Archivo para junio, 2015

La rojigualda, nuestra bandera

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Me fastidia ver a los más intransigentes de este país, grupos fascistas o de extrema derecha, ondear la bandera de España, que parece que es sólo de ellos, como a los catalanes independentistas pitar el himno español. Estos últimos porque están en pleno derecho a la libertad de expresión y, aunque me parezca una falta de respeto enorme, pues a la inversa seguro que no lo recibirían con agrado, peores cosas hacen nuestros políticos, esos que HEMOS ELEGIDO NOSOTROS, que deshonran al país entero con su mala praxis y poca vergüenza. Desde siempre, la extrema derecha ha tomado como insignia una bandera que nos representa a todos, o supuestamente debe hacerlo. Una bandera que antes de que ya ondeaba como pabellón de la Marina española en virtud del Real Decreto de 28 de mayo de 1785, a propuesta de Carlos III. Al mismo tiempo, la izquierda más revanchista y anclada en el pasado, la ve como la bandera del bando enemigo. Para diferenciarse de «la derechona», la desprecian y se envuelven en la bandera tricolor que caracteriza a la Segunda República Española de 1931.

Ya en 1793 se ordenó que ese pabellón, utilizado hasta entonces solo en los buques de guerra, ondeara también en los puertos y fuertes de la Marina y costas custodiados por el ejército español, así la bandera rojigualda empezó a utilizarse como el mayor símbolo nacional. Pero no fue hasta 1843, cuando el Real Decreto de 13 de octubre, sancionado por la Reina Isabel II, la reconocía como bandera nacional. Y debo destacar que la Primera República Española, instalada en 1873, no alteró los colores de esta bandera de colores rojo, amarillo y rojo, aunque sí se suprimió los escudos y todos los símbolos reales de la monarquía.

En muy resumidas cuentas: vemos como los colores de nuestra bandera, la rojigualda, fue acogida por monárquicos y republicanos como distintivo de nuestra Nación. Hoy, y desde mucho tiempo atrás, el sector izquierdista de este país se aferra nostálgicamente a la bandera tricolor, se identifica con ella, desprecian la rojigualda y la siguen considerando una bandera franquista. Mientras, los que se colocan del lado más conservador y de derechas se aferran a ella. A mí esto no me gusta. Esta guerra de banderas, a estas alturas, es más que absurda. Quizás habrá que esperar algo más. Y no tengo nada en contra de la tricolor, que quede bien claro, pues es una bandera española que representa una etapa que siempre ha llamado mi atención y que despierta en mi mucho interés, ya que la Segunda República fue maltratada en sus días pero también en los días que corren actualmente. Pero eso ya es otro tema. Los símbolos son importantes, pues representan algo, y en este caso ese algo es un país entero. Y aunque se tratara de la bandera de una pequeña localidad, tras sus colores hay personas a las que hay que respetar y nunca olvidar. La bandera rojigualda es la bandera de España, no sólo de unos pocos. No es una bandera de franquistas y neonazis. Ahora que la gente la ve con mejores ojos y todo gracias a los éxitos deportivos de estos últimos años. Han sido los deportistas de élite los que han despolitizado la bandera, los que hicieron que miles y miles de personas en todo el país la sacara sin complejos. Han hecho los deportistas lo que los políticos no han sido capaces de hacer. Así de malos son ellos y sus partidos. La izquierda porta una bandera, la derecha otra, y eso sólo alimenta la desunión.

Si bien es cierto que soy de los que piensan que hay que hacer mucha pedagogía en nuestros días sobre temas pasados e ignorados por nuestros políticos, no veo bien estar con ese guerracivilismo absurdo. Hay sectores de la izquierda de nuestro país que parecen más interesados en ganar la guerra más de ochenta años después de haber acabado. No soy de ningún partido político. Me cuesta sentirme identificado con ellos. Ahora, con el auge de estos nuevos partidos políticos que nos prometen el cambio y se agencian de colores llamativos para aparentar frescura, diré que tampoco soy de los de magenta (que son un barco hundido que se empeñan en reflotar), ni los de naranja, y me cuesta mucho sentirme confraternizado con los de morado, porque ya comienzan a pecar de los mismos errores de la vieja izquierda española anclada en el pasado, esa izquierda acosada por sus propios fantasmas y complejos. Políticamente siempre me he considerado huérfano.

