Me Llamo Earl – ¡El buen rollo y la diversión, están asegurados!
He tardado en escribir sobre esta serie, lo reconozco, porque hace ya bastante tiempo que terminó y con lo tremendamente bien que me lo hizo pasar, no le he hecho justicia en todo este tiempo al no dedicarle su hueco en Anhelarium como se merece. Y la verdad es que me acuerdo de ella contínuamente y con mucha nostálgia. La seguía a ritmo de USA, y es que no podía perderme ni uno sólo de sus episodios. En ocasiones veía los capítulos por partida doble, una vez en castellano y otra en versión original. Y qué deciros, me reía igual o más en la versión original que en la versión doblada. Me Llamo Earl, junto a la mítica Malcolm In The Middle, es para mí la serie más simpática y divertida que ha pasado por la televisión. Comedias televisivas ha habido y habrá muchas, y para gustos los colores, pero a mis 27 años, jamás he visto una serie igual. Con un humor apto para toda la familia, Me Llamo Earl, con sus 96 capítulos emitidos, consiguió estar nominada en 14 ocasiones a los Emmy, ganando cuatro de ellos y además, dos nominaciones a los Globos de Oro y dos nominaciones a los Premios BAFTA a la mejor serie internacional.
Supongo que muchos la conocerán, y para los que no la conozcan, desde este rinconcito les digo que por favor, la vean, porque la risa es sinónimo de felicidad, y esta serie te brinda con muchas y muchas risas. La serie gira en torno a la vida de Earl Hickey (Jason Lee), un simpático holgazán que ha cometido innumerables errores en su vida y que, tras perder su billete de lotería premiado al ser atropellado por un coche, se da cuenta que el karma no anda de su lado, y que sólo logrará que las cosas no le vayan mal si enmienda todos sus errores y logra hacer el bien a los demás, algo que precisamente nunca había hecho, pues Earl ha sido un cabronazo toda su vida y desde bien pequeño.
«¿Han pensado alguna vez en ese tipo que sólo comete malas acciones y se pregunta por qué su vida es una mierda? Pues ese soy yo» – Earl
Lo que más llama la atención de esta formidable e inigualable serie de televisión son sus personajes, pues son de lo más variopinto que hay. Todos y cada uno de ellos son imprescindibles, tanto que se te hace difícil elegir uno. Además, cada uno de los actores se enfundan a la perfección en el papel que les ha tocado interpretar, tanto que parece que realmente son así, y en ocasiones más que una serie parece un reportaje de idiotas que salen por la televisión, algo que escenifican mucho en la serie, y el que ya la haya visto sabrá de qué hablo. Tanto Earl, como su hermano Randy (Ethan Suplee), Joey (Jaime Pressly), el hombre cangrejo (Eddie Steeples), Catalina (Nadine Velazquez), son espectaculares, y ni de coña me olvido de los personajes secundarios como la querida Patty, la puta de las mañanas, interpretada por Dale Dickey o el tronchante y alocado Ralph Mariano (Giovanni Ribisi). Cada uno de ellos es motivo de auténticas carcajadas.
Pero estos personajes son así en gran parte por los elaborados guiones que les dan vida. Unos guiones magníficos, poseedores de muchísimos giros, guiones que son los que provocan la cantidad de disparatadas e irreflexivas conversaciones que en la serie encontramos. Podría hacer de esta entrada de blog la más larga de todo Anhelarium, porque la serie está llena de guiños y puntazos (como solemos decir en mi tierra) que son tremendamente divertidos. Yo, con lo que me quedo, son con las conversaciones entre los hermanos Hickey, sobre todo con las reflexiones tan jodidamente absurdas de Randy y sus dudas existenciales, unas dudas totalmente significativas para él y que suele planteárselas a su hermano Earl, dudas como: «¿Crees que los monos se preocupan por su aspecto?» – A lo que Earl responde: «Ya te lo he dicho, si lo hicieran, llevarían pantalones» (respuesta que a Randy convence inmediatamente).
