Tiburón, de Steven Spielberg [1975]

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Existen miedos que nunca desaparecerán. Como el miedo al mar, a los secretos que debajo esconde, y sobre todo, miedo a los dientes, dientes grandes de fauces enormes, poseídas por demonios marinos que pululan por las entrañas de un gigantesco paraíso subacuático. Esta película de Spielberg no ofrece nada nuevo, pues el miedo a los tiburones siempre ha existido y siempre existirá. Pero Steven Spielberg tiene algo que pocos directores poseen, y es esa tremenda capacidad de contarte cualquier cosa de tal manera que parezca algo extraordinario, nuevo, fascinante. Si a esto le sumamos que esta historia viene acompañada por los compases de John Williams (el mejor compositor de música cinematográfica), la película cobra un mayor sentido y nuestro miedo al mar, a los dientes, se acrecienta y nos quedamos pegados al sofá sin querer apartar la vista de la pantalla.
Steven Spielberg es de esos directores que en la década de los setenta y ochenta, crearon una nueva forma de hacer cine, toda una verdadera manera de marcar un antes y un después. En esos años tuvimos a Coppola y su trilogía de El Padrino, a George Lucas y su Guerra de Las Galaxias y a Martin Scorsese con Taxi Driver. Todos ellos y otros más, revolucionaron a lo grande el séptimo arte.
Tiburón fue un éxito rotundo, la película que encumbró al que está considerado uno de los mejores y más grandes directores de cine del mundo. Spielberg podrá gustare mucho o poco, pero sin duda, ha sido y es pieza fundamental en la historia del cine. Las cosas que tiene la vida…Spielberg estuvo a punto de abandonar la realización de esta cinta pues no le permitían grabar escenas en el mar, y qué cosas, al final acaba haciendo una película que con el tiempo se convertiría en todo un clásico. Esta cinta está basada en el libro de Peter Benchley, y Spielberg supo condensar ese libro en la gran pantalla. La película no sólo nos cuenta la historia de un tiburón que devora a personas. La historia trata sobre la desesperación de todo un pueblo que vive mayormente del turismo y comprueba que su economía se ve en peligro por las ansias de un tiburón por acabar con todo bañista que se tercie. De hecho, el director centra su atención precisamente en este punto durante la primera parte de esta película. Spielberg muestra cómo es el pueblo al completo, la manera de vivir de sus habitantes, sus quehaceres, intereses, y por supuesto, el miedo a perderlo todo por culpa ese escualo que tiene atemorizado a todos.

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La fotografía de esta película es impecable, ésta juega de forma espléndida mostrando el júbilo de los bañistas en la playa, la felicidad de los ciudadanos, todo eso adornando con el fondo de ensueño que aporta el azul del mar y la luz dorada del sol. La playa es el escenario de esta historia, por eso los que somos amantes del mar, del sol y la playa, vemos en esta película un plus más.
Leí no hace mucho que el rodaje de esta película fue todo un quebradero de cabeza. La maqueta del tiburón traía de los nervios, y qué decir de la barca con la que dan caza al tiburón, se hundió, teniendo que izarla de nuevo mientras se volvía a hundir en pleno rodaje. Y precisamente en esa barca donde encontramos el mayor esplendor de los principales personajes de esta película. El tándem Scheider-Shaw-Dreyfuss es magistral en la segunda mitad de esta cinta. Son los héroes de esta historia, los que se juegan la vida para poner fin al temor de todo un pueblo. Necesito destacar brevemente la escena en la que los tres conversan a altas horas de la madrugada en la barca, una escena que me encantó por su tremendo calado. Quizás sea ahí el punto más álgido de estos tres héroes, los protagonistas de Tiburón.
Algo muy habitual en Spielberg es hacer que en sus películas, una persona totalmente corriente se enfrente a situaciones excepcionales, y es así como vemos que tres hombres se enfrentan a lo insólito. Tiburón fue la primera película de la historia del cine que pasó la barrera de los 100 millones de dólares en recaudación. Con los años, esta película no ha perdido nada en absoluto. Tiburón es desde hace décadas una habitual en la parrilla, una de esas películas que emiten todos los veranos y siempre acaba sentando a miles de personas ante la pantalla, pues consigue un efecto totalmente cautivador, expandiendo aún más ese terror que el humano siempre ha sentido por los monstruos y por las desconocidas profundidades marinas. Y eso lo consigue principalmente gracias a unas interpretaciones muy reales y al tratamiento tan adulto y serie que se le da a las escenas más terroríficas de esta película. En esta película parece que todo el mal que ronda por este mundo ha quedado encerrado en una bestia marina, ahora dueña caprichosa de la muerte, una muerte que en vez de una afilada guadaña posee unos aterrantes y afilados dientes que todo lo sesgan. La película trasmite tensión y mucho miedo.
