Archivo para abril, 2010

Detrás de la máscara – El surgimiento de Leslie Vernon

Detrás de la máscara

No es exactamente una película de terror. Detrás de la máscara cuenta la historia de Leslie Vernon (Nathan Baesel), un gran admirador de los grandes asesinos en serie de las películas de terror que se entrena para llegar a ser uno de ellos.

Vernon toma como modelos a seguir a grandes serial-killers como Jason de Viernes 13 o Freddy Krueger de Pesadilla en Elm Street sin olvidar a Michael Myers, el mítico asesino de las noches de Halloween.

Es muy curioso ver cómo Leslie Vernon, acompañado de unos reporteros de televisión, analiza cada movimiento de dichos asesinos en serie y reproduce éstos al mínimo detalle y sin ningún tipo de pudor ante las cámaras.

Todos los estereotipos vistos en las películas de terror (sobre todo en las norteamericanas) son desmembrados en esta cinta. Desde el porqué la chica cuando huye del asesino siempre cae al suelo, pasando a otros absurdos patrones cómo la mítica escena en la que la chica intenta arrancar el coche y este no responde. Todo tiene un por qué y Leslie los explica sin recato.

Lo que más llama la atención en este film es la frialdad y tranquilidad con la que el protagonista comenta cómo aniquilar a sus futuras víctimas y sobre todo, comprobar que hay gente que lo apoya y que se dedica exactamente a lo mismo que él.

Una curiosa película que no te dejara indiferente.

Álvaro Rojas


PREDICADOR – ¡Eso sí que es repartir hostias padre!

Si eres un fiel seguidor de los cómics americanos, seguramente hayas topado con esta gran obra.

El guionista Garth Ennis y el dibujante Steve Dillon dan vida a Jesse Custer un predicador  que accidentalmente es poseído por una entidad sobrenatural caída del cielo llamada Génesis que es fruto del amor prohibido entre un ángel y un demonio. En ese momento, Custer daba su particular homilía cuando todo esto tuvo lugar. La iglesia quedó en llamas y todos los feligreses allí presentes murieron.

Génesis es un ente sin voluntad propia, por lo tanto queda encerrado en el interior de Custer y éste puede controlarlo a su antojo. Que no posea voluntad individual no quiere decir que no tenga poderes, todo lo contrario. Al ser hijo de un ángel y un demonio, tiene fuerzas de ambas partes. Tal es la fuerza que posee, que podría igualar a la del mismísimo Dios.

Es por ello que el padre Jesse Custer, a día de hoy es el ser más poderoso del planeta.

La verdadera historia comienza cuando Dios, indignado por la perturbadora y prohibida relación entre el ángel y el demonio, y sobre todo por el fruto de ambos, abandona su trono en el Cielo y parte sin dar señales de hacia dónde ha ido.

Jesse Custer, que domina a la perfección sus poderes, los cuales le permite manipular a la perfección a cualquier persona que escuche Su Voz y que ésta haga lo que a él le plazca, se plantea encontrar a Dios y cantarle las cuarenta. A él se unen su novia Tulip y un alcohólico vampiro irlandés llamado Cassidy.

Como podéis observar, la historia es de lo más original y no es de extrañar el éxito de la saga. Sexo, basta violencia, drogas y un humor cargado de mordaz ironía es el cóctel elegido por Garth Ennis para atraer a todos los amantes del cómic adulto y deleitarlos con sus avispados personajes y sus perspicaces diálogos.

Preacher

Los tres personajes se inmiscuirán  en numerosos problemas con una variedad de enemigos distintos. Desde personajes venidos del cielo como el Santo de los Asesinos, un invencible homicida que responde a las órdenes de Dios o bien como los integrantes de El Grial, una organización secreta que controla los gobiernos mundiales y que protege el linaje de Jesucristo y que está liderada por Herr Starr, el cual está obsesionado por hacerse con el poder que posee el Padre Custer y así llegar a alcanzar todos sus intereses.

Obligado me siento a destacar a uno de los personajes secundarios de la historia. Me refiero a Caraculo, el cual se ha convertido en todo un ícono para aquellos jóvenes amantes de los cómics. Repugnante y a la vez encantador, es un personaje como nunca hemos visto. Y quién ya lo conozca, sabrá a qué me refiero cuando digo que su forma de cantar es…única.

La serie está compuesta por 75 números en total, con 66 números regulares, una serie limitada especial de 4 números sobre el Santo de los Asesinos y 5 números especiales dedicados a Cassidy, Caraculo, Starr, Jody y TC y Tulip y Jesse en su juventud. Actualmente se ha recopilado en 9 tomos. El último número de la serie regular se publicó en julio del año 2.000 en Estados Unidos.

La cadena HBO pretendía estrenar la serie en 2008, pero debido a su alto contenido adulto, el proyecto fue rechazado. Actualmente se rumorea que se está planeando hacer una película que abarcaría una triología, pero es algo que aún está en el aire.

 


Algo para no olvidar jamás

Esperar el tren no siempre es desesperante, aunque depende de la prisa que lleves. La puntualidad es una de las pocas virtudes que tengo, y si, viendo la poca importancia que le da mucha gente al tiempo, llegando tarde a todos lados, creo que la gente que tenemos una hábil  puntualidad inglesa, somos dignos de condecoración. Por lo tanto, el tiempo que uno espera al tren lo puede pasar leyendo, escuchando música, o algo mejor, se puede tomar ese tiempo para reflexionar, pensar, que eso nunca está de más.