Me Llamo Earl es una serie fresca, muy fresca, y no me cansaré de repetir lo tremendamente divertida que es, sin olvidar lo adictiva que resulta. En esta serie no encontrarás a protagonistas guaperas que conducen deportivos y viven en apartamentos de en sueño y que tienen novias despampanantes con piernas de infarto, en absoluto. Aquí encontrarás gente de la calle, con sus problemas, lógicamente, muy exagerados, al igual que sus reacciones, pero nada de esos estereotipos que tanto abundan en las series norteamericanas. Esta serie siempre te arrancará una sonrisa de la cara, aunque te haya ido el día horrorosamente mal. Earl, Randy y compañía, harán que el rato que dure cada episodio (poco más de veinte minutos), lo pases muy bien frente a la pantalla. Haciendo que en ti crezcan las ganas de seguir viendo más y más capítulos.
Siempre recordaré con añoranza aquellas noches en las que en mi habitación, me abría una cerveza bien fresquita y disfrutaba de una buena cena mientras veía los episodios de esta magnífica serie. Muchos seguidores quizás no sepan que la última temporada de esta serie sufrió una considerable caída de audiencia, y la culpa no la tuvo la serie, pues (y os juro que en esto estoy siendo muy objetivo), la serie seguía manteniendo el listón bien alto en su cuarta y última temporada, la culpa la tuvo la exitosa novedad que supuso la serie The Big Band Theory o Como Conocí a Vuestra Madre, las series que se pusieron de moda en esos días. Y, siendo aquí ya totalmente subjetivo, éstas nada tienen que hacer ni en originalidad ni en guion, ni en gracia, en definitivas cuentas, con Me Llamo Earl, pero ya se saben cómo son las modas.
Y a diferencia de éstas series que os he mencionado, Me Llamo Earl en ningún momento aburre, cosa que sí ocurre en The Big Band Theory, serie que, llegado un momento, se repetía más que el ajo, motivo por el que mucha gente, entre la que me incluyo, dejó de verla.
Jamás me olvidaré de la manera tan inocente en la que Randy veía la vida. Tampoco de aquellos destornillantes episodios de Cops, de los que Earl y los demás eran mayoritariamente los protagonistas, y por supuesto, de los momentos tan agradables que pasé con esta serie, la serie que más buen rollo me ha transmitido. Una estupenda serie de humor que nadie debería perderse.
Breaking Bad – El extraño caso del Dr. White y Mr. Heisenberg

Ya lo he dicho en más de una ocasión, y es que, queridos amigos, el verdadero cine se encuentra en las series de televisión. Al menos es así desde hace ya varios años. Sólo hay que echar la vista atrás y recordar series como Los Soprano, A Dos Metros Bajo Tierra, The Shield, 24, etc. Entre tanta serie de notable mediocridad y de las cuales abundan en su mayoría, nos encontramos con auténticas obras maestras, con un arte exquisito que se nos muestra a modo de ficción y por entregas. Cuando comencé a aficionarme a ver series de televisión, pronto me convertí en un serieadicto, por poco que me llamara la atención una serie, la acababa viendo entera. Pero con el tiempo, tras visionar series de tal calibre como las anteriormente mencionadas u otras como Galáctica, Dexter, Perdidos, Prison Break, por nombrar las más notorias, es lógico y habitual que el telespectador medio vea cómo sus gustos por las series se refinen y ya no se conforme con tan poco.
Pasé entonces a seguir por completo sólo esas series que lograban engancharme tanto o más como las que había visto con anterioridad. Las cribaba a todas y me quedaba sólo con un par de ellas o a lo sumo tres. Y las que me entretenían solamente, pasé a verlas sólo de vez en cuando y sin la intención de seguirlas concienzudamente. Por supuesto, a esto hay que sumarle que con los años, cada vez parece uno tener menos tiempo para estas cosas. Así que el poco tiempo que hay para ver series hay que dedicarlo precisamente a esas buenas series que tanto merezca la pena ver.