Y es por esto que un joven director, que apenas había cumplido los 30 años de edad, se consagra como el rey del cine. Desde esta película, Spielberg podía campar a sus anchas, tendiendo la posibilidad de elegir y pedir todo lo que quisiera a la hora de dirigir una nueva producción.
Muy pocas películas sobre monstruos o animales sanguinarios te provocaran tanto miedo como Jaws (como así se titula originalmente). Una película muy entretenida, tensa, que por momentos logra asfixiar al espectador en esos momentos de pánico provocados por los ataques del tiburón. No sé si catalogarla como cine de terror, de aventuras o suspense, pero sea cual sea su etiqueta, esta película hará que te pienses dos veces eso de meterte en el mar, y esto te lo está diciendo un surfista, que conste.

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True Detective – Entre la luz y oscuridad
Anoche terminé de ver los ocho episodios que componen la primera temporada de esta espléndida serie. Una nueva serie policiaca que no ha pasado desapercibida para nadie. Una nueva serie policiaca, como otras muchas que están por llegar, como muchas que ya se han hecho, y que en esta ocasión, se encarga de pulir, y a la perfección, los errores de las series de este género. True Detective toma ciertos matices de series como Twin Peaks, algo que se aprecia sobre todo en los primeros minutos de su capítulo piloto, pero no es más que una pincelada, la recuperación de algo que pertenece a la vieja escuela para dar forma a algo mucho más allá, pues True Detective adquiere una forma única nunca vista antes en la pequeña pantalla, una serie con una personalidad rotunda y que sin duda alguna, se convierte en un referente, en un nuevo punto y aparte en las series televisivas.
Cuando creíamos que no volveríamos a ver, al menos a corto plazo, una serie como Breaking Bad, Nic Pizzolatto, creador de True Detective, da forma a una nueva serie de culto. Porque en esta nueva serie sobre detectives, no vemos (y damos gracias) a esos clichés del género, esos personajes tan repetitivos y con falta de carisma, porque quizás carisma tenía el primero de ellos y el resto son una copia barata. True Detective excava en la personalidad de estos dos detectives, Martin Hart (Woody Harrelson) y Rustin «Rust» Cohle (Matthew McConaughey) de la División de Investigaciones Criminales de la Policía Estatal de Luisiana. Sorprende de primeras ver a dos pesos pesados e Hollywood en la pequeña pantalla, y más en una serie que apuesta a lo grande. Sobre todo Matthew, que en estos últimos años ha pasado de ser el mediocre actor de insoportables comedias románticas a ser uno de los mejores actores del momento. Matthew parece ser que envejece como el buen vino. Desde luego, la serie parecía tenerlo todo. Parecía no poder salir nada malo de este proyecto. HBO es de las cadenas que más calidad con sus series ha aportado a la televisión (véase A Dos Metros Bajo Tierra, por ejemplo) y con estos guionistas y estos actores, indiferente no dejaría nunca, eso seguro. Y así ha sido. Porque vemos a unos personajes interpretados de manera magistral. Y es que hasta los personajes secundarios resultan de lo más relevantes, como es el caso de Maggie Hart (Michelle Monahgan) la cual ha estado pletórica y bellísima a lo largo de estos ocho capítulos. Y qué decir de Glenn Fleshler, un actor para mí desconocido hasta el momento pero que en los breves momentos en los que aparece en la serie, levanta una tremenda turbación en el espectador. Un papel espectacular.
El guion es ya, como he dicho antes, toda una referencia. Un soberbio guion que no sólo se centra en los diálogos, sino que ahonda en todos los perfiles y matices de los personajes, en sus gestos, su mirada. El guion requiere hasta el último detalle, incide hasta en la manera en la que Rust fuma su cigarrillo. Esta guion es autenticidad, completa autenticidad. Pero un buen guion no es nada sin una buena realización, y ahí entra en juego Cary Joji Fukunaga, que es quien ha creado la atmósfera en la que se esparce True Detective, creando una puesta en escena tensa, tenebrosa y recóndita. Porque sin muy exagerado que parezca, uno siente al ver esta serie como si algo lo acompañara, como si el espectador fuese también observado por algo o alguien, por alguna extraña entidad que persigue a los protagonistas por todo el camino.
