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ALIEN, el octavo pasajero [1979]

No sé que ha tenido siempre este bicho que es el que más miedo me ha dado de todos los monstruos del cine. Siento fascinación por Alien. Cada cierto tiempo me veo la saga completa. Cuando hablo de la saga me refiero a la saga original, no hablo ni de Prometheus (2012) ni de Alien: Covenant (2017). La primera, un despropósito; la segunda, aún sigo digiriéndola. Y ya ni hablemos de Alien vs. Predator (2004) y su secuela, un crossover para el entretenimiento barato, demasiado estúpido. Alien es la obra maestra de Ridley Scott, por lo que siempre será recordado. Ya sé que este director tiene en su haber grandes obras como Gladiator (2000) o Blade Runner (1982), pero su nombre siempre estará ligado a Alien, siempre se hablará de él como el director de Alien. En 1979 Alien marcó un antes y un después en el cine de ciencia ficción y de terror y por supuesto, una enrome franquicia que ha dado cómics, libros, videojuegos y todo tipo de merchandising. Alien es de las películas más reconocidas del género, una de las más transcendentales. Alien, el octavo pasajero, es de las películas que mejor envejece, han pasado más de treinta años de su estreno y no ha perdido ni una hebra de calidad. Sus secuelas, esas que componen la que todos conocemos como la saga original, son joyas del séptimo arte. Cada una de esas secuelas fue dirigida, además, por excelentes directores de cine. Alien, el regreso (1986) fue dirigida ni más ni menos que por James Cameron (Titanic, Avatar); Alien 3 (1992), por David Fincher (Seven, El club de la lucha). Ya en 1997, para Alien Resurección, sería Jean-Pierre Jeunet (La ciudad de los niños perdidos, Amelie) el encargado de dirigir la última de las clásicas. Pero yo me quiero centrar en la madre de todas ellas, en Alien, el octavo pasajero, porque muchas películas han seguido los pases de esta cinta, pero pocas han conseguido transmitir la angustia y la intensidad de ésta.

Oscuridad, terror y belleza

Esta película cuenta la historia de la nave Nostromo, una nave de carga que recorre un largo viaje y en el que sus tripulantes están sumidos en un sueño criogénico. MADRE, como así llaman al ordenador central de la nave, tras detectar una extraña transmisión procedente de un planeta cercano y aparentemente deshabitado,  procede ha despertar a los siete tripulantes de la nave. Así, los navegantes espaciales decidirán acercarse al planeta para comprobar e investigar la procedencia de dicha transmisión. Dallas, el capitán de la nave, comunica al resto de la tripulación que MADRE ha dirigido a Nostromo al desconocido planeta porque ha interpretado la señal interceptada como una alerta de socorro. Una vez que la película nos ha presentado los roles de todos y cada uno de los tripulantes, éstos de disponen a aterrizar en el extraño planeta para comprobar lo sucedido y desvelar el inquietante misterio. Cuando el capitán Dallas y su equipo aterrizan en el inhóspito planeta, accederán al lugar donde se originó la transmisión. Allí se encontrarán con una nave alienígena que parece haber sido abandonada mucho tiempo atrás.  Mientras tanto, la teniente Ripley ordena a MADRE que realice una descodificación de la extraña transmisión obtenida para su interpretación y es ahí donde descubrirá que el mensaje no era una alerta de socorro, sino de advertencia. Uno de los oficiales, Kane, descubre en la nave que han abordado una sala llena de lo que parecen ser huevos en incubación. Uno de ellos se abre y una extraña y viscosa criatura se adhiere a su casco de forma violenta, derritiendo su visor y aferrándose a su rostro. Kane es llevado de urgencias a Nostromo. Allí, uno de los tripulantes, un androide llamado Ash, intentará liberar a Kane de semejante engendro. Cuando parecía imposible desaferrar a ese extraño ser del rostro del oficial, éste cae aparentemente muerto. Kane despierta ileso, la nave Nostromo pone de nuevo rumbo a la Tierra. Pero Kane comienza a convulsionar y una extraña criatura sale de su interior reventándole la caja torácica. Y es aquí donde comienza una tragedia galáctica que no se olvidará jamás.

