Personal

¡Os presento mi primera tabla! ¡Espero que os guste!

(Pincha en las imágenes para verlas en grande)

Tipo de tabla y fisionomía

Tras un tiempo utilizando una tabla que muy amablemente Guille me había dejado, ¡por fin tengo mi primera tabla de Surf! ¿Qué os parece? No está mal ¿eh? ¿No tiene un cierto tono andalú con esos colores? Já! El tamaño de tabla es una 7 pies de tipo Evolutiva y de la marca Soul Captive, una tabla técnicamente ideal tanto para expertos como para principiantes. Antes de seguir con las caracteristicas hago un pequeño stop para dar las gracias a Diego González, creador de la marca Soul Captive y de origen uruguayo, el cual ha sido el shaper que ha fabricado esta preciosidad de tabla justo a mi medida. ¡Muchas gracias compañero! Como iba diciendo, estas tablas son más grandes y gruesas que las shortboards y tienen la punta ligeramente redondeada, algo que le da estabilidad y flotabilidad a la vez que también ofrece una maniobrabilidad excelente. Las evolutivas son tablas que hacen más cómoda la remada y por supuesto, permiten surfear las olas desde el primer día. El rocker, es decir, la corvatura de una tabla, en este caso no es demasiado prominente debido a que las tablas con mucho rocker están hechas para olas muy potentes y así girar bruscamente, y no es el caso. En cuanto al borde de la tabla, el canto, es redondeado y la popa de ésta es de tipo squash, la más estandar, una cola cuadrada pero algo más redondeada con lo que se consigue mayor estabilidad en la ola. Lo único que le falta a la tabla es añadirle el Grip para así conseguir un mayor agarre.

Go surfing!

Grandes momentos de surf, playa y olas me esperan con esta maravilla, o al menos, eso es lo que espero yo. A día de hoy, ya entrado en el mes de septiembre, la temporada de verano se da por finalizada y ya podemos ir con más tranquilidad a la playa sabiendo que no vamos a jorobar a ningún bañista. Ahora, y hasta el próximo mes de junio, la playa estará libre de veraneantes y domingueros, disponible y puesta a punto para aquellas personas que verdaderamente valoran estar en en un paraje así y no van sólo por el hecho de que es verano y hay que tostar la piel. Personas que necesitan estar en una playa para poder relajarse, entrar en armonía con ese lugar. Otros pocos sin embargo van con sus cañas de pescar y pasan largas horas contemplando el horizonte.

Pero no obstante, en esas fechas y, dentro del agua, podrás distinguir unas manchas negras que de vez en cuando se mueven astuta y rápidamente. Chicos y chicas enfundandos en esos trajes negros y que practican el que probablemente sea el mejor deporte de todos los tiempos. Si alguna vez los ves, si nos ves, míranos, porque seguro que te entran ganas de probar.

¡Ahora la playa es nuestra!


Cerebro offline

Aquí estoy, en la terraza de mi lugar favorito, tomándome una cerveza fresquita y observando la puesta de sol.

Es una ya vieja costumbre por mi parte venir a este sitio y disfrutar de la buena comida que sirven, venir a compartir con un amigo una buena charla amenizada con unas cervezas o sentarme, pedir una Budweiser y simplemente, hacer lo que estoy haciendo ahora, escribir. Me encanta venir aquí a la fresquita (como se le suele llamar aquí en Cádiz a las últimas horas de la tarde) y escribir sobre lo que sea, lo que me apetezca, lo que me salga, en definitivas cuentas.

Y este es el motivo de este post y su respectivo título; no tengo la más mínima idea de qué escribir. Claro, siempre puedo ponerme un disco, disfrutarlo y luego escribir sobre él (ídem con una peli o un juego) pero eso es lo fácil. Como podéis ver en Anhelarium, aunque lo parezca, no todo es AOR, Hard Melódico o Zombis. Ahora me apetece escribir, sobre muchos temas sobre los que quiero tratar en el blog, como mis añorados años 90, los cuales he mencionado hasta la saciedad aquí en mi página y nunca les he dedicado el tal merecido artículo -que por supuesto, lo haré- o un relato quizás.

Pero nada, NADA es lo que sale de mi mente, mi cerebro está en OFF. Pienso en muchas cosas, mi cerebro identifica muchos asuntos que anhelo pero no termina de arrancar, no los procesa. Es algo que la mayoría conoce como “falta de inspiración”. Pero hey!, ¡que yo inspiración tengo mucha! ¿Por qué ahora no me sale nada entonces? ¿Necesito acaso otra cervecita? Vale, hago una breve pausa para pedirme otra, ahora vuelvo.

Ya está, aquí estoy, con otra birrita más. Ya la tengo a la mitad, me he tomado mi tiempo, estoy a gusto, cómodo y el alcohol empieza a hacerse de notar en mis venas.

