Yo y los videojuegos.

Tras visionar el pasado viernes por la noche un reportaje sobre la adicción a los videojuegos en un conocido canal de televisión, me volvió a la mente mi relación con el mundo de las videoconsolas. No sólo lo admito, sino que además, me siento orgulloso de ser un auténtico friki, un enganchado a las novelas de fantasía, a los buenos cómics, y un adicto al cine y a la música Heavy/Hard/AOR hasta tal punto que mi cuarto, según cómo lo mires, parece, por una parte Casa del Libro y por otra, la tienda Tipo. Y es que es incansable mi adicción por comprar y comprar cada vez más discos y vinilos, libros y cómics.
Y con respecto a los videojuegos, los adoro, me encantan, aunque no escriba mucho sobre ello en mi blog. Y mi Play Station 3, ahí está, juego, pero no le dedico tanto tiempo como a otras cosas. Siempre he dicho que los videojuegos forman parte de mis hobbies, pero no es de mis prioritarios. Antepongo otras aficiones. En esta nueva entrada os hablaré de mi relación con el mundo de los videojuegos y qué consolas han pasado por mis manos a lo largo de mi vida. Sí, me encantan los videojuegos, he jugado a muchos, pero no me vuelvo loco con ellos.
La tarde que cambiamos las clases por el surf

Fuente: hdfondos.eu
Planeando la escapada
Esa misma mañana, en plena clase de historia y como era de costumbre, Gonzalo y yo compartíamos otra de nuestras largas e interesantes (al menos para nosotros) charlas matutinas. Y no es que la historia nos aburriera, para nada, era esa forma que tenía la profesora de dar las clases. Era como ponerse un documental de La 2 recién comido y tumbado en el sofá. Acabas por dormirte mientras de fondo escuchas la apacible y somnolienta voz del narrador. Como es normal, no nos podíamos quedar dormidos (aunque alguna cabecita de vez en cuando sí que se daba uno) así que optamos por hablar, de lo que fuera, el caso era echar el rato.
¡MI PRIMERA VISITA A IKEA!

Lo admito, ¡estaba emocionadísimo! Y no sólo por oír cada dos por tres maravillas sobre IKEA y lo que allí encuentras, ¡sino por las famosas albóndigas suecas de las que tantísimo se habla! ¡Por fin iba a probarlas!
Pero antes de degustar semejante delicatesen fuimos a investigar las entrañas del gigante sueco. “Ay! El día que tenga mi propia casa”, esta era la frase del día junto con: “¡Si es que tienen de todo estos suecos!” Y es que sí amigos, no crean que era el único embelesado por la inmensa cantidad de atractivos y estilosos complementos que por ahí abundan. A nadie se le escapaba nada, todo merecía una minuciosa y rigurosa atención.
Nada más entrar, y habiéndonos aprovisionado con los típicos lápices de IKEA (algunos fueron directamente pa’ la saca), recorrimos toda la sección de dormitorios, salones y cuartos de baño. Era soñar despierto por cada rincón que visitaba, a cada paso que daba, brotaba mi imaginación y me sumergía en una vida imaginaria ambientada en esos espacios tan llamativos y prodigiosamente elaborados. Boquiabierto me dejaron esas meticulosas exposiciones en las que simulaban a tamaño real, cómo quedaría decorado un piso que albergara 55, 35 o 25 m2. Fue este último el que más atrajo mi atención. Es digno de admirar como se puede aprovechar tan asombrosamente un espacio tan reducido. Con ese estilo de ornamentar, hace que cualquiera que habite en una vivienda de esas dimensiones se le haga más agradable y reposado. Es impresionante la forma de aprovechar al máximo el espacio. Anchos armarios empotrados hasta con perchas especiales para los pantalones. No único de IKEA que no me gustó lo más mínimo, fueron las duchas. Típicas duchas suecas que consisten tranquilamente en NO TENER DUCHA. Simplemente tienes la alcachofa y la cortina, sin más. El suelo del baño es el mismo que el de la ducha, y a esto, añado que, al menos las que había de exposición, eran extremadamente estrechas. Vámos, que las de Alcalá Meco al lado de estas, son jacuzzis.

































Lo último que se ha dicho