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Bosque Mitago, de Robert Holdstock 

Aviso a navegantes de que este libro es algo complejo, nada fácil de entender y que puede llegar a defraudar si lo que buscas es la típica historia de fantasía épica. Llegué a este libro por estar considerado una joya del género, una rareza de la literatura fantástica que todo fiel amante de este tipo de lectura debe disfrutar. El escritor inglés Robert Holdstock comenzó esta aventura en forma de relato, pero gracias a la expectación que levantó, decidió presentarla como novela en 1984, ganando un año después el Premio Mundial de Fantasía a la mejor novela. Antes de comenzar su lectura busqué información sobre su autor y me entristeció saber que falleció en 2009 a la edad de 61 años. Y más me entristeció saber que de la gran cantidad de obras publicadas por este escritor londinense, pocas podemos encontrar traducidas al español a pesar de que muchas de ellas fueron galardonadas como mejor novela de Ciencia Ficción y Fantasía. Esto, sumado a lo mucho que me ha gustado este Mythago Woods, convierte a este autor y sus obras en toda una mina de la literatura más underground. Sumergida la obra en una atmósfera al más puro estilo Lovecraft, en Bosque Mitago nos encontramos con una aventura que no solamente va más allá de la literatura fantástica partiendo con todos sus repetitivo esquemas, sino que nos adentra en los rincones más oscuros e inaccesibles de nuestra mente.

Steve Huxley ha pasado mucho tiempo fuera de casa, ha batallado en la Segunda Guerra Mundial y tras pasar un largo tiempo en Francia decide regresar a su vieja Inglaterra. Steve vuelve a casa, una casa que nos describe a la perfección su autor, de esas cobijadas en densos campos donde abunda el verde y la humedad, el bucólico paisaje inglés. Al llegar, vuelve a sentir esa mística presencia del bosque Ryhope, en su Refugio del Bosque, como así llaman a su propiedad, en la ciudad inglesa de Herefordshire. Su padre, George Huxley, falleció pocos años antes y ahora en su casa sólo está su hermano menor Christian, al que sorprendido, encuentra demacrado y viejo. Steve no tarda en darse cuenta que su hermano Christian sufre la misma desesperación que llevó a su padre a la locura. Su hermano Christian está obsesionado con el bosque Ryhope y lo que él entraña. Su mujer, Guiwenneth, ha desaparecido en su interior y Steve termina convencido de todo aquello que su hermano le cuenta y que su padre escribía en sus diarios. Steve está dispuesto a ayudar a Christian, quiere entrar en ese bosque. Ambos saben que al bosque sólo se entra por escondidas comisuras y que llegar a su centro es prácticamente imposible. El bosque Ryhope es una fortaleza inexpugnable, un laberinto incongruente que alberga en su interior, como si de un cajón de sastre se tratara, todo lo que el hombre ha significado desde que descubierta el fuego.

Precisar más sobre la obra sería restarle la magia que muy pocos libros poseen. Sería privarte a ti, querido lector, del placer de respirar el misterio y expectación que cada pagina de este libro suscita. Esta obra es un homenaje al Hombre, aquel que estimulaba a sus iguales contando historias bajo un manto de estrellas y en torno a una hoguera. Así empezó todo. El bosque guiará a nuestros protagonistas a una aventura sin igual, y mezclando la fantasía con las viejas leyendas celtas, Robert Holdstock crea un escenario casi onírico que repasa todo aquello que un día fuimos e inventamos y que se cobija entre la frondosidad su Bosque Mitago.

Cadizfornia. Nostalgia y otras cosas

Yo era un niño en 1994. Acababa de hacer la primera comunión. Cuando me he referido a la década de los 90, en muchas ocasiones he manifestado lo mucho que me hubiera gustado vivirla pero con la edad de ahora. Quizás tenga nostalgia de una vida que nunca viví. La colorida década de los 90, aquellos maravillosos años en los que cada día parecía surgir algo nuevo. Los 80 y 90 fueron años de cambio, en el que el mundo, al unísono, parecía ir al mismo compás. La sociedad era un barco que iba a toda máquina. No me detendré más en esto, pues no es el objeto de esta nueva entrada que os traigo a continuación. Pero me complace saber que pude vivirla, que los 90 fueron el decorado que formara la puesta en escena de mi infancia. Qué grandes recuerdos, qué momentos. Todos, como si fueran ayer. Algunos dicen que la nostalgia es síntoma de insatisfacción con la vida que uno lleva en la actualidad. Yo no podría estar más en desacuerdo. No tiene nada que ver en mi opinión. 

