…25 primaveras
A altas horas de la madrugada, sentado en la terraza de un bar y cuando ya llevaba unas cuantas cervezas encima, caí en la cuenta de que ya era mi cumpleaños y esto fue lo que me dio por escribir.
Hoy mismo se cumplen 25 años de mi existencia. Un día como hoy, un 20 de mayo de 1986, nació un servidor. Tuve la suerte de vivir mi infancia y pre adolescencia en una década colorida, me refiero a los maravillosos años noventa los cuales siempre añoro. Pero dejando anhelos aparte, ¡joder! ¡Tengo ya 25 años! ¡Cómo pasa el tiempo! Ni muy joven ni muy mayor ¿no?, ahí ando, ni una cosa ni la otra, ni muy crudo ni muy hecho, ni muy blando ni muy maduro, vamos, una edad más única que las demás.
Lo curioso de todo esto es que, estos años no se me han ido volando como se suele decir, aunque lo que sí se suele decir también es que, a partir de los 25, sí que todo vuela, pero ya es otro cantar que ya iré descubriendo en adelante. El caso es que siento que todo ha ido muy lento, no parece precisamente que fuera ayer cuando tenía 18 años, 20 o 22. Se me hacen bastante lejanos esos años, años en los que he estado botando y botando como una pelota que choca una y otra vez con cada esquina, hasta por fin encontrar mi sitio, hasta encontrarme a mí mismo. Esto es lo que nos pasa a aquellos que maduramos tarde, aquellos que han tenido una adolescencia inerme, carente de personalidad y raciocinio. Pero más vale tarde que nunca, ¡y tanto! Aunque ahora que lo pienso, ¿acaso la adolescencia no es una etapa de total inmadurez? Sea como sea, desde que cumplí 20 años ha cambiado mucho mi vida, al completo he de decir, tanto el entorno, la familia, los amigos, estudios, pareja, etc. Más que una nueva etapa, una nueva vida. No sé lo que me deparará el futuro, pero sí cómo han sido estos últimos años y cómo es mi presente y mi pasado más cercano.
Mi vida, una vida llena de inolvidables momentos, agradables experiencias y contemples. Lloro, río, sueño y vivo y sobre todo, siento, incluso más que nadie. Cuido al milímetro detalles que son inexistentes para muchos, puesto que los pequeños detalles son los que marcan la diferencia. ¿Quién dijo que fracasaría? Já, ¡se equivocó! Todo lo que me propongo lo acabo consiguiendo. Durante estos últimos años no he parado de trabajar para ser cada día mejor y evitar ser un tonto, ¡que tontos sobran y a tontos no aguanto! He conocido a mil tontos en medio de tres amigos, y esos amigos son los quiero y guardaré por siempre puesto que me enorgullece cada día más saber cuidar y mantener una amistad, algo que mucha gente ya no saber hacer.
He construido un oasis sagrado, un oasis en el que puedo ser yo mismo con todo lo que me gusta hacer y sobre todo, con aquellos que me hacen ser cada día más feliz. Hablo de personas que nunca me hacen sentir sólo, personas que siempre están ahí para apoyarme y nunca dejarme caer. A todos ellos, GRACIAS.
Hoy cumplo 25 primaveras, ¡me encanta la primavera! Espero vivir muchas más…
Comienza mi etapa favorita del año
Como ya hiciera el año pasado por estas fechas, desde Anhelarium, quiero darle la bienvenida, y con los brazos bien abiertos, a la primavera, mi etapa favorita del año. Tal es así, que lo ideal para mí sería vivir en una eterna primavera, una primavera perpetua en la cual pueda disfrutar todos los días de esos espirituales amaneceres y nostálgicos atardeceres que sólo el buen tiempo de la primavera y el verano nos puede regalar. Pero aquí, como ya hiciera en el anterior artículo, tengo que puntualizar mi bipolarismo con respecto al verano. Me encanta el verano, la playa, el no tener que estudiar y tener todo el tiempo del mundo para uno mismo, pero el calor, el abrasante calor que uno sufre en los meses de julio y agosto es cuanto menos, angustioso. Todo lo contrario en primavera. Ni frío ni calor, el tiempo perfecto. Puedes ir a la playa en cazadora vaquera, darte unos chapuzones y volvértela a poner, no pasa nada, sigues igual de bien. Además, yo nací en primavera, concretamente un veinte de mayo de hace ya, casi veinticinco años.
Pero para mí, la diferencia de temperatura no es lo más importante. Lo verdaderamente significativo para mí, es que tras pasar meses de frío, lluvia, y grisáceos días, regresa una vez más el color, el buen tiempo, y con él, el ánimo, la luz, la alegría y las ganas de regar todos tus sentidos de valiosas sensaciones que sólo el buen contemplador (algo de lo que hablaré en breve en esta página) sabe distinguir y apreciar.
¡Bienvenida seas otro año más preciosa!
Año nuevo y vida nueva con Wii Sports y Wii Play
Tras la cena de Nochevieja, la cual celebramos por todo lo alto debido a que la crack de mi hermana ha aprobado las oposiciones para Auxilio Judicial de la Comunidad de Madrid, quedando en el puesto 15 (de 15.000 personas que se presentaron) y tras digerir un poco la cantidad ingente de maricos que nos habíamos metido entre pecho y espalda y por supuesto aquel rodillo de ternera con patatas a lo pobre, pusimos rumbo a casa de Fabiola, donde nos esperaba una larga noche que se presentaba de lo más divertida y donde cada uno, explotaría su lado más geek.
