La rojigualda, nuestra bandera

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A mí me fastidia más ver a los intransigentes y fachas del Partido Popular ondear la bandera de España, que parece que es sólo de ellos, que escuchar a los catalanes independentistas pitar el himno español. Estos últimos porque están en pleno derecho a la libertad de expresión y, aunque me parezca una falta de respeto enorme, pues a la inversa seguro que no lo recibirían con agrado, peores cosas hacen nuestros políticos, esos que HEMOS ELEGIDO NOSOTROS, que deshonran al país entero con su mala praxis y poca vergüenza. Es por ello que, esos a los que me refería en primer lugar al comienzo de este párrafo, me llegan verdaderamente a irritar. Desde siempre, han tomado como insignia una bandera que nos representa a todos, o supuestamente debe hacerlo. Una bandera que antes de que dicho partido político y sus partidarios existieran, ya ondeaba como pabellón de la Marina española en virtud del Real Decreto de 28 de mayo de 1785, a propuesta de Carlos III.

Ya en 1793 se ordenó que este pabellón, utilizado hasta entonces solo en los buques de guerra, ondeara también en los puertos y fuertes de la Marina y costas custodiados por el ejército español, así la bandera rojigualda empezó a utilizarse como el mayor símbolo nacional. Pero no fue hasta 1843, cuando el Real Decreto de 13 de octubre, sancionado por la Reina Isabel II, reconocía como nacional la bandera. Y debo destacar que la Primera República Española, instalada en 1873, no alteró los colores de esta bandera de colores rojo, amarillo y rojo, aunque sí se suprimió los escudos y todos los símbolos reales de la monarquía.

En muy resumidas cuentas: vemos como los colores de nuestra bandera, la rojigualda, fue acogida por monárquicos y republicanos como distintivo de nuestra Nación. Hoy, y desde mucho tiempo atrás, el sector izquierdista de este país se aferra nostálgicamente a la bandera tricolor, se identifica con ella, mientras que los que se colocan del lado más conservador y de derechas se acogen a la bandera que debería de ser de todos, representar a todos. A mí esto no me gusta. Y no tengo nada en contra de la tricolor, una bandera española que representa una etapa que siempre ha llamado mi atención y que despierta en mi mucho interés, pues la Segunda República fue maltratada en sus días pero también en los días que corren actualmente. Deberíamos aprender más de esa República y no hacer como si no hubiera existido. Pero eso ya es otro tema. Los símbolos son importantes, pues representan algo, y en este caso ese algo es un país entero. Y aunque se tratara de la bandera de una pequeña localidad, tras sus colores hay personas a las que hay que respetar y nunca olvidar. La bandera rojigualda es la bandera de España, no sólo de unos pocos. Y ahora que la gente la ve con mejores ojos (gracias a los éxitos deportivos de estos últimos años) y la asimila más como suya, habría que ir a despolitizarla. Porque la izquierda porta una bandera, la derecha otra, y eso sólo alimenta la desunión. Ahora es el momento de empujar a este país a algo que nos satisfaga a todos, que nos ilusione. ¿Un nuevo proceso constituyente, quizás? Ya escribiré sobre esto más adelante.

Yo no soy de derechas, y menos aún con la derecha tan rancia, insensible e intolerante que bulle en nuestro país. Yo soy de izquierdas, pero la izquierda de este país desde hace años apesta a podrido, a revanchista. Y aunque comparto con ellos muchísimas cosas, en otras soy todo lo opuesto, haciendo que nunca me sienta cómodo con muchos de sus mensajes. A veces parecen anclados en el 36. Y si bien es cierto que soy de los que piensan que hay que hacer mucha pedagogía en nuestros días sobre temas pasados e ignorados por  nuestros políticos, no veo bien estar con ese guerracivilismo absurdo. Hay sectores de la izquierda de nuestro país que parecen más interesados en ganar la guerra más de ochenta años después de haber acabado. No soy del PP, ni del PSOE. Me cuesta sentirme identificado con ellos. Me huelen a viejo, a corrupción y inmovilismo. Ahora, con el auge de estos nuevos partidos políticos que nos prometen el cambio y se agencian de colores llamativos para aparentar frescura, diré que tampoco soy de los de magenta (que son un barco hundido que se empeñan en reflotar), ni los de naranja, y me cuesta mucho sentirme confraternizado con los de morado, porque ya comienzan a pecar de los mismos errores de la vieja izquierda española anclada en el pasado.

Los partidos políticos lo único que quieren es quedar por encima del otro, esa es la sensación que desde siempre he tenido. Parece que no les interesa progresar, mejorar, modernizar este país. Votaré a aquél partido que mejor administre nuestros recursos para proteger a las plantas, animales y a nuestras personas. Con esto sí que puedo parecer romántico o más bien utópico, pero no pierdo la fe.

España es un país políticamente maldito. Por eso no voy a entrar en comparación con otros países, como Estados Unidos, que respetan sus barras y estrellas independientemente de la ideología de unos y otros. España necesita, cual computadora, un formateo, un reinicio. Sólo veo en el panorama político a gente resquemada y anclada por el pasado, ese que nunca dejamos atrás. Porque para lo único que nos tiene que servir es para aprender, sin despertar fantasmas. Esta entrada trata sobre una bandera, sobre la bandera que nos representa, una bandera con la que nací y me crié. La que han visto mis ojos ondear durante todos mis días. Pero es una bandera que por desgracia, no parece que quieran que nos represente a todos. Hay temas mucho más importantes que la bandera, pero no por ello dejar de serlo.

Yo abogo por una España unida, una España de todos aun reconociendo la pluralidad del todo el Estado. Creo en una España integradora. Y como de símbolos trataba en un principio esta entrada, que reconozco que se me han ido un pocos los dedos, apoyo respaldar nuestro símbolo de rojo y oro como nuestra seña de identidad, y con los ojos puestos en el futuro. No quiero a la España de Rajoy y sus secuaces, no la de esos políticos que ultrajan nuestro país a base de la confianza conferida del pueblo. Sino de la España que comenzó a ser y a la que no han dejado seguir. Por eso, anhelo que nos remanguemos todos, ayudemos, vayamos a una para afrontar los temas que más inciden en nuestra sociedad. Que nos sintamos orgullosos de ser españoles, y cuando miremos la bandera, nuestra bandera, no sintamos antipatía, esa que han sembrado en nosotros los que tras sus colores nos han engañado a todos. Sintamos dignidad, por nuestra identidad, pero sobre todo, esperanza por conseguir un país de todos, un país mejor.

4 comentarios

  1. Mus

    Muy buen artículo. Cómo se echa de menos algo de educación y sentido común por este pobre país nuestro…

    11 septiembre, 2015 en 6:19

    • Muchas gracias Mus.

      Un fuerte abrazo 😉

      12 septiembre, 2015 en 11:23

  2. eso para que aprendan los adoctrinados de podemos, yo soy español y no me averguenzo.

    11 octubre, 2016 en 13:08

  3. ¡JAJAJAJAJAJAJA! ¡GRANDE, JOSE! Gracias por pasar y comentar 😉

    16 octubre, 2016 en 22:33

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