Cuatro años a tu lado, Lia

Hace unos días me llevé un susto horrible. Era de noche, ya algo tarde, y decidí acostarme. Como Lia no soporta la idea de dormir fuera de mi habitación, pues se pone a maullar desesperada para entrar y está acostumbrada desde muy pequeña a dormir conmigo, fui buscándola por toda la casa para meterla en la habitación y pasar la noche juntos, como siempre. La buscaba y no la encontraba, cosa que en poquísimas ocasiones ha sucedido. Lia siempre está en medio, como el jueves. Raro que no se esté haciendo de notar de alguna u otra manera. Sí es cierto que en contadas ocasiones la he tenido que buscar por toda la casa porque, como cualquier gatito, si encuentra un rinconcito en el que se encuentra a gusto, ahí se queda un buen rato. Pero lo de la otra noche fue algo desesperante, aunque por suerte el sobresalto no duró mucho. No la encontraba por ninguna de las habitaciones, miraba debajo de las camas, por cada rincón, y no la encontraba. Me puse algo nervioso. Ella no es de salir de casa, nunca ha intentado escaparse, por suerte no me ha salido una gata con mucha vena salvaje que quiera irse a investigar y recorrer mundo. Algunas ventas, no todas, las dejo abiertas, Lia me da esa confianza. Pero ya anduve unos minutos buscándola y nada. La angustia llegó cuando al asomarme por la ventana de la cocina, justo en frente, sumergida entre la oscuridad, la vi. Lia estaba frente a un edificio antiguo antiguo de tejados viejos que está a varios metros frente a la ventana de nuestra cocina. ¿Cómo ha llegado hasta ahí? ¿Y cómo llego hasta allí para traerla de nuevo a casa? Forzaba la mirada porque no estaba del todo seguro que fuera ella. Pero era un felino del mismo color y tamaño que Lia. La llamaba, pero el gato hacia caso omiso. Eso ya me extrañó aún más, Lia es muy charlatana, mucho. Y cuando la llamo, esté donde esté, y sea lo que sea que esté haciendo, siempre me contesta con maullidos y sus típicos ruiditos. La llamaba, pero no contestaba. Quizás por estar asustada al sentirse desprotegida y lejos del calor de su hogar. Me dirigí al salón, muy nervioso, tanto que preocupe a mi padre que allí estaba viendo la televisión. Casi sin haberlo pensado, volví buscar más a fondo a Lia, esta vez gritando su nombre exasperado por toda la casa. Y la escuché, a mis gritos me contestó con uno de esos maullidos perzosos que parecen querer decir: ¿Qué quieres, eh?. Cuando miré, estaba en los asientos de una de las sillas que aguardan recogidas en la mesa del comedor, ahí estaba, adormilada, la mar de a gusto. La abracé con todas mis fuerzas, el susto aún lo tenía en el cuerpo.

Cuando regresé a la cocina, con Lia aún en los brazos, ese gato que tanto se parecía a Lia, no estaba. Ni rastro de él.

Perder a Lia de forma repentina y nunca saber de su paradero, como le ocurren a muchos dueños que sufren porque sus animales desaparecen, me sumiría en una tristeza que sólo de imaginármelo me abate. Hay muchos gatos de tejado, gatos callejeros, ese sería uno de ellos. La experiencia vivida me lo tomo como un aviso. Las ventanas ahora estarán más vigiladas, pero para vigilada, Lia, que nunca ha dejado de estarlo, pero ahora lo estará más.

Este mes de julio se cumplen cuatro años de aquella tarde que decidiera adoptar a esta gatita cuando por entonces cabía en la palma de mi mano. Cuatro añitos cumple este pequeño angelito de cuatro patas. Cuatro años a tu lado, Lia. Y por favor, que sean muchos más. Gracias por todos y cada uno de los momentos que pasas a mi lado.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS LIA!

 

 

11 comentarios

  1. Lia se parece mucho a una de las mías. Yo cuando quiero que aparezcan agito la bolsa de la comida, pocas veces falla…
    Los gatos son en esencia animales salvajes, no es raro que quieran salir, después de cuatro años contigo, curiosearía y volvería seguro. Nosotros a veces las llevamos al caserío, está en el monte y andan libres (tuvimos uno que incluso cazaba pequeños animales), pero en cuanto oyen arrancar el coche vienen corriendo para que no nos vayamos sin ellas.
    Yo me preocuparía por las ventanas, ¡pero por no cerrarlas si está fuera!
    Vaya parrafada de comentario 🙂 Un saludo.

