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Evergrey – Hymns For The Broken [2014]

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Escuchar este disco es un verdadero deleite. La banda sueca liderada por Tom S. Englund que volvió a reunir para la ocasión a dos antiguos miembros de la banda, hablo del batería (Jonas Ekdahl) y guitarrista (Henrik Danhage), presentó el que es su noveno álbum de estudio y en mi modesta opinión, el más cautivador de todos. Este grupo sueco de Metal progresivo lleva varios años siendo el caviar de todos los que adoran sumergirse en este estilo de música. Aunque la banda se originó en 1998, con su primer álbum, The Dark Discovery, no fue hasta 2003, con trabajo Recreation Day, cuando comenzaron a ganar renombre. No es de extrañar, porque su discografía está compuesta de verdaderas joyas del Metal más moderno. Tres años después del que fuera su último disco, Glorious Collision, los suecos regresan con Hymns For The Broken, y a mí parecer, logra el nivel de sus mejores trabajos llegando, para mi gusto, a superarlos.

Me adentré este pasado invierno en la discografía de esta gran banda y durante todo este tiempo he disfrutado muchísimo de su música. Sobre todo con este admirable trabajo. Un trabajo que comienza con una intro inquietante, The Awakening, un comienzo sombrío par aun grupo que a pesar de dotar sus canciones de admirables melodías, se caracteriza también por una música ciertamente agorera, acompañada de avezadas letras melancólicas y oscuras por momentos. Esta intro da paso al tema escogido para presentar este último proyecto: King Of Errors. Es un tema contundente, pesado, pero dotado de una gran armonía tanto instrumental como vocal, donde Tom S. Englund me sorprendió gratamente por su registro y manera de interpretar los temas. Esta canción fue la primera que escuché de este grupo, y fue la culpable de que quedara totalmente hechizado de su música y ansiara conocerla a fondo.

A New Dawn empieza con un melódico teclado que da paso a unas guitarras mucho más graves. El tema está acompañado por unos coros que preceden al estribillo, un estribillo estupendo, pegadizo, donde más me prendó Tom con su voz, llena de quejíos que personalmente me encantan, haciendo que su voz suene más armoniosa acorde con la música. Con Wake A Change, el siguiente tema, nos topamos con un medio tiempo rebosante de sentimiento, una canción que trasmite desde los primeros acordes. Vuelven a sonar unos coros, esta vez con mayor protagonismo, siendo la parte final del tema una maravilla, con ese aire legendario.

Le sigue Archaic Rage, la canción más bella a nivel técnico de este nuevo trabajo. Tanto por las guitarras, sus teclados y la gran aportación de ese bajo de Johan Niemann. Además la voz de Tom aquí suena mucho más limpia y suave, balanceando cada melodía y llevándola a su terreno. Un tema formidable. De los mejores cortes de este disco. Barricades comienza con un portentoso riff de guitarra, un comienzo muy rockero que acaba suavizándose con la aparición de un elegante piano que nos acerca a un estribillo muy melódico y emotivo. Pero lo más destacable de este tema es el solo de guitarra que alberga en su interior. El disco lo he escuchado varias veces y siempre logra transmitirme el mismo frenesí.

Black Undertow es el tema más oscuro, sumergido en densidad donde sólo el estribillo logra subir a la superficie regalándonos una hermosa armonía. Siento si me repito, pero la voz de Tom es excelente, con otra voz este disco no valdría tanto. Es un disco que tiene de todo, que posee todo lo que se le puede pedir a buen disco de Metal melódico. Los teclados en esta canción son igual de extraordinarios. Con The Fire, Evergrey retoma el camino que mejor conoce y nos regala un tema cañero, con un comienzo muy metalero, en el que la batería y guitarra suenan con aplastante maestría. Y de nuevo, cobra protagonismo un coro, en este caso uno infantil que aparece y desaparece a lo largo de todo el tema de forma diversa.

Llegamos a la recta final de este enorme trabajo con el tema que le da título: Hymns For The Broken. Para mí, junto a King Of Error, el mejor tema de este disco. Envuelto en una atmosfera muy melancólica y emotiva, el tema echa raíces y se revela como uno de los mejores temas de la banda. Es el turno ahora de una balada, Missing You, canción donde escuchamos el lado más sentido de Tom, donde interpreta el tema con total arte mientras le acompaña un elegante sonido de piano. Esta banda puede, con la misma facilidad, sacar de ti la parte más vehemente o la más tierna y sentimental.