Ahí me encontraba yo, como siempre, sentado en ese frio banco con las piernas cruzadas y meditando en lo que iba a hacer, intentando juzgarme a mí mismo de la manera más objetiva, concibiendo más pensamientos, cada cual más agobiante.

Jamás había encontrado la estación tan silenciosa. No pasaba ningún tren y los únicos moradores que daban un poco de vida al lugar éramos tan sólo dos personas. Yo, y un hombre mayor cuyos ronquidos le daban un toque algo cómico a la situación. Qué poca cosa le esperaría en su parada de destino para estar tan tranquilo, tan tranquilo que estaba el sujeto totalmente dormido.

A pesar de ser muy temprano, el sol ya nos daba los buenos días. Hacía una mañana espléndida.  La luz del sol iluminaba mi cara y era reconfortante notar el calor.

Cerré los ojos, estiré mis piernas y me acomodé. Para la llegada del tren aún faltaban algunos minutos.

Pero muy poco duraría ese momento de templanza y tranquilidad. En tan sólo un instante, todo cambio en el momento en que abrí los ojos y dirigí la mirada hacia ella.

Tengo que tener mucho cuidado con lo que voy a decir ahora, porque intentar explicar con palabras cómo era, es algo realmente complicado.

Todo lo que pueda expresar sobre ella, sería prácticamente inútil. Nada de lo que dijera, le haría justicia. Pretender definirla, es como intentar explicarle a en ciego cómo son los colores de todas las cosas que nos rodean.

En todos estos largos años, no he sentido nada igual. En todo este tiempo he observado a numerosas chicas pero jamás, ninguna, y menos en tan poco tiempo, me arrancó tan fieramente el corazón.

Hubiese dado la vida por ella en aquel instante si fuera preciso. Era lo más hermoso que jamás he visto.

A medida que, abstraído, la miraba, ella se acercaba más. Tenía una elegante manera de andar, como si realizara una extraña danza apenas apreciable.

Y ahí la tenía. Sentada a mi lado. No podía dejar de mirarla. No pretendía intimidarla. Me obligué en incontables ocasiones a mirar hacia abajo para no incomodarla. Pero os prometo, que era realmente difícil no hacerlo.

Jamás el sol ilumino tan bella criatura. Sus rubios cabellos brillaban como si tuviesen amanecer propio. Sus ojos, grandes negros como una noche sin estrellas, contrastaban excelentemente con el brillo de su nívea cara.

No sé el tiempo que pasó, pero su belleza retuvo toda mi atención y si no fuera porque ella se levantó, no me hubiese percatado de la llegada del tren. En ese instante, en lo único en que pensaba, era en poder sentarme a su lado. No quería separarme de ella.

Orgulloso estoy de haberlo logrado. Pude sentarme junto a ella. Me sentía como un intruso. Como si ese no fuese mi sitio. Como si le hubiese quitado el trono a un rey y me hubiera sentado al lado de su reina.

No sabía hacia dónde se dirigía, pero deseaba con todas mis fuerzas que el viaje durara el mayor tiempo posible. No quería dejarla, no quería separarme de ella. Podría vivir así eternamente.

A lo largo de todo el monótono trayecto, fugazmente su mirada se cruzaba con la mía, que la tenía perpetuamente puesta en ella. Obligué a mis ojos a contemplarla sin detenimiento.

Era bella miraras desde dónde la miraras. Su cuerpo, su piel, sus manos, la expresión de su rostro. Todo rozaba la perfección.

En cambio mis manos temblaban sudorosas. Más de mil mariposas revoloteaban en mi estómago y un entibiado y leve calor abrazaba todo mi cuerpo.  Su presencia palpó todos mis sentidos dejándome totalmente embelesado. Jamás alguien me hizo sentir así.

Siempre que la miraba intentaba grabar a fuego su rostro en mi mente para no olvidar cómo era jamás. Y os doy mi palabra, que de ningún modo la olvidaré.

Nunca la había visto en mi tren y mucho menos antes. Me di cuenta que no acostumbraba coger ese trayecto ya que no se sabía las paradas y miraba atentamente las paradas una por una, temerosa de que se le pasara la suya. Eso provocó que me invadiera una tristeza enorme, al saber que jamás la volvería a ver, al menos, como la estaba viendo en ese momento, en el mismo tren y sentada justo a mi lado.

Al final llegó su parada. Educadamente me levanté para que pudiera salir y volvimos a mirarnos a los ojos. Deseé sostener su mirada unos segundos más, pero era imposible. Ella se alejó hacia la puerta del tren, y con esa elegante forma de caminar que hacía que su larga melena se balanceara radiante, se bajó.

Fue un momento amargo. A medida que se alejaba, sentía como si mi vida se fuese apagando más y más.

Desde dentro, aún la seguía con la mirada, no soportaba verla marchar. Y entonces, de la manera más inesperada, ella se giró y volvió a mirarme. Con la mirada, me estaba diciendo algo, no sabría deciros qué. Pero yo si le decía lo mucho que deseaba volver a verla. Le decía que por favor, me recordará, por mucho que pasara el tiempo, porque yo nunca me iba a olvidar de ella.

Sin saber apenas su nombre ya os puedo garantizar, que durante ese corto viaje, me hizo feliz, me hizo entristecer, la deseé y la amé.

Durante el resto del día no paraba de pensar, que había estado con un ángel.