Personal

Algo para no olvidar jamás

Esperar el tren no siempre es desesperante, aunque depende de la prisa que lleves. La puntualidad es una de las pocas virtudes que tengo, y si, viendo la poca importancia que le da mucha gente al tiempo, llegando tarde a todos lados, creo que la gente que tenemos una hábil  puntualidad inglesa, somos dignos de condecoración. Por lo tanto, el tiempo que uno espera al tren lo puede pasar leyendo, escuchando música, o algo mejor, se puede tomar ese tiempo para reflexionar, pensar, que eso nunca está de más.

Ahí me encontraba yo, como siempre, sentado en ese frio banco con las piernas cruzadas y meditando en lo que iba a hacer, intentando juzgarme a mí mismo de la manera más objetiva, concibiendo más pensamientos, cada cual más agobiante.

Jamás había encontrado la estación tan silenciosa. No pasaba ningún tren y los únicos moradores que daban un poco de vida al lugar éramos tan sólo dos personas. Yo, y un hombre mayor cuyos ronquidos le daban un toque algo cómico a la situación. Qué poca cosa le esperaría en su parada de destino para estar tan tranquilo, tan tranquilo que estaba el sujeto totalmente dormido.

A pesar de ser muy temprano, el sol ya nos daba los buenos días. Hacía una mañana espléndida.  La luz del sol iluminaba mi cara y era reconfortante notar el calor.

Cerré los ojos, estiré mis piernas y me acomodé. Para la llegada del tren aún faltaban algunos minutos.

Pero muy poco duraría ese momento de templanza y tranquilidad. En tan sólo un instante, todo cambio en el momento en que abrí los ojos y dirigí la mirada hacia ella.

Tengo que tener mucho cuidado con lo que voy a decir ahora, porque intentar explicar con palabras cómo era, es algo realmente complicado.

Todo lo que pueda expresar sobre ella, sería prácticamente inútil. Nada de lo que dijera, le haría justicia. Pretender definirla, es como intentar explicarle a en ciego cómo son los colores de todas las cosas que nos rodean.

En todos estos largos años, no he sentido nada igual. En todo este tiempo he observado a numerosas chicas pero jamás, ninguna, y menos en tan poco tiempo, me arrancó tan fieramente el corazón.

Hubiese dado la vida por ella en aquel instante si fuera preciso. Era lo más hermoso que jamás he visto.

A medida que, abstraído, la miraba, ella se acercaba más. Tenía una elegante manera de andar, como si realizara una extraña danza apenas apreciable.

Y ahí la tenía. Sentada a mi lado. No podía dejar de mirarla. No pretendía intimidarla. Me obligué en incontables ocasiones a mirar hacia abajo para no incomodarla. Pero os prometo, que era realmente difícil no hacerlo.

Jamás el sol ilumino tan bella criatura. Sus rubios cabellos brillaban como si tuviesen amanecer propio. Sus ojos, grandes negros como una noche sin estrellas, contrastaban excelentemente con el brillo de su nívea cara.

No sé el tiempo que pasó, pero su belleza retuvo toda mi atención y si no fuera porque ella se levantó, no me hubiese percatado de la llegada del tren. En ese instante, en lo único en que pensaba, era en poder sentarme a su lado. No quería separarme de ella.

Orgulloso estoy de haberlo logrado. Pude sentarme junto a ella. Me sentía como un intruso. Como si ese no fuese mi sitio. Como si le hubiese quitado el trono a un rey y me hubiera sentado al lado de su reina.

No sabía hacia dónde se dirigía, pero deseaba con todas mis fuerzas que el viaje durara el mayor tiempo posible. No quería dejarla, no quería separarme de ella. Podría vivir así eternamente.

A lo largo de todo el monótono trayecto, fugazmente su mirada se cruzaba con la mía, que la tenía perpetuamente puesta en ella. Obligué a mis ojos a contemplarla sin detenimiento.

Era bella miraras desde dónde la miraras. Su cuerpo, su piel, sus manos, la expresión de su rostro. Todo rozaba la perfección.

En cambio mis manos temblaban sudorosas. Más de mil mariposas revoloteaban en mi estómago y un entibiado y leve calor abrazaba todo mi cuerpo.  Su presencia palpó todos mis sentidos dejándome totalmente embelesado. Jamás alguien me hizo sentir así.

Siempre que la miraba intentaba grabar a fuego su rostro en mi mente para no olvidar cómo era jamás. Y os doy mi palabra, que de ningún modo la olvidaré.

Nunca la había visto en mi tren y mucho menos antes. Me di cuenta que no acostumbraba coger ese trayecto ya que no se sabía las paradas y miraba atentamente las paradas una por una, temerosa de que se le pasara la suya. Eso provocó que me invadiera una tristeza enorme, al saber que jamás la volvería a ver, al menos, como la estaba viendo en ese momento, en el mismo tren y sentada justo a mi lado.

Al final llegó su parada. Educadamente me levanté para que pudiera salir y volvimos a mirarnos a los ojos. Deseé sostener su mirada unos segundos más, pero era imposible. Ella se alejó hacia la puerta del tren, y con esa elegante forma de caminar que hacía que su larga melena se balanceara radiante, se bajó.