Llegamos a la recta final con dos temas de casi ocho minutos de duración. El primero, The Grand Collapse, es de los dos el de mayor minutaje, un tema cargado de dispares ritmos musicales, creando un pasaje técnico y experimentando su lado más progresivo. Un tema colmado de intensidad que da paso al que cerrará este buen disco, The Aftermath, donde se presenta de manera más calmada, conducido principalmente por ese piano que se ha dejado ver durante gran parte del disco y por unas guitarras distorsionadas. Pero es rozando el minuto cuatro donde la canción se torna más elevada, los parches se hacen notar y la voz de Tom regresa dando forma, junto a la guitarra y a las teclas del piano, a una preciosa melodía como manera de despedir este nuevo fruto, otro gran álbum en la discografía de esta banda venida de Suecia.

Espectacular.


No son buenos días para los blogueros

No son buenos días para los blogueros. O mejor dicho, no son los buenos días que eran antes, pero tampoco es para ponerse melodramático. Cualquier compañero de la blogosfera podrá darme la razón si digo que los blogs han perdido bastante. Las redes sociales lo han fagocitado todo y son la principal fuente de información. ¿O debería decir, desinformación? Da igual, eso es otro tema. Ya la gente no se para a buscar blogs o foros especializados en algo en concreto. Ahora siguen grupos o páginas de Facebook o perfiles de Twitter. Algo totalmente lícito por otra parte. Los tiempos cambian, avanzan y con él, la tecnología, las formas de comunicarse y el acceso a la información.

Pero es tal el exceso de información. Es tan basto el bombardeo constante de información, mucha de ella información basura (sí, esto también es otro tema) que la gente ya no se para a leer con el detenimiento o interés de antes. La gente, en especial los más jóvenes, se ha acostumbrado a leer esas pequeñas noticias compartidas en Facebook o escuetos tweets, es decir, se han habituado a leer poco y de ahí sacar un conocimiento general , en vez de leer mucho y sacar un conocimiento algo más concreto y metódico. Pero no me voy a meter en temas epistemológicos ni me voy a desviar del tema analizando la forma en la que la gente obtiene información para aprehender conocimientos.

Sea cual sea la temática del blog, aunque sea un blog que reciba muchas visitas y tenga cierto éxito, es seguro que ya no registra los números de hace unos años. Anhelarium está por cumplir seis años ya y a día de hoy no me hace los números de años atrás aun no siendo nada malas las estadísticas actuales. Si bien es cierto que por temas de estudio no puedo dedicarle el tiempo que otrora sí, el blog sigue manteniéndose en el tráfico virtual debido a su contenido y por, de vez en cuando y mucho menos de lo que me gustaría, alimentar su feed con las entradas que el tiempo del que dispongo me permite publicar. Pero hablándolo con otros blogueros, la cosa no sólo va únicamente de si publicas mucho o poco en tu blog. Y es cuando volvemos a lo que comentara en un principio: Las redes sociales.

Startup Stock Photos

Fuente: tumblr.com

Renovarse o morir. O eso dicen. Es por ello que desde hace varios años, muchos de los que administramos webs/blogs nos hacemos hueco en las redes sociales, sobre todo Twitter y Facebook, para llegar a más público y que aquello que ofrecemos en nuestros dominios tenga su escaparate en dichas redes. Pero es tal la fagocitación de la que os hablaba antes que dichas redes sociales han acaparado toda la atención, siendo el epicentro de todo. Y me explico. Puedes publicar un artículo en tu blog y comprensiblemente publicitarlo en Facebook por ejemplo. Y lo que ocurre de un tiempo para acá, es que incluso los comentarios que antes recibías en tu blog, se quedan en su correspondiente página de Facebook. A la gente hasta le da pereza clickar y llegar al blog donde se encuentra la entrada al completo. Ahora, y por lo general, la sociedad es más vaga que nunca a la hora de leer. Si los periódicos lo sufrieron con la aparición de las versiones digitales, ahora incluso los portales de información o sitios webs lo sufren con las concurridas redes sociales. Ahí queda todo.

Así, las personas no sólo se han habituado a obtener información de forma rápida y concisa, sino que además, su manera de participar en los debates también lo es. Comentar en Facebook una noticia o entrada es mucho más rápido y sencillo que hacerlo en el propio blog, donde para participar debes rellenar un pequeño formulario con tu nombre, correo y por supuesto, tu comentario. Con todo, es comprensible, y para los que nos dedicamos a esto, bastante notable, que la dinámica de los blogs ha aminorado de manera evidente. La actividad que un blog podía registrar hace unos años no es la que puede experimentar ahora. Y esto lo digo más por los comentarios que por las visitas. Las visitas se pueden mantener en mayor o menor medida, dentro de una media, pero los comentarios, la participación por parte de usuarios en espacios como este, no. Esto ya no es lo que era. Y se echa mucho de menos. Pero, al menos en mí, esto no me quita las ganas de seguir escribiendo en este humilde rincón. Un lugar abierto a todos, para todos, cuando y cuánto quieran. Yo sigo igual de agradecido por todas esas personas que siguen llegando a Anhelarium. Sólo deseo que la visita les haya gustado.