NADA, que no arranco coño, no coordino. En mi interior, el cable que debe de conectar los temas que quiero tratar con la manera de cómo tratarlos, no está conectado y el sistema da error. Mientras busco la manera de enchufarlo, aquí me quedo, ya se está yendo el Sol, ¡ah no!, que ya se ha ido. Bueno, yo voy a pedirme otra cerveza más, ¡ya nos leeremos en otra ocasión!

 


Entro en el Surf – El arte de deslizarse sobre las olas

Desde antes de terminar el curso ya rondaba por mi cabeza la idea de crear un buen artículo relacionado con el surf y la posible  manera de enfocarlo. Hace ya más de un año, escribí sobre la que fue mi primera experiencia surfera y desde entonces no he vuelto a tocar el tema, pero ya estoy de vacaciones, me he librado de este pesado y cansino curso que ya ha quedado atrás, eso sí, aprobado todo con notables y sobresalientes y ya puedo centrarme plenamente en mí y en las cosas que me gustan, entre las que se encuentra, el surf.

La idea de adentrarme en el maravilloso mundo del surf nunca se apagaba, desde siempre el surf ha sido un deporte que me ha llamado la atención, pero nunca conseguía dar el paso, supongo que por lo mal que se me dio la primera vez con Gonzalo. Pero de eso ya hacía mucho tiempo, ocho años nada más y nada menos y, entre eso y que este es mi último año aquí en mi ciudad, ya que pronto me voy a vivir a Madrid por temas de estudio (y… vaya vaya allí no hay playa), era el ahora o nunca. Así que el pasado invierno, me lancé de lleno, pasé horas y horas frente al ordenador, navegando sin rumbo fijo por todas las webs relacionadas con este deporte, viendo muchos videos por la red y sobre todo empapándome de todos esos consejos para principiantes que encontraba en numerosos web/blogs. Pero lo más importante es que el pasado mes de marzo me apunté a un curso de surf, ya no había marcha atrás, por fin iba a dedicarle el tiempo necesario a este deporte que de una vez por todas, ya tenía entre manos.

El Día D

Mes de marzo. Acababa de hablar por teléfono con Guillermo, un simpático argentino, el encargado de enseñarme surf durante unas semanas y con el que había quedado para empezar a tomar las clases para el día siguiente. Contacté con él gracias a un anuncio de internet en una conocida página web en la que éste se ofrecía para impartir clases de surf. El día antes, a pesar de que Guille me comentó que tenía varias neoprenos, fui a comprarme uno, y es que ya saben, los neoprenos son muy ajustados, no sé, pero la idea de ponerme prendas de ese tipo y que han sido usadas por otras personas, por muy lavadas que estén, me da mucha tericia, soy muy repipi para esas cosas, además tenía ganas (e ilusión) de tener uno propio.

A la mañana siguiente me desperté temprano, se notaba que marzo se estaba despidiendo y que pronto llegaría el buen tiempo ya que el día amaneció despejado y muy soleado. Había quedado en la playa con Guillermo a las ocho y media y allí me presenté, un tanto nervioso, no voy a negarlo, pero también excitado, contento con lo que estaba a punto de hacer. Y eso es muy bueno, para aprender a hacer algo hay que tener muchas ganas sobre ello y sobre todo, mucha ilusión.

Tras haberme explicado las nociones básicas en cuanto al remado y posicionamiento en la tabla, calentamos un poco antes de entrar en el agua (muy importante hacerlo) y después nos lanzamos como patos, decididos a hacer surf, o al menos eso es lo que yo tenía en mente. Y es que, sin resultar tan patético como aquella primera vez, al principio me resultó algo complejo, sobre todo la remada, algo que a priori parece sencillo, pero he de decir que cuesta mucho y más si uno no está acostumbrado a ejercitar los brazos de esa forma. Resaltar que la remada se hace más fácil o más difícil ya no sólo dependiendo de la fuerza de la persona en cuestión, sino de la tabla a utilizar. En mi caso, como viene a ser lo normal, he empezado con una tabla evolutiva pero no de fibra, sino de poliuretano o de “espuma” como también se les llama, un tabla un tanto pesada y gruesa, algo que sin duda viene bien para que encuentren el equilibrio y se adecuen en la tabla los principiantes pero que en contraposición, dificulta un tanto la remada y la maniobra. Con mi experiencia personal, sin duda veo prescindible el uso de este tipo de tablas, de primeras, recomiendo una tabla evolutiva pero de fibra, en otras palabras, la típica tabla de surf que siempre le veis a los surferos.

