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The White Raven – Headlights. Mi primera compra en iTunes


Y no descarto que hayan más. Porque si esto es lo mínimo que puedo hacer para aportar mi granito de arena al mundo de la música, a gusto me quedo. Desde hace un par de meses me hice con un iPhone 6 y desde hace unos días con un Macbook Air. Como no podía ser de otra manera, muchas han sido las horas que les he dedicado a estos cacharros para entenderme con ellos. La experiencia desde luego no puede ser más grata, y eso que años atrás renegaba de todo lo que tuviera que ver con Apple. Pero yo y ese espíritu de rebelde informático que llevaba conmigo ya quedó muy atrás. Desde luego, cuando utilizas estos tiestos del señor Jobs, no quieres nada más. Y es que no hay comparación que valga. Pero no estoy aquí para hablar de lo mucho que lo estoy gozando con estos aparatos. El caso es que, para los que nos hemos llevado toda la vida utilizando Windows y todos lo de Microsoft, todo lo que presenta Apple es un mundo por conocer. Estos días me he sentido como el típico abuelo que no sabe abrir un mensaje que le llega al móvil. He estado trasteando y sobre todo investigando cómo funcionan todas estas aplicaciones. Y lo que me vengo a referir es que, como melómano empedernido, lo que más me interesó es todo este rollo de iTunes y iMusic. De este último no hablaré mucho pero sí de iTunes. Me resultó de primeras algo pesado, pues toda la multimedia que pasas al Macbook pasa por ahí. Es el reproductor multimedia por excelencia para Apple, en el que puedes gestionar todo tu contenido y crear listas de reproducción con un excelente y sin igual diseño gráfico. Pero no sólo es eso, sino que es una enorme tienda de contenidos multimedia.  Los usuarios pueden comprar música por Internet a través de la tienda iTunes Store a un módico precio de 0,99€.

Y aquí, lo que me hace escribir esta entrada. Como millones más, soy de esas personas que desde hace muchos años me he descargado todo tipo de contenido por internet. Y a lo que respecta a la música, ni os cuento. No voy a entrar a debate de por qué descargamos tanto y de los precios, en ocasiones desorbitados, que nos encontramos por ahí fuera que no hacen más que reafirmarnos a la hora de querer descargar contenido por la Red. Ni tampoco del maldito IVA cultural. Cada uno tendrá sus numerosas razones para no comprar nada de música, ni libros, ni películas y consumirlo todo por Internet. Desde hace más de una década, soy un fiel amante del coleccionismo musical aunque venido a menos, porque Madrid es muy caro y ya tanto no puedo gastar en música como antes. Pero tengo una gran colección de discos y vinilos (aunque para colección, la de mi querido Salva, una que pagaría por ver en persona) y una tarde de aquel verano de 2012, me quedé parado contemplado mi colección. En ese momento acababa de recibir un pedido de unos once discos aproximadamente que me habían costado en total 90€. Todos los discos que recibí ya estaban en su debida estantería, apenas los abrí para recrearme unos minutos en ellos y sus libretos, pero ni tan siquiera los escuché, pues de antes de comprarlos ya los tenía o bien en el móvil o en el ordenador, es decir, en formato digital. Me entró la paranoiaTío, te acabas de gastar noventa euros en unos discos que ahora están ahí, en la estantería, y que probablemente ni los vuelvas a tocar mas, se van a quedar pa’ coger polvo. Me dije a mí mismo. Y es que me encontraba ahí, plantado en mitad de mi habitación, pensando que ya era suficiente comprar tantos y tantos discos. Parecía que ya compraba por comprar, pues ya no lo hacía con la ilusión de antes.

Por un momento me resultó absurdo comprar discos que ya tenía en formato digital, y más absurdo aún, comprar discos para luego no volverlos a tocar más. De ese último pedido de cedés, recibí los últimos que me faltaban para coleccionar la discografía de Axel Rudi Pell. Todos y cada uno de los discos de esta banda los tengo en el ordenador y en el móvil, pues es de mis bandas preferidas. Y si quiero escuchar su buena música, los escucho desde ahí. Y los discos, esos que están en la estantería, efectivamente, ni los huelo. Dejé de sentir que coleccionaba para sentir que acumulaba tiestos en mi habitación. Fue realmente toda una rayada. Así, sumándole que en breve me iba a Madrid a vivir y que tendría que estar más pendiente del dinero, fue como dejé de coleccionar tantos discos y vinilos. Llegué a alcanzar cifras de más de 500 discos y unos 233 vinilos, sin contar DVD’s. Desde que me vine a Madrid no he comprado un sólo CD de música y sí algunos vinilos. Por varias razones: los cedés están obsoletos, es un formato que ya no se consume ni de lejos como antes. Y si no es por puro y romántico coleccionismo, resulta harto incómodo. Otra razón es el precio, por poco más de lo que te cuesta el CD, si verdaderamente quieres disfrutar físicamente del artículo en cuestión, un servidor prefiere comprarse la edición en vinilo (LP), si la hay, pues por muy pocos euros más tienes el álbum del grupo que te gusta en un formato mucho más grande y atractivo, y por supuesto, con muchos más detalles y contenido. Es el revival de los vinilos que tanto se ha propagado en estos últimos años y de lo que siempre quise escribir en Anhelarium. Pero lo sigo dejando para más adelante y me centro a lo que iba.