Así fue como llegué este pasado verano a decantarme por Breaking Bad. Sabía por boca de todos que era una gran serie, y de hecho la serie llamó mi atención mucho antes, pero entre la falta de tiempo y que por entonces estaba visionando algunas a las que les había dado preferencia, no fue hasta este verano cuando me metí de lleno en la vida de Walter White. Sabía que me encantaría, sabía que toda esa amalgama de excelentísimas críticas que la serie ha cosechado temporada a temporada no sería una exageración por parte de la fandom. Y por eso decidí que Breaking Bad sería la serie idónea para este verano, quería disfrutarla a mis anchas y dedicarle el tiempo que fuera (y mereciera).
¡Y qué destino el mío! ¡Qué potra he tenido! Porque, amigos míos, he podido disfrutar, capítulo a capítulo, sin parón ninguno, de la mejor serie del mundo. Capítulo a capítulo, temporada tras temporada. Me siento afortunado de poder haber visto una serie así de esta manera, toda seguida, como ya hiciera con otras grandes series años atrás. Hay gustos para todos, y cada uno lo disfruta a su manera, pero sé que mucha gente tuvo que esperar tediosamente durante algo más de un año para ver que ocurría tras el final de la tercera temporada. Así que, permitidme que me regocije y me sienta orgulloso de haberla visto toda de golpe. Me sentía afortunado por terminar de ver uno de los tantos buenos e impactantes episodios, y sin dificultad e inconveniente alguno, poder disfrutar del siguiente y del siguiente hasta, así, terminar de verla.

De esta forma pude apreciar aún más la tremenda transformación de la serie y sus personajes, sobre todo de Walter y Jesse. Viendo la serie como la vi, pude distinguir y tener en cuenta la evolución de la misma, evaluar meticulosamente el desarrollo de la trama, el progreso y el cambio en los protagonistas, y aún más, pude estar atento al evidente despliegue de giros argumentales que la serie tiene.
Su primera temporada no es ni de lejos tan espectacular como las siguientes, y me vais a permitir que incluso diga que la serie parece otra. En la primera temporada, que consta de tan sólo siete episodios, vemos a dos mojigatos que se meten en el mundo de las drogas, una nueva tragicomedia al estilo Weeds. Walter White (Bryan Cranston) es un profesor de química en un instituto de Albuquerque, Nuevo México al que le diagnostican cáncer terminal de pulmón y que, con el miedo de morir tempranamente, decide meterse en el mundo del narcotráfico para así poder pagarse el tratamiento y permitir que su familia nunca pase apuros tras su muerte. Para ello cuenta con la ayuda de su ex alumno Jesse Pinkman (Aaron Paul) un joven muchacho, mal estudiante y adicto a las drogas y a las juergas, con apariencias de no tener ningún talento innato, sin expectativas de futuro. Para colmo, el cuñado Walter, Hank (Dean Norris), trabaja para la DEA (Drug Enforcement Administration).
Pero nada más lejos de la realidad, pues en la segunda temporada, ya no vemos a dos inexpertos intentando cocinar metanfetamina y jugando a ser narcos, la serie da un giro de tuerca y comienza a generar una atmosfera mucho más seria y malhumorada. Y como dijo el propio Walt en el episodio titulado «Say My Name», Walter se refiere a sí mismo y Pinkman como «los dos mejores cocineros de metanfetamina en los Estados Unidos«. La serie comienza a ser un drama en toda regla. Es aquí donde la serie toma cuerpo y sorprende a cada episodio, dejando al espectador totalmente metido en la historia, y es precisamente gracias a esos episodios tan llenos de tensión y apuros, con esas escenas nunca vistas en una serie de televisión, donde Breaking Bad se gana un multitudinario e incondicional público, convirtiéndola en la serie más vista y comentada. En esta segunda temporada, mientras ambos intentan cocinar la mejor metanfetamina de los Estados Unidos dentro de una caravana familiar en mitad del desierto, Walter encuentra a un nuevo socio de negocios, Gus Fring (Giancarlo Esposito), un narco predispuesto a pagar más de un millón de dólares por la metanfetamina que éstos produjeron en el desierto de Nuevo México y que además, resulta que es dueño de una cadena de restaurantes de comida rápida. Un hombre afable y servicial en apariencia, pero que llega a inspirar miedo con tan sólo ajustarse la corbata. Hablar de la segunda temporada es hablar de un abogado de dudosa reputación que se anuncia en la televisión de forma bastante penosa con su lema «Better call Saul» (Mejor llama a Saúl). ¡Me encantó este personaje desde el minuto uno! Saúl Goodman (Bob Odenkirk) ayuda a Walter y a Jesse a blanquear los beneficios del negocio de la metanfetamina y a solucionar problemas legales con métodos muy poco ortodoxos, por decir algo.

