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West Coast. Sí, definitivamente es la mejor música para una puesta de Sol

Hace años, cuando inauguré Anhelarium, publicaba una entrada sobre uno de mis discos favoritos, West Of Sunset, un gran álbum que refleja como ninguno la esencia del mejor West Coast. Eternamente ligado al AOR, este estilo musical para mi es toda una delicia, y de una manera concisa y cariñosa, me apetece dedicar este nuevo post en forma de homenaje a esta música que tan buenos momentos lleva regalándome durante todos estos años. Lo primero que se me viene a la cabeza cuando intento describirle a alguien qué es el West Coast, es que es un AOR suave, más melancólico y tranquilo. Pero cuando uno habla sobre el origen del término West Coast como manera de etiquetar esta música, viene de maravilla traer a colación una anécdota que oí hace años de un viejo rockero. Este se encontraba en San Francisco (California) de vacaciones y decidió recorrerse algunas de las mejores y más legendarias tiendas de discos de la ciudad. Siendo un apasionado de esta música, por cada tienda a la que entraba, preguntaba por el West Coast y todos los dependientes, algo extrañados, le contestaban diciendo que West Coast era la parte de Estados Unidos donde se encontraba. Ninguno parecía conocer ese estilo de música llamado West Coast, porque ninguno relacionaba tal música con ese nombre. Y es curioso porque, en la Virgin de los Campos Elíseos de Paris, hay una sección dedicada sola y exclusivamente al West Coast. Eh, ¿hola? Es sencillo, precisamente fue en Francia donde se acuñó el término West Coast y de ahí que los europeos tildemos esta buena música como West Coast y los propios melómanos de la Costa Oeste de mi añorada Norteamérica ni tan siquiera lo hagan. Para ellos, es simplemente Rock-Pop, Soft Aor, o Rock jazzero sin más.

Y ya que sale el Jazz por aquí, me viene de perlas para comentar algo más acerca del West Coast.  Porque, como dije anteriormente, este estilo de música estará eternamente ligado al AOR pero, lo que más lo diferencia del Adult Oriented Rock no es sólo su ritmo pausado, sino que es mucho más divergente hacia distintas ramas musicales como el Jazz contemporáneo o Smooth Jazz. Incluso algunos discos de West Coast nos hacen escuchar algo de música Tecno o también conocido como High Tech. Pero algunos van más allá y combinan algo de música New Age o Folk. Tomemos como ejemplo el Belief de DARE o a Kip Winger. El Pop por supuesto tiene su hueco en este género musical, sobre todo aportando la parte más comercial, y un buen ejemplo lo tenemos en George & G y su So Much To Say o a David Pack. Hasta el Christian Rock tiene su cabida en el West Coast, como sucede en la música de Curtis Chapman, músico cristiano estadounidense. Así, el West Coast es un cruce de caminos que tiene su origen en el AOR y que se abre paso por varias sendas musicales.

Todo esto también me hace pensar que realmente el West Coast no es un estilo musical con una identidad propia. Hace unos años comentaba con otro rockero en un foro en el que participaba que si le preguntaran al bajista de Iron Maiden qué tipo de música toca, éste respondería sin dudarlo que Heavy Metal, o Hard Rock si le preguntaran al batería de Motley Crüe. De lo contrario, si preguntas a casi todos los músicos de grupos que muchos tildan de West Coast, es muy probable que muchos de ellos no tengan ni pajolera idea de lo que les hablas. ¿West Coast? ¿Qué es eso, se come? Por lo tanto, podemos pensar que el West Coast no es un tipo de música en concreto ni en particular, y que los músicos no se centran en hacer este tipo de música sino que sale de la propia fusión musical y son los propios amantes de este sonido los que utilizan el término West Coast cuando contemplan a una banda que fusiona el AOR con otros estilos creando así una música más dulzona y apacible.

La música West Coast nos ofrece de manera más sosegada y melancólica letras cargadas de sentimiento pero igualmente avezadas con muy buenas melodías y estribillos directos y cautivadores. La temática gira, como era de esperar, en torno al amor, a todos los estados que el enamoramiento conlleva, pero adornada de muchas puestas de sol, playa y noches inolvidables. Es una música que para los que nos enamora el estilo de vida californiano, es lo más. Aquí os dejo algunos de los temas West Coast que más me gustan, que ahora que se acerca el veranito, vienen como anillo al dedo. Algunos temas se remontan al origen del West Coast y otros son de los años noventa, donde este genero ganó más reputación y ganó en calidad. En la actualidad, son pocos los grupos que se embarcan en hacer esta música, pero los hay y por supuesto, tendrán su cabida en Anhelarium en próximas entradas. Disfruten de esta música tan agradable, buen fin de semana, amigos míos.