La historia comienza en un escenario que parece de lo más irreal. Martin y Rust se topan con un crimen perpetrado de una manera que sobrepasa lo macabro. El cadáver de una mujer desnuda, con extraños símbolos ocultistas en su cuerpo, atada de pies y manos, con unos cuernos de venado en su cabeza y en mitad de una plantación de caña de azúcar, es el punto de partida de un largo recorrido, lleno de oscuridad y brujería, maldad, y mucho nihilismo. La pareja de detectives formada por Hart y Cohle encabezan el grupo especial de investigaciones, todo indica que un asesino en serio anda suelto, y juntos irán tras su pista. Por el camino, a medida que va quedando aún más latente la mezquindad de este mundo, ambos detectives irán dejando ver el drama que encierran sus vidas. Martin Hart es un conservador padre de familia, una familia tradicional y cristiana, con ciertos problemas de comportamiento, muy integrado en la sociedad rural de Luisiana y con cierto prestigio dentro del cuerpo de policía. Pero Cohle, recién llegado del estado de Texas, es un hombre renegado, de personalidad rara y pesimista y que arrastra una profunda depresión por la muerte de su hija pequeña. Rust tiene una visión muy pesimista y negada de la humanidad, es ateo y su filosofía nihilista ofende la mentalidad religiosa de los pobladores de esa zona rural de Luisiana. Ambos detectives son como la noche y el día, y es por ello que su relación es muy compleja y a veces chocante, llegando a vivir numerosos climas de tensión entre ellos.

La investigación avanza y va dejando al descubierto varios crímenes perpetrados por delincuentes marginales, una misteriosa secta que utiliza a Jesús como reclamo pero que sus rituales tienen más que ver con la brujería y el satanismo y una popular iglesia cristiana evangélica en la que se han producido delitos encubiertos de pederastia en el pasado y que está liderada por un rico y poderoso reverendo muy ligado a las altas esferas del poder político de Luisiana. Pero no nos podemos olvidar el misterioso Rey Amarillo, supuestamente el cerebro de toda la trama criminal, y un lugar, Carcosa, el escenario de todos los crímenes y violaciones.
Los primeros episodios nos muestran los hechos del pasado de forma no cronológica, en un lento transcurrir, en flashbacks narrados por ellos mismos, quedando los dos últimos como los más perceptibles al situarse ya en el presente. Matthew McConaughey y Woody Harrelson están soberbios, tanto que al finalizar anoche el octavo episodio, ya los echaba de menos. La segunda temporada contará con una pareja de detectives completamente nueva, pero será muy difícil superar a ésta, creedme.
Estás ante una serie cuidada al detalle y de una calidad excepcional. Una serie llena de luz y oscuridad, en la que sus personajes dialogan con el infinito y miran hacia las estrellas. Una serie que hasta en sus momentos de silencio, tiene algo que decir. Sin duda alguna, la primera temporada de esta serie quedará en la historia como una de las mejores de la televisión americana.
El Internet de antes
Esta mañana bien temprano, y sin venir a cuento, se me ha venido a la mente cómo era nuestra relación con Internet a principios de la década pasada, cuando poco a poco comenzó a instalarse Internet en nuestros domicilios. Concretamente, me he acordado de aquél exitoso programa, el famoso Messenger, desde hace ya unos años unido a Skype como programa de mensajería instantánea. Lógico, con la tremenda eclosión de las redes sociales tipo Facebook o Tuenti, ya el Messenger no lo utilizaba ni Dios. Pues bien, desde entonces, y esto sonará muy extraño, creo que la alta y más moderna tecnología de a día de hoy, sí ha beneficiado un tanto, o quizás sólo un poco en comparación con todos sus aspectos negativos, pero considero que sí ha hecho que nuestras relaciones sociales mejoren y, por supuesto, pienso matizar esto un poco mejor.
Seguro que en muchas ocasiones has oído o incluso has dicho que la tecnología actual, toda esa cantidad de aparatos informáticos, aplicaciones, redes sociales y demás, nos distraen, nos emboba, haciendo que seamos distantes y nuestras relaciones interpersonales se vean perjudicadas. Además, provocan en nosotros una necesidad que realmente no necesitamos, nos envicia, somos adictos a todo esto. Hay jóvenes que necesitan encontrar en las redes sociales la popularidad que no tienen en su vida diaria, necesitan tener más y más amigos o seguidores en Facebook o Instagram, que sus fotos las vean cuantas más personas mejor, sentirse importantes y atendidos. No pienso desmentir nada de esto pues lo pienso así, yo mismo comparto estos razonamientos.