En la tercera temporada de la serie, Walter confiesa a su mujer (que sospechaba desde hacía tiempo una doble vida por parte de su esposo) que se dedica al narcotráfico y ésta, enloquecida, le pide el divorcio. Comento esto porque creo que el personaje de Skyler (Anna Gunn), gana muchísimo peso en esta temporada, su papel llega incluso a ser tedioso para muchos seguidores de la serie según he podido leer por Internet. Tanto que hasta la propia Anna Gunn lo comentó en una entrevista reciente en el New York Times. Considero que su papel es inmejorable a partir de esta temporada, y que es precisamente gracias a sus intervenciones donde la serie recobra una mayor crudeza. Otro personaje que adquiere una gran importancia es el de Giancarlo Esposito en su papel de Gus Fring, quien ofrece a Walt tres millones de dólares por tres meses de su trabajo además de un laboratorio nuevo, moderno y totalmente completo y con un brillante asistente, Gale (David Costabile). Gus no es partidario de que Jesse, al cual considera un simple drogadicto, trabaje para él, pero Walt lo quiere a su lado, y aquí se complican aún más las cosas. Debido a que Hank va tras los talones de Jesse Pinkman, éste amenaza con entregar a Walt si es arrestado.
Ver esta serie es como ver un coche arder. Arde, parece que va a explotar de un momento a otro, pero sigue ardiendo y no sabes cuando explotará
Y es en este preciso momento, al menos así lo considero yo, donde existe un punto de inflexión. Es aquí donde somos testigos de cómo los protagonistas de la serie cambian radicalmente. Aquí es donde se asienta esa transformación, Walter ya no es Walter, ahora es Heisenberg a todas horas del día, ya no será tan fácil para Walt llegar a casa y quitarse el traje del famoso Heisenberg, porque ahora más que nunca, Heisenberg está siempre presente y continuamente actúa como tal. Es como si ese alter ego por él mismo creado se hubiera apoderado de él, le hubiese fagozitado. Y quizás sea por la razón de que Walt ve en el reflejo de Heisenberg lo que siempre quiso ser, un líder, alguien imprescindible, todo lo contrario al antiguo y bondadoso Walter White ninguneado por sus compañeros de Gray Matter. Walter ordena a Jesse que asesine a Gale para así obligar a Gus a contar con ellos como únicos, sobre todo con Walt, como único químico profesional para elaborar la droga.
Llevo años siguiendo muchas series de televisión y jamás he visto una serie con tanto ingenio y tanta perspicacia y capacidad. Y eso es sobre todo, gracias a unos excelentes actores, porque precisamente pocas serán las veces que veas a tan buenos actores en una misma serie. Breaking Bad lleva el arte de la actuación a un nivel superior, sobre todo si nos centramos en el trabajo que hacen Aaron Paul y Bryan Cranston. Tanto que toda una leyenda del cine como es Anthony Hopkins, escribió recientemente una carta pública a Bryan Cranston para comunicarle que «su interpretación como Walter White es la mejor actuación que he visto jamás». Por otra parte, la serie contiene además una serie de elementos que ensalzan su encanto aún más, y no sólo hablo de esa metanfetamina azul y el hecho de que ésta sea cocinada en una destartalada y antigua caravana, hablo de los problemas conyugales de la familia White, las conversaciones entre Walter y su hijo Walter Jr. los Pollos Hermanos, las adicciónes de Jesse, y un largo etcétera.