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Fuente: Google.es

Mientras remaba hacia dentro tumbado en la tabla (y con la espalda ligeramente erguida, como debe hacerse) sabía que en los días posteriores iba a estar acompañado de unas bonitas agujetas. Y llegó el gran momento, el momento de darse la vuelta, con los pies juntos y con el cuerpo en equilibrio y neutralizado con la tabla, la ola se acercaba y llegaba el momento de cogerla. Quien diga que a la primera se deslizó en la ola, se consiguió poner de pie y la surfeo un tiempo, miente. Yo ni a la primera ni a la segunda ni a la tercera conseguí levantarme en la tabla, siempre acababa de rodillas antes de dar de bruces con el agua. Pero mi afán por aprender a surfear no amainaba, independientemente de cómo tomara la ola, volvía a remar hacia dentro (quizás lo más duro, ya que es lo que más cansa), buscaba la ola idónea y, una vez que la identificaba me iba hacia ella, volvía a posicionarme correctamente en la tabla y de nuevo intentaba agarrarla lo mejor posible. Le dije a Guillermo (intentando no parecer desagradable) que cogiera él su tabla, que dejara de estar varado a mi lado viéndome y que surfeara a mi lado, ya que soy de los típicos que se ponen nervioso si alguien está atentamente mirándome a ver cómo hago lo que estoy haciendo. Y ahí es donde me sentí más a gusto, me venía bien no tener la atenta mirada de nadie y sobre todo, necesitaba ver a alguien surfear (bien) a mi lado, y es que en ese momento, sólo estábamos los dos en el agua, la playa estaba prácticamente vacía, a esas horas y en el mes de marzo, no cabría esperar otra cosa. Eso era algo que agradecía, no me agradaría que mucha gente viera mi inexperiencia en la tabla. Los minutos pasaban y yo estaba cada vez más desahogado y seguro, cada vez estaba más cerca de erguirme en la tabla, en términos técnicos, paulatinamente me iba saliendo mejor la maniobra del Take Off (momento en que se deja de remar acostado sobre la tabla y se pasa a la posición erguida, listos para deslizarse sobre la ola).

Todo esfuerzo tiene su recompensa o eso dicen, por eso cuando terminamos de surfear, ya fue costumbre el subir siempre a la terraza de uno de los bares situados frente a la playa y tomarnos unas cervezas y conversar largo y tendido sobre el surf y todo lo que este grandísimo deporte puede ofrecerte. A la hora de aprender, es importante también escuchar lo que los expertos pueden decirte, consejos, avisos, testimonios, anécdotas, todo ello enriquece el aprendizaje.

Tras muchas olas…

Tuve que abandonar las clases durante un tiempo debido a que pronto llegaron los exámenes finales. Así pues, no fue hasta que finalicé el curso cuando retomé el surf. Pensé que todo lo aprendido se me habría ido, pero en absoluto, esto es como montar en bici, jamás se olvida. Con mucha determinación y sin que en ningún momento cesara el ánimo, lo intentaba una y otra vez. Esto lo digo porque el surf es un deporte que al principio parece duro, es más, lo es, además de tener una buena forma física (y una adecuada salud) hay que ser constante para practicar este deporte, hay mucha gente que a la primera de cambio piensa que el surf no es lo suyo y que deben dedicarse a otra cosa. Pero si verdaderamente te sientes atraído por el fascinante mundo del surf, seguro que no decaes en ningún momento.

Los días pasaban y cada vez me adhería mejor a la tabla. No diré que ya surfeaba en perfectas condiciones, pero sí se me iba dando mucho mejor, conseguía hacer el take off, y en lo que tenía que centrarme (y sigo en ello) es en mantenerme en esa posición y encaramarme durante más tiempo a la ola.

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Fuente: TodoPaisajes.com

 

Constancia

Esa es la clave del éxito, la constancia, o al menos en el surf. A día de hoy, y sobre todo, debido a que estoy de vacaciones completas hasta mediados de septiembre, sigo incrementando mi aprendizaje, me sigo instruyendo y todas las mañanas que se presentan con olas ahí estoy para continuar surfeando. En breve tendré una tabla de fibra echa a mi medida y personalizada, uno de los tantos caprichitos que me voy a dar este verano por haberme esforzado tanto estudiando a lo largo del curso. Cuando la tenga, la presentaré como es debido aquí en Anhelarium.

El surf y la huella que deja en ti

El impacto anímico y espiritual que propicia este deporte en todas aquellas personas que lo practican es imborrable. No se pude ni se podrá jamás explicar con palabras lo que sientes al estar sentado en la tabla, acariciando el mar con tus manos mientras la brisa te besa en la cara, allí, mirando al horizonte, esperando ver llegar la ola que tanto anhelas alcanzar. Un momento contemplativo, un momento místico que embriaga todos tus sentidos.

Desde aquí, agradecer a Guillermo por sus enseñanzas y todas esas buenas horas de surf y también a mi hermana Desirée por alentarme aún más a practicar este deporte. ¡Muchas gracias chicos!

 

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