Crónica del último día de olas
Sabía que serían las últimas del verano, las miraba atónito, las contemplaba con admiración y asombro, como si las hubiera visto por primera vez. Esa era una mañana especial, y tanto que lo era. Esa misma mañana me despedía de mi playa, hasta no sabía cuándo. Era casi mediodía, y se notaba que estábamos bien entrados en septiembre. La playa se presentaba sin esa multitud de veraneantes y volvía a recobrar esa estampa majestuosa que cada verano se enturbia por la burda presencia de forasteros y turistas que la colapsan y la ensucian. Las olas eran enormes. Como gigantes que aporrean sus tambores, esas olas partían en la dorada orilla y su estruendo anunciaba el fin del verano. Volvía a ser el fin, la melancolía comenzaba a brotar por mis venas y emborrachaba mi mente de no sé cuántos recuerdos. Porque mi vida entera está allí, estaba allí. La sentía como nunca. Montaba a lomos de esas olas que todo amante del surf anhela y dejaba que me llevaran, sin pretender nada más, ni giros, ni técnica alguna, sólo quería surcarlas, que mi cuerpo y mi mente se ensimismaran ante tal esplendor, y sentirme por un instante formar parte de ellas. No sé cuánto tiempo pasó, cuánto estuve dentro del agua, sólo salí cuando me sentí exhausto. Me senté en la suave y cálida arena, y contemplaba con delicadeza la belleza que me rodeaba. Mis lágrimas se mezclaban con el agua salada en la que me había bañado. Soy feliz, me decía, y daba gracias por vivir aquello.

Le hice esta foto a mi tabla mientras esperaba el autobús. Cargar con ella y meterla dentro me ha hecho vivir alguna que otra anécdota muy graciosa.
A los caminantes
Soy feliz de poder vivir mi vida al lado de una persona tan única y extraordinaria como es mi hermana Desiré. Ella significa muchísimo en mi vida, lo ha sido y lo es todo para mí. Hace unos días cumplió uno de sus sueños, comenzar el Camino de Santiago. Muchas cosas he aprendido de ella a lo largo de mi vida, como nunca perder la ilusión y poner todo el cariño y la entrega en las cosas que verdaderamente me gustan, además de la pasión por escribir todo lo que siento y pienso en cada momento. Es para mí un auténtico agrado poder compartir en Anhelarium una de sus notas, donde evidencia un claro mensaje de ánimo, infundiendo fe y confianza en todas aquella personas, a los caminantes, que presten atención a sus palabras. ¡Gracias hermanita! ¡Descaminate!
Si quieres caminar, comienza dando el primer paso. El camino eres tú y tú eres el camino, no hay otro modo. A veces mirarás al horizonte y creerás que es imposible, veras que el camino serpentea entre montes con subidas que parecen eternas y bajadas que quitan el aliento.
Cuando tomes conciencia de ello, pensarás que eres incapaz, que tus fuerzas no te van a permitir recorrerlo, pero sólo si te concentras en el sonido de tus pasos y dejas que ellos te guíen podrás lograrlo. La subida no parecerá tan dura cuando estés dentro de ella, en ese momento, aligera la carga y aprieta el paso, mantén el ritmo concentrándote en ti y en el movimiento hacía delante de tu cuerpo, avanzarás y cuando quieras darte cuenta, el camino habrá cambiado, y lo que antes era una cuesta empinada se tornará en una bajada libre y fresca que te invite a extender tus alas al viento.
No habrá camino igual, todos son distintos, en todos y cada uno de ellos encontrarás algo siempre que te pares a observarlo. Si lo haces, podrás comprobar que otros lo han andado, quizás hayan dejado alguna huella o recuerdo a su paso, quizás incluso coincidas con algunos de ellos, en ese caso el camino hablará de ti y de otros que también lo andan y cada paso será una revelación, una búsqueda y un encuentro. Un principio sin final cada día, porque el camino no acaba, siempre te encontrarás al comienzo de uno. En ese momento recuerda lo aprendido, el camino eres tú y tú eres el camino.
Desiré R.
A los caminantes http://t.co/4ZRpctyzxJ
— Anhelarium (@Anhelarium) septiembre 7, 2014

































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