Los oscuros pasillos y rincones de Nostromo forman un escenario claustrofóbico y amenazador. La pequeña y violenta criatura tiene innumerables formas de esconderse a placer de los tripulantes que ahora se muestran inquietos y asustados. La teniente Ripley comienza a mostrar sus dotes de mando y determinación y es donde poco a comienza a obtener el protagonismo. Desde el inicio de esta cinta vemos como los planos y secuencias están medidos al detalle. La música, encargada a Jerry Goldsmith, pone sutil y paulatinamente énfasis a cada momento. La nave Nostromo presenta cierto aire disco (como no podría ser de otra manera en pleno años setenta) para dar paso a un ambiente gótico y tenebroso, convirtiendo la nave en el mayor de los pasajes del terror. Como bien rezaba el cartel con el que se promocionaba esta película: «En el espacio, nadie puede oír tus gritos». 

El octavo pasajero

El pequeño Alien, ese que anda correteando por la nave, es el octavo pasajero, al que nadie a invitado a bordo. El pequeño ser sufrirá ciertas transformaciones que ni el mismísimo Frank Kafka hubiera imaginado. La metamórfosis del bicho es espectacular y lo que lo hace más brillante es que no se usan efectos digitales en esta película. Hablamos de una cinta rodada en 1979 y de ahí el atractivo que jamás conseguirán las películas de hoy día. Los monstruos y estrafalarios personajes de las películas de aquellos días eran maquetas o disfraces que se conseguían a base de horas de concienzudo esfuerzo. De un sangriento cangrejo pasaba a una suerte de escarabajo repugnante para convertirse finalmente en un ser bípedo, imponentemente alto y fuerte, con una especie de armadura irrompible, tan oscuro como un agujero negro, de un aspecto que no podría ser más amenazador y espeluznante, y con unas mandíbulas que por si fuera poco, escupían ácido corrosivo. Un ser inmune, un ser invencible.

El bicho, por excelencia. Uno de los inconos del cine de terror más impactantes y reconocibles. El monstruo que más miedo me ha dado de todos. Llegué a tener pesadillas con él. Recuerdo cómo un primo mío me regaló de pequeño un póster enorme que regalaba Pepsi con motivo del estreno de la tercera película, Alien 3, en 1992. En él se veía a este monstruo a tamaño original, de esos pósters que se pegan detrás de la puerta de tu habitación o en una de los armarios. No recuerdo qué hice con él, si lo tiré o lo regalé, pero jamás lo coloqué en mi habitación. Este bicho tan letal no cesará en su empeño de matar a todo ser viviente que se cruce en su camino. De la forma más mortífera, irá acabando con toda la tripulación. Perseguirá de manera incansable a la teniente Ripley y no sólo en esta película. Ay! La teniente Ripley…

Sigourney Weaver


El bicho se pasa toda la película soltando babas, escupiendo ácido y persiguiendo a una Sigourney Weaver ensagrentada, sudorosa y en braguitas, que corretea por toda la Nostrodomo. Puede parecer soez o simplista esto que acabo de escribir, pero tan sólo es la imagen que tengo grabada a fuego en la cabeza cuando pienso en esta película. Las escenas de Weaver y el Alien son las que más me marcaron y las que primero se me vienen a la mente. Son las dos piezas inquebrantables, insustituibles y que más perdurarán en el universo Alien. Como si de una versión alternativa de La bella y la bestia se tratase, Ripley y Alien son en esta cinta la pareja de un baile violento y sangriento. Sólo ella es capaz de hacerle frente a un monstruo de tal calibre, Ripley nunca dejará de ser una de las más admiradas heroínas del celuloide. Su periplo con Alien será la columna vertebral de toda la saga. La actuación de Weaver en la película es una de las más logradas de su carrera cinematográfica. Si Ridley Scott será siempre el director de Alien, Sigourney es y será siempre la actriz de Alien. Cuántas veces habré oido decir eso de: Sí, esa que hizo la peli de Alien, cuando alguien se quiere referir a la actriz. Todos los actores que dan vida a los miembros de la tripulación dan la talla, transmiten intensidad y realismo en la pantalla. Todos, sin excepción, Dallas (Tom Skerritt), el oficial científico Ash (Ian Holm), Brett (Harry Dean Stanton) y Parker (Yaphet Kotto), Kane (John Hurt) y Lambert (Veronica Cartwright). Pero el coraje, la valentía, el papel femenino por excelencia, es el de Ripley, Sigourney Weaver. Sin alardes, tan sólo con el arrojo de una mujer cabreada, Ripley se enfrenta a Alien. Es tal la determinación y entereza de Ripley, que a su lado Alien no parece tan imbatible.