Durante estos años que dejé de coleccionar, me pasé de lleno al formato digital mientras que puntualmente algún vinilo seguía cayendo de cuando en cuando. Hice del soulseek mi nueva adicción y de él ha ido saliendo toda la música que más me apasiona. Durante estos años me he hecho con más de 248GB de música en mi ordenador y que siga la fiesta. Pero durante todos estos años he sido un pirata de los que no pierden el sentido de la responsabilidad y la moralidad. La música es tan importante para mí, que siempre he querido aportar a la escena musical lo que pudiera como forma de gratitud y admiración. De esta forma, como antes era comprando discos y más discos, desde que dejé de hacerlo, y más viviendo en Madrid donde conciertos hay los que uno desea, he asistido a numerosos conciertos donde de igual o mejor manera, se apoya al artista que con su música tanto nos hace vibrar. Y me atrevo a decir que es yendo al concierto de tu artista o grupo favorito donde más ayudas, pues no olvidemos que por la compra de uno de sus discos, la mayor parte se lo lleva la casa discográfica. Donde realmente se gana la vida el músico, es encima de los escenarios.

Viendo el éxito que cosechan, sobre todo entre los más jóvenes (las nuevas generaciones) aplicaciones como iMusic o Spotify, totalmente legales y por supuesto de pago, si le añadimos la plataforma iTunes entre otras, nos damos cuenta el por qué ya ni existen tiendas físicas donde se puedan comprar discos, salvando las grandes superficies. Al igual que los videoclubs, las tiendas de discos, esas que habían por cada barrio, ya están extinguidas. Salvo si eres un coleccionista y te embelesa como el primer día llenar tu casa de discos y vinilos, esta es la nueva forma de consumir música. Cuando todo estaba en formato físico, o bien te grababas los casetes o cedés de tus amigos o bien los comprabas en la tienda. Ahora, y desde hace años, pues esto no es nada nuevo, sólo los bajas, legal o ilegalmente de Internet.  Tú decides. Ahora la cosa está mucho más fácil. La dicotomía ya no está en si comprarte el cedé en la tienda o bajarlo de Internet. Ahora la dicotomía es si bajarlo pagando o no.

Cuando comencé a utilizar iTunes me dije que si me enamoraba de algún tema que por lo ilegal no encontrara por Internet, no dudaría en pagar por él y así estrenarme en dicha tarea. Y así ha sido como este magnifico tema de The White Raven, Headlights lo he acabado adquiriendo por un módico precio de 0,99€. No lo voy a negar, antes lo busqué concienzudamente sin frutos. Suele ser normal cuando se trata de grupos tan nuevos, que aún no hay Dios que lo comparta por los servidores. Por otra parte, si cada tema cuesta casi un euro, eso quiere decir que los discos que compras en formato digital no rondarán los 18, 20 o 21 euros que suelen costar los de formato físico en tiendas.

Come dijera, no descarto en seguir haciéndolo. Me refiero a seguir comprando por iTunes. Los tiempos cambian. No seré hipócrita, y no diré que no volveré a descargarme música sin pagar un duro, pero me gustan estas nuevas alternativas. Mientras me complazco comprando de vez en cuando algunos vinilos, pues dicho formato me sigue enamorando, los cedés para mí van quedando más y más en el pasado y la forma de adquirirlos digitalmente gana mucho terreno, más aún con la comodidad y rapidez con la que iTunes funciona. Los tiempos cambian y todo es amoldarse.

Avantasia – Ghostlights [2016] El proyecto más ambicioso de Tobias Sammet

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Tuve la enorme fortuna de poder disfrutar de este disco poco antes de Navidad. Me sentía un privilegiado porque por causas que obviamente no detallaré, sin esperarlo, me topé con esta dicha, la de ser de las pocas personas que por aquellos días podía escuchar ya el nuevo disco de Avantasia, probablemente el que más expectación ha despertado. El disco aún no ha salido a la venta, se publica el próximo día 29 de enero. De ahí que me sintiera un privilegiado. Yo lo pude disfrutar durante todas las Navidades, no paraba de escucharlo. Tras muchas escuchas completas, creedme si os digo que todos los días me lo seguía poniendo, a veces lo volvía a escuchar entero y otras iba directamente a los temas de este Ghostlights que más me han entusiasmado. Cambié los villancicos por este Ghostlights durante todas las fiestas navideñas. Con su música me despedí del 2015 y también le di la bienvenida a este 2016 que sólo acaba de comenzar.

Lejos de aquellos Avantasia de marcado carácter Power Metal y como viene siendo habitual desde The Scarecrow, Tobias Sammet vuelve a presentarnos un trabajo desbordado de grandes temas donde ya el Power Metal tiene menos estrella y protagonismo que antes, dejando más galantería al Hard Rock de buenas dosis AOR y a un Metal sinfónico que en mi opinión, no lo es tanto, galopando igualmente por otros recodos como el Pop más electrónico y el Rock más clásico del que siempre ha bebido el señor Sammet. A riesgo de que me tachen de purista o de nostálgico, no puedo dejar de ser crítico hasta con aquello que más me apasiona, lo he dicho muchas veces, y ahora en esta ocasión, con la música de Toby, no podía ser menos. Me enloquece Avantasia, adoro el camino que ha recorrido Tobias Sammet con lo que empezó siendo un proyecto más entre colegas y amigos, como tantos otros se han hecho, y que se ha consolidado como la marca más renombrada del Heavy actual. Los músicos evolucionan y su arte lo hace con ellos. En 2008 me sorprendió muchísimo el giro que le dio Sammet a Avantasia y lejos de defraudarme, me entusiasmó, pues me sentía hechizado por esos melódicos temas como Lost In Space o Twisted Mind. Celebro siempre que un artista presente cosas nuevas y encandile al público respetable. Un músico, como un mago, debe siempre sorprender a la gente. Y Sammet nos ha embelesado muchas veces con su música, tanto en su banda madre, EdGuy, como en Avantasia. Pero he aquí la nota discordante a este gran Ghostlights, no sorprende más allá de sus excelentes estribillos. Mantiene el gran nivel que los Avantasia de años anteriores, pero no deja de ser más de lo mismo. Una recopilación de heterogéneas canciones, muy buenas canciones, destinadas a satisfacer a los que nos deleitamos con este tipo de música. Que no es poco, oiga. A fin de cuentas, disfrutar de la música es lo que más importa.