La rojigualda, nuestra bandera

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Me fastidia ver a los más intransigentes de este país, grupos fascistas o de extrema derecha, ondear la bandera de España, que parece que es sólo de ellos, como a los catalanes independentistas pitar el himno español. Estos últimos porque están en pleno derecho a la libertad de expresión y, aunque me parezca una falta de respeto enorme, pues a la inversa seguro que no lo recibirían con agrado, peores cosas hacen nuestros políticos, esos que HEMOS ELEGIDO NOSOTROS, que deshonran al país entero con su mala praxis y poca vergüenza. Desde siempre, la extrema derecha ha tomado como insignia una bandera que nos representa a todos, o supuestamente debe hacerlo. Una bandera que antes de que ya ondeaba como pabellón de la Marina española en virtud del Real Decreto de 28 de mayo de 1785, a propuesta de Carlos III. Al mismo tiempo, la izquierda más revanchista y anclada en el pasado, la ve como la bandera del bando enemigo. Para diferenciarse de «la derechona», la desprecian y se envuelven en la bandera tricolor que caracteriza a la Segunda República Española de 1931.

Ya en 1793 se ordenó que ese pabellón, utilizado hasta entonces solo en los buques de guerra, ondeara también en los puertos y fuertes de la Marina y costas custodiados por el ejército español, así la bandera rojigualda empezó a utilizarse como el mayor símbolo nacional. Pero no fue hasta 1843, cuando el Real Decreto de 13 de octubre, sancionado por la Reina Isabel II, la reconocía como bandera nacional. Y debo destacar que la Primera República Española, instalada en 1873, no alteró los colores de esta bandera de colores rojo, amarillo y rojo, aunque sí se suprimió los escudos y todos los símbolos reales de la monarquía.

En muy resumidas cuentas: vemos como los colores de nuestra bandera, la rojigualda, fue acogida por monárquicos y republicanos como distintivo de nuestra Nación. Hoy, y desde mucho tiempo atrás, el sector izquierdista de este país se aferra nostálgicamente a la bandera tricolor, se identifica con ella, desprecian la rojigualda y la siguen considerando una bandera franquista. Mientras, los que se colocan del lado más conservador y de derechas se aferran a ella. A mí esto no me gusta. Esta guerra de banderas, a estas alturas, es más que absurda. Quizás habrá que esperar algo más. Y no tengo nada en contra de la tricolor, que quede bien claro, pues es una bandera española que representa una etapa que siempre ha llamado mi atención y que despierta en mi mucho interés, ya que la Segunda República fue maltratada en sus días pero también en los días que corren actualmente. Pero eso ya es otro tema. Los símbolos son importantes, pues representan algo, y en este caso ese algo es un país entero. Y aunque se tratara de la bandera de una pequeña localidad, tras sus colores hay personas a las que hay que respetar y nunca olvidar. La bandera rojigualda es la bandera de España, no sólo de unos pocos. No es una bandera de franquistas y neonazis. Ahora que la gente la ve con mejores ojos y todo gracias a los éxitos deportivos de estos últimos años. Han sido los deportistas de élite los que han despolitizado la bandera, los que hicieron que miles y miles de personas en todo el país la sacara sin complejos. Han hecho los deportistas lo que los políticos no han sido capaces de hacer. Así de malos son ellos y sus partidos. La izquierda porta una bandera, la derecha otra, y eso sólo alimenta la desunión.

Si bien es cierto que soy de los que piensan que hay que hacer mucha pedagogía en nuestros días sobre temas pasados e ignorados por nuestros políticos, no veo bien estar con ese guerracivilismo absurdo. Hay sectores de la izquierda de nuestro país que parecen más interesados en ganar la guerra más de ochenta años después de haber acabado. No soy de ningún partido político. Me cuesta sentirme identificado con ellos. Ahora, con el auge de estos nuevos partidos políticos que nos prometen el cambio y se agencian de colores llamativos para aparentar frescura, diré que tampoco soy de los de magenta (que son un barco hundido que se empeñan en reflotar), ni los de naranja, y me cuesta mucho sentirme confraternizado con los de morado, porque ya comienzan a pecar de los mismos errores de la vieja izquierda española anclada en el pasado, esa izquierda acosada por sus propios fantasmas y complejos. Políticamente siