Aventuras del Mundodisco #2. La Luz Fantástica, de Terry Pratchett
“— ¿Eztá loco? [COHEN]
—En cierto modo. Pero es un loco con mucho dinero. [RINCEWIND]
—Ah, entonces no está loco. Yo he vizto mucho mundo. Zi un hombde tiene mucho dinedo, no está loco, sólo ez excéntrico.”
¡Humor, aventuras y magia! ¡Qué mezcla! ¡Así es el Mundodisco amigos! Os traigo con todo el gusto del mundo una nueva entrada sobre Terry Pratchett, en esta ocasión, para hablaros de su segunda y divertidísima novela, La luz fantástica. Este segundo libro continúa donde El color de la magia, su primer libro, terminó. No son muy habituales las secuelas en Pratchett, pero es de entender que, debido al éxito que tuvo el primer libro del Mundodisco, sobre todo gracias a sus personajes, Rincewind y Dosflores, Terry optara por dar una nueva continuación a las aventuras, o mejor disco desventuras, de estos dos amigotes, uno, el mago más torpe y zopenco que pueda existir y el otro, el primer turista del Mundodisco.
Rincewind y Dosflores, un mago demasiado torpe y un turista ingenuo que además, viene acompañado como buen turista que es, de su inseparable equipaje, ¡y tanto que es inseparable! Tanto como que es un baúl que guarda mil y un tesoros y cosas varias y que por si fuera poco, acompaña y defiende de manera fiel a su dueño allá donde va gracias a las cientos de patitas que posee y por su temible tapa, sí sí, un baúl cuya tapa puede tragarse (¿de un bocado?) al más fiero de los guerreros.
¿Pero…en qué barullo se meten éstos dos ahora? En esta nueva historia, Rincewind averigua que si los ocho hechizos del Octavo no son leídos antes de tiempo, todo lo que conocen acabará destruido y el Mundodisco se verá sucumbido. Para su desgracia, él contiene el hechizo que falta escondido en su cabeza y que no tiene la más mínima ida de pronunciar, un hechizo que parece tener vida propia y que a veces se deja ver en la despistada mente del mago. Otros magos querrán hacerse con ese hechizo, el más poderoso de todos, y por supuesto, para ello tendrán que acabar con el pobre de Rincewind.
Por si todo esto no le fuera suficiente, añadiremos que en esta historia se avecina algo peor. Gran A’Tuin, la gran tortuga estelar que en cuyo caparazón se apoyan los cuatro elefantes que sostienen a su vez el mundo plano conocido como el Mundodisco, se acerca poco a poco a una estrella roja con la que parece colisionar si no se le pone remedio alguno. Según Muerte (quizás el personaje más querido por los amantes de esa saga literaria), es necesario que los ocho hechizos se reúnan para así evitar la catástrofe.
“Se dice que en una fiesta alguien preguntó al famoso filósofo Ly Tin Malahierb “¿Qué hace aquí”, y que la respuesta duró tres años”.
Rincewind y Dosflores emprenderán una nueva desventura, y para la ocasión, estarán acompañados del que es sin duda alguna el personaje estrella de este libro, Cohen El Bárbaro, un secundario que parodia la vejez del archiconocido Conan de Cimmeria. Y es que con Pratchett tenemos asegurado el hecho de disfrutar con personajes secundarios que en ocasiones son los que realmente provocan en el lector esa risa tonta que se desencadena poco a poco con la lectura.
Terry Pratchett posee un más que refinado estilo a la hora de escribir sus obras. Escritores que te hagan reír habrá muchos, pero pocos o ninguno tendrán esa capacidad de ingenio como la que el escritor de Beaconfield alardea, creando esos tronchantes diálogos que por lo que he podido leer por ahí, en los siguientes libros se hacen mucho más graciosos. Algunos amantes de esta lectura declaran que las más recientes novelas de Pratchett son sin duda las más cómicas y divertidas. Pero de lo que no hay duda, es que todos y cada uno de los libros que dan vida al Mundodisco, son de los más agradables y absorbentes que hay. Una grata lectura que recomiendo con mucho aprecio.