La falta de autenticidad, eso es lo que ha perdido Avantasia. Cuando se me pasa la borrachera de escuchar sus nuevos temas y me pierdo en el recuerdo, contemplo cómo a principios de la década del dos mil se creó una Metal Opera que derramaba un talento como ninguno, donde se dio forma a un proyecto de empaque, donde la música compartía protagonismo con una historia de fantasía que a muchos nos provocó que nos emborracháramos aún más con aquellos Avantasia. Los siguientes trabajos de Avantasia, desde que Sammet se alejara de aquellos compases de Serpents In Paradise o The Looking Glass, han sido y son una gran fuente de excelentes y admirables temas, pero esa personalidad se difuminó en el aire hace tiempo. Y no digo esto sólo por despegarse Tobias del Power Metal. Si ya sabemos todos que es difícil innovar en un género musical, más aún en un subgénero como el Power Metal (aunque soy de los que piensa que este estilo aún puede dar mucho más). Me refiero a todo lo que envolvía esos dos primeros discos, su excelente producción, ese vínculo armonioso en la historia en que se presentaban esos antiguos temas protagonizados por un tal Lugaid Vandroiy y Gabriel Laymann, entre otros.

Avantasia – The Metal Opera Pt.1 [2001]
Mastodon – Once More ‘Round The Sun [2014]
El inicio de un proyecto crucial para el Metal
Genial regreso de los del Atlanta

Pero creo que me estoy liando demasiado y lo que toca ahora es reseñar brevemente los temas de este Ghostlights, un disco que no deja a nadie indiferente y que musicalmente es de lo más potente. El año 2016 entra por la puerta grande y encima de la mesa, como carta de presentación, nos deja este gran trabajo que comienza con Mystery Of A Blood Red Rose, un tema de buen Hard Rock cantado en su totalidad por Tobias Sammet que recuerda vagamente a ese Meat Loaf y que está acompañado de unos buenos coros. El tema da paso a Let The Storm Descend Upon You, donde ya nos topamos con los primeros invitados, Jorn Lande y Ronnie Atkins. Es uno de los mejores temas del disco y es el que más recuerda a esos viejos Avantasia. Todo en este tema es un prodigio. Sus estrofas, puentes y sobre todo, ese estribillo. Una verdadera delicia. Uno de los rockeros más gamberros y queridos por todos es Dee Snider, líder de Twisted Sister y que hace aparición en el siguiente tema, The Haunting. El tema es oscuro, siniestro, Snider se enfunda el mejor traje de Alice Cooper y nos regala toda una gran interpretación aportándole su gracia particular. La aparición de Sammet en este tema es la que más me gusta, encaja a la perfección, todo lo contrario a lo que ocurre en Ghostlights, tema que canta con Michael Kiske. Pero justo antes, tenemos a otro invitado, el gran Geoff Tate (Queensryche). A mí el tema no me termina de enamorar si bien se deja escuchar muy bien. Pero resulta algo lento y da la sensación de no estar mejor aprovechado, y más teniendo al lado una voz como la de Tate. Y como decía, llegamos al tema en el que Sammet bien podría haberle dejado el protagonismo a Michael Kiske. En el tema que da nombre al nuevo álbum, escuchamos al Kiske de los Keepers, cantando en tonos altos y abusando de esos agudos que tanto nos gusta de él. Me desentona bastante la voz de Sammet en este tema, pues si ya de por sí es quizás el mejor del disco, si hubiera sido tarea sola de Michael Kiske, estamos entonces ante el temazo del año.

Sexto tema del disco, Draconian Love y nuevo invitado, Herbie Langhans (Seventh Avenue). Un tema sorprendente por lo diferente que suena, por esa mezcla de voces, el contraste perfecto entre la voz grave de Herbie y la de Sammet. Aquí sí, Sammet vuelve a perfilar una gran colaboración con un invitado. Volvemos a degustar otro plato fuerte de este Ghostlights, Master Of The Pendulum. Posee un riff espectacular y unos coros magníficos. Marko Hietala (Delain, Nightwish) es el invitado en este gran tema y con él gozamos junto a Sammet de uno de los mejores cortes del álbum. Es turno de Isle Of Evermore, donde escuchamos a la preciosa Sharon Den Adel (Within Temptation). Sammet canta esta balada junto a la dulce voz de Sharon en un tema suavemente melódico y elegante. El paréntesis melancólico llega a su fin con Babylon Vampyres, otro de los grandes temas de este nuevo trabajo de Avantasia. A mí me encanta, es ideal para los conciertos por la energía y buen rollo que transmite. Un tema de puro Hard Rock que cuenta con Robert Mason (Warrant) y con Oliver Hartmann y Bruce Kulick a las guitarras. Desde luego el disco no decae, pues de seguido llega Lucifer, donde disfrutamos del mejor Lande, que como ocurre con Michael Kiske, se ha convertido en colaborador habitual en los discos de Avantasia. Comienza acompasado cual medio tiempo, con un elegante piano protagonista de la excelente interpretación de Lande, para dar paso a una contundente batería. El tema es fantástico. Llegamos al final del disco con Unchain The Light, que pasa a ser otra de las joyas de la corona. Los invitados para este grandísimo tema no podrían dar mejor la talla. Hablamos de Ronnie Atkins de Pretty Maids y de nuevo, la voz de aquellos Helloween de los años ochenta, Michael Kiske. Con Unchain The Light volvemos a disfrutar de todo un himno en la saga Avantasia.