Los partidos políticos lo único que quieren es quedar por encima del otro, enchufarse al erario público y vivir como lo que son, parásitos que sólo les importa llegar al poder, apoltronarse. A los partidos políticos de este país parece que lo que menos les importa es España. Esta es la sensación que desde siempre he tenido. Parece que no les interesa progresar, mejorar, modernizar este país. Votaré a aquél partido que mejor administre nuestros recursos para proteger a las plantas, animales y a nuestras personas. Con esto sí que puedo parecer romántico o más bien utópico, pero no pierdo la fe.

España es un país políticamente maldito. Por eso no voy a entrar en comparación con otros países, como Estados Unidos, que respetan sus barras y estrellas independientemente de la ideología de unos y otros. España necesita, cual computadora, un formateo, un reinicio. Sólo veo en el panorama político a gente resquemada y anclada por el pasado, ese que nunca dejamos atrás. Porque para lo único que nos tiene que servir es para aprender, sin despertar fantasmas. Esta entrada trata sobre una bandera, sobre la bandera que nos representa, una bandera con la que nací y me crié. La que han visto mis ojos ondear durante todos mis días. Pero es una bandera que por desgracia, no parece que quieran algunos que nos represente a todos. Hay temas mucho más importantes que la bandera, pero no por ello dejar de serlo.

Yo abogo por una España unida, una España de todos aun reconociendo la pluralidad del todo el Estado. Creo en una España integradora. Y como de símbolos trataba en un principio esta entrada, que reconozco que se me han ido un pocos los dedos, apoyo respaldar nuestro símbolo de rojo y oro como nuestra seña de identidad, y con los ojos puestos en el futuro. Por eso, anhelo que nos remanguemos todos, ayudemos, vayamos a una para afrontar los temas que más inciden en nuestra sociedad. Que nos sintamos orgullosos de ser españoles y cuando miremos la bandera, nuestra bandera, no sintamos antipatía, esa que han sembrado en nosotros los que tras sus colores nos han engañado a todos. Sintamos dignidad por nuestra identidad, pero sobre todo, esperanza por conseguir un país de todos, un país mejor.


Daredevil [2015] La justicia es ciega

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No soy de MARVEL, prefiero millones de veces el Universo DC. Pero no soy de esos frikis que entran en discusiones absurdas y se dedican a echar bilis mental sin sentido. Detesto este tipo de fanatismos absurdos provocándome bastante vergüenza ajena muchos de los comentarios que leo cuando se tratan estos temas. Tan sólo, y sin desvalorar a nada ni a nadie, prefiero DC por la autenticidad de sus personajes, personajes de mayor calado en mi modesta opinión. Porque a pesar de que MARVEL ofrece una amalgama superior de superhéroes y superheroinas, siendo sin duda alguna la editorial que más personajes ha aportado al mundo de los cómics, su infinidad de personajes no llegan a transmitirme a penas ningún tipo de interés salvo unos pocos, concretamente dos, Lobezno y Daredevil.

Lo mejor que ha lanzado MARVEL en la actualidad

Hacía mucho tiempo que no publicaba una entrada donde dejara correr mi lado más friki y creo que tras haberme quedado totalmente prendado con la serie de Daredevil, no hay mejor momento para hacerlo. He disfrutado muchísimo de todos y cada uno de los episodios que componen la que por ahora es la única temporada de las serie, protagonizada por Charlie Cox (La Teoría del Todo, Encontrarás Dragones) y dirigida por Drew Goddard (La Cabaña en el bosque). Todo el mundo me la recomendaba, y si así era, pensaba yo, es que no sería una serie al estilo Flash o Green Arrow (lo siento, no puedo con ellas, y me temo que Supergirl va a ir por los mismos derroteros). Todo lo contrario. Por eso deseaba deshacerme ya de los exámenes finales y meterme de lleno con esta serie.

¡Es que ni Los Vengadores! Que me perdonen los acérrimos de MARVEL, pero no ha habido nada que hayan hecho tanto en cine o televisión que me haya dejado mínimamente hechizado como esta serie. Esperando a que hagan algo parecido, ya sea en cine o televisión, con Logan (nuestro venerado Wolverine, cuya última película -Lobezno: Inmortal- es para olvidar), con Daredevil nos topamos con una serie con alta dosis de realismo y crueldad. Donde se lleva al personaje más allá, envuelto en un formato más para un público adulto, que incluso muestra por momentos un lado gore.