    28 julio, 2017 en 9:20

    • Hola Luna, de parrafada nada, me encanta recibir este tipo de comentarios. Muchísimas gracias por pasar y comentar, de verdad. Muy cierto lo que comentas de la bolsa, lo tendré en cuenta para la próxima vez. Como Lia siempre ha estado a la vista en todos estos años y pegada a mí como una lapa (jajaja) pues nunca he tenido que recurrir a ese truco, pero ya lo tengo en cuenta sin duda.

      Con respecto a las ventanas: es lo que tiene la confianza y la costumbre, que como nunca se ha ido…Pero ese día por desgracia puede llegar, así que más vale prevenir. Lo pasé tan mal la otra noche, y peor que podría haber sido, porque ese gato podría haber sido ella. No pienso consentir que por mi culpa pueda pasarle algo.

      Un abrazo, nos seguimos leyendo 😉

      28 julio, 2017 en 9:25

  2. Sé lo que se siente porque yo he tenido, no gato, pero sí perro y uno de ellos, no el que tengo en la actualidad, se extravió dos veces. Una de ellas ya lo daba por perdido cuando apareció a unos 10/12 Kms y una persona al verlo algo desvalido, más delgado y deshidratado lo llevó a un veterinario y fui localizada mediante el chip. Son una compañía fiel, más los perros que los gatos, estos son más independientes, más suyos, pero muy cariñosos. Entiendo y comparto tu preocupación que no es entendible para aquellos que nunca han gozado de un animal de compañía. Un abrazo y feliz fin de semana.

    28 julio, 2017 en 11:57

    • Esta misma tarde, una amiga acaba de perder a su perrito, ya estaba muy mayor. Como dices, los que no tienen esa empatía y afecto con los animales no sabrán jamás lo que se siente. Se pierden algo maravilloso. Conozco gente que no valora nada de nada la compañía de un gatito o un perrito. Hasta el punto de aborrecerlos. Respeto cada opinión pero yo jamás lo entenderé. Por fortuna, jamás se me ha perdido una mascota. Debe de ser angustiante. No dormiría de tanto pensar dónde estará. Espero librarme de esa experiencia.

      Un abrazo, Mar. Buen fin de semana.

      28 julio, 2017 en 16:42

  3. Pues felicidades a Lía!!!!. Esa edad en los gatos es la adolescencia??? 😁Hazle de mi parte unas caricias

    28 julio, 2017 en 13:24

    • Ni idea Encarnita, me pierdo con eso de la edad de los animales. Tampoco me gusta pensar en ello. Sólo espero que me dure muchos años más .

      Por supuesto, de tu parte van muchas caricias. Ahora la tengo aquí acurrucada en la almohada 🙂

      Buen finde allí en Tobarra, ¡TE VEO EN NÁ! 😀

      28 julio, 2017 en 16:43

  4. vidal

    Felicidades a los dos, que buenos recuerdos me trae ver esas fotos que me recuerdan a mi gata fibi, que cumplió 10 cumpleaños con nosotros….abrazos y tironcicos de orejas

    30 julio, 2017 en 11:28

    • ¡Tu gata Fibi, qué bonito nombre, me gusta! Espero que Lia, como mínimo, me dure una década, sería maaaaaravilloso 🙂

      Le daré arrumacos de tu parte, Vidal.

      30 julio, 2017 en 17:46

  5. Uouh… ¡¡Tremendo susto, Álvaro!! ¡¡Qué bueno que Lía apareció tranquila, sana y salva, jejej!! A veces se esconden y uno los busca por tooodo lado, y después que uno ya está angustiado, triste y despelucado, aparecen de la nada, como con cara de: oye, a ver, pues, mírame, aquí estoy, ¿cuál es el alboroto? Jjajajaj… ¡¡Son muy graciosos, bellos y se vuelven parte de uno!! Las mías también me han dado algunos sustos… Una vez, a una de ellas (que ya van para dos añitos de edad este mes), sólo faltaba buscarla en la lavadora… ¡¡Que estaba funcionando!! De inmediato la paramos… Ya se nos salía el corazón del susto… ¡¡En fin, a Dios gracias, apareció!! Aún no sabemos dónde estaba, pero la alegría fue inmensa al verla de repente, mirándonos desde la sala… 🙂

    Lía está preciosaaa… ¡¡Felicidades a ambos por esos cuatro añitos!! Abrazo grande, Álvaro, y gracias por compartirnos esta experiencia… ¡¡Besitooos!! 🙂 😉 Muy bello escrito… 😀

    1 agosto, 2017 en 22:26

  6. No me gustan los gatos, soy más perruno. Pero lo que sí me gusta es los sentimientos de amor y cariño que despiertan en la gente. Por muchos años, Lía. Un abrazo, compitrueno.

    3 agosto, 2017 en 8:58

    • ¡Gracias Fran! Un abrazo para ti también 🙂

      9 agosto, 2017 en 9:25

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