El bodyboard

Fuente: kccsecurity.com/author/mobieagle/
Corcheros antes que surferos
Los que ya tenemos unos años, concretamente los que nacimos en la década de los ochenta y además nos hemos criado en una zona costera, hemos tenido contacto, algunos más y algunos menos, con el bodyboard, o en términos más coloquiales, con el boogie. Y esto lo digo porque, ¿quién en la década de los noventa no probó surcar las olas con uno de estos boogies? Aunque sus orígenes se remontan un siglo atrás, el bodyboard tuvo una gran repercusión internacional en las décadas de los ochenta y noventa, sobre todo en esta última. Era raro ir a la playa y no ver a una gran cantidad de chavales de entre los 9-17 años surcando olas con un boogie o corcho, como también se le denomina. A día de hoy en verano verás a algunos, pero nada comparado como hace veinte años, y esto, para los que somos amantes de los deportes acuáticos y sobre todo nostálgicos, tenemos buena cuenta de ello.
No exagero si digo que al llegar la primavera, todo adolescente, generalmente chicos más que chicas, ya pensaban en meterse a coger olas con el boogie, y los que no, pronto caían en la moda de tener uno. Y es que sí amigos, como muchas otras, durante los años noventa el boogie fue una auténtica moda, todo un furor entre los más jóvenes. En absoluto digo esto con un tono peyorativo, ¡para nada, todo lo contrario! Precisamente muchos de los surferos de mi generación lo son gracias a esa moda por tener un boogie. Muchos hemos sido corcheros antes que surferos.
Publico esta entrada porque desde que me metí en el mundo del surf he dejado bastante de lado el bodyboard. Pero ahora, como buen nostálgico, me apetece comprarme un buen boogie y retomar este deporte que, en mi humilde opinión, es más entretenido y divertido que el surf, aunque sobre esto haré hincapié un poco más adelante.
Este verano, al igual que hace casi veinte años, toca comprar un boogie. Ahora ya uno tiene una edad y una experiencia, pero recuerdo con mucho cariño aquella mañana en la que mi madre nos regalaba a mi primo Leandro y a mí unas tablas de bodyboard. Los dos íbamos con las mismas, exactamente iguales. Dos corchos muy estrafalarios, uno de los varios modelos que se vendían en los supermercados Hipercor en aquellos días, con unos colores muy llamativos en la parte de arriba y amarillo por abajo. Esos eran los boogies que elegimos.
La dichosa capa deslizante
Con los días, mientras pasábamos largas horas hablando de bodyboard entre nosotros y con más chavales, aprendimos que los mejores boogies eran los que llevaban capa deslizante, ¡y los nuestros no llevaban! Nuestra inexperiencia nos hizo elegir unos que no tenían esa capa deslizante en la parte inferior del corcho y que sí poseían los boogies más chulos y que sólo los más guays de la playa llevaban. Al recordarlo me río de cómo mi primo Leandro y yo nos mirábamos con cierta resignación al ver que todos los chavales nos decían -¡cómo si ya no lo supiéramos!- que nuestros boogies no eran de capa deslizante, haciéndonos sentir como unos novatos pringaos. Aunque tampoco es que fuera un trauma, porque una vez que nos metíamos en el agua, pronto nos olvidábamos de si nuestras tablas tenían o no capa deslizante, porque surfeábamos igual de bien que todos esos chulitos que tenían esos boogies tan pro. Es cierto que con capa deslizante es mucho mejor tener un boogie, pero mi experiencia os dice que de verdad la diferencia no se nota lo más mínimo. Era más el hecho de vacilar con que se tenía un boogie de ese tipo que el hecho de tenerlo en sí. Cosas de niños…
Momentos para el recuerdo
Nos lo pasábamos genial, ahí con los demás cogiendo olas, alguna bastante puñetera, nos sentíamos los reyes del verano. Llegábamos a ser tantos ahí corcheando que éramos un espectáculo. Recuerdo que mucha gente se nos ponía a mirar, muchos eran padres que alucinaban con lo que hacían sus hijos, e incluso algunos nos llegaban a echar fotos. ¡Qué tiempos aquellos!