Este Ghostlights no podría acabar de otra manera que por todo lo alto. Por ello volvemos a contentarnos con el gran Bob Catley (Magnum). En A Restless Heart And Obsidian Skies, tenemos un tema a medio tiempo, de corte más progresivo que igualmente posee unos coros y estribillos enérgicos y sensacionales.

Quizás esos discos de Avantasia no regresen nunca más, pero ahí están, enmarcando una época irrepetible para el Power Metal con ese halo de integridad y grandeza. Ahora, toca disfrutar de discos concebidos para otros menesteres, pues Avantasia se ha convertido en el transatlántico de los conciertos en el Heavy Metal. Avantasia ha pasado de ser un excelente proyecto del Power Metal más elegante a ser una máquina de grandes temas y la plataforma ideal para recorrer medio mundo, haciendo que este proyecto musical sea ahora la ambición de los promotores de conciertos.

STAR WARS. Disfrutando como nunca de la mayor saga cinematográfica. Volviendo a ser el niño que nunca dejamos de ser

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Para los que somos unos friki-fans de Star Wars estas Navidades han sido mucho más especiales si cabe. Pues el 18 de diciembre se estrenaba en España la séptima entrega de la saga, El Despertar de la Fuerza. Ni hace falta deciros que el estreno de la nueva película ha sido lo más sonado en estas fiestas navideñas. Hemos tenido Star Wars hasta en la sopa. Creo que la campaña de promoción de esta séptima cinta no ha tenido precedentes en el cine. Desde luego yo no recuerdo ninguna película que se haya anunciado tanto de cara a su estreno. Y es que Star Wars lleva casi tres semanas en cartelera y aún seguimos viendo que está a la orden del día en cualquier medio de comunicación. Y eso sin contar con los anuncios comerciales. No hay marca renombrada que no se haya aprovechado del filón que acarrea el estreno de la película. Desde luego, un estreno de La Guerra de las Galaxias mueve lo inimaginable. No tiene comparación alguna ni con otras grandes sagas como la de El Señor de los Anillos, que ya es decir.

La fiebre de Star Wars nos ha pillado a todos, tanto a los que adoramos esta saga como a los que no saben ni lo que es un Sith. A mí me han inoculado pero bien esta fiebre navideña de Star Wars y como felizmente puedo disfrutar por fin de unas buenas y merecidas vacaciones de Navidad, no he dudado en ir a ver la nueva película. ¡Cómo la disfruté! Pero no sólo eso, sino que además, me he revisionado toda la saga desde el principio. Es por eso que esta entrada se la dedico a toda ella, la saga más famosa del cine y que tanto nos ha encandilado a los que ya tenemos unos añitos. Y es que esta saga ha llegado a muchas generaciones y lo que queda. Mi infancia la pasé rebobinando los VHS con la trilogía clásica, sobre todo la del El Retorno del Jedi. Y mi adolescencia, en aquellos primeros años de la década del 2000, acudía al cine con muchísima ilusión y expectación para ver esa trilogía de precuelas. Ahora, con casi treinta años que tengo ya, volví a sentarme en esa butaca como si los años no hubieran pasado por mí. Con mis palomitas y mi súper refresco, disfruté de lo lindo viendo de nuevo a Han Solo, a la Princesa Leia, a Chewaka. Volver a verlos viviendo juntos una nueva aventura disparó mi nostalgia a límites insospechados. Me brillaban los ojos de la emoción. Empecé las navidades viendo esta última entrega en el cine y ahora que acabo de ver las seis películas que la preceden, tengo claro que terminaré regresando al cine para rematar la faena disfrutando una vez más de este Despertar de la Fuerza. No es raro en mí ir al cine a ver de nuevo una película. ¡Al estreno de la Comunidad del Anillo fui tres veces seguidas!

Por eso, de la manera más humilde y con todo el cariño del mundo, comentaré brevemente cada una de estas películas. Y como no podía ser de otra manera, comienzo con la trilogía de precuelas. George Lucas comenzó esta apasionante historia contándola desde la mitad y situándose bastante alejado en el futuro. O sea, que todo apunta a que mis nietos irán al cine a ver películas de Star Wars. Y es que, recordad: Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana…Pero veo más apropiado empezar por La Amenaza Fantasma, cuando Obi-Wan Kenobi no era más que un aprendiz.

-Trilogía de precuelas-

Episodio I: La amenaza fantasma

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Esta es la primera película de la trilogía de precuelas y nos sitúa treinta años antes de los hechos acontecidos en La Guerra de las Galaxias, la primera de toda la saga. La Amenaza Fantasma fue acogida entre una gran expectación, como era de esperar. Pero lo que no era de esperar, al menos para mí, es el aluvión de críticas que cosechó. Muchos esperaban una película de un tono más serio, más tétrico. Y se encontraron con una película bastante alegre y colorida. De ahí que la tacharan de ser demasiado comercial y orientada al merchandising. ¿Pero qué esperaban? Era el principio de la saga por el amor de Dios. Corría el año 1999, yo tenía doce años y estaba de lo más expectante. ¿Por qué? Sencillo. Era la primera vez que vería Star Wars en el cine. No podía estar más ilusionado. Por primera vez viviría un estreno de Star Wars, con la curiosidad y deseo que ello conlleva. Admirar por primera vez esa épica música de John Williams, la más clásica y legendaria de todas las bandas sonoras del cine. Todo un momentazo. Recuerdo perfectamente que, como ha pasado con el tráiler de El Despertar de la Fuerza, el de La Amenaza Fantasma se convirtió en todo un fenómeno mediático. Y a lo que iba. La película recibió muy buena acogida pero no se libró de una crítica afilada. Muchos cargaron contra ella por su argumento simplista y la tacharon de decepcionante. A mí por aquél entonces no me decepcionó lo más mínimo, y hoy día, sigo alabando esta precuela.

