Más reciente

Battle’s Won, nuevo single de Helloween [2015]

Son más de las dos de la mañana y aquí me encuentro, escuchando una y otra vez el nuevo single de Helloween, Battle’s Won. Estoy encantado y sobre todo, muy sorprendido, pues no lo esperaba de esta manera. Este nuevo single, perteneciente al que será ya su decimoquinto disco de estudio, My God-Given Right, no va a dejar indiferente a nadie por muy típico y tópico que suene esto que acabo de decir. Pues a día de hoy puedes esperar de estos alemanes escuchar temas con fuerza, garra, con ese toque Happy Metal que sólo Helloween sabe darle a sus canciones, pero lo que nadie podría esperar es que a estas alturas de la película, Helloween se sacara de la chistera un tema que suena totalmente a aquellos idolatrados y añorados Keepers. Sí, amigos míos, Battle’s Won suena a auténtico Keeper. Y creo que es algo que han querido conseguir y hasta hoy no lo habían conseguido, ni tan siquiera con aquél mal llamado Keeper Of The Seven Keys –The Legacy- hace ya una década.

Todo esto no sé cómo tomármelo realmente. Desde luego una evolución no es. Y eso es algo que siempre he admirado y esperado, por qué no decirlo, en las bandas que con más entusiasmo sigo, como en este caso es Helloween. Me gusta que los músicos pequen de vanguardistas, que dentro de su estilo busquen avatares nuevos, y Helloween ya lo hecho en más de una ocasión, sino comprobad el grandísimo Better Than Raw o su sucesor, el que para mí es uno de sus mejores discos, The Dark Ride. Ni qué decir tiene el Unarmed o Gambling With The Devil.

Y no puedo negaros que echo mucho de menos los clásicos singles comerciales de Helloween, tipo Hey Lord, I Can, Power, As Long As I Fall…Me gustaba mucho ese habitual que tenían de lanzar temas melódicos y bailables que luego daban paso a un disco contundente, cargado de un gran Metal pesado. Pero desde luego parece que no es la tónica de Helloween en estos últimos años, y como ya dijera Deris en una entrevista reciente, este My God-Given Right sigue las pautas de su predecesor Straight Out Of Hell aunque con más sonido ochentero y mucho más melódico. Reconozco que cuando dijo sonido ochentero no sabía cómo tomármelo, así que imagináis la cara que se me ha quedado hace unas horas al escuchar este Battle’s Won por primera vez.

helloweenSoy de los que abogan desde hace años por que dejen de pensar en tiempos pasados, que prioricen en sus conciertos los grandes temas de la era Deris, tocando sólo algún que otro viejo clásico. En muchas ocasiones han querido acercarse a la fórmula de esos años y todo quedaba en un quiero y no puedo. Mi etapa favorita de Helloween fue y siempre será la que va de 1994 a 2000, donde considero que la banda pasó por su etapa más madura técnica y compositivamente. Donde volvieron a toparse con un sonido nuevo, característico y muy autentico. Pero el músico es un artista y hace con su arte lo que siente, lo que quiere. Si la meta de éstos Helloween con este nuevo disco es recuperar ese sonido de los 80… Entonces sí, señores, en esta ocasión, al menos con este tema, lo habéis conseguido con total dominio. Battle’s Won logra transportarte a esa época añeja y de tanta solera.

El primer tema en filtrarse de este nuevo disco de las calabazas fue Lost In America, con un ritmo y melodía más corriente con respecto a los últimos trabajos y de estribillo más pegadizo si cabe. Os confieso que no tenía muchas perspectivas puestas en este disco, aunque sí mucha ilusión, pues todo nuevo disco de Helloween para mí es como agua de mayo, pero las expectativas no las tenía muy allá y, tras escuchar estos dos temas, sobre todo este tema tan keeperiano, dejadme que os diga que vuelvo a entusiasmarme como hacía mucho tiempo ante un disco de los teutones.

No dudéis un instante en que tendréis una gran reseña aquí en Anhelarium en cuanto pueda disfrutar de este My God-Given Right, el nuevo disco de mis queridos Helloween que publicarán el próximo mes de mayo.

Pumpkins rulez!!

Prima Vera

Albatros. El Puerto de Santa María (Cádiz)

Albatros. El Puerto de Santa María (Cádiz)

Me preguntaba el otro día camino a la Universidad, cual es el motivo de mi felicidad cuando llega este tiempo. El porqué de tanto optimismo. Bueno, es lógico pensar que a todo el mundo le agrada la llegada de la primavera, es sinónimo de buen tiempo, llega la luz y el color a nuestros días. A todo el mundo le complace que los días sean más largos, decir adiós al frío y salir a la calle con poca ropa. La llegada de la primavera es señal de que el curso está acabando y las vacaciones de verano están a la vuelta de la esquina. Pero en mi opinión es mucho más que eso. A ello añado la carga emotiva, los buenos recuerdos. Sin dudarlo, en mi vida, mis mejores momentos siempre han tenido lugar a partir de estas fechas. Pero añado más. Recuerdo cuando era pequeño y estaba en primaria. Rememoro con mucha ternura cuando, siempre a comienzos de la tercera evaluación, cuando ya le habíamos dado la bienvenida a la primavera –y más adelante os contaré cómo lo hacíamos–, el colegio siempre organizaba excursiones varias y todo tipo de actividades extraescolares. Como la mayoría de los colegios hacen, supongo. Las excursiones siempre eran las mismas, todos los años a los mismos sitios. Eso nos daba igual. Porque cuando estabas en clase y el profesor anunciaba la oportuna excursión, todos nos poníamos locos de contento. Y la noche antes de la misma, me acuerdo de esos nervios por saber que al día siguiente no teníamos clase, sino que teníamos todo un largo día por delante para disfrutar con los compañeros. Esos días eran los únicos en los que no me incordiaba madrugar, es más, me levantaba el primero.