Nosotros personalmente solíamos pasar las tardes enteras con el boogie, ya que era por la tarde cuando mi primo y yo solíamos ir a la playa juntos. Jamás olvidaré esas puestas de sol y esas últimas olas que surcaba antes de secarnos e irnos a casa. Para mí, era lo mejor del verano. Bueno, eso, y las noches en el porche de casa, sobre todo si había pinchitos y patatas fritas para cenar.
Como todas las modas, el corcheo o el bodyboarding, decayó. Ya no he vuelto a ver abarrotada la orilla de la playa de niños con boogies cogiendo olas. Pero en la actualidad observo con añoranza a esos chavales que lo siguen practicando, porque me traen a la mente recuerdos tan maravillosos y por supuesto, inolvidables.
¿Más divertido el bodyboard que el surf?
Antes os comentaba que a mi parecer, el bodyboard es más divertido que el surf. Antes que nada deciros que soy un gran enamorado del surf y de todo lo que a este maravilloso deporte rodea, no estoy en ningún momento infravalorando al surf ni mucho menos. Pero, ¿por qué pienso así? Pues porque el bodyboard, a pesar de que también es un estilo en el que se pueden hacer bastantes piruetas y puede ser bastante técnico, es muchísimo más asequible que el surf. Por norma general, a una persona, y siempre partiendo de la base de que tiene una correcta complexión física y es apta para el deporte, se le hace más costoso aprender a hacer surf que a corchear. Uno se hace más pronto al bodyboard y, muy importante, este estilo no frustra como sí lo hace el surf. A paciencia siempre he dicho que no me gana nadie, y menos cuando algo me hace tanta ilusión como el surfing, pero tengo que reconocer que hubo un momento en el que el surf me frustraba por lo difícil que me parecía. Y amigos, no soy el único al que le ha pasado esto, creo que nos pasa a todos cuando nos acercamos a este deporte. Con el bodyboard no pasa en absoluto, pues a la primera zambullida ya disfrutas el estilo, ya disfrutas del oleaje, haces bodyboard desde el primer minuto.
«El océano es tan magnífico, tranquilo e impresionante. El resto del mundo desaparece para mí cuando estoy en una ola»
– Paul Walker
–>Quizás le pueda interesar otros artículos relacionados con el Surf:
![]() |
![]() |
||
| La tarde que cambiamos las clases por el surf |
Entro en el Surf – El arte de deslizarse sobre las olas |
||
| Leer articulo | Leer articulo |
Surfero en tierra

Detalle de uno de mis rincones favoritos
Sabía que sería difícil. Cuando aún meditaba el venirme a Madrid a estudiar la carrera de Derecho, siempre e inevitablemente, se me venía a la mente el hecho de separarme de la playa, de mi surf, y por supuesto, de mi padre y de mi mejor amigo. Todo eso era lo que me echaba hacia atrás. Pero lo necesitaba. Necesitaba venirme a Madrid y vivir esta experiencia. No me arrepiento por un instante de haberme venido a Madrid, pues desde que llegué me está dando muchísimo. Estoy bien y me siento muy ilusionado aquí. El anhelo de volver a mi tierra, de sentir siempre que quiera la cálida arena sobre mis pies y zambullirme en la reluciente agua de mi mar, es fuerte. Tengo una conexión emocional con mi playa que no podría describir con palabras. No sé el tiempo que estaré en Madrid, aún me queda bastante para terminar la carrera, se podría decir que apenas he empezado el primer año. No sé qué me deparará el futuro, dónde estaré, con quién y qué estaré haciendo. Pero tengo claro que este es ahora mi lugar. Madrid es el sitio en el que debo estar. Aquí me queda mucho que hacer y mucho que aprender. Encontrarme a mí mismo.
Cuando ya llevaba poco más de un año practicando Surf, y justo cuando más y mejor surfeaba, me vine a la capital. Ahora el tiempo no me permite bajar a mi tierra todo lo que deseo. Sé que esto me pasará factura de cara a volver a montar en mi tabla. El Surf requiere de mucha práctica y la necesidad me ha llevado a separarme de este deporte que para mí, y permitidme decirlo, es el mejor deporte del mundo. Es más que un deporte. Claro que lo es. Surfear es estar en conexión con la naturaleza, sentirla, aprender a formar parte de ella, a respetarla. Y ahí entra en juego de nuevo esa conexión que tengo con la playa. Es mi entorno. No es fácil no poder ni tan siquiera pasear por la dorada orilla cuando lo necesito. No es fácil para un apasionado del Surf estar lejos del mar. Me queda el verano para saciar mi ansia de sentir ese agua salada, de surcar olas y disfrutar de la compañía de los míos en un lugar así. Pero ahora, aquí es donde debo estar. Es lo que necesito. Sabía que sería difícil.