Me parece que hicieron un trabajo estupendo a la hora de exponer los orígenes de esta epopeya espacial. La película nos muestra la emersión de los Sith, el comienzo de Obi-Wan Kenobi, por aquél entonces padawan de Qui-Gon Jinn, y lo que más afán e interés despertó, el origen del villano más famoso del cine, el surgimiento de Darth Vader. Y para ello nos remonta al pasado de un niño afable y bondadoso, llamado Anakin Skywalker. La única nota discordante giraba en torno a la figura de Jar Jar Binks, un maldito gungan al que todo el mundo le cogió tirria de lo pesado y cargante que era. Típico personaje poochie. El reparto, excelente, de lo más acertado. La solemnidad y la presencia de Liam Nesson para encarnar a Qui-Gon, un más que notable Ewan McGregor en la piel de un joven Obi-Wan y la siempre bella Natalie Portman como la reina Amidala, cuyo papel no tuvo mucha fuerza en esta primera película para sí tenerlo en las posteriores, ganando con ello la estima de los seguidores de esta saga.

Episodio II: El ataque de los clones

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Es la única de la saga que no me entusiasma. Ya en el año 2002, se estrena en los cines la segunda precuela y ya vemos a un Anakin más crecidito y dejando ver su mala leche. Normal, acabará siendo todo un Lord Sith. En su día, con quince años, no me di cuenta, pero ahora al revisionar la saga me cosco de lo mucho que esta película recuerda a otras grandes del cine como Blade Runner (1982) o El Quinto Elemento (1997). Esto lo digo por todo ese entorno urbano mostrado a lo largo de la película, muy parecido a la película de Ridley Scott y esa manera de presentar el tráfico, igual que en la película protagonizada por Bruce Willis. Lo que menos me gustó de esta entrega fueron sus planos diálogos, sus escenas de lucha algo mejorables y que volvieron a meter de por medio al puto Jar Jar Binks, aunque para esta ocasión no daba tanto por culo como en la anterior. Lo mismo sucede con su tedioso argumento y su aburrido ritmo. Yo la considero una película puente. Pues lo más destacable, o lo único, es la evolución de Anakin dejando ver su oscuro futuro. Y no sólo por su comportamiento, sino por su actitud frente a su maestro Obi-Wan. Con Amidala la relación se estrecha y como bien sabemos, la unión de ambos es la antesala a lo más significativo de la saga. Resulta entretenida gracias a que en esta ocasión volvemos a deleitarnos con esas peleas con espadas láser que tanto nos gustan, aunque como dije, podrían haber estado más espectaculares. Y a pesar de que la película nos ofrece un escenario importantísimo para la saga como es la guerra clon, considero que no la supieron rentabilizar mejor. Por cierto, nunca terminó de ganarme Samuel L. Jackson en el papel de Windu.

Episodio III: La venganza de los Sith

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Esta sí, me parece sin dudarlo la mejor de la trilogía de precuelas. George Lucas se lució. Año 2005. Con dieciocho años, volvía a tener la oportunidad de acomodarme una vez más en la butaca del cine y disfrutar de esas notas de John Williams que nadie jamás olvidaría por muy loco que estuviera. Para mí todo en ella es de lo más significativo. En esta película somos testigos del paso definitivo de Anakin al Lado Oscuro. Pero antes de incorporarse en las filas de los temidos Caballeros Sith, ya desde el principio es palpable la discordia entre Anakin y su maestro Obi-Wan. Y quiero destacar lo siguiente. Al revisionar esta película me volví a hacer la misma pregunta. ¿Y si Obi-Wan no hubiera sido tan testarudo? Desde la pela con el Conde Dooku (interpretado por el recientemente desaparecido, el gran Christopher Lee) ya se palpa que Obi-Wan supone un obstáculo para Anakin. Fijaos bien en la escena. Obi-Wan insta al joven Anakin a pelear juntos a lo que éste contesta con cierto desdén. Las tres espadas se encienden, Anakin junto a Obi-Wan pelean contra Dooku bajo la atenta mirada del Canciller. Anakin avisa que sus poderes se han duplicado desde su último encuentro con el Conde. Es entonces cuando se evidencia lo que Skywalker confesaba a su amada. Obi-Wan no le deja progresar. Y es que, justo cuando Obi-Wan queda inmovilizado en la pelea, es cuando Anakin extiende sus alas y deja volar todo su potencial. Tanto es así que se merienda en un santiamén al mismísimo Conde Dooku. Palpatine henchido de orgullo, apura a Anakin para que acabe con la vida de Dooku y no sin cierta reticencia, el joven Jedi ejecuta la orden. Darth Sidious se sentía más cerca de Anakin, ya tenía vía libre para ganarse su confianza, ya su plan de derrocar a la República desde dentro estaba más cerca. La escena es inmejorable.

