
Hace unos días me llevé un susto horrible. Era de noche, ya algo tarde, y decidí acostarme. Como Lia no soporta la idea de dormir fuera de mi habitación, pues se pone a maullar desesperada para entrar y está acostumbrada desde muy pequeña a dormir conmigo, fui buscándola por toda la casa para meterla en la habitación y pasar la noche juntos, como siempre. La buscaba y no la encontraba, cosa que en poquísimas ocasiones ha sucedido. Lia siempre está en medio, como el jueves. Raro que no se esté haciendo de notar de alguna u otra manera. Sí es cierto que en contadas ocasiones la he tenido que buscar por toda la casa porque, como cualquier gatito, si encuentra un rinconcito en el que se encuentra a gusto, ahí se queda un buen rato. Pero lo de la otra noche fue algo desesperante, aunque por suerte el sobresalto no duró mucho. No la encontraba por ninguna de las habitaciones, miraba debajo de las camas, por cada rincón, y no la encontraba. Me puse algo nervioso. Ella no es de salir de casa, nunca ha intentado escaparse, por suerte no me ha salido una gata con mucha vena salvaje que quiera irse a investigar y recorrer mundo. Algunas ventas, no todas, las dejo abiertas, Lia me da esa confianza. Pero ya anduve unos minutos buscándola y nada. La angustia llegó cuando al asomarme por la ventana de la cocina, justo en frente, sumergida entre la oscuridad, la vi. Lia estaba frente a un edificio antiguo antiguo de tejados viejos que está a varios metros frente a la ventana de nuestra cocina. ¿Cómo ha llegado hasta ahí? ¿Y cómo llego hasta allí para traerla de nuevo a casa? Forzaba la mirada porque no estaba del todo seguro que fuera ella. Pero era un felino del mismo color y tamaño que Lia. La llamaba, pero el gato hacia caso omiso. Eso ya me extrañó aún más, Lia es muy charlatana, mucho. Y cuando la llamo, esté donde esté, y sea lo que sea que esté haciendo, siempre me contesta con maullidos y sus típicos ruiditos. La llamaba, pero no contestaba. Quizás por estar asustada al sentirse desprotegida y lejos del calor de su hogar. Me dirigí al salón, muy nervioso, tanto que preocupe a mi padre que allí estaba viendo la televisión. Casi sin haberlo pensado, volví buscar más a fondo a Lia, esta vez gritando su nombre exasperado por toda la casa. Y la escuché, a mis gritos me contestó con uno de esos maullidos perzosos que parecen querer decir: ¿Qué quieres, eh?. Cuando miré, estaba en los asientos de una de las sillas que aguardan recogidas en la mesa del comedor, ahí estaba, adormilada, la mar de a gusto. La abracé con todas mis fuerzas, el susto aún lo tenía en el cuerpo.
Cuando regresé a la cocina, con Lia aún en los brazos, ese gato que tanto se parecía a Lia, no estaba. Ni rastro de él.
Perder a Lia de forma repentina y nunca saber de su paradero, como le ocurren a muchos dueños que sufren porque sus animales desaparecen, me sumiría en una tristeza que sólo de imaginármelo me abate. Hay muchos gatos de tejado, gatos callejeros, ese sería uno de ellos. La experiencia vivida me lo tomo como un aviso. Las ventanas ahora estarán más vigiladas, pero para vigilada, Lia, que nunca ha dejado de estarlo, pero ahora lo estará más.
Este mes de julio se cumplen cuatro años de aquella tarde que decidiera adoptar a esta gatita cuando por entonces cabía en la palma de mi mano. Cuatro añitos cumple este pequeño angelito de cuatro patas. Cuatro años a tu lado, Lia. Y por favor, que sean muchos más. Gracias por todos y cada uno de los momentos que pasas a mi lado.
¡FELIZ CUMPLEAÑOS LIA!