Santa Catalina. Mi spot predilecto en la provincia de Cádiz

Qué fortuna tan grande haber nacido en un lugar así, de haberme criado en un paraíso como este. Esta es la bajada que da a la playa de Las Redes, una de las playas de mi querido Puerto de Santa María. Realmente es la playa de Santa Catalina, toda ella lo es. Pero es una playa bastante larga y cada urbanización que media con ella tiene su correspondiente entrada y, claro está, a cada entrada, a cada zona, se la llama de una manera, algo que viene bien para determinar a los tuyos en qué parte de la playa te encuentras. Esta es una de las entradas a mi amada Santa Catalina, perteneciente a la urbanización Las Redes. En la playa de Santa Catalina, los que surfeamos, elegimos siempre esta zona por la sencilla razón de que es el lugar exacto de la playa donde más y mejores olas hay. Si el día está apropiado para surfear en esta zona encontrarás una buena serie de olas. Por sus condiciones de viento, por esas olas y por el acceso a la playa, es un magnífico spot para surfistas. Ya llevo un tiempo escribiendo en el blog sobre surf y me apetecía mostraros dónde practico este apasionado deporte. Santa Catalina es una de las mejores playas de la provincia de Cádiz. Tan sólo hay que verla para darse cuenta. Más afortunado me siento si tengo en cuenta que en esta playa puedo hacer de todo. Es idónea para lo que quieras hacer. Pasar un buen día de playa relajado, correr, bailar tus cometas un buen día de levante, practicar surf cuando el día lo permita… Al final de la playa encontrarás una zona rocosa donde podrás incluso entretenerte buscando camarones y cangrejitos. Aunque cuidado, que para mariscar hace falta ya licencia, no vaya a ser que te pongan una buena multa.
La playa de Santa Catalina es la playa ideal para los que empiezan en el surf, incluso para los más avezados. A la hora de practicar surf o bodyboard, las características de esta playa son excelentes. De la temperatura en esta playa poco os tendría que decir sabiendo que está situada en la provincia de Cádiz, ¿verdad? Y es que clima por estas tierras es envidiable. Pero vamos allá. Aquí los inviernos son muy suaves y los veranos cálidos, pero no demasiado calurosos como consecuencia de los vientos del océano, con una media anual de 18 °C. En cuanto al viento, destacan los vientos de levante y poniente. Mi incondicionalidad por esta playa es mayor aún cuando observo cómo en ella no se encuentran arrecifes, no hay rocas ni peñascos donde encallar y sufrir un grave accidente. Sus olas, salvo algunos días de frío invierno que pueden ser grandes y bravas, por lo general son de metro y medio. Suelen encontrarse olas con asiduidad en esta playa, olas para nada peligrosas que hacen que practicar surf sea algo placentero y casi libre de todo riesgo. Digo casi, porque al mar siempre hay que tenerle respeto y mucha prudencia. Nunca se sabe. Salvo los meses de julio y agosto, que la playa está abarrotada de turistas, el resto del año está prácticamente desierta. Es ahí donde más y mejor se disfruta. Además de tener al lado un pequeño centro comercial, tiene zonas de muy fácil acceso y aparcamiento.
Siempre he sido y seré consciente de lo afortunado que he sido en esta vida por haber nacido frente a esta playa, de haberme criado pisando su arena, testigo de mis primeros pasos. No sólo es mi playa favorita, es mi lugar favorito. Puedo conocer todos y cada uno de los rincones de este planeta, pero jamás ninguno podría transmitirme lo que siento estando ante este horizonte. Mi lugar de poder, donde se alivian mis penas y se avivan mis alegrías.


































Lo último que se ha dicho