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Año nuevo y vida nueva con Wii Sports y Wii Play

Tras la cena de Nochevieja, la cual celebramos por todo lo alto debido a que la crack de mi hermana ha aprobado las oposiciones para Auxilio Judicial de la Comunidad de Madrid, quedando en el puesto 15 (de 15.000 personas que se presentaron) y tras digerir un poco la cantidad ingente de maricos que nos habíamos metido entre pecho y espalda y por supuesto aquel rodillo de ternera con patatas a lo pobre, pusimos rumbo a casa de Fabiola, donde nos esperaba una larga noche que se presentaba de lo más divertida y donde cada uno, explotaría su lado más geek.

Justo antes de entrar en casa de Fabiola, Luisa, mi hermana y yo nos dimos los regalos en el paseo marítimo de la playa La Cachucha, uno de los lugares más míticos de la pequeña ciudad de Puerto Real y fue ahí donde me obsequiaron con uno de los mejores regalos que he recibido en mucho tiempo y no precisamente por lo que es en sí, sino por el valor sentimental que éste adquirió y del cual os hablo en este nuevo artículo. Gracias Luisa por el maravilloso regalo.

Una vez que entramos ya en casa de Faby, tras colgar los abrigos, saludar y felicitar el año nuevo a los familiares de ésta y engolliparme con los roscos que había preparado la madre de nuestra querida amiga y anfitriona, cada uno ya tenía en su poder un mando y, desafiantes los unos con los otros, jugamos sin parar de reírnos a todo lo que Wii Sports pudiera ofrecernos.

El tenis fue el primer deporte elegido y, siendo sincero, a lo primero no daba pie con bola, sólo había tenido contacto con la Wii hacía casi dos años en casa de un conocido mío y anoche lucía como un completo inútil, pero sólo al principio, porque luego me hice con las riendas del juego. Lo que mejor se me daba eran los saques, y aunque perdimos frente al equipo que hacían José Carlos y Fabiola, Antonio (hermano de ésta) y yo, salimos del juego y con honores. El problema era que no había tanto espacio y los cuatro, estábamos apretujados dándonos ligeros mamporros con los mandos los unos con los otros.

El siguiente juego, los bolos, ahí sí que dominaba. Antonio y yo éramos los mejores en conseguir plenos mientras que los demás se entretenían en tirar todos los bolos en dos tandas. Pobrecillos…La nota graciosa la dio un servidor que, en una de tantas, al tirar, estiré demasiado el brazo hacia atrás y caí el dichoso bol cargado de los ya mencionados (y deliciosos) roscos caseros. Dejé el sofá perdido.

Pero mi calvario comenzó cundo José Carlos decidió jugar al Béisbol. Creo que tan sólo le di tres veces a la pelota, todo lo demás, eran fallo tras otro. Me colocaba, me re-colocaba, lanzaba de una manera y otra y otra, pero nada, que no le endiñaba a la dichosa pelotita. Lo mismo les pasaba a mi hermana y a Luisa, las pobres tampoco atinaban. Menos mal que alguien tuvo la genial idea de cambiar de juego. Aunque no jugamos al Boxeo, ya que “no teníamos los nunchacos de la Wii” palabras textuales de Faby, y al Golf que según también Fabiola “es un juego para quedarse dormido”, pasamos a divertirnos con Wii Play. Pero antes que se me olvide, debo mencionar que antes de jugar con Wii Play, Susana, cuñada de Faby, se empeñó en probar el Trivial para Wii y fue ahí cuando por poco nos ahogamos de tanto reír. La pobre mujer, no atinaba con las preguntas y sólo se dedicó por cuidar la imagen de su Miis (muñequito personalizable de la Wii con el cual puedes jugar). Fue un momento tronchante, y el Trivial no duró puesto ni diez minutos.

Mi mala racha no acabaría aquí. Tras quedar totalmente aplastado por José Carlos en el Campo de tiro (me triplicaba la puntuación el jodío) y en Pesca (que más bien debería llamarse Pesca Radical), opté por dejar los mandos y dedicarme de nuevo a devorar esos roscos caseros que con tanto cariño preparó esa misma mañana la madre de Fabiola.

Por suerte para mí, volví a encontrar un juego el cual dominaba como el demonio, Las Carreras de Vacas. Ni el hecho de que fueran más de las cinco de la mañana, ni el ingenio de uno ni de otro, pudo conmigo en este juego. No había quien derribara más espantapájaros ni quien controlase a la vaquita mejor que yo.

Ya por último, y siendo las seis de la mañana, José Carlos insistía en probar a continuación los Juegos Olímpicos de Invierno. Sonaba bastante bien, pero el cansancio ya hacía mella en mí y mis parpados parecían estar hechos de plomo. Para mi sorpresa, los protas de dicho juego eran Mario Bros y Sonic, juntos en un mismo juego, algo que jamás había visto. SEGA y Nintendo, cara a cara.

Debido al cansancio de algunos y al colocón de otros, decidimos probar tan sólo una modalidad del juego, y esa fue el bobsleigh. Creía que me estaban dando coba, pero no, al principio de la carrera, hay que agitar el mando “como si te la estuvieras escurriendo” decía José. Además, una vez la carrera seguía su curso, debías ponerte el mando pegado al pecho y girar suavemente de izquierda a derecha.  Según mi hermana Desiré, lucía de lo más gracioso haciendo semejantes movimientos y poniendo caras de velocidad. Ahí tampoco es que atinara mucho, pero juro que era por el cansancio, si ahora mismo se me presentara la oportunidad de jugar, fijo que lo hacía mucho mejor.

Anoche fue la primera vez que le dediqué un tiempo exclusivo a la Wii y puedo decir que me lo pasé en grande. Está visto y comprobado que, si juegas con más gente, es doble la diversión y te lo pasas genial. Fue una bonita y divertida manera de comenzar el año.

 

Yo y los videojuegos.

Tras visionar el pasado viernes por la noche un reportaje sobre la adicción a los videojuegos en un conocido canal de televisión, me volvió a la mente mi relación con el mundo de las videoconsolas. No sólo lo admito, sino que además, me siento orgulloso de ser un auténtico friki, un enganchado a las novelas de fantasía, a los buenos cómics, y un adicto al cine y a la música Heavy/Hard/AOR hasta tal punto que mi cuarto, según cómo lo mires, parece, por una parte Casa del Libro y por otra, la tienda Tipo. Y es que es incansable mi adicción por comprar y comprar cada vez más discos y vinilos, libros y cómics.

Y con respecto a los videojuegos, los adoro, me encantan, aunque no escriba mucho sobre ello en mi blog. Y mi Play Station 3, ahí está, juego, pero no le dedico tanto tiempo como a otras cosas. Siempre he dicho que los videojuegos forman parte de mis hobbies, pero no es de mis prioritarios. Antepongo otras aficiones. En esta nueva entrada os hablaré de mi relación con el mundo de los videojuegos y qué consolas han pasado por mis manos a lo largo de mi vida. Sí, me encantan los videojuegos, he jugado a muchos, pero no me vuelvo loco con ellos.

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As Long As I Fall – Helloween ¡Es que cuanto más la oigo, más me gusta!

Totalmente estimulante, completamente enérgica y 100% melódica. Sencillamente, PERFECTA.