La readaptación que se esperaba de Daredevil y la serie que MARVEL necesitaba

Y digo readaptación porque no se podía haber hecho nada peor que aquél Daredevil de Ben Affleck allá por 2003. Ni recuerdo cual fue el director de esa película ni me molestaré en buscarlo, porque evito acordarme de esa porquería, quizás la peor película que se haya hecho sobre superhéroes sin olvidarnos por supuesto de la Catwoman de Halle Berry. Así, la readaptación, digo, era y ha sido necesaria, porque junto al mencionado Lobezno, Daredevil es de los poquísimos personajes marvelianos que considero, tienen una historia atrayente, además de una autenticidad incomparable.

Ah, y sí. MARVEL necesitaba algo así. No quiero entrar en la dialéctica de compararlo con DC. Pero éstos han sabido dar esa giro de tuerca, tomar ese otro camino para ofrecer algo más de esos personajes que todos conocemos. Y no me refiero exactamente a ese halo oscuro y serio con el que han impregnado hasta al mismísimo y querido Superman. Sino de ahondar en la legitimidad del personaje. Nada de saltos, postureos y frases con chispa en momentos de infantil heroicidad. MARVEL durante mucho tiempo (y lo sigue haciendo) ha rayado lo infantilesco y en mi opinión, ahora han dado en el clavo. Ofrecen algo que cala y no roza lo típico, tópico e insulso.

La justicia es ciega

Y a veces ni es justicia. Pero tampoco los villanos van siempre con ridículos disfraces. Por eso en esta nueva versión de Daredevil, vemos como los villanos son los políticos corruptos vestidos de traje de chaqueta o violentos y mafiosos rusos con sus sucios negocios de trata de blancas y tráficos de drogas. Como dije anteriormente, la serie tiene una alta dosis de realismo y no sólo en esto se escenifica, sino también en esos momentos de acción que tanto uno ansía ver en este tipo de producciones. Las peleas tienen una gran coreografía, una bastante creíble que poco tiene que ver con las que vemos en otras series del género, donde abusan de planos cortos, movimientos lentos que poco dejan ver de una pelea entre un héroe y un villano.

Pero no queda ahí. Son sus escenarios, su ambientación, su banda sonora y sobre todo su trama, lo que hacen que esta serie no resulte una serie más de superhéroes. Y la fórmula para dar con ello no ha sido más que mezclar un género cinematográfico con otro. Combinar lo mejor del thriller policiaco con el atractivo de un héroe enmascarado.

Tampoco puedo olvidarme de los flashbacks que nutren la historia de esta serie. Con ellos vemos al personaje en dos etapas de su vida: la de aquél niño ciego que cuidaba de su padre, un fracasado y arruinado boxeador, y la del abogado que es hoy y que se toma la justicia por su mano cuando cae la noche.

La resurección del personaje

Directores como Joel Schumacher, con su esperpéntico Batman & Robin, o como el que hizo el Daredevil de Affleck (que no, que todavía me niego a recordar su nombre). Enterraron a ambos personajes y con ellos su franquicia. Sus descalabros en taquilla y la malísima crítica que cosecharon, provocaron que hasta Hollywood perdiera el interés por hacer películas sobre superhéroes. El género estaba manido. Si bien con el Spiderman de Sam Raimi la cosa pintaba de otro color, no fue hasta el Batman de Christopher Nolan cuando el mundo de los héroes de cómics cobraba una mayor índole.

Fruto de ese cambio de nivel, de esa nueva forma de presentarnos a estos personajes de cómics, vemos a superhéroes como este Daredevil, que no es uno de esos que ni se despeina cuando pelea, sino uno que se ensucia y sangra cuando quiere impartir justicia.


Revolutions Saints [2015] Instantáneamente, disco del año

Grunge rust metal surface with vignette.

La banda está formada por el guitarrista Doug Aldrich (Whitesnake, Dio), el baterista Deen Castronovo (Journey, Ozzy Osbourne, Bad English, Cacophony) y el bajista Jack Blades (Night Ranger, Damn Yankees). Así que nada malo podría salir de ella. Y efectivamente, para mí el disco presentado por esta nueva formación, un auténtico supergrupo, es el más indicado a ser el disco del año en su género.