Comienza así la cuarta temporada. Jesse mata a Gale, y como era de esperar, Gus decide separar a Jesse y a Walt, haciéndoles trabajar por separado. Mientras Walt cocina, Jesse acompaña a Mike (Jonathan Banks), uno de los matones de Gus, para encargarse de recoger pagas y servirle de apoyo. Y es aquí donde comienza otro trascendental punto de inflexión. Puesto que esto provoca que Jesse y Walter se distancien y entren en continuas disputas el uno con el otro. La hostilidad entre los dos se hace latente y pone en peligro el negocio. Pero lo que verdaderamente tensa la situación es que Hank, investigando el asesinato de Gale, descubre la conexión de éste con Gus. De esta forma, todo se tuerce aún más, ya que Gus, una vez que sabe de la relación existente entre Walt y Hank, amenaza a Walter y a toda su familia para no poner en peligro el multimillonario negocio. Sobra decir que a estas alturas, Walter White ha conseguido poder pagar su tratamiento sin problema alguno y, lo que es más llamativo, es que, gracias a su inigualable arte para cocinar metanfetamina de gran calidad, ya guarda más de diez millones de dólares como seguro para su familia. Lo que da de sí el negocio de la droga… Antes de que se me olvide, me gustaría destacar a dos personajes secundarios, a Skinny Pete y Badger, amigotes de Jesse y que merecen mención especial por sus apariciones, poniendo la nota cómica a tanto drama.
En estos momentos la serie está en su punto más álgido. La tensión es máxima, todo parece ir a peor, parece no haber salida alguna. El escritor de la serie, Peter Gould y su director, Vince Gilligan, hacen que la serie haya sido y sea, la mejor serie dramática televisiva de todos los tiempos. Y no, amigos, que no es una exageración. Ver esta serie es como ver un coche arder, arde, parece que va a explotar de un momento a otro, pero sigue ardiendo y no sabes si cuando explotará.
Jesse y Walter se reconcilian y se ponen de acuerdo para matar a Gus. Convencen así al antiguo criminal del cartel Héctor Salamanca, ingresado en una planta geriátrica de hospital, para que éste haga explotar una bomba suicida en presencia de Gus. Héctor logra su cometido y se mata a sí mismo, a Gus y a Tyrus, su principal secuaz. De esta forma, Walter White, alias Heisenberg, y Jesse Pinkman, destruyen el laboratorio de Gus, eliminando así toda amenaza. Fue aquí cuando ya no me hacía falta ver más para saber con toda seguridad que estaba ante la mejor serie que jamás había visto.
Walter White, la mutación de un hombre humilde e introvertido en un hombre feroz, frío, inhumano, desalmado, un hombre que no conoce límite alguno, un hombre salvaje y sin piedad.
Asesinado Gus, Walter y Jesse dan comienzo a una quinta temporada que en ningún momento decaería. Esta última temporada logra rizar el rizo, siendo aún más sorprendente que la anterior, algo que parecía difícil de superar. Walter, Jesse y Mike, comienzan a trabajar juntos. Y si la idea de Gus de ocultar su negocio bajo una cadena de restaurantes de comida rápida, el ingenio y la perspicacia de Heisenberg iría por delante. El nuevo modelo de negocio consistiría en trabajar con un equipo de fumigadores de casas para cocinar metanfetamina en casas cerradas completamente cerradas y asiladas durante días por fumigación. Pero Hank y la DEA están cada vez más cercas de las huellas de Walt y logran identificar a nueve prisioneros y a un abogado que guardan estrechos lazos con Mike. Motivo suficiente para que nuestro querido Walt acabe con él asesinándolo. Pero por si fuera poco, Walt contrata a una banda criminal de matones neonazis para que asesine a los informantes que estaban en prisión. De esta forma, manteniendo a la DEA al margen, Walt a estas alturas, logra reunir nada más y nada menos que ochenta millones de dólares sin apenas haberse planteado si seguir o no en el negocio de la droga. Me es imprescindible destacar el coraje y la tremenda valentía que muestra Jesse a medida que avanza la serie.