Justo antes de entrar en casa de Fabiola, Luisa, mi hermana y yo nos dimos los regalos en el paseo marítimo de la playa La Cachucha, uno de los lugares más míticos de la pequeña ciudad de Puerto Real y fue ahí donde me obsequiaron con uno de los mejores regalos que he recibido en mucho tiempo y no precisamente por lo que es en sí, sino por el valor sentimental que éste adquirió y del cual os hablo en este nuevo artículo. Gracias Luisa por el maravilloso regalo.
Una vez que entramos ya en casa de Faby, tras colgar los abrigos, saludar y felicitar el año nuevo a los familiares de ésta y engolliparme con los roscos que había preparado la madre de nuestra querida amiga y anfitriona, cada uno ya tenía en su poder un mando y, desafiantes los unos con los otros, jugamos sin parar de reírnos a todo lo que Wii Sports pudiera ofrecernos.
El tenis fue el primer deporte elegido y, siendo sincero, a lo primero no daba pie con bola, sólo había tenido contacto con la Wii hacía casi dos años en casa de un conocido mío y anoche lucía como un completo inútil, pero sólo al principio, porque luego me hice con las riendas del juego. Lo que mejor se me daba eran los saques, y aunque perdimos frente al equipo que hacían José Carlos y Fabiola, Antonio (hermano de ésta) y yo, salimos del juego y con honores. El problema era que no había tanto espacio y los cuatro, estábamos apretujados dándonos ligeros mamporros con los mandos los unos con los otros.
El siguiente juego, los bolos, ahí sí que dominaba. Antonio y yo éramos los mejores en conseguir plenos mientras que los demás se entretenían en tirar todos los bolos en dos tandas. Pobrecillos…La nota graciosa la dio un servidor que, en una de tantas, al tirar, estiré demasiado el brazo hacia atrás y caí el dichoso bol cargado de los ya mencionados (y deliciosos) roscos caseros. Dejé el sofá perdido.

Pero mi calvario comenzó cundo José Carlos decidió jugar al Béisbol. Creo que tan sólo le di tres veces a la pelota, todo lo demás, eran fallo tras otro. Me colocaba, me re-colocaba, lanzaba de una manera y otra y otra, pero nada, que no le endiñaba a la dichosa pelotita. Lo mismo les pasaba a mi hermana y a Luisa, las pobres tampoco atinaban. Menos mal que alguien tuvo la genial idea de cambiar de juego. Aunque no jugamos al Boxeo, ya que “no teníamos los nunchacos de la Wii” palabras textuales de Faby, y al Golf que según también Fabiola “es un juego para quedarse dormido”, pasamos a divertirnos con Wii Play. Pero antes que se me olvide, debo mencionar que antes de jugar con Wii Play, Susana, cuñada de Faby, se empeñó en probar el Trivial para Wii y fue ahí cuando por poco nos ahogamos de tanto reír. La pobre mujer, no atinaba con las preguntas y sólo se dedicó por cuidar la imagen de su Miis (muñequito personalizable de la Wii con el cual puedes jugar). Fue un momento tronchante, y el Trivial no duró puesto ni diez minutos.
Mi mala racha no acabaría aquí. Tras quedar totalmente aplastado por José Carlos en el Campo de tiro (me triplicaba la puntuación el jodío) y en Pesca (que más bien debería llamarse Pesca Radical), opté por dejar los mandos y dedicarme de nuevo a devorar esos roscos caseros que con tanto cariño preparó esa misma mañana la madre de Fabiola.
Por suerte para mí, volví a encontrar un juego el cual dominaba como el demonio, Las Carreras de Vacas. Ni el hecho de que fueran más de las cinco de la mañana, ni el ingenio de uno ni de otro, pudo conmigo en este juego. No había quien derribara más espantapájaros ni quien controlase a la vaquita mejor que yo.
Ya por último, y siendo las seis de la mañana, José Carlos insistía en probar a continuación los Juegos Olímpicos de Invierno. Sonaba bastante bien, pero el cansancio ya hacía mella en mí y mis parpados parecían estar hechos de plomo. Para mi sorpresa, los protas de dicho juego eran Mario Bros y Sonic, juntos en un mismo juego, algo que jamás había visto. SEGA y Nintendo, cara a cara.
Debido al cansancio de algunos y al colocón de otros, decidimos probar tan sólo una modalidad del juego, y esa fue el bobsleigh. Creía que me estaban dando coba, pero no, al principio de la carrera, hay que agitar el mando “como si te la estuvieras escurriendo” decía José. Además, una vez la carrera seguía su curso, debías ponerte el mando pegado al pecho y girar suavemente de izquierda a derecha. Según mi hermana Desiré, lucía de lo más gracioso haciendo semejantes movimientos y poniendo caras de velocidad. Ahí tampoco es que atinara mucho, pero juro que era por el cansancio, si ahora mismo se me presentara la oportunidad de jugar, fijo que lo hacía mucho mejor.
Anoche fue la primera vez que le dediqué un tiempo exclusivo a la Wii y puedo decir que me lo pasé en grande. Está visto y comprobado que, si juegas con más gente, es doble la diversión y te lo pasas genial. Fue una bonita y divertida manera de comenzar el año.

































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