 

 

 

 

 

 

 

Acabo de cumplir 30 años. Es un gran momento para seguir invirtiendo en mí mismo

No hace ni una semana que he cumplido los treinta años y resulta casi inevitable no echar la vista atrás y pensar en todo aquello que ha pasado, lo que he conseguido y lo que no, y lo que espero esté por llegar. Pero no lo hago como una suerte de crisis existencial como algunos van diciendo por ahí, sino como un ejercicio que me ilusione a seguir con todo lo que he venido haciendo hasta ahora, aprender, sentir, y vivir. A medida que me acercaba a los treinta años se me hacía a veces imposible no compararme con los que ya tenían mi misma edad. Sí, también, es algo a veces inevitable. Pero lo importante está en no darle importancia. Porque realmente no la tiene. Porque sujetándome a lo que decía nuestro madrileño José Ortega y Gasset, yo soy yo y mi circunstancia, mi vida es algo concreto, incomparable, es única. Como la tuya, como la de todos. Soy yo y el mundo, y no lo que los demás quieran que sea. Como si de un actor se tratara, soy un hombre en lo alto de un escenario, viviendo un drama o una comedia, tratando con el mundo y formando la otra mitad de mi persona. Perfilando, aquí y allá, y esbozando lo mejor de mí mismo. Pienso en los logros y dejo atrás los fracasos, me quedo con lo que aprendí de ellos.

Sólo puedo sentirme orgulloso, pues mucho antes de cumplir los treinta años sentía como si hubiera vivido bastante más. No he tenido en ningún momento la sensación de que el tiempo se hubiera pasado volando y sigo sin tenerla. Quizás por todas las experiencias vividas en mi vida, por todos esos cambios que hicieron remover mis cimientos de una manera u otra, por todas esas personas que llegaron y se fueron, por todo lo sentido, ganado y perdido, quizás por eso tenga la sensación de haber vivido más de la cuenta. Los callos que no tengo en las manos los tengo en el corazón, cada vez el sufrimiento me dura menos y, cada vez, más a gusto estoy sin necesitar nada más ni nadie más. Pero acabo de cumplir treinta años y aún soy muy joven para que mi rostro comience a marcar arrugas. Después de todo, aún queda lo mejor.

No pretendo contar la historia de mi vida, pues no la contaría bien. Sólo me consuela saber que quise aprender y aprendí a ser, quise amar y amé demasiado, quise encontrar una buena amistad y conseguí más de una, de esas amistades que siempre había soñado. Quise seguir adelante y aún sigo caminando, despacio, sin prisas, poco a poco, que todo llega. Quise crecer y crecí madurando. Aprendí a creer en mí y no dejo de hacerlo. Vivo el momento presente y lo que este me brinda, ya dure un minuto o un día. No me ha hecho falta llegar a los treinta para saber que envejezco y soy mortal. Sólo disfruto de ser algo más mayor.

Doy gracias por tanto, y por todo.

Le llaman Bodhi [1991]. No es trágico morir haciendo lo que te gusta

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La primera vez que vi esta película era muy pequeño, recuerdo cómo la alquilábamos mi hermana y yo en el videoclub. En mi adolescencia la disfruté un par de veces y durante años sólo ha quedado en mi recuerdo. Pero hace unos días volví a disfrutar de esta gran película. Su título original fue Point Break y el pasado año se estrenó un remake tan malo como innecesario que no tendrá más mención por mi parte. En España se la tituló como Le llaman Bodhi, y excepcionalmente (pues ocurre siempre todo lo contrario), su traducción a al castellano conforma un título mucho más atractivo que su original. Es una película de culto y un significativo film de aquella década de los 90. En mi opinión, sirve igualmente de homenaje a todos aquellos adictos a la adrenalina y cómo no, a la cultura Surf. Precisamente en esto, la película cumple uno de sus objetivos: el de transmitir la mística y valores que rodea a este deporte. Las ganas de volver a ver una película añeja, sumadas a mi anhelo por esa vida californiana que dejé atrás y que tantas ganas tengo de recuperar y mis ansias de volver a surfear, hizo que ver de nuevo esta película fuera una opción más que apetecible. Protagonizada por Keanu Reeves y el grandísimo Patrick Swayze, se nos presenta una historia de acción sencilla pero tremendamente efectiva. Los cinéfilos no me negarán que muchas de las películas de acción de los últimos años intentan cargar el argumento de historias que ni llegan a calar y giros que no llevan a ninguna parte. Quizás lo hagan por eso de que la película no sea sólo «una película de tiros». Pero el buen cine de acción, considero, no necesita de extraños argumentos para dotar a la película de mayor calado, a veces querer abarcar tanto es un error que sale caro. Es posible hacer una película de acción trepidante, de esas que enganchan desde el minuto uno y de la manera más sencilla. Le llaman Bodhi es probablemente uno de los mayores ejemplos.