Pero había algo que igualmente repetíamos cada año y eran las guerras de globos de agua. Esa era nuestra peculiar manera de dar la bienvenida a la primavera. Nuestro profesor, ese al que llamábamos El Piru, era el encargado de citarnos a todos a mediodía en el patio del colegio y de darnos a cada uno una considerable munición de globos que ya nos encargábamos nosotros de llenar en los grifos de cada una de las fuentes. Acabábamos empapados, pero con una risa imborrable en nuestros rostros de niño. Quizá sea ese el motivo por el que al llegar este tiempo me siento tan vivificado, tan ilusionado. Asocio la primavera a lo mejor de esta vida. ¡Ni que en invierno estuviera triste! ¡Para nada! Pero para mí es inevitable y es una de las sensaciones más gratificantes. Podría enumerar todos los recuerdos y cosas que asocio a este tiempo. Escribiría pues durante horas.

Los últimos exámenes, los partidos de futbol hasta bien entrada la tarde, las nuevas camisetas de manga corta, los primeros baños en nuestra piscina. Todo conformaba el preámbulo del buen verano que estaba por llegar. Son tantas y tantas las cosas que a la llegada de la primavera me marcaban de pequeño… Todo era entusiasmo para mí. Y lo sigue siendo. Nada ha cambiado. Sigo siendo aquel niño que al levantarse cada día, cuando no ve la noche oscura que dejó atrás al meterse en la cama y cerrar los ojos, sino que ve un radiante amanecer, se le enciende el espíritu. Son días de nostalgia y de rebosante energía. Un tiempo que me resulta balsámico, que me alienta a dar lo mejor de mí, pues lo mejor está por llegar.

Bienvenida seas, brillante primavera, una vez más.

El faro del fin del mundo, de Julio Verne

Verne-majak-frontiEste fin de semana he disfrutado leyendo este libro que ya leyera en mi añorada infancia, pues recuerdo cuando nos lo mandaron a leer en el colegio. Pasando sus páginas, me he sentido como aquel chavalín que entusiasmado leía una de sus primeras novelas. Y es que, no hay nada mejor que empezar por los clásicos, ¿verdad? Como acabo de decir, ha sido todo un deleite poder disfrutar de esta lectura. Reconozco que apenas me acordaba de nada, y volver a tenerlo en mis manos a significado para mi poder redescubrir un libro apasionante. Qué os puedo yo decir de Julio Verne que no se haya dicho. Qué podría decir de uno de los más prestigiosos escritores de nuestra historia. Todo un símbolo de la literatura. El padre de la ciencia ficción.

Me apasiona la sencillez con la que este autor te envuelve en sus historias, en esos viajes extraordinarios. Con una redacción asombrosamente natural, Julio Verne presentó una de sus más míticas obras, El faro del fin del mundo. Con esta obra tenemos ante nosotros una trepidante historia de piratas y valerosos marinos. En quince capítulos, Julio Verne nos adentra en La Isla de los Estados, una isla desierta, ubicada en la Patagonia argentina, entre dos bastos océanos como son el Atlántico y el Pacífico. Allí, tres son los torreros que se encargan de velar por la seguridad de los barcos que pasan por el archipiélago magallánico, un lugar muy solicitado por los navíos que pasan de uno a otro océano, sea cual sea la dirección, tras pasar por el cabo de Hornos. La Isla de los Estados mide 75 kilómetros de este a oeste, desde el cabo San Bartolomé hasta el cabo San Juan, por 20 de ancho, entre los cabos Colnett y Webster. Su litoral es extremadamente accidentado y forma una sucesión de golfos, bahías y radas, cuya entrada es a veces defendida por cordones de grandes islotes y arrecifes. Es por ello que los naufragios son continuos en aquel extremo del mundo. Sin duda, el escenario perfecto para un emocionante relato. Vázquez, Felipe y Moriz, los tres torreros al cuidado del faro y de la vigilancia de los navíos, pasan sus días atendiendo sus quehaceres y esperando el relevo que los llevará de vuelta a casa. Adoran su trabajo, son los más cualificados para ello, pero el tiempo allí es duro y por más afables charlas que amenicen sus días entre el humo de sus pipas y el canto de las gaviotas, por mucho que se sientan abrumados por el portentoso paisaje que les rodea, la soledad pesa, y el cansancio hace mella. Hasta que una mañana, su rutina cambia, y ni ellos mismos saben hasta cuánto. Vázquez, Felipe y Moriz, sorprendidos, se dan cuenta de que no están solos. En la Isla de los Estados hay alguien más y Vázquez pronto descubrirá que nada bueno le depara.

No podría recomendar más la lectura de este libro. Considero que su narración es totalmente distinta a la de los libros que podemos encontrar hoy día. Sus descripciones son didácticas y la manera de contar la historia es asequible, siguiendo un ritmo fino, directo. Un magistral  ejemplo de cómo contar de forma clara y breve una convulsa crónica de piratas saqueadores y valientes marineros.