Alien, el octavo pasajero, es una película para disfrutar viéndola varias veces. Como esa botella del mejor vino que puede durar meses en tu pequeña bodega y que sólo sacas en ocasiones especiales. Esta película es para apreciar todos sus detalles. Su atmósfera opresiva, la interpretación de sus actores, la música, su fotografía, el ingenio de un director en estado de gracia, y la calidad de una actriz irrepetible como es la señorita Weaver, sin olvidarnos, ¡cómo podríamos!, del terror que infunda esta especie de quimera del espacio. Una obra maestra del séptimo arte. Yo, seguiré cada cierto tiempo disfrutando de esta saga como vengo haciendo desde hace años. Una noche que no tengas plan alguno, y no quieras salir de casa, ya sabes qué hacer.


Aquellos discos de Power Metal Vol.1

Me apetecía escribir otra entrada sobre música, y más concretamente sobre Power Metal, mi querido Power Metal, del que hacía tiempo no escribía. Y se me acaba de ocurrir una idea: escribir sobre esa oleada de Power Metal que nos inundó a todos a principios de la década pasada. A partir del año 2000 fuimos testigos de una enorme fiebre de Power Metal, y si bien es cierto que se contaban por centenares las bandas que parecían clonarse unas a otras y que no aportaban nada emocionante, muchos fueron los grupos que estaban bastantes escalones por encima del resto y que nos dejaron, en pleno fervor powermetalero, discos para la historia. Como son muchísimos los discos que me envenenaron en esos años de mi adolescencia, lo mejor será ir poco a poco y, paulatinamente, ir publicando distintas entradas donde homenajear breve pero intensamente a todos aquellos discos de Power Metal. Comenzamos con este primer volumen:

Thunderstone – Thunderstone [2002]

Esto es un blog personal y en casi todas las entradas plasmo todo aquello que me entusiasma. Pero en esta entrada además de dar hueco a todos esos discos que tanto me marcaron, os prometo que al mismo tiempo intento ser objetivo y daré su lugar a todos esos discos que por lo general calaron muy hondo en nuestras entrañas. Este fue el primer álbum de Thunderstone, banda procedente de Helsinki. Reconzco que he dudado en si poner su su segundo disco, The Burning en vez de éste, pero al final me he decantado por su debut porque no considero que se quede atrás. Sus dos primeros discos son una joya del Power Metal. Desde que la banda nació a principios del 2000, en estos diecisiéte años nos han dejado seis discos, de los cuales, los tres primeros, recomiendo con todas mis ganas. En este primer completo de la banda nos encontramos con muy buenos temas como Virus, que no paraba de sonar en mi cadena de música por esos años. Un tema con unos riffs acojonantes y unos teclados que le dan su toque épico. Pasi Rantanen fue la voz de la banda hasta 2008 cuando lo sustituiría el actual cantante Rick Altzi. Para mi gusto, Pasi lo hacía mucho mejor y siempre asociaré a la banda con su gran voz. Seguimos con muy buenos temas del disco como el medio tiempo Worlds Cry o la veloz Me My Enemy, en este último la batería y las guitarras suenan magníficamente, y el estribillo, una pasada. Hacía tiempo que no escuchaba este disco y ahora que lo he restado estoy disfrutando como entonces lo hacía de adolescente. No me acordaba de la última canción, Spread My Wings, uno de los platos fuertes del álbum, aunque para mí es sin duda la mejor. Otro medio tiempo, mucho más sentido y con unos momentos de esos que te ponen los pelos de punta. Qué buen disco, qué buena banda, y qué recuerdos…