Las cosas siguen retorciéndose en esta quinta temporada. Y precisamente por ser tan enrevesada esta recta final de la serie, y sobre todo, porque se me está alargando bastante este artículo, comentaré para finalizar que no había mejor manera de ponerle el broche final a esta sensacional serie de televisión. Hank descubre quién es Heisenberg y queda en shock. Pero esto no le parará los pies y sin tapujos irá tras el criminal de su cuñado. Las cosas entre Walt y Jesse vuelven a ir mal, todo vuelve a dislocarse, sus discusiones van a mayor, porque Jesse descubre algunas de las sucias artimañas acometidas por Walt tiempo atrás. Ambos querrán matarse por ello y Walt será abandonado por su familia y desenmascarado ante todo el mundo. Esto hará que Walt se vea obligado a huir de Alburquerque y a obtener una nueva identidad.
A estas alturas es cuando se da el momento más grandioso de la serie, al menos desde mi humilde opinión. Walt es despreciado por su familia y abandonado a su suerte. Ve que todo su trabajo no ha servido para nada, sólo para atraer desgracias que lo destrozarían todo. Todo el dinero que ha conseguido reunir para su familia es rechazado por ésta. Walt decide visitar a Gretchen y Elliot Schwartz, sus antiguos compañeros de Gray Matter que poco o nada contaron con él, ninguneándolo, y bajo amenaza de ser asesinados, les pide que en los meses siguientes, y a modo de donación desinteresada de ambos, entreguen a la familia de Walt el dinero. Es en este precioso momento donde se da la que para mí es la mejor escena de tantas que tiene la serie. Gretchen y Elliot en esta escena magnifican esa sensación de sorpresa y conmoción que todos los seguidores de esta serie hemos sentido, al confrontar la cruda realidad y la impresionante transformación de Walter White, la mutación de un hombre humilde e introvertido en un hombre feroz, frío, inhumano, desalmado, un hombre que no conoce límite alguno, un hombre salvaje y sin piedad.

A pesar de que en esta entrada he destripado un poco bastante parte de la trama, me aguanto las manos y no diré nada sobre el final. Porque si has leído este artículo y no has visto la serie y no ves el final, no tienes perdón de Dios. Porque con esta entrada no sólo he querido rendir homenaje a la mejor serie del momento, sino que pretendo alentar a todos aquellos que aún no la hayan visto a que la disfruten, porque en la televisión no siempre podrás ver tanto talento y calidad al mismo tiempo.
Parker Lewis Nunca Pierde – Una significativa serie de los años 90

Son muchas las cosas que se pueden decir con respecto a esta divertidísima serie de televisión. Por ejemplo, la primera cosa que se me viene a la mente, es el por qué no se hacen cosas así a día de hoy. Los 90, aquella maravillosa década de la cual siempre hablo y nunca acabo por publicar su merecido artículo, una década que tantísimo ofreció y de la cual en la actualidad, y por desgracia, se conservan muy pocas cosas. Y muestra de ello es que series así no se hacen ya, y no sólo por lo ocurrente y graciosa que es toda en sí, sino por lo sana y elocuente que resultaba, donde por cada capítulo y tratados de la forma más amena y chistosa, siempre se mostraban unos valores a tener en cuenta, valores como la amistad, la generosidad y el respeto a los demás.
Pero vamos por partes porque la serie merece ser detallada justamente, créeme, sigue leyendo porque de seguro te sorprenderás.
Una de las mejores series de adolescentes de todos los tiempos
Hablar de Parker Lewis Nunca Pierde es hablar no sólo de una de las mejores series de adolescentes e institutos, sino de un antes y un después en cuanto a las series de televisión. Mientras que a día de hoy tenemos enormes mierdas en nuestra parrilla televisiva como Física o Química, donde los profesores se acuestan con alumnos y éstos tienen problemas de drogas y demás, en aquellos primeros años de la colorida década de los 90, series como Salvados Por La Campana y Parker Lewis Nunca Pierde, entre otras, entretenían a los adolescentes del momento (y a los no adolescentes también, que conste) con sus estrafalarios y alegres capítulos.
