El movimiento mindfulness

Vivir plena o conscientemente, que es lo que significa el término mindfulness (consciencia plena), es algo que nos puede llevar tan sólo cinco segundos de nuestro tiempo. Con tan sólo cinco segundos podemos volver a nuestra mente y conectar con nuestro cuerpo, mantener el cuerpo y la mente en sintonía, enfocarlos en el momento presente. Respiramos, sentimos nuestra respiración, y con ella somos conscientes de lo que está pasando en nuestro cuerpo y en nuestra mente, para así, aliviarnos, cuidarnos, cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente. Algo como parar unos segundos y respirar puede parecer algo muy sencillo, e incluso puedes pensar que eso es algo que ya hacemos a diario y de forma automática. Pero ese movimiento tan sencillo como es el respirar, si lo hacemos de forma cuidadosa y lúcida, siendo conscientes de ello, tiene en nosotros unos efectos increíbles y maravillosos. Desde que supe de esta filosofía, mí vida no ha hecho más que cambiar para mejor.

La práctica de la atención plena es una práctica heredada de la tradición budista, y que desde hace muchos años se está empleando en el ámbito de la psicología occidental para así poder paliar todas aquellas condiciones físicas y mentales que nos provocan sufrimiento. Puedes leer acerca de la filosofía budista en este artículo que publiqué para mi otro blog, Historia Errante. Muchas personas, la gran mayoría, andan automatizadas, caminan deprisa, comen deprisa, están contaminadas por ese ‘yaísmo’, y quieren todo ya, ahora mismo. Además, la mayoría de nosotros en muchas ocasiones vivimos anclados en el pasado de tal manera que nos hace turbio nuestro presente. En ocasiones nos cuesta partir con ese pasado al que estamos encadenados, nos resulta arduo olvidarnos de lo que ya sucedió y que ya no existe, como un amor que se fue, alguien que perdimos, un momento añorado que nunca volverá, etcétera. Eso nos produce sufrimiento, como también nos lo produce el estar inquietos por nuestro futuro, por lo que queremos tener o llegar a ser. Hasta que no sea médico no seré feliz, hasta que no tenga el coche no estaré tranquilo, hasta que no suceda esto que tiene que suceder no estaré en paz. Personas fondeadas en un pasado inexistente y preocupadas en exceso por un futuro que no ha llegado aún.

Si a esto le añadimos que existen personas que, independientemente de que sufran o no de lo anteriormente mencionado, no prestan atención alguna a lo que verdaderamente merece la pena, realmente nos encontramos con caminantes, simples caminantes o zombis que deambulan por nuestra sociedad. Y me refiero a esas personas absortas en materialismos, en distracciones banales, que no saben valorar lo que tienen y que verdaderamente tiene un importantísimo valor. Hay personas que parecen que han olvidado que tienen salud, que pueden moverse con independencia y que tienen el tiempo a su favor, porque están vivos y sanos, para hacer con sus vidas algo mejor.

Siempre buscamos fuera, para obtener la felicidad. Y nada más lejos de la realidad. La felicidad no está aquí o allá, la felicidad está en nuestro interior. El paraíso no está en el cielo, está dentro de nosotros. El camino más corto para llegar a la felicidad y estar en plena conexión con Dios, está en nosotros mismos. Somos nuestro propio cielo.

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Cómo practicar la plena consciencia

Con la práctica del mindfulness nos tomamos un tiempo para respirar, meditar, y ser conscientes de que estamos vivos, aquí y ahora. ¿Cómo logramos esto? Con la respiración consciente; inhalo y soy consciente de que estoy inhalando, y exhalo siendo consciente de que estoy exhalando. Tomo aire, siento cómo el aire entra en mi cuerpo, y doy gracias a Dios y al Universo por ello. Suelto el aire que he tomado y que ha refrescado mis pulmones y me siento agradecido y complacido. Aspira, concéntrate en que eres una flor primaveral, espira e imagina que eres esa flor. Podemos practicar la consciencia plena en cualquier momento del día, el tiempo que queramos. Podemos meditar mientras nos preparamos el desayuno, e incluso desayunando. Meditamos mientras nos duchamos o nos vestimos. No hace falta estar en posición de loto y cerrar los ojos para meditar. Existen otras maneras de hacerlo. El mindfulness hace que seamos conscientes de nuestro momento presente. Pongamos como ejemplo que estamos almorzando una deliciosa ensalada. Al comer se encienden todos nuestros sentidos y es fácil que nos distraigamos. De esta forma, al sentarnos frente a ese plato de ensalada, damos gracias por poder alimentarnos con ella, y mientras la saboreamos, volvemos a nuestro cuerpo, a nuestra mente, sentimos que estamos presentes degustando una deliciosa ensalada, una ensalada hecha por muchas condiciones que se han reunido para que estemos frente a ella y la podamos degustar, como el sol, la lluvia, la tierra, el trabajo realizado por los que trabajan el campo. Comer es un milagro, y hay que saber valorarlo. No hay que decir nada ni hacer nada más, sólo estar consciente con nuestra respiración.

Este es el arte de saber parar. Vivimos acelerados, adictos a ese ‘yaísmo’ que mencionaba con anterioridad. Deja los pensamientos negativos y aprecia con total atención lo que estés haciendo. Muchas religiones hablan de la necesidad de dar un descanso a nuestros quehaceres, por ejemplo los cristianos hablan de descansar los domingos, los judíos el sábado y los musulmanes el viernes. El descanso como vemos es fundamental en nuestras vidas.

Cada uno vive las enseñanzas del budismo al nivel que desea. Practicar el mindfulness no se trata de despegarnos de nuestra religión y convertirnos a otra, o que nos hagamos monjes y vayamos al monte a cultivar un huerto y llevar una vida austera y aislada del mundanal ruido. En absoluto. Sólo se trata de realizar un ritual lento en nuestras vidas, en nuestro mundo cotidiano. Cuando tu mente está en todas partes y en ninguna, eres solo mínimamente consciente de todo lo que te rodea, de todo lo que eres. La paz está en nuestro interior y el mindfulness sólo nos muestra el camino para vivir en un estado de paz y plena atención el mayor tiempo posible.

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