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Dinazty + The Poodles en la Sala Caracol (Madrid)

El domingo 8 de noviembre, pude disfrutar de uno de los mejores conciertos a los que he asistido en toda mi vida, y créanme, he ido a muchos. Justo antes de que acabara agosto, me cercioré de todos los conciertos que habría en este invierno y me apunté dos que seguro caían. Hace menos de un mes, volví a Madrid para ver a los míticos GUN, un concierto asombroso el cual podéis ver la crónica pinchando en este enlace. Pero ahora era la ocasión de los suecos The Poodles.

Tras haber pasado un bonito y precioso día en Chinchón (Madrid), me esperaba una gran noche cargada de los mejor del Hard Rock actual. Tras perdernos por un momento, mi hermana y yo dimos con la Sala Caracol, ubicada en la calle Sebastián El Cano 18, algo escondida. Entramos, y el grupo telonero, Dinazty, ya habían empezado su repertorio. Tras acomodarnos y pedirnos unas cervezas, me concentré en lo que estaba presenciando, un talentoso grupo nobel también venidos de Suecia (¡menudos grupos están saliendo de ese país!). Muy buenos músicos, un cantante con una voz excepcional que nos regalaba grandes agudos, temas excelentes, estribillos melódicos y pegadizos, y una actitud en el escenario de querer comerse el mundo. Así son Dinazty y orgulloso estoy de haberlos conocido. Tengo que confesar que no sabía de su existencia hasta la misma noche del concierto y estoy muy contento de haber encontrado otra banda puntera del momento. Tras su espectacular show, bajaron del escenario y se mezclaron entre el público. Momento que aproveché para hacerme fotos con todos los miembros del grupo que fueron muy simpáticos en todo momento.

Tras una espera de media hora larga, entran en escena los caniches suecos,  que tras su concierto, tengo que decir que cada día me gustan más y que prácticamente entran dentro de mi Top-5 de grupos favoritos.

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Fatiga y diversión en el Parque de Atracciones de Madrid.

Parque de atracciones de Madrid 2009 (122)

Tornado

Desde mi última visita a Madrid, ya planeamos ir al Parque de Atracciones de la ciudad. Y así ha sido, hoy sábado, 7 de Noviembre de 2009, hemos pasado un gran día. Me conozco muy bien y sé que las atracciones no son mi fuerte, me mareo con facilidad llegando incluso a vomitar en la mayoría de los casos, pero no quería revivir lo sucedido en la primavera del 2002 dónde en mi primera y única visita a Isla Mágica (Sevilla) no me monté absolutamente en nada. Fui de excursión con la clase y me daba vergüenza que me vieran potar, sería el hazmerreír del día y no estaba por la labor. Así que hoy, me atrevería con todo. ¿Quién dijo miedo? Al entrar, comprobamos que había muy poca gente, algo lógico ya que cuando hay puente, los madrileños salen escopetados de la ciudad a pasar unos días fuera. Ahí teníamos un punto a favor, ya que, no tendríamos que esperar largas colas para disfrutar de las atracciones. Una de las máquinas a las que más miedo tenía era La Lanzadera, y hoy, estaba chapada por mantenimiento. Tenía muchas ganas de montarme ahí, pero al verla de cerca, me sorprendió lo pequeña que era para lo que yo me había imaginado. Me quedé con las ganas de probarla, pero por suerte, era la única atracción cerrada junto con una acuática, ‘El aserradero’ (algo lógico por el lluvioso clima de hoy).

El principal plan de hoy: No comer antes de montarnos en los cacharros. No es plan de echar toda la papilla, aunque yo la acabé echando, pero a ello llegaremos más adelante. La primera maquinita a probar: Abismo’, una montaña rusa de lo más escalofriante, con una pendiente completamente perpendicular y unos loopings de aúpa! Era mi primera montaña rusa, y la verdad, salí de ella de lo más contento. Me encantó. Y no, no me dio fatiga, de hecho, justo al salir, me volví a subir. Tras disfrutar dos veces de esta buena montaña rusa, nos dirigimos a una curiosa atracción nunca antes vista, al menos para mí. ‘El Rotor’.  Dos ejes unido a un vértice de unos treinta metros contienen en cada extremo varias naves (o eso parecen) que giran, suben, siguen girando, bajan y giran y giran. Poco emocionante, sí, eso pensamos todos, pero al montarnos, si hubo emoción, ya que cuando el cacharro empezaba a subir, a unos cuatro metros del suelo, se paró. Nos quedamos todos con una cara en plan: What the fuck!!! Y nos bajaron para probarla y arreglara.

