Personal

El mejor verano de mi vida

Antes que llegara Armando entraba en Casa Cayetano a comprar las dos litronas de rigor, y bien fresquitas. Aún era menor de edad, pero Cayetano conocía bien a mi padre, bueno, y a todos nosotros. Y es que en ese bar de gargajeros hacían muy buenos montaditos, así que mi hermana Dèsirèe, mi padre y yo, pasábamos algunas noches de verano sentados en la terraza de Casa Cayetano, que realmente no era una terraza y tampoco se llamaba Casa Cayetano. Lo que era la terraza era en verdad un aparcamiento perteneciente a la Avenida Andalucía, donde antiguamente vivíamos, así que Cayetano se apropió del aparcamiento que daba justo frente a la puerta del bar y puso un vado permanente allí mismo. De tal manera que, entre dos coches aparcados, te encontrabas con dos mesas predispuestas para el deleite de los clientes. Hay que reconocer, que el aparcamiento no era muy estrecho, para nada, sin ser muy grande, ciertamente se estaba a gusto. Y por último, el bar tenía por nombre BAR SAN MARCOS, pero como el dueño era Cayetano, conocido por muchos, y es algo típico de Andalucía llamar a los bares “Casa de (inserte aquí el nombre del dueño del bar)”, pues de ahí su nombre.

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Un año en la blogosfera. Un año compartiendo mis ideas y aficiones con el mundo entero

Ha pasado un año desde aquella soleada mañana en la que decidí crear este pequeño espacio para poder compartir mis gustos e inquietudes con el resto del planeta a través de esta infinita nebulosa virtual que es internet. Y es que parece que fue ayer cuando publiqué mi primer artículo.

Desde hacia tiempo, la idea de crear un sitio web deambulaba en mi mente a diario. Había visitado por casualidad numerosos weblogs y me cautivaba el comprobar cómo multitud de internautas compartían sus aficiones con un gran número de personas a través de la red.

No me lo pensé más y me puse manos a la obra. Desde un primer momento, tenía claro los temas que abordaría en mi espacio. Mucha música, bastante cine, abundantes reseñas literarias, pasando claro, por todo tipo de intereses, como el teatro, eventos, informática, deportes, escritos relacionados con la sociedad, la cultura, etcétera. Para definir brevemente de qué trataría mi espacio web, diría que de todo un poco, y nada en concreto.

Ha sido un año realmente atrayente. Durante todo el año, no he parado de publicar artículos de todo tipo, y la página no ha parado de tener visitas día tras día. Esto último es lo que más me ha entusiasmado para seguir escribiendo. El saber, que mis publicaciones son leídas y comentadas, es algo que anima grandiosamente a seguir con esta aventura.

Personas de todo tipo y de todos los países han dejado aquí su huella, exponiendo sus ideas, intercambiando puntos de vista y manifestando sanamente sus opiniones y declaraciones. Es algo que agradezco soberanamente. También, he conocido gente muy interesante, de la cual he aprendido mucho. Os puedo asegurar que alguna de esas personas, son gente extraordinaria con la cual he afianzado una gran amistad y es algo que realmente me hace muy feliz. A vosotros, Isaac, Full, Erik, espero poder conoceros en persona algún día, y compartir anécdotas y risas juntos mientras saboreamos una buena cerveza. Y gracias también a ti Sandra, que mereces mención especial, y no sólo por tus agradables comentarios en Anhelarium, sino por ofrecerme la amistad que nunca tuve.

Pero hay algo más que causa en mí esa predisposición a seguir escribiendo. Y es que el día de mañana, mis futuros hijos o incluso mis nietos, podrán leer todo lo que escribí cuando era joven. E incluso podrán participar y explicar sus ideas. ¿No es algo maravilloso?

A todos, gracias por estar ahí.


Aquellas noches de terror…en la cocina

No, no veía fantasmas en la cocina de mi casa, ni había monstruos en la despensa ni espectros en el frigorífico, nada de eso. Lo que había, era algo tan simple como una tele. El típico televisor de los noventa, pequeño, diecisiete pulgadas, de esos que tenían una ruletita para el volumen (como la típica radio de abuelo) y diez botones para cada canal, los cuales sólo cogía los principales porque nadie tenía ni zorra de cómo sintonizar esa tele que solo se usaba para que mamá pudiera ver a la María Teresa Campos mientras hacía la comida. Esa tele que se quedaba encendida horas porque nadie se acordaba de apagarla cuando la comida estaba lista y nos poníamos todos juntos a comer en el salón.

Pues a esa tele, le debo mucho y con lo tremendamente friki que soy, si mis progenitores no la hubiesen tirado, aún la conservaría, aunque sólo fuese para tenerla de recuerdo.

Gracias a esa tele, pude disfrutar de un centenar de pelis de terror mientras mis padres y mis hermanas se divertían con Emilio Aragón y su Gran Juego de La Oca.

Cuando todos pensaban que estaba en mi habitación, jugando con los Action Man, o simplemente durmiendo, yo me acercaba sigiloso como una ninja a la cocina, encendía la tele y ponía la segunda cadena, donde todas las semanas (no recuerdo el día exacto, aunque me da que eran los martes), ponían cine de terror. Esas noches siempre están en mis recuerdos, nunca las olvidaré.

Me tragué alguna que otra mierda, porque no todas eran buenas películas. Aún me viene a la memoria aquella película de cuyo título no me acuerdo, en la que un grotesco vampiro, atormentado de serlo y locamente enamorado de la sirvienta de un adinerado del pueblo, iba matando ridículamente y sin piedad a todo aquel que se pusiera por delante. A esa edad, no es que tuviera un gran criterio cinematográfico, pero no hacía falta ser ni tan siquiera medio listo, para darse cuenta de lo mala que era.

Pero por suerte, no era así. Por suerte, la mayoría de las veces pude disfrutar de películas que a día de hoy, son todo un clásico para el amante del cine de terror.

La primeras pelis de la saga Halloween, Pesadilla en Elm Street, El Exorcista, Evil Dead, Creepshow, ambas de 1982,  La Noche de Los Demonios (Night Demons) de 1987, o la gran Fright Night de 1985 entre otras, sin olvidarme (¡faltaría más!) de otras grandes como Poltergeist, La Cosa, Jóvenes Ocultos, etcétera. Hay algunas que tengo en mente, pero no recuerdo nada que las pueda identificar para así buscarlas en google, pero también me hicieron pasar una noche acojonante.

Se dibuja una sonrisa en mi cara (como ahora), cuando recuerdo aquella vez que mi hermana, entraba en la cocina y sorprendida, encendia la luz a la vez que gritaba: Mamaaa el niño está en la cocina viendo pelis para adultos!!

Chivata…