28 julio, 2017 | Categorías: Personal | Tags: LIA | 11 comentarios

Primavera de 1992. Ahí estaba yo con mi equipación del Real Madrid. Bueno, equipación…Ese escudo, además de parecer que lo había bordado una manca, era más falso que los penaltis a favor del Barça, o que el doctorado en termodinámica de Kiko Rivera. ¡O más falso que los besitos que te da tu suegra! Pero yo era feliz de mostrar mi madridismo. Lo que nunca entenderé es por qué estaba yo tan doblao en esa foto, que parece que me había hincado una botella de Fino Quinta yo solito. Pero yo no podía ser más feliz de mostrar mi madridismo. Las calzonas desde luego me las colocaba cual torero, hasta los sobacos, aunque, ¿y esas piernas? Con esas piernas que tenía tan escuchimizadas poco fútbol iba yo a mostrar. Me iba a desmontar más rápido que una pieza de Lego, ¡ni Prosinecki oiga! Pero qué feliz estaba de mostrar mi madridismo. Por aquél entonces no tenía ni idea de cuántos títulos tenía el Real Madrid ni del prestigio que ostentaba, pero sí sabía deciros de memoria la alineación de aquél Madrid de Buyo, Zamorano, Míchel, Hierro…
Hoy, a mis 31 años, disfruto de ver jugar al Madrid como cuando era pequeñito. Sigo llorando de emoción cuando veo a los blancos levantar un título, como también lloro de rabia cuando soy testigo de sus derrotas, de esas que duelen, aunque por suerte, de esas hay pocas. En estos últimos años los madridistas hemos podido emborracharnos de alegría al ver a nuestro equipo levantar tres Copas de Europa, las dos últimas seguidas. El Real Madrid es el club con más copas europeas, doce. Fue el único en ganarla en cinco ocasiones consecutivas (1955-56, 1956-57, 1957-58, 1958-59, 1959-60) y ya en el formato actual de la Champions League, es el único equipo en conquistar el título dos años consecutivos (2015-16, 2016-17). Llevamos unos años donde el Real Madrid sigue marcando a fuego su sello en la historia del deporte. Qué afortunado somos de vivir momentos tan únicos. Me vuelve loco ver jugar a mi Madrid, y qué os voy a contar cuando lo veo hacer historia. Historia que tú hiciste, historia por hacer… Ni si quiera sabría deciros por qué me hice del Real Madrid. Quizás me viera influenciado por la gran cantidad de madridistas que hay en mi querida ciudad, pero sinceramente, no lo siento así. Sí recuerdo el sentirme enamorado de ver a los jugadores lucir el color blanco como nadie, me encantaba imaginarme jugar al fútbol ante la atenta y vehemente mirada de miles de personas que no paran de animar. Aún hoy, cuando cierro los ojos antes de quedarme dormido, me gusta imaginarme vestido de corto jugando en el Santiago Bernabéu, marcando goles y celebrándolos con la afición. Sigo siendo ese niño que, sin tener hechuras de futbolista, sigue soñando que es uno de ellos.
¡HALA MADRID SIEMPRE, AMIGOS MÍOS!
25 julio, 2017 | Categorías: Deportes, Personal | Tags: Fútbol, Real Madrid | 14 comentarios

Reconozco que cuando esta mañana mi padre me dijo que teníamos que ir a comprar un carrete nuevo para la máquina de escribir me quedé algo extrañado. Le pregunté sorprendido dónde conseguiríamos encontrar un carrete a lo que él respondió sonriendo que sabía perfectamente dónde hallarlos. Mi padre ya no utiliza tanto la máquina de escribir como antes por lo que los carretes le duran una barbaridad. Pero ya era hora de reemplazarlos así que lo acompañé a donde él, convencido, sabía que los vendían. Y efectivamente, allí estaban. En una antigua papelería -la más antigua de la ciudad- nos atendió una amable mujer que nos dijo que, últimamente, a mucha gente le había dado por volver a la máquina de escribir. «Algunos por nostalgia, otros por disfrutar de lo retro«, afirmaba. Precisamente, dentro de la papelería, tenían una exposición de máquinas de escribir, algunas muy pero que muy antiguas. Camino a casa estaba expectante, me había ilusionado la idea de volver a ver a mi padre manejar sus máquinas. Recuerdo que de niño mi padre me enseñó a usarla y delante mía, en más de una ocasión, le vi cambiar las cintas. Esta mañana me volví a sentir como ese niño curioso que embobado miraba a su padre manejar la máquina de escribir. Hoy, tras mucho tiempo, he vuelto a ver a mi padre poner a punto su vieja Olympia que lo acompaña desde hace cuarenta años. Sus dos máquinas, del mismo modelo y marca, las hemos limpiado y recambiado los carretes. A lo largo de todos estos años siempre he mirado a mi padre con ternura cuando lo he visto ante su máquina, concentrado, escribiendo con esa postura y ese estilo tan peculiar. Pero esta mañana ha sido especial, no me preguntéis por qué, pero lo he sentido así. Quizás ha sido hoy cuando más le he dado el valor que se merece. Ver a mi padre ante esa vieja máquina de escribir, ya oxidada por el paso del tiempo, a la que tantas horas ha dedicado, y escucharlo dar las instrucciones de cómo usarla como si fuera la primera vez que lo hiciera, ha creado un nuevo impronta en mi memoria, de esos que con el tiempo uno recuerda con lágrimas en los ojos. ¡Buenas risas nos hemos pegado cuando no atinaba a poner las tildes! Hoy he vuelto a aprender con él. Esta mañana nos hemos sentado uno al lado del otro y hemos escrito juntos un rato en el que sólo se apreciaba esa musicalidad típica que genera el escribir con estas máquinas.
Después de que escribiéramos juntos, le he prometido a mi padre que estas reliquias del pasado que tan significativas han sido para él y que aún todavía lo acompañan, siempre encontrarán unas manos amigas que las devuelvan a la vida, ya sean las mías o las de un hijo mío. Pero jamás quedarán abandonadas al rincón del olvido. Gracias papá, por un momento tan maravilloso a tu lado.
5 agosto, 2016 | Categories: Personal | 23 comentarios
Lo último que se ha dicho