Kamelot – Karma [2001]

Y aunque el Power Metal siempre ha sido magnánimo en Europa, donde salían y siguen saliendo bandas por un tubo, algunas bandas norteamericanas ya dejaron su huella en esto del Power Metal años antes de la gran fiebre powermetalera de principios del 2000. De esas tierras, más concretamente de Florida, nos llegaba Kamelot, banda que nos dejaría con el tiempo grandes discos y una gran cantidad de buenos temas, siendo de las mejores bandas en directo durante muchos años. Recuerdo cómo era de las  más celebradas por el público en los festivales durante esos años. De ellos he elegido para este post su quinto disco, Karma, publicado en 2001. Uno de los discos de Power Metal que más sobresalieron durante esos años sin lugar a dudas. Si no me crees puedes preguntarle a cualquier metalero que conozcas. Comienza este disco con Forever, un tema que se acabaría convirtiendo en uno de los mayores estandartes de la banda. Sascha Paeth, gran músico y conocidísimo compositor y productor en el mundillo del Heavy Metal, se encontraba tras la producción de este disco, y que estuviera el señor Paeth ya era un sello de calidad. Este disco resultó ser el más powermetalero de la banda hasta el momento y dejaron muy clarito su apuesta por este subgénero del Metal con temas como Wings of Despair o la que le da nombre al disco, Karma. Este disco, junto con Epica, publicado dos años más tarde, serían los que darían fama mundial a este grupo, haciendo que los promotores de todo el mundo se dejaran la piel para que Kamelot se subiera a los escenarios.

Angra – Rebirth [2001]

Aunque pensar en los brasileños Angra es, casi sin poder evitarlo, pensar en Andre Matos, y aunque pensar en Angra es, casi sin poder evitarlo, que se te venga a la cabeza temas como Carry On, esta banda me marcó igual o incluso más, en su nueva etapa que daba comienzo en aquel año de 2001. Andre Matos sería sustituido por Eduardo Falaschi, Felipe Andreoli, bajo, por Luís Mariutti y Aquiles Priester, batería, por Ricardo Confessori. Con esta nueva formación daban a luz este gran disco, Rebirth. La voz de Falaschi nos encandiló a todos, y aunque Matos es mucho Matos, Edu Falaschi nos hacía vibrar tanto que mientras sonaba alguno de los temas de este disco nos hacía olvidar por unos momentos al gran Andre. Esta nueva era en la banda la materializaron también dando forma a uno de los mejores temas del plástico con el que la comenzaban, titulado Nova Era. Rápido, melódico, pegadizo, épico. Le sigue Millenium Sun, un tema de un comienzo apesadumbrado pero que coge muchísima fuerza para acabar siendo una gran tema de Power Metal. Pero sin discusión que valga, todos estaremos de acuerdo en que el plato estrella de este disco es Heroes Of Sand. No podría decir las de veces que he escuchado este tema. Cientos. Ahora lo estoy escuchando y me sigue seduciendo como la primera vez. ¡Qué barbaridad! Es mi tema favorito de la era Falaschi. Con esta canción nos metieron a todos en el bolsillo, consiguieron estos brasileños atrapar nuestra atención de tal manera que todos acabaríamos por seguirle siempre la pista a esta banda.

Gamma Ray – No World Order! [2001]

No podía dar forma a esta nueva entrada de Anhelarium sin acordarme de los clásicos, de los fundadores de este género. No podía hacer este artículo de ninguna de las maneras sin acordarme de Gamma Ray y su No World Order! publicado igualmente en el año 2001. Los primeros años del 2000 fueron para el Power Metal lo que el Kétchup a la hamburguesa. Los que sentíamos verdadero vicio por esta música ya conocíamos de sobra a Gamma Ray pero es que en este año, su séptimo disco, sería otra pieza elemental en el Power Metal. No había nadie en la década pasada que amara el Power Metal y no lo flipara con este disco. Esa intro inolvidable que nos hablaba de los Illuminati y sus ansias de control,  nos daba paso a toda una batería de canciones henchidas del mejor Power. Hablamos de Heaven Or Hell o The Heart Of The Unicorn. Temas estandartes de Gamma Ray. Los siete primeros discos de Gamma Ray son para enmarcar, absolutamente magistrales. Lástima que Kai Hansen a finales de la década y hasta hoy, haya perdido la magia de entonces. Ni rastro del Kai que un día fue. Pero su música, sus enormes discos estarán siempre ahí. Solid es otro de los temazos de este disco que mantiene esa esencia powermetalera de los año 80. Este disco especialmente es el disco de Gamma Ray que más me hace recordar a los los primeros Helloween, Solid, por ejemplo, me encaja perfectamente en el Wall Of Jericho. Incluso en alguno de los Keepers. Y si me la imagino cantada por Kiske ya…

Y hablando de Helloween…

Helloween – The Dark Ride [2000]

Llevo tiempo queriendo dedicarle un post a este disco como ya hiciera hace años con Better Than Raw y todos y cada uno de los últimos discos de Helloween. Y lo haré, prometo que lo haré, porque hablar del The Dark Ride es hablar de uno de los mejores discos de Power Metal, y uno de los mejores de la banda. Helloween, siempre a la cabeza del Power Metal, publicaban en el año 2000 un disco atípico, vanguardista, si se me permite decirlo, dentro del genero. Pero sobre todo, un disco experimental dentro de la discografía de la banda. Un disco de Power Metal no tan Speed, más denso, oscuro, combinado con toques Thrash e incluso Gótico. ¿No me creéis? Escuchadlo bien. El inicio de If I Could Fly ya lo hubieran querido conseguir muchos grupos de Gothic Metal para alguna de sus canciones. Si bien ésta fue la más comercial, The Dark Ride está lleno de temas con una gran variedad de matices. Canciones soberbias y espléndidas como Salvation, All over The Nations o Escaltion 666. Los registros de Deris en este álbum van un paso más que los que presentara en Better Than Raw. Vocalmente es el mejor disco de Andi Deris con Las Calabazas. Departed (Sun Is Going Down) es prueba de ello, es Andi Deris en todo su esplendor. Mi etapa favorita de Helloween es precisamente esta, en la que la banda tenía una formación inmejorable: Weikath, Markus, Uli, Roland y Deris. Lástima que todo se fuera al traste y este fuera el último disco con ese line-up. El tándem que hacían estos músicos era insuperable, y los discos que van del 94 al 2000 hablan por sí solos. I Live For Your Pain o la increíble The Dark Ride, son canciones que harán que este disco no lo escuches sólo un par de veces, sino muchas más. Paro, necesito hablar de este The Dark Ride más y mejor en una entrada exclusiva para este gran disco. Será próximamente.

Blind Guardian – A Night At The Opera [2002]

Pues sigamos con los dinosaurios del Power Metal. Vamos con Blind Guardian y aquí su famoso ANATO. O lo odias o lo amas. Muchos fans de la banda echaron su bilis porque este disco se pasaba de experimental, se alejaba demasiado de los sonidos clásicos de los bardos. A mí me encanta. Y aunque es más que cierto que sus discos anteriores son infinitamente mejores, de la década del 2000 este es con el único disco de los de Hansi con el que me quedo. ¿Por qué? Escucha estas canciones y luego dame tu opinión: Battlefield, Punishment Divine y The Soulforged. La primera de estas tres rebosa epicidad por los cuatro costados y sus guitarras suenan feroces. A mí me gusta que los grupos innoven, que se reinventen, y si elogio a Helloween por haberlo hecho con The Dark Ride, tengo que tener la misma vara de medir con Blind Guardian y más cuando a ellos les salió bien la jugada. Porque si el ANATO fuera un mal disco o uno mediocre, sería el primero en decirlo, pero no es así. Estamos ante un álbum de una elegante y acertada producción y otra prueba de ello es la canción de catorce minutos de duración: And Then There Was Silence. Además este disco ha dejado grandes canciones para el directo, y doy de fe de ello, porque Battlefield queda impresionante en sus conciertos. Me he ido a los platos fuertes de este disco pero no me puedo olvidar de Precious Jerusalem, otro temazo de los bardos. Sí, el sonido de los Blind Guardian de los 90 es el que todos por unanimidad adoramos, pero este disco es una joya y no puede faltar en tu colección.

Masterplan – Masterplan [2003]

Uli y Roland, dos años después de ser expulsado de Helloween, y junto a Jorn Lande, formaron un grandísima banda: Masterplan. Hoy día ya no son ni la sombra de lo que fueron, pero sus discos siempre estarán ahí. En el año 2003 parieron su álbum debut y, junto con Aeronautics, su segundo disco, son de lo mejor que se publicó en esos años. Con MK II y el cambio de cantante seguían teniendo mucha fuerza y dejaron grandes temas, pero no era ya lo mismo. Sus dos primeros discos tienes que escucharlos, sí o sí. Y si ya los tienes más que escuchados, póntelos de nuevo, no cansan jamás. Spirit Never Die es el primero de sus temas, la canción con la que dan comienzo a su carrera musical como Masterplan. Un tema rápido, melódico y de lo más atrayente. Jorn sin duda aumenta el valor de estos dos discos. El noruego todo lo que toca lo convierte en oro, es una lástima que no cuajara y se esfumara de Masterplan. Este disco es una mezcla de Power Metal y Hard Rock y Enlight Me es la prueba. Me acuerdo que este fue el tema elegido para presentarse en sociedad, fue el single de presentación de este debut. Yo aquí tengo que confesaros una cosa: fue gracias a Masterplan cuando comencé a seguir la carrera de Jorn Lande. Quedé atrapado con su voz, me hechizó y quise seguir flipándolo. No me decepcionó, todo lo contrario, la voz de este señor ha amenizado muchísimo mi vida, y para mayor satisfacción, forma parte de uno de los más grandes proyectos del Metal: AVANTASIA. Pero sigamos un poco más con este discazo. El nivel compositivo es prodigiso, y no cabría esperar otra cosa, pues Roland Grapow en esos años derrochaba toda calidad, la que ya mostró en sus años con Helloween y que aún le quedaba por mostrar. Heroes es otro de los grandes temas que guarda este álbum y más si al ponérnoslo, escuchamos ahí a Michael Kiske. Tobias Sammet tomó buena nota de esta dupla, de cómo de perfecto combinan la voz de Lande y Kiske, y la explotaría en sus posteriores discos de Avantasia. Por supuesto, mención para nuestro querido Uli Kusch, técnicamente, el mejor batería que ha tenido Helloween (con todos mis respetos a Ingo). En Kind Hearted Light, Uli se luce a las baquetas.

HammerFall – Renegade [2000]

Tras su gran debut con Legacy Of King, estos suecos publicaban su tercer disco de estudio: Renegade. HammerFall es una banda que ha sabido mantenerse en la escena powermetalera y posee una buena legión de fans. No están ofreciéndonos grandes discos en estos últimos años, pero tampoco llegan a decepcionar. Pero sus primeros discos bien merecen mención especial cuando uno habla de Power Metal. Los suecos no sólo se dedicaban a sacar portadas súper molonas y tela de épicas con guerreros por aquí y mazas y espadas por allá, y esto lo digo porque en la proliferación de grupos powis, muchos parecían saber hacer sólo eso. No, Joacim y Cia saben hacer buena música. Sus dos primeros discos: Glory To The Brave (1997) y Legacy Of Kings (1998) son los discos que convirtieron al grupo en todo un estandarte del Power Metal. Y si bien es cierto que son muy superiores a este Renegade, me parece justo traerlo a colación en esta entrada que tan sólo pretende reunir a todos esos discos que consolidaron aún más las bases de este estilo de Heavy Metal. Reconozco que he dudado si centrarme en este disco o pasar directamente al Crimson Thunder (2002). Creo que en este caso en concreto la nostalgia y no la objetividad me ha podido más. Del disco destacan temas como Living in Victory o la melancólica Always Will Be. Su Power Metal es sencillo, sin una gran técnica y muchos arreglos, pero cumplen su función. Para muchos este grupo es un tostón, un grupo para quinceañeros que se hacen pajas de sangre pensando en juegos de Rol. Además en estos últimos años se les critica mucho por sus directos, bastante mediocres. Yo no los he visto aún en directo, sólo he visto varias actuaciones en YouTube, pero no es suficiente para opinar sobre ello, así que prefiero no opinar ahí. Otros afirman que los suecos han tenido mucha suerte por mantenerse en la escena, pues son demasiado ramplones. Ahí discrepo. La gente no es tonta, si un grupo no aporta nada, no engancha a la gente, no muestra cierto carisma y sobre todas las cosas, no sacan material decente, ese grupo cae en el olvido a no ser que tenga el apoyo de grandes compañías y buen marketing, que no es el caso de HammerFall. Si estos chicos están ahí después de tantos años, será por algo. The Way Of The Warrior es otro de los temas destacables de Renegade.

Iced Earth – Horror Show [2001]

Termino este primer volumen de Aquellos discos de Power Metal con un señor discazo. Iced Earth tras varios discos de corte más thrasher, se pasaron definitivamente al Power con su Horror Show, regalándonos toda una colección de riffs impresionantes. Desde Estados Unidos (también de Florida) nos llega otra banda que acabaría dejando su huella en el Power Metal. Lo primero que apreciamos de este disco es que es un disco temático, centrado en los monstruos legendarios del cine y la literatura. Nos encontramos con El Hombre Lobo, Jack El Destripador, Jekyll & Hide, Frankstein…Pero lo importante es que para los que a principio y mediados de la década pasada descubríamos a esta banda, quedábamos asombrados por lo aplastante que sonaba y por la voz de Matt Barlow. Damien, que se centra en la tétrica figura infantil que todos conocemos por la obra The Omen, conforma uno de los mejores temas de este trabajo. Una canción densa, aplastante, con unos riffs desbordantes que acompañan a la voz de Matt y que hacen que la canción sea todo un pasaje del terror. Su teatralidad me recuerda en ocasiones al mejor King Diamond. Personalmente me encanta cuando las bandas hacen esto. Hace que me meta mucho más en la música, que me vea absorbido totalmente por la atmósfera que crean. Me pasa lo mismo con el debut de Ghost o los discos de Hell. El siguiente tema, Jack,  es aún más vertiginoso, y es que el protagonista no merece menos. Es Jack, el que en su tiempo libre destripa a prostitutas, por lo que su canción es violenta y rápida a la vez que sutil. De nuevo destacar los riffs, las guitarras suenan como si las tocara el mismísimo diablo. Los registros de Matt son impresionantes, su nivel vocal un prodigio. Lo demuestra Ghost Of Freedom, la balada del disco. Cuando escuché este álbum por primera vez no me esperaba en absoluto disfrutar de una balada tan sentida. Me llegó de verdad y ahora que la vuelvo a escuchar me parece perfecta. Y de nuevo, esos riffs…Madre mía. A nivel instrumental este trabajo es portentoso. Con El Fantasma de la Opera, tema que cierra este Horror Show, estamos ante otra proeza. Técnicamente este tema está lleno de matices. A Matt le acompaña una voz femenina, la de Yunhui Percifield, y la teatralidad en esta canción se acentúa mucho más. Matt hará de el fantasma que se esconde tras esa máscara y Yunhui de Christine. El tema es uno de los más extensos del disco y es un continuo diálogo entre los dos personajes. Los riffs son más eléctricos y rápidos y la percusión hace que el tema suene como una apisonadora. Un disco irresistible.

Lost Horizon, EdGuy, Sonara Arctica, son muchos los grupos que nos dejaron grandes obras en aquellos años. Así que, continuará…

 

Cuatro años a tu lado, Lia

Hace unos días me llevé un susto horrible. Era de noche, ya algo tarde, y decidí acostarme. Como Lia no soporta la idea de dormir fuera de mi habitación, pues se pone a maullar desesperada para entrar y está acostumbrada desde muy pequeña a dormir conmigo, fui buscándola por toda la casa para meterla en la habitación y pasar la noche juntos, como siempre. La buscaba y no la encontraba, cosa que en poquísimas ocasiones ha sucedido. Lia siempre está en medio, como el jueves. Raro que no se esté haciendo de notar de alguna u otra manera. Sí es cierto que en contadas ocasiones la he tenido que buscar por toda la casa porque, como cualquier gatito, si encuentra un rinconcito en el que se encuentra a gusto, ahí se queda un buen rato. Pero lo de la otra noche fue algo desesperante, aunque por suerte el sobresalto no duró mucho. No la encontraba por ninguna de las habitaciones, miraba debajo de las camas, por cada rincón, y no la encontraba. Me puse algo nervioso. Ella no es de salir de casa, nunca ha intentado escaparse, por suerte no me ha salido una gata con mucha vena salvaje que quiera irse a investigar y recorrer mundo. Algunas ventas, no todas, las dejo abiertas, Lia me da esa confianza. Pero ya anduve unos minutos buscándola y nada. La angustia llegó cuando al asomarme por la ventana de la cocina, justo en frente, sumergida entre la oscuridad, la vi. Lia estaba frente a un edificio antiguo antiguo de tejados viejos que está a varios metros frente a la ventana de nuestra cocina. ¿Cómo ha llegado hasta ahí? ¿Y cómo llego hasta allí para traerla de nuevo a casa? Forzaba la mirada porque no estaba del todo seguro que fuera ella. Pero era un felino del mismo color y tamaño que Lia. La llamaba, pero el gato hacia caso omiso. Eso ya me extrañó aún más, Lia es muy charlatana, mucho. Y cuando la llamo, esté donde esté, y sea lo que sea que esté haciendo, siempre me contesta con maullidos y sus típicos ruiditos. La llamaba, pero no contestaba. Quizás por estar asustada al sentirse desprotegida y lejos del calor de su hogar. Me dirigí al salón, muy nervioso, tanto que preocupe a mi padre que allí estaba viendo la televisión. Casi sin haberlo pensado, volví buscar más a fondo a Lia, esta vez gritando su nombre exasperado por toda la casa. Y la escuché, a mis gritos me contestó con uno de esos maullidos perzosos que parecen querer decir: ¿Qué quieres, eh?. Cuando miré, estaba en los asientos de una de las sillas que aguardan recogidas en la mesa del comedor, ahí estaba, adormilada, la mar de a gusto. La abracé con todas mis fuerzas, el susto aún lo tenía en el cuerpo.

Cuando regresé a la cocina, con Lia aún en los brazos, ese gato que tanto se parecía a Lia, no estaba. Ni rastro de él.

Perder a Lia de forma repentina y nunca saber de su paradero, como le ocurren a muchos dueños que sufren porque sus animales desaparecen, me sumiría en una tristeza que sólo de imaginármelo me abate. Hay muchos gatos de tejado, gatos callejeros, ese sería uno de ellos. La experiencia vivida me lo tomo como un aviso. Las ventanas ahora estarán más vigiladas, pero para vigilada, Lia, que nunca ha dejado de estarlo, pero ahora lo estará más.

Este mes de julio se cumplen cuatro años de aquella tarde que decidiera adoptar a esta gatita cuando por entonces cabía en la palma de mi mano. Cuatro añitos cumple este pequeño angelito de cuatro patas. Cuatro años a tu lado, Lia. Y por favor, que sean muchos más. Gracias por todos y cada uno de los momentos que pasas a mi lado.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS LIA!