Kathryn Bigelow es la directora de esta cinta y en estos últimos años nos ha dejado grandes películas como La noche más oscura (Zero Dark Thirty) (2012) o En tierra hostil (2008), ganadora de seis Óscar. Ex mujer del archiconocido James Cameron (Titanic, Avatar), que a su vez está detrás de las escenas de acción de esta cinta, esta directora, guionista y productora estadounidense ha demostrado en estos años que su cine es imprescindible y que aún tiene mucho que aportar al séptimo arte. Pero muchos siempre la recordaremos como la directora de Point Break, la asociaremos a una película de esas que dejan una huella imborrable por ser un una suerte de batidora que aguarda en su interior una considerable cantidad de ingredientes que te dejan un inolvidable sabor de boca.  Y es que para los que nos hemos criado escuchando las olas romper en la orilla y nos sentimos completamente embelesados al ver y disfrutar del estilo de vida que rodea al Surf, esta película nos hechiza como pocas. Keanu Reeves, quien tuvo un romance con la directora de esta película durante su rodaje, interpreta a Johnny Utah, un precoz agente del FBI al que le asignan como compañero al agente Angelo Pappas (el entrañable Gary Busey), al que casi nadie toma en serio y que tiene cierta idea de quiénes están detrás de los numerosos atracos perpetrados por enmascarados que ocultan su identidad con caretas de ex presidentes de los Estados Unidos. Utah certificará que su compañero, el agente Pappas, no anda equivocado y que efectivamente, los atracadores son en realidad una pandilla de surferos que viven la vida al límite, una banda liderada por Bodhi Sattva, el motor de esta película e interpretado por el desaparecido Patrick Swayze, un actor que ha protagonizado algunas de las mejores películas del cine como es Dirty Dancing (1987) o Ghost: más allá del amor (1990). El joven agente del FBI se infiltrará en ese ambiente de sol y playa, y gracias a la preciosa Tyler (Lori Petty), ex del jefe de la banda, se enamorará no sólo de ella, sino del surfing y todo lo que le rodea.

No es trágico morir haciendo lo que te gusta. Para vivir lo más fuerte, quizá tengamos que pagar el precio más alto. Bodhi Sattva

La historia queda vertebrada en estos tres personajes. Johnny Utah se verá entre dos aguas, nunca mejor dicho. Nunca olvida su misión como agente que es, pero no puede evitar sentir admiración por Bodhi, un apuesto surfista de melena rubia oxigenada y su filosofía de vida. Johnny quedará totalmente influenciado por él. Y es precisamente la relación entre ambos lo que termina de detonar esta película. A sus conseguidas escenas de acción y a esa seducción de ver a tanto chico y chica guapa en la playa haciendo Surf, algo que puede llegar a ser todo un cliché barato, le sigue un guión original y la figura del que es, uno de los personajes más inolvidables del cine, Bodhi Sattva. Si como espectador siempre quedo prendado de este personaje, comprendo que en la historia, Utah se sintiera como un miembro más de la pandilla de atracadores, que por cierto, son nada más y nada menos que interpretados por los miembros del grupo de Rock, Red Hot Chili Peppers. Sí, son unos locos, unos delincuentes que deberían estar entre rejas, pero su líder, al que llaman Bodhi, no te deja indiferente. Siempre he admirado a gente que hace lo que yo nunca me atrevería a hacer, y no lo digo por atracar bancos precisamente, sino por vivir la vida de la manera en la que lo viven ellos. Vivir a todo riesgo, no como si no hubiera mañana, sino como si no existiera el tiempo directamente. Vivir la vida como si no fueras a disfrutar de la hora siguiente. Atracar bancos es el pretexto de Bodhi y los suyos para luchar contra los usureros y nocivos capitalistas. Con sus atracos dejan su sello anárquico y con el dinero que obtienen de sus golpes no viven una vida de lujos y ostentosidades, lo justo para permitirse disfrutar de deportes de alto riesgo como el salto base o surfear olas gigantes. Ellos sólo quieren vivir en la playa y reunirse cada noche en torno a una hoguera. Vivir asalvajados y sintiendo la sensación de libertad a cada instante que sólo la compañía de los suyos en la cálida arena y la adrenalina de los deportes extremos consigue darles. ¿Aceptamos atracar banco como deporte extremo en esta película? Para ellos seguro que sí.

Esa inyección de adrenalina las trasmiten al espectador no sólo por sus efectivas escenas de persecución, Surf, salto en paracaídas, o esa Gran Ola, sino por una gran banda sonora, una que corre a cargo de Sheryl Crow y los mismísimos RATT. Hard Rock para amenizar un día de olas. ¿Entendéis ahora eso de la batidora y los ingredientes? Esta película lo tiene todo. Si me tengo que quedar con algo de esta película, es con la interpretación de Patrick Swayze, él es el que realmente le da calidad a esta cinta. Junto a un Keanu algo descafeinado en la primera mitad de la película (todo lo contrario de cómo interpreta al agente Utah al final), Patrick, que incluso llegó a tirarse en paracaídas él mismo para rodar una de las escenas más inolvidables de la película, realiza un trabajo sobresaliente. Encarna excelentemente el papel de Bodhi tal y como soñaba su directora. Un espíritu salvaje, que realmente no hay maldad en su interior, pues recordemos que Bodhi en un principio rechaza la violencia e incluso admira a Utah cuando descubre su verdadera identidad. Pero la situación torna y ambos personajes, que en un principio parecían encajar como piezas de un puzzle, cambian radicalmente, convirtiéndose en algo que no fueron ni quisieron, en algo inesperado. Como dije anteriormente, Bodhi es el motor de esta película. Con su papel, dota a esta cinta de gran simbolismo y deja uno de los finales más grandes de la historia del cine.