Pero sorprendente fue la segunda mitad de esta película. Esa segunda mitad que nos conduce a un final desbordado de conmoción y epicidad. Su escena final exalta a todo fan de la saga. Cuando Obi Wan pelean contra Anakin, ya enfervorizado y encadenado al Lado Oscuro, es lo más asombroso de estas precuelas. Como asombrosa es la lucha de espadas ente ambos. La mejor de todas las vistas en estas tres películas que componen el origen de La Guerra de Las Galaxias. Una digna escena de lightsabers que da paso al momento más desgarrador pero a su vez, el más legendario. La completa transformación de Anakin en Darth Vader.

-Las Clásicas-

Episodio IV: Una nueva esperanza

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Comenzamos por la trilogía original. Las películas más entrañables y añoradas por la inmensa mayoría, en la que me incluyo. El estreno de Star Wars IV me pilló lejos, mucho antes de que yo naciera. En 1977 se estrenó la película que cambiaría la forma de ver y entender el cine. Pero no sólo cambiaría la magia del celuloide, sino que marcaría de por vida a millones de personas. Ganadora de siete premios Oscars, esta primera película de Star Wars rebosaba autenticidad y encanto nada más comenzar en una galaxia muy, muy lejana, con esas letras iniciales que se van perdiendo en la lejanía del espacio mientras suena esa melodía de fondo que ya nadie puede quitarse de la cabeza. Con la peculiaridad de empezar la historia por el medio, George Lucas hace que cada metraje sea una obra de arte. Los personajes, la música, la ambientación, esas naves. Esta película hacía soñar. Hace soñar. Es una película que de no haberse hecho, alguien la tendría que hacer. Esta pasada Navidad disfruté, como cuando era niño, de esta cinta. Y en pleno 2016 alucinaba con los efectos especiales, adelantados sin duda a su época. Unos efectos especiales adornados con minuciosas maquetas, verdaderas obras de arte, no como hoy día, donde se abusa demasiado del croma. Cada escena también refleja la ilusión y el amor que depositaron en esta película todos y cada uno de los que formaron parte de ella. Star Wars Episodio IV comenzó la saga que tendría a todos cautivados por más de treinta años. Y lo que queda.

Un intrépido y aventurero Han Solo, interpretado por Harrison Ford, acompañado de su inseparable y muy peludo amigo, Chewacca, y junto al joven granjero Luke Skywalker y dos adorables androides, C3P0 y mi querido R2D2, van en busca de la Princesa Leia, líder del movimiento rebelde que pretende instaurar la República y que ha sido apresada por el Imperio, dirigido por Anakin, no perdón, por Darth Vader. Pero al tablero de esta apasionante historia le faltan piezas como el mítico Halcón Milenario, la Estrella de La Muerte y los formidables X-Wings. Con esto, el embobamiento está garantizado. No me puedo olvidar de Alec Guinness como Obi-Wan Kenobi. Él es el causante de que adore al personaje de Obi-Wan. Es una obra maestra del Séptimo Arte.

Episodio V: El imperio contraataca

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Pero si obra maestra fue la anterior, esta no se queda atrás. Me cuesta decidir cuál de las tres me resulta mejor. Forman un tándem perfecto. Quizás sea El Retorno del Jedi la que mejores momentos me haya hecho pasar, la que con más cariño recuerde, pero es que, El Imperio Contraataca no hace más que insuflar aún más admiración y delirio por esta saga. Luke Skywalker ya está muy lejos de seguir siendo el granjero que fue y ahora comienza un viaje que le cambiará la vida como jamás habría imaginado. Luke parte a Dagobah para conocer a Yoda, ese místico maestro Jedi que para Luke es más una leyenda que una realidad. Pero la realidad es que Yoda existe, y con mucha emoción me dispongo a escribir sobre uno de los personajes que más adoro del cine, el gran guerrero Jedi de la Antigua República. Porque no sólo es un personaje entrañable, al que te gustaría achuchar, es todo un sabio, cada vez que habla invita a la reflexión y es toda una figura espiritual. Su guion da para mucho. Pero además, para dotarlo de mayor misticismo, su manera de hablar, esa en voz pasiva, donde el predicado y complemento van antes que el sujeto de la oración. «Abandonarte la Fuerza no puede. Constante ella es. Si encontrarla no puedes, en tu interior y no fuera deberás mirar.» Fascinante.

Mientras, Han Solo, Leia, Chewacca, y los robots C3PO y RDD2, se dirigen a la ciudad minera de Bespin, en busca de la ayuda de Lando Calrissian, un personaje que nunca me dijo mucho pero que con el tiempo consiguió gustarme. ¿Y por qué digo que El Imperio Contraataca hace que ames aún más esta saga? Me atrevo a decir que es porque es la más cautivadora. El tonteo que se traen Solo y Leia (adoro la química que hay entre Harrison Ford y) las espectaculares piruetas del Halcón Milenario ante ese imposible campo de asteroides, la aparición de Yoda en Dagobah, la evolución de Luke y su intriga con Darth Vader. Y es aquí donde vemos un Darth Vader mucho más encolerizado. La Estrella de la Muerte fue destruida y ahora el Imperio está totalmente de uñas, y como sea, quieren acabar con la rebelión. Personalmente, considero que esta película superó la anterior. Los personajes, como muy pocas películas consiguen, logran enamorar al espectador, los llegas a querer. Y las escenas, sin entrar a enumerarlas una a una, son de lo mejor que mis ojos han visto en el cine. Por cierto, el director de esta entrega es Irvin Kershner, George Lucas pasó a un segundo plano. Sin desmerecer al querido Lucas, pues sin él, nada de esto existiría, pienso que el señor Kershner ofreció una verdadera clase magistral de cómo hacer cine de calidad, de una tremenda calidad.

