Iba a todos lados con ese loro, mi loro, escuchando una y otra vez, una y otra vez, ese tema de Van Halen, uno de los mejores temas AOR que puedas escuchar, un tema que recoge a la perfección la pura esencia del Rock melódico.

No creáis que sabía lo que estaba escuchando, no, yo por aquél entonces no sabía nada de música, no tenía ni tan siquiera interés por saber qué músicos o qué grupo estaba detrás de esa canción, sólo sabía que amaba esa canción, que me ayudaba a soñar, ayudaba a que mis días fueran más felices, puso música a mi vida. Muchas fueron las canciones que cantaba en mi infancia y que adoraba escuchar, pero ésta fue la primera que me marcó profundamente.

Con el paso de los años dejé de escucharla aunque nunca salió de mi cabeza. Fue con quince años cuando comencé a sentir curiosidad por la música, en especial por el Heavy Metal y fue ahí cuando comenzó ese proceso, ahí fue cuando esa melomanía durmiente comenzaba a despertar. Como muchos adolescentes, comencé escuchando los acordes más duros del Rock, mucho Thrash, mucho Power y mucho Heavy Metal. Y con veintiún años, ya anhelaba escuchar otros estilos de Rock. Fue entonces cuando conocí los recodos más melódicos de este género musical, es ahí cuando rescaté aquella canción de Van Halen y comencé a indagar en estas melodías tan anímicas y alegres. Fue ahí cuando me enamoré del AOR y el Hard melódico.

Por supuesto, mención especial también para el tema oficial de la serie, la que abría y cerraba cada episodio y que todos los que fuimos niños en aquella época recordaremos con mucho cariño. ¡Puro Power Metal!

GO, GO,  POWER RANGERS!!


¡Bienvenida LIA!

¡Bienvenida LIA!

Siempre recordaré este gran verano por muchas cosas buenas que me están pasando, por lo especial que está siendo para mí, pero sobre todo, lo recordaré por ser el verano en el que LIA pasa a formar parte de nuestras vidas. Desde hacía bastante tiempo deseaba disfrutar de la compañía de un gatito, quería incluir un minino en nuestra manada. Y esta misma mañana, sin haberlo planeado y sin necesitar apenas pensarlo más de una vez, hemos decidido mi hermana y yo, con toda nuestra ilusión, adoptar a LIA, una linda gatita de tan sólo dos meses de vida.

Querida LIA, con tu presencia, nos vas a hacer más felices, viviremos mil y una aventura juntos y te aseguro que te lo agradeceremos dándote todo el cariño y la atención que un ser tan maravilloso como tú merece.

¡Bienvenida eres a esta familia, linda gatita!