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Burrolandia – La manera más sana de disfrutar en Madrid.

Tengo la suerte de tener una hermana fantástica que cada vez que voy a visitarla, me lleva a los mejores sitios. La primera vez que subí a Madrid, me enseñó todas las maravillas de la capital, que no son pocas, ya que todo Madrid es precioso. Monumentos, museos, plazas, avenidas, edificios emblemáticos, ciudades, barrios, multitud de centros comerciales, estadios de futbol, cines, pubs, restaurantes, bares, polideportivos, etc. Actualmente conozco muy bien Madrid y sus zonas de ocio, pero en mi última visita a la capital pude disfrutar de Madrid de una manera completamente distinta. El pasado domingo pude gozar de la parte más sana de la capital, fuimos a pasar un buen día al campo, y sobre todo a visitar a los apacibles burros.

Una vez llegamos allí, comprobamos el enorme éxito de dicha iniciativa. El emplazamiento estaba repleto de familias que iban a pasar un feliz día con sus hijos y de la manera más sana posible. Era una estampa preciosa, ver a los niños con sus papás, divirtiéndose con los animales de la granja. Algunos niños reían y otros, los más peques, lloraban por el miedo que les causaba ver a un animal tan grandote acercándose a pedir comida. Y es que aparte de verlos, tocarlos e incluso montar a lomos de los más dóciles, puedes darles de comer. Cuando te veían con una bolsa llena de zanahorias, pan y manzanas (alimentos que suelen tomar) no te dejaban tranquilo ni un instante. Mi hermana y yo sufrimos el acoso de un par de burros, una madre y su hijito cuyo afán era hacerse con la bolsa de comida que llevábamos. Era destronchante, lo pasamos muy bien.

Burrolandia abre sus puertas gratuitamente todos los domingos de 11:00 a 14:00 HH.

Todos los visitantes a Burrolandia podrán disfrutar de una experiencia inolvidable ya que ni por asomo, es lo mismo que un zoo cualquiera. En Burrolandia, puedes relacionarte perfectamente con los animales que allí pululan sin temor alguno, ya que éstos  están correctamente familiarizados con las personas.

Los visitantes pueden relacionarse sin temor con los animales

Burrolandia cuenta con el apoyo incondicional de voluntarios que día tras día trabajan en la finca cuidando de los animales lo cual podemos comprobar estupendamente. Además de burros, podemos ver caballos (en la parte superior, se sitúan las cuadras), perros, gatos, gallinas, cabras, todos estupendamente integrados en el entorno.

Pero aquí no queda la cosa. Cada tres meses, Burrolandia organiza un rastrillo para obtener beneficios y así poder concertar un cariñoso encuentro entre voluntarios y personas dispuestas a colaborar en el cuidado de los animales. Por si fuera poco, los niños pueden apadrinar a cualquier burro y de esa manera, seguir sus andanzas de por vida.

No solo los peques disfrutan en Burrolandia

También podemos comprar algunos recuerdos de nuestra estancia en Burrolandia ya que tienen instalado una tienda de souvenirs de lo más rural. Puedes comprar desde una camiseta con el logo de Burrolandia a un artículo de labranza.

Para quien nunca haya oído hablar de Burrolandia ni sepa dónde está su ubicación, le facilito de ante mano los datos:

Saliendo de Madrid, hay que tomar la autovía de Colmenar Viejo M-607 y coger el primer desvío de Tres Cantos, que se encuentra en el kilómetro 21 (Tres Cantos-Soto de Viñuelas). Se continúa siempre por la derecha, en el orden indicado de la marcha. A unos dos kilómetros se deja a la izquierda una gasolinera BP.

Tres kilómetros más adelante se llega a la entrada del Castillo de Viñuelas. De allí parte un camino de tierra, por el que continuaremos en dirección recta hasta completar unos 400 metros. Se efectúa entonces un giro hacia la izquierda, tomando como referencia el cartel (frontón y de burros). A continuación hay que atravesar un mini-puente situado sobre los tubos del Canal de Isabel II. A unos 700 metros, sin dejar este camino, se localizan las instalaciones de Burrolandia.

Vayan, os lo recomiendo con mucho gusto. Yo lo pase genial, jamás olvidaré el buen día que pasamos. Me hice muchísimas fotos, me reí mucho, y lo tengo muy claro, volveré a ir.

Un abrazo.