Los incondicionales de esta música sabemos perfectamente lo que un disco como este supone para nosotros. Caemos completamente rendidos cuando escuchamos canciones de este calado. Quizás a estas alturas para muchos esta música ya esté muy manida, de fórmula sencilla, que nada nuevo puede aportar. Son cosas que leo de vez en cuando por parte de esos que entienden mucho de música. Los mismos que no se han escuchado un disco de Led Zeppelin en su vida y van diciendo que tal o cual grupo del underground más profundo son lo mejor que han escuchado en sus vidas. Yo no puedo estar más en desacuerdo. La música es pasión, y ésta no entiende de límites. Como la vida misma. Crear de la nada una canción tan henchida de energía, vivacidad, sonoridad y gigantesca melodía, no es fácil. Concebir de la nada canciones que logren llevar a una persona del hastío al entusiasmo, es toda una proeza.

Las canciones que contiene este disco son un auténtico arranque, puro apasionamiento. Era de esperar y más teniendo en cuenta la de tablas que tienen sus componentes y la de ganas que hay que tener para, a estas alturas de la película, estar tan motivados por engendrar una nueva banda y comenzar un nuevo camino en la música. Para mí es admirable que estos tipos tengan la misma ansia por seguir haciendo esta música, su música, tras tantos y tantos años. Mantener el espíritu joven lo llaman. Como he dicho, este disco de Revoutions Saints tiene todos los papeles para convertirse en el disco del año, si no lo es ya, aunque aún queda mucho de este 2015. Por si fuera poco, en él colaboran artistas como Neal Schon, guitarrista líder de la mítica banda Journey y Arnel Pinea, su actual vocalista desde hace ya unos años.

Comienza este gran proyecto con Back On My Trail, todo un derroche de fuerza para empezar con el disco. Un disco que es de esos que no decaen, en el que todos sus temas mantienen el nivel de las anteriores. Para mí, desde la primera escucha, pasó a convertirse en todo un estandarte del Hard Rock más melódico, ya que dentro de este estilo, discos de este calibre ya salen bien pocos. Turn Back Time es sin duda el plato fuerte (me gusta llamar así a las mejores canciones de un disco). Hacía mucho tiempo que no quedaba tan seducido por una canción. Su melodía es trepidante y el estribillo pegajoso a más no poder. No te la quitas de la cabeza. Es de esos temas que escuchas en modo replay sin cansarte.

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You’re Not Alone, donde a las voces aparece Arnel Pineda es un magnifico medio tiempo, y no es el único en este disco. Bendita vehemencia. Una canción para enmarcar. Las guitarras cobran mucho protagonismo en Locked Out Of Paradise, suenan de escándalo y siempre acompañadas de una melodía de gran nivel. Con Way To The Sun (en esta ocasión junto a Neal Schon) tenemos otro medio tiempo enriquecedor, de corte más moderno pero sin perder esos aires clásicos. Todos son temas sobresalientes, pero el siguiente corte es de los más formidables. Me refiero a Dream On, y escuchándola es imposible no acordarse de los Journey actuales. Esta canción es Journey 100%, y no es de extrañar estando el señor Castronovo presente, la influencia es inevitable.

Difícil encontrar un disco con tanto medio tiempo de calidad. Don’t Walk Away roza la perfección. Es sin duda alguna la que más romanticismo demuestra. Decir que la voz de Deen Castronovo me parece realmente idílica para este estilo de música. Una voz a medida. Le sigue otro tema de la misma medida, Here Forever, de mayor fuerza y melodía. Siento si me repito, pero me encandila la condición de estas canciones. Todas de gran encaje. Esto es lo que se dice, un auténtico discazo.

De vueltas con el Hard Rock más clásico, tenemos Strangers To This Life y Better World. Con esta última de nuevo sientes como si escucharas a los mejores Journey sobre todo en esas estrofas que preceden al estribillo. De un corte más moderno es How To Mend A Broken Heart, y sobre todo más cañero, donde las guitarras se agudizan y la batería se vuelve más pesada. Y de nuevo, un señor estribillo. El disco como comprobaréis, no decae. Es pura energía.

Y por si alguien puede pensar por un instante al leer esta reseña que soy un tanto exagerado a la hora de describir estas canciones, le invito que escuche In The Name Of The Father. Venga. ¿Os parezco exagerado aún? ¡A mí me faltan las palabras para lograr referirme y, además brevemente, a este tipo de canciones!

ExtrAORdinaria música, amigos míos…