Episodio VI: El retorno del Jedi

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La guinda del pastel. O el broche de oro, como lo quieran decir. Pero el caso es que esta película significó la culminación de la mayor obra del séptimo arte. La mayor saga cinematográfica. En 1983 se puso fin a esta encantadora y ensoñadora trilogía. Como dijera anteriormente, decidir cuál de las tres es mejor es difícil. Sin embargo, puedo decir con total seguridad que El Retorno del Jedi es la que mejores recuerdos de mi infancia logra traer a mi memoria, y por eso sea para mí, no la mejor, pero sí la más importante a nivel personal. Ahora dirigida por el escocés Richard Marquand, este Episodio VI vuelve a contener escenas de enorme calado. Imposible de olvidar la taberna de Jabba the Hutt, esa mole que resulta ser un mafias de la Galaxia, en donde esconde a nuestro Han Solo, atrapado en carbonita. Es por eso que la hermosa Leia, junto a Luke y Lando, y por supuesto acompañados de los robots y Chewacca, idean un plan para sacarlo de allí. La película no puede comenzar mejor, pues su inicio, donde nuestros héroes logran rescatar a Solo, no podría ser más emocionante. Volver a ver esta película estas Navidades ha sido una autentica gozada, y creedme, una bella experiencia. Pues volvía a revivir todas esas sensaciones que la película avivaba cuando la viera en mi adolescencia y en mi lejana infancia. Pero este inicio no sólo es emocionante por ver a Luke con un duro aspecto Jedi, manejando el ligthsaber como nunca, sino también de lo más excitante y provocador. Para los que tenemos una edad, la Princesia Leia ha sido y será por siempre un icono, una efigie de la sensualidad y el erotismo. Siendo yo sólo un niño, Leia vestida de esclava logró encenderme con esa figura. Fue la primera vez que me sentí sexualmente excitado por una mujer. Y lo mejor, es que con el paso de las décadas, y a poco de cumplir los treinta años, esta representación de Leia en el Retorno del Jedi me sigue embelesando como aquella primera vez que la vi, pero diría que incluso más, pues los ojos que la miran no son los ojos de aquél niño, ahora uno imagina ciertas cosas que antes no. Ya me entienden.

Pero dejando ese tema a un lado, y más me vale que lo haga… ¿Quién no sintió ternura por eso Ewoks? Al principio parecían la mar de cabrones, pero su aspecto los delataba. Leia, Solo y Luke, contarán con la ayuda de los estimados Ewoks para contratacar a las fuerzas imperiales. Y es que ahora, en el Lado Oscuro se obcecan en reconstruir la Estrella de la Muerte. Ahora tenemos en esta última entrega clásica, una nueva Estrella, aún por terminar, pero que supone una contundente y peligrosa amenaza para la Paz y la estabilidad en la Galaxia. Las fuerzas rebeldes no lo impedirán y nuevamente, pondrán todo su empeño para hacerla añicos y convertirla en basura espacial. El éxito de esta película fue arrollador. Volvemos a contemplar buenas actuaciones, escenas de efectos especiales realmente meritorias y emocionantes, mucha aventura, emoción, intriga. ¡Y por Dios! ¡Que no me puedo olvidar de RDD2! Fue en esta película cuando terminé de enamorarme de este androide. En esta cinta, aprecio que le ceden más protagonismo al pequeñajo que a C3PO y es que aunque éste sea igual de adorable, no puede compararse al encanto y la ternura que despierta nuestro pequeño cabezudo. La magia no decae en este Retorno del Jedi, y a pesar de que la trama se torna más oscura por la obsesión de atrapar a Luke al Lado Oscuro, sigue siendo una película llena de emotividad y puro hechizo.

-La saga continúa-

Episodio VII: El despertar de la fuerza

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Una película para la nostalgia, para alimentar esa melancolía. Estas Navidades, los fieles amantes de Star Wars nos sentíamos de nuevo muy afortunados por poder vivir una entrega más de esta saga de películas sentados en una butaca de cine. Ahí me encontraba yo, con mi refresco tamaño gigante y mis palomitas, deseando que comenzara la película. No podía estar más expectante, más entusiasmado. El tráiler volvía a regarnos de emoción, volver a verlos a todos reunidos en el cine… ¡Qué fascinante! Ahora dirigida por el archiconocido J.J. Abrams, nos situamos treinta años después de lo acontecido en El Retorno del Jedi. Tras la victoria de los rebeldes, se constituyó una nueva República ahora amenazada por los rescoldos de lo que fue el Imperio Galáctico. De sus cenizas surge la Primera Orden, y su intención no es otra que destrozar la República. Esta nueva organización del Lado Oscuro está comandada por Phasma (Gwendoline Christie, Juego de Tronos), una capitana de la Primera Orden de mano dura. Pero treinta años después de la Batalla de Endor, esta surgida Primera Orden también cuenta con un temible aliado, Kylo Ren que, desde Darth Maul, no me impactaba tanto la estética de un Sith. Lástima que la conducta luego no acompañara. Pero eso tiene que esperar unas líneas más.

Y con los ojos brillantes, recibimos a los personajes de antaño. Ver entrar a escena a Harrison Ford, enfundado en el papel del divertido Han Solo, fue de verdad, palpitante. ¿Y Chewacca? Cuánto me he reído con este personaje, sobre todo intentando imitar esa manera de comunicarse con los demás. ¿A qué tú también lo has hecho? LOL. Pero ver a Leia fue lo que más me encandiló. Volver a ver a esa mujer, volver a ver la cara de Carrie Fisher, realmente sacó mi lado más sentimental. A estos héroes legendarios se les suman otros como Poe Dameron, el mejor piloto de X-Wings y el simpático Finn, ex stormtrooper. Pero el peso del protagonismo recae en la preciosa Rey, una joven chatarrera y su amiguito androide, el BB8, que ha hecho las delicias de esta película, ganándose a toda la audiencia. Y es que si bien no me despierta la pasión que siento por R2D2, me logra dibujar una amplia y tierna sonrisa. ¿Qué tienen estos androides para ser tan achuchables?