Fue un momento amargo. A medida que se alejaba, sentía como si mi vida se fuese apagando más y más.

Desde dentro, aún la seguía con la mirada, no soportaba verla marchar. Y entonces, de la manera más inesperada, ella se giró y volvió a mirarme. Con la mirada, me estaba diciendo algo, no sabría deciros qué. Pero yo si le decía lo mucho que deseaba volver a verla. Le decía que por favor, me recordará, por mucho que pasara el tiempo, porque yo nunca me iba a olvidar de ella.

Sin saber apenas su nombre ya os puedo garantizar, que durante ese corto viaje, me hizo feliz, me hizo entristecer, la deseé y la amé.

Durante el resto del día no paraba de pensar, que había estado con un ángel.

 


Y por fin regresó la primavera…

PrimaveraPrimavera: Dícese de una de las cuatro estaciones del año de las zonas templadas, la transición entre el invierno y el verano. Dicha estación comienza con el equinoccio de primavera entre el 20 y el 21 de marzo y acaba con el solsticio de verano, 21 de junio.

¡Y por mí que durará más aún! Si, por fin ya está aquí la primavera, mi estación favorita y sin duda, la más bonita de todas.

Con su llegada, florecen las flores y el clima es mucho más cálido pero sin llegar a los sofocantes niveles de temperatura con los que nos obsequia el verano. Los días son más largos que las noches, pudiendo así disfrutar de más horas de sol. Desespera y amarga, comprobar cómo en invierno, a las seis de la tarde, ya uno se ve sumergido en una perpetua oscuridad que asfixia cualquier ansia de salir fuera y poder disfrutar de un simple paseo.

Pero con su llegada no sólo prosperan las flores y se propagan los colores por los campos. Con su llegada, las personas tienen esa sensación de libertad y armonía que sólo la primavera es capaz de hacer sentir, sobre todo a aquellas personas con gran capacidad de percepción en su interior.

La primavera nos hace libres, o al menos, un poco más libres. Libres de poder salir de casa a horas que en invierno es un autentico martirio. Libres de no llevar tanta indumentaria contra el frío y poder salir a la calle sintiendo cómo la brisa llega directamente a los poros de tu piel haciéndote sentir como si estuvieras acostado en lo alto de una nube acomodada en un claro y despejado cielo azul. Haciéndote sentir de la manera que sólo la primavera puede hacerlo.

Recuerdo cuando era pequeño, y por fin llegaba el día en que podía salir a la calle con mi camiseta y mis pantalones cortos. Me sentía libre y sobre todo, feliz. Feliz porque ya el curso nos daba sus últimos azotes y pronto acabaría. Feliz porque ya podía ir a la playa y sentir la arena con mis pequeños pies descalzos.

Pero de ese entonces ahora, este que escribe, no ha cambiado en ese aspecto. Aunque oficialmente la primavera aún no ha llegado, ayer, y con motivo de haber aprobado mis estudios, fui a la playa, a la playa donde pasé mis mejores momentos, me acomodé en la fina y blanca arena y mirando con devoción las olas del mar, me disponía a  ser el primero en darle la bienvenida a la primavera.

Bienvenida seas.

 


…Y empezamos con JavaScript.

Pues sí, tras achetemelear durante tres largos meses como un poseso (para luego sacar de nota sólo un seis), nos adentramos en el enrevesado y engorroso (depende de cómo lo hagas) mundo del scripting.

No es que deteste la programación, pero no me gusta meterme entre esa selva de código enmarañoso, prefiero otro tipo de asignaturas relacionadas con la informática, como el mantenimiento de equipos informáticos, sistemas operativos y sobre todo, redes, lo más ofertado y demandado actualmente, porque…¿quién quiere a un programador en su empresa? ¡Si ya están todos los programas hechos! A no ser que seas un gran e innovador programador y tu objetivo sea trabajar en grandes empresas como Intel, IBM etcétera.

Siete temas de JavaScript nos esperan, siete temas cargaditos de un lenguaje basado en prototipos y que irán acompañados de varios (y muy importantes) temas de Hojas de Estilo en Cascada (CSS). un lenguaje usado para definir la presentación de un documento estructurado escrito en HTML o XML (y por extensión en XHTML).

¿Qué es y para qué sirve JavaScript?

En un principio, la red estaba cargada de páginas webs completamente distintas a las que vemos hoy día. ¿Cómo eran? Pues de las más simples del mundo, ya que carecían de fotos, videos, eventos, etc., eran páginas en texto plano creadas en HTML.

Actualmente, las webs que encontramos son totalmente dinámicas, el usuario puede interactuar y proceder con ellas. Que aparezcan o desaparezcan enlaces, eventos, capas, o menús al pasar el ratón por una determinada zona de la página, validar un formulario, y una gran infinidad de utilidades.

Más adelante, para poder importar una base de datos a la página web creada, tendremos que inmiscuirnos en el lenguaje de programación PHP. Es usado principalmente en interpretación del lado del servidor (server-side scripting) pero actualmente puede ser utilizado desde una interfaz de línea de comandos o en la creación de otros tipos de programas incluyendo aplicaciones con interfaz gráfica usando las bibliotecas Qt o GTK+

En fin, que nos queda pasar abundantes horas sentados al ordenador programando y programando y programando y…

Álvaro R.