¿Pero qué diferenciaba a esta serie de las demás? Pues, además de ser de lo más alegre y divertida, la serie estaba realizada en un formato poco común tanto en esos años como en los actuales ya que la serie estaba hecha como si fuera una serie de dibujos animados o un cómic. Dosis de surrealismo y efectos sonoros son las sustancias de las que se compone la serie y las cuales hacen que marque la diferencia para con el resto. Tuvo 3 temporadas, de 1990 a 1993, con un total de 73 episodios y de 30 minutos de duración cada uno. En esos años se podía ver en los canales autonómicos, en nuestro caso, por Canal Sur. Pero hace unos años, gracias a canal CUATRO, que como bien prometió en sus inicios sería un canal muy nostálgico que rescataría series de antaño, como V o El Príncipe de Bel Air, dio una alegría a más de uno rescatando esta encantadora serie emitiéndola los sábados y domingos por la mañana.
La serie trata sobre el día a día de tres buenos amigos, Parker Lewis (Corin Nemec), el principal protagonista, cuyos padres regentan un videoclub (el MONDOVIDEO), Mickey (Billy Jayne), el guaperas rockero del colegio e inseparable amigo de Parker y Jerry Steiner (Troy Slaten), el empollón más empollón de todos y que además de ser un fiel amigo, hace las veces de sirviente y secretario de Park y Mickey cual nerd de turno. Éste poseía una gabardina de color gris y de ella se sacaba en cualquier momento el objeto que deseara. En ocasiones, Jerry sacaba del interior de su gabardina elementos tales como una sierra mecánica, una tabla de planchar e incluso llegó a sacar en una ocasión a un Doverman. ¡Ríete tú del inspector Gadget!
Park Lewis es el chico más popular del instituto Santo Domingo, y no crean que es el típico quarterback guaperas de instituto como en muchas pelis norteamericanas nos pintan, para nada, guaperas es, sí, pero es a su vez uno de los tipos más listos y más carismáticos de todo el colegio, sino sólo tienes que comprobar las excéntricas y horteras camisas que siempre lleva y su más que llamativo tupé. Frases como “¡Caballeros, sincronicen sus relojes!“ o ¡No problem!” son las más repetidas por Parker en cada capítulo y las que más éxito tuvieron entre el público juvenil de aquellos años. En un instituto siempre hay problemas, pero no en todos los institutos tienen a Parker Lewis para resolverlos. Y en eso consiste esta fantástica serie, en tratar los problemas cotidianos de jóvenes y no tan jóvenes de la manera más natural posible y sobre todo, con mucha gracia. Pero antes de centrarnos en ello, es de obligada mención resaltar los personajes secundarios de esta serie, los cuales probablemente sean los que más relevancia otorgaban a la misma.

Más que simples personajes secundarios
Como suele pasar en muchas historias, el personaje siempre tiene un enemigo, en este caso, una pequeña enemiga. Y es que aquí, ese papel lo juega Shelly Lewis (Maia Brewton), la hermanita pequeña de Parker y que siempre intentará quedar por encima de él haciendo lo que mejor sabe, ser una chivata de categoría. ¿Y a quién se iba a chivar? ¡Lo puedes imaginar! Porque… ¿Qué es de un instituto sin su correspondiente director? En este caso, la cruel, maquiavélica, despiadada y terriblemente atractiva, señorita Musso (Melanie Chartoff), la cual, cada vez que se cabrea, en cada capítulo rompe el cristal de su despacho tras pegar un sonoro portazo. Esta directora se sirve de un perrito faldero, de otro chivato más chivato todavía, un rango conocido en la serie como “ayudante soplón” y ese papel recae en Frank Lemmer (Taj Johnson), el siniestro del colegio que, lo único que pretende es, y con la autorización de la señorita Musso, someterlos a todos.
Pero si hay un personaje que más encandiló al público en general y que por ello se convirtió en uno de los más importantes de la serie, es Larry Kubiac (Abraham Benrubi), el bruto, el grandullón del instituto que sólo piensa en comer comer comer comer y comer, eso sí, es un tipo que puede pasar de despiadado a bondadoso en centésimas de segundo ya que tiene un grandísimo corazón. A lo largo de la serie como es evidente van apareciendo otros personajes pero ninguno tiene la importancia como los aquí detallados.