Para los que aún no habéis visto El Despertar de la Fuerza: ES MOMENTO DE SPOILERS TREMEBUNDOS, AVISADOS ESTAIS

Porque todo era demasiado bonito para ser cierto. Por mucho que me gustara la película, por mucho que me sintiera vibrante y de lo más emocionado. No dejo de ser crítico con todo aquello que me apasiona. La película argumentalmente deja bastante que desear. ¿Otra vez contra otra Estrella de la Muerte? Comencé escribiendo sobre el Episodio VII diciendo que es una película para la nostalgia, y así es. No genera una continuación de la trama como sí las anteriores, incluidas las precuelas. De nuevo, como ocurría en el Ataque de los Clones, la considero una película puente. O más bien, la antesala del Episodio VIII, donde se retomará con más empaque esta saga.

Kylo Ren pasó de tenerme totalmente hypeado a decepcionarme. De parecer un temible Sith a ser un adolescente sin las ideas claras. Ojo, sé que este personaje no ha hecho más que comenzar a rodar, que en esta película asistimos a la evolución del que será el oscuro y alarmante Lord Sith de las futuras secuelas. Pero aun así, Ben, como así se llama verdaderamente Kylo Ren, es el hijo de Han Solo y, entrenado por su tío Luke Skywalker para poder ser un Caballero Jedi, fue atraído al Lado Oscuro por un enigmático personaje llamado Snoke.

Y aquí comienza la hecatombe de la película. La mayor decepción: la muerte de Han Solo. Y no el hecho de morir, amigos míos, sino por cómo muere. Es muy frustrante y decepcionante ver cómo uno de los personajes más emblemáticos del cine muere de una manera tan nimia e insulsa. Señor J.J. Abrams, tenía usted detrás al mismísimo John Williams para hacer que la muerte de Han Solo fuera la muerte más dolorosa del cine, ¿y hace usted eso? ¿Así se pone fin a un personaje tan importante de la saga? Abrams podría haber conseguido que la muerte de Han Solo hiciera llorar a las mismísimas butacas del cine, y ha desaprovechado la que podría haber sido una de las escenas más recordadas del cine del Siglo XXI.

Pero aquí no queda la cosa. Antes de tan trágico desenlace. ¿Dónde está esa chispa entre Leia y Solo? ¿Dónde quedaron esos diálogos? El único dialogo profundo entre los dos es sola y exclusivamente para informar al espectador de lo ocurrido con anterioridad. ¡Yo no quiero que hablen para los espectadores! ¡Yo quería que hablaran entre ellos! ¡Que se desmelenaran! ¡Que fueran vehementes! ¡Pasionales! Pero nada de eso. Tanto es así que encontramos la misma frialdad en Leia cuando Solo muere. Apenas hay frases conmovedoras para recordar semejante personaje, al simpático y testarudo contrabandista de la Galaxia.

No compensa, pero al menos me voy de la sala, con la nostalgia sobre mis ombros y con la sensación de que ganamos dos personajes que de cara a posteriores películas, ganarán mucho peso en la saga. Hablo de Kylo, pero también de Rey. Esta joven ha conseguido meternos a todos en su bolsillo. No me puedo olvidar de ella y diré que al final de esta cinta, su encuentro con Luke Skywalker, cuando ésta le tiende el que fue su primer ligthsaber, hace que regrese a nosotros esa expectación. Y el mal sabor de boca por lo ocurrido con Leia y Solo, no sea tan amargo.

Para terminar, me gustaría dar una opinión más, pero de una forma más generalizada, respecto a esta saga y lo que ha supuesto para el cine. Considero que Star Wars trajo consigo muchísimas cosas que reparo en que son importantes de puntualizar. Esta portentosa saga cinematográfica hizo que artistas como Harrison Ford se vieran precipitados al estrellato. Y que los que somos unos melómanos empedernidos no dejemos de soñar con la música de John Williams, el mayor compositor en la historia del cine. Esta película impulsó su carrera y ahí, amigos míos, tuvimos a Williams, poniendo música a Superman, Drácula, E.T., Indiana Jones, Parque Jurásico, El Patriota y un gran etcétera. Y siguiendo con artistas, no nos podemos olvidar de Natalie Portman. Fue la trilogía de precuelas las que hicieron que podamos disfrutar de una de las mejores actrices en la actualizad y ganadora de un Oscar por El Cisne Negro. Con todo, y sin querer parecer repetitivo, Star Wars pasó a formar parte de la historia de las vidas de millones de personas. No sólo es la película que cambió el cine, es la película que nos cambió a todos.

Esta entrada me gustaría dedicársela a mi gran amigo Alberto Martín, que como yo, ha pasado estas vacaciones de Navidad revisionando concienzudamente toda la saga. Con él he podido dialogar como con nadie sobre todas estas películas y sus triquiñuelas. Y como era de esperar, ha sido un verdadero placer poder debatir e intercambiar opiniones sobre esta última entrega, El Despertar de la Fuerza. Disfruto muchísimo de su compañía, y no sólo para mantener conversaciones frikis. Su sincera amistad es de lo mejor que me ha dado Madrid.

¡QUE LA FUERZA OS ACOMPAÑE, AMIGOS MÍOS!