Este video me viene que ni pintado para lo que quiero contar en este nuevo post. Hace bastante le di su hueco en Anhelarium en una de mis innumerables entradas sobre AOR, pero hoy lo traigo a colación no exclusivamente por el aspecto musical. Pero eso no quita para que lo presente brevemente, pues lo merece. La canción que suena en este vídeo pertenece a Alex De La Nuez, un cantautor madrileño que en 1994 triunfaba en las emisoras de radio gracias a esta versión del tema Give It Up del grupo Steve Miller Band. Para mi gusto, la versión del madrileño supera al tema original por su enérgica melodía y pegadizo estribillo. Pero la canción viene acompañada de unas escenas muy veraniegas que forman parte de varios spots publicitarios de la marca de refrescos KAS. Esta marca de refrescos era originaria de Vitoria (País Vasco, España), pero a finales de 1992, Pepsi se haría con la marca con la intención de comercializarla por todo el mundo. De ahí que en el vídeo, que servía a su vez como videoclip para dicha canción, podamos observar escenas al más puro estilo de vida californiano. Y ahí es donde quiero llegar.

Tanto la canción como el video me han acompañado a lo largo de mi vida. Me remolcan hacia una época muy añorada, a unos días que mantengo muy vivos en el recuerdo. La canción, como tantas otras, puso música a una etapa muy importante de mi vida, haciéndola aún más inmortal en mi memoria. Y el vídeo, refleja a la perfección el estilo de vida de aquellos años. El video parece un pequeño reportaje sobre esos años y lo que llegaron a ser. Y no porque en esos días todo fuera sol, playa y chicas guapas, para nada, sino por las vibraciones que transmite, la manera en que está hecho. No pecaré de exagerado si digo que todo lo que salía en esos años (televisión, música…) llevaba impregnado una gran carga de color y buena energía. El video es sólo una muestra más de cómo era esa época, cómo se vivía y de qué manera se transmitía. Poco se encuentra algo así hoy día.

Pero sí encontraba similitudes entre ese vídeo y mis días de aquella añorada época. Como ocurre en la actualidad. Es por eso que me marcó tanto, y es por eso mismo que se me dispara la nostalgia cuando veo este u otro vídeo de esos años. No olvidemos que es un vídeo de puro marketing y que a comienzos de la década de los 90 era el boom de las series americanas en España, sobre todo esas series de instituto como Salvados por la campana, Sensación de vivir o más tarde California Dreams. Todas ellas marcaron nuestra infancia y a mí particular y especialmente. En estas series se reverberaba la forma y el estilo de vida californiana, haciendo que me sintiera muy identificado. Yo no me crié en California, y El Puerto de Santa María dista mucho de ciudades como Los Angeles o Beverly Hills. Pero he tenido la gran suerte de nacer en La Costa de la Luz, la provincia de Cádiz destaca por su turismo y sus playas poco tienen que envidiarles a las del oeste de Estados Unidos. Me crié en una casa en la playa, y la playa se transformó en el escenario de mi vida. Mi colegio estaba también frente a la playa, tanto que en invierno nuestro patio de recreo se inundaba y se cortaban las clases por unos días. Estamos en alerta roja, decían los profesores. Además, cerca de casa aún sigue estando uno de mis sitios favoritos, el Diner 24h, decorado al estilo americano de los años 50, donde ponen las mejores pizzas de la ciudad. Justo en frente, una de las mayores y más conocidas tiendas de Harley Davidson de la provincia. Y al lado, los mejores helados, los de la Baskin Robbins. Para más seña, en mi ciudad siempre ha habido mucha presencia norteamericana por la base militar que hay cercana. No, no vivía en California, pero lo parecía.

Es por eso que desde pequeño me he sentido identificado con ese estilo de vida californiana. Un estilo de vida que siempre he sabido valorar, y ahora mucho más desde que vivo en Madrid. No solo por mi infancia, pues durante mi adolescencia y toda mi vida, he estado rodeado de esa calidad de vida que ofrece el lugar de donde vengo. Como aquella tarde que cambiamos las clases por el surf, la playa ha vertebrado el estilo de vida que he llevado durante muchos años. La playa era mi jardín cuando apenas aprendí a caminar, ha sido y es el lugar preferido de reunión con amigos y familiares. La playa ha sido el marco en el que han tenido lugar muchas de las más importantes escenas de mi vida.

Para los que somos de allí, es nuestra California particular, nuestra Cadizfornia, como a muchos nos gusta llamarla. Pero a todo este rollo californiano súmale los encantos que tiene Cádiz y sus ciudades, la identidad de mi tierra, su gente, sus rincones, sus paisajes. Todo lo yankee entonces queda en una anécdota. Cádiz, tierra trimilenaria, bañada en sal y en siglos de historia. Sinceramente, no hay lugar mejor.

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Playa de Vistahermosa. El Puerto de Santa Maria, Cádiz.

25 años después

Verano de 1988 y verano de 2013. 25 años después, mi hermanita y yo fuimos al mismo lugar para rendir nuestro particular homenaje a esta dulce foto de nuestra infancia, de aquella tarde en la que perdí mi zapatito. La que ha sido y es mi hermana, mi amiga y mi madre, es y será por siempre, la niña de mis ojos. Te quiero, Desirèe 😉

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