Capítulos a modo de ejemplo
Como anteriormente mencioné, cada capítulo se basa en algún que otro problema cotidiano en nuestra sociedad, como las drogas, el sexo, la discriminación social, la adicción, el maltrato animal o la delincuencia entre otras cosas. Por cada uno de esos capítulos, Parker, Mickey y Jerry, acompañados del inherente elenco de actores que siempre les acompaña, siempre intentan salir de esos conflictos y cuestiones de la mejor manera y siempre, teniendo en cuenta el sentido y conclusión final.
Como por ejemplo, aquél capítulo en el que Mickey decidió abandonar los estudios prematuramente para dedicarse plenamente a su grupo de Heavy Metal. En esa ocasión, ahí estaban sus amigos para hacerle ver que ése no era el camino correcto. O como aquella vez que Jerry se negaba a aceptar su adicción a los videojuegos (concretamente a los de nuestra querida y añorada Nintendo NES). Y por supuesto, Parker tampoco se libra de tener que luchar contra sus propios demonios.
Pero de toda la serie en general, lo más destacable de todo, es el valor de LA AMISTAD, la amistad verdadera. Quizás la serie sea muy idílica en ese aspecto, pero a medida que veía la serie, varias fueron las veces que resoplé, maldiciendo el por qué jamás he tenido una amistad tan pura y desinteresada. Y es que Parker Lewis Nunca Pierde es una serie que entre muchas otras cosas, lo que más refleja, lo que más enseña, es que un buen amigo es más que una simple compañía, es mucho más que eso, un buen amigo puede convertirse en un pilar fundamental en tu vida en el que apoyarte en los peores y mejores momentos, todo un tesoro a guardar.
Curiosidades de la serie
La principal curiosidad de esta serie es que sus dos primeras (y benditas) temporadas no tienen nada que ver con su mal lograda tercera y última temporada. Tras finalizar la segunda temporada de Parker Lewis Nunca Pierde, la FOX se desentendía de ella, pero debido a la presión de los fans y sus incansables peticiones de que la serie volviera a la televisión, la FOX aceptó hacer una tercera temporada pero eso sí, ésta tendría que ir por otros derroteros. Y así fue como esta magistral serie pasó a convertirse en la típica Familiy Show tipo Cosas de Casa o Blossom y perdiendo así todo el encanto que anteriormente tenía.
Fijaos si el cambio fue drástico, que Parker dejó de utilizar sus horteras camisas e incluso cambió su particular tupé por el típico peinado a lo Zack Efron. Eso sin contar con que algunos personajes como Frank Lemmer desaparecieron por arte de magia. Todo esto provocó que la tercera temporada, aunque ésta llegara a su final, no obtuviera la suficiente audiencia y por ello jamás se volviera a emitir nuevas temporadas, quedando así para la historia.
Como otras curiosidades, la aparición en el primer capítulo de una jovencísima Mila Jovovich, la cual jamás ha estado tan radiante y bella como en ese capítulo. Contaba con tan sólo 17 añitos.
Además, las exóticas camisas usadas por Parker se vendían en los comercios ya que éstas tenían mucho éxito entre los fans. Por último, la serie se aludía frecuentemente a Ferris Bueller (personaje de la película Ferris Bueller’s Day Off), se decía que el personaje de Parker estaba inspirado en él.
El por qué se tiene que ver esta serie
A los que nunca habéis visto ni un solo capítulo de esta distinguida serie, por favor, véanla, os la recomiendo decididamente, ¡no se arrepentirán! ¿Por qué? Porque, si además eres un nostálgico como yo y añoras esos coloridos años y encima deseas pasar buenos momentos, ya no sólo recordando tu infancia o adolescencia, sino pasándolo realmente bien y a gusto viendo una serie, deja entrar en tu vida a Parker y a sus amigos, ¡te aseguro que será toda una experiencia!
¡Vivan los 90!



































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