Internet es una de las herramientas más importantes y significativas de nuestra evolución como seres humanos. Internet evoluciona y nosotros evolucionamos a su lado, pero, ¿evolucionamos para mejor o para peor? Es un tema espinoso, tremendamente relativo y sobre todo, un tema muy susceptible para muchos. Son muchas las veces que he escuchado que la juventud de décadas pasadas, como la de los años 70 u 80, se relacionaba mejor que los jóvenes de hoy día. ¿Es esto cierto? Todo tiene sus matices, todo se puede ver de muchas maneras distintas. Porque antaño, por lo general, a una chica adolescente le costaba horrores acercarse al chico de sus sueños, o llamarlo por teléfono a su casa y poder hablar con él tan sólo unos minutos. Eso no ocurre en el presente. Generalizando, ahora los jóvenes se comunican con la misma facilidad con la que pestañean. Hacemos buenos colegas a través de las redes sociales, personas con nuestros mismos gustos en cine o música, etc. Podemos encontrar a nuestra pareja ideal o encontrar una sincera y bonita amistad. Y qué decir del conocimiento. Internet es la mayor y más cercana fuente de conocimiento que tenemos. Todo está a nuestro alcance a golpe de ratón. Con tan sólo hacer clic, podemos comenzar a instruirnos en un idioma nuevo, a leer acerca de cualquier civilización antigua o escuchar al mismísimo Ortega y Gasset. Pero también podemos encontrar el aislamiento, el vicio, la perversión, el salvajismo, podemos toparnos con el lado más insolidario e insensible de Internet, pues es un arma tan poderosa que puede hacer el bien y el mal en gran medida. Toda un arma de doble filo.
Pero, y he aquí el motivo de este post, considero que nosotros los jóvenes, nos hemos visto beneficiados con este significativo avance tecnológico. Hemos evolucionado con ello. Porque yo comencé mi adolescencia a principios de la década del 2000, y fui testigo directo de esos días y cómo fueron en comparación con nuestra actualidad. Yo fui testigo de cómo en aquellos años, muchos jóvenes se encerraban en sus casas, sin querer salir salvo para ir al instituto y poco más, con tal de quedarse más tiempo frente al ordenador, conectados a Messenger y chateando, porque creedme, los chats en esos días eran un auténtico boom, la moda de todas las modas. La tecnología del momento no nos permitía, entre otras cosas, movilidad alguna. No existían los smartphones, y no todos los jóvenes tenían teléfonos móviles en esos días. Internet comenzó a instalarse poco a poco en las casas. A finales de los 90 para acceder a la Red nos íbamos a los Cibercafés, un negocio en alza en esos días. Pero desde 2001 en adelante, Internet sería parte de cada domicilio, poco a poco Internet fue y es, parte de las necesidades básicas de una casa, como la luz y el agua.
En eso días, fue tal la moda de Internet que los más jóvenes y no tan jóvenes preferían quedarse en casa que salir con los amigos. Priorizaban el poder conocer a gente tras la pantalla que en persona. Y los que decidían salir a la calle, la mayoría, al poco rato ya deseaban regresar a casa para estar conectados a sus ordenadores y chateando sin parar. Conocí a gente que en esos años, pasaban las tardes enteras en esos cibercafés, y los que tenían conexión en casa, prácticamente no salían de su habitación. Aún consigo acordarme de algunos momentos puntuales en los que me encontraba reunido con amigos y ver cómo alguno de ellos o varios, aun pasando un buen momento todos juntos, entre risas y demás, se iban porque preferían estar en sus casas para pasarlas con el dichoso Messenger. Muchos preferían pasar las tardes de verano conectados a ese programa y al resto de chats, que estar en la playa, con el resto de amigos. Una opción respetable pero a la vez preocupante, al menos por aquél entonces.
¿Están los jóvenes en la actualidad igual de enganchados a Internet? ¿Quizás están aún más? Puede, y como dije anteriormente, Internet evolucionó y nosotros con él también. Pero considero, que esta evolución, o al menos esta parte en concreto de esta evolución conjunta entre Internet y nosotros, ha beneficiado, aunque sea sólo un poco. Pues ahora las personas no están enclaustradas en sus casas pegadas a la pantalla. Ahora, al menos, por lo general no tienen problemas en salir a la calle. En esos días, aun siendo yo un adolescente, me daba cierta pena ver cómo chicos y chicas de mi edad se negaban a salir a la calle por estar conectados más tiempo a Internet. Por eso, considero que es un paso, de gigante o no, pero un paso. Y yo que me alegro de ello.

































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