“…Pero los Dioses no tienen la costumbre de mirar hacia el cielo, y además estaban enzarzados en un litigio contra los Gigantes del Hielo, que ponían la radio muy alta”.
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El día que surqué mi primera ola
Playa de Santa Catalina, Las Redes. El Puerto de Santa María (Cádiz)
Me dejé caer en la arena, estaba agotado. Desceñí el neopreno, aunque sólo me lo quité por la parte de arriba, dejando mi torso al descubierto, en ese momento no tenía fuerzas ni ganas de cambiarme, sólo quería sentir ese instante, recrearme en él. Entre jadeos, ahí sentado, sonreía mientras miraba aquellas traviesas olas, esas que me llevaron al límite. Me desesperé, sabía que aquello no era coser y cantar, pero tampoco que pudiera resultar tan arduo. El esfuerzo era tremendo, mis brazos los tenía engarrotados de tanto remar hacia ellas, ¡tenía que hacerme con alguna! Era una y otra vez, una y otra vez. El cansancio hizo mella, demasiado, pero mi testarudez era mucho mayor, aquella pasión que sentía lograba superarlo. Ya habían pasado varios días y del mar nunca salía victorioso, siempre acababa fatigado y con cierto sentimiento de frustración, así que ese tenía que ser el día, lo intuía, tenía que serlo, necesitaba una tregua. Cada ola me volcaba, pero todas me envalentonaban, me incitaban a seguir y engallado siempre regresaba adentro, porque en algún momento yo sería quién las dominara.
Sentado en aquella fina y suave arena, mi cara bañada por la luz de aquel hermoso día, mostraba la mayor de mis sonrisas, la mayor de las alegrías. Toda mi conciencia se impregnaba de aquel momento. Nunca lo olvidaría. Estaba agotado y débil, pero satisfecho y feliz, pues del mar salí triunfador. Aún recuerdo perfectamente lo que sentí al surcar mi primera ola, aquella visión desde su cresta, esa ligereza, la vivacidad de aquél instante, era mi primera ola y jamás la última. Aún me veo ahí sentado en esa dorada tierra, con el alma gozosa, complacido, deleitándome en casa suspiro. Era un mes de marzo, y aquel viernes a mediodía surqué mi primera ola, sintiéndome así un verdadero surfista.
Bruce Springsteen – The Wild, the Innocent and the E Street Shuffle [1973]

Segundo trabajo del Boss. En este disco se aprecia como el jefe se nos aleja del sonido Folk y se adentra en los recodos del Rhythm and Blues, en gran parte, provocado por la unión del cantautor con la ya archiconocida E Street Band. The Wild, the Innocent and the E Street Shuffle contiene clásicos temas como Rosalita, uno de los temas más celebrados por el público en los conciertos de Bruce Springsteen, y también Kitty’s Back, New York City Serenade o 4Th Of July, Asbury Park.
Estamos ante un buen disco que sin llegar a ser tan portentoso como obras posteriores, muestra una tremenda calidad y sobre todo, fue un disco que coronó en su día a Bruce como uno de los mejores compositores del momento. Porque estamos ante un disco de canciones totalmente excepcionales, muy elaboradas, temas adornados con muy buenos solos de guitarra, una música de ritmos agitados y muy melódicos. Un cóctel musical que combina gamberras guitarras, un saxo que suena como si lo tocara el mismísimo demonio, un piano y unos teclados que le dan un toque melódico magistral y sobre todo, unos buenos coros que acompañan la cada vez más potente voz de Bruce.
Encontramos en este disco temas ideales para poner a todo trapo en un guateque, temas super rockeros como Rosalita o canciones más personales, como Incident On 57Th Street o Wild Billy’s Circus Story, donde Bruce nos deleita con esas letras, estrofas donde se narran historias reales, una manera fabulosa de hacer música de la anécdota más simple. El potencial que emana de este disco es enorme y no es de extrañar que posteriormente llegaran trabajos tan sensacionales como Burn To Run, Nebraska, Born In The U.S.A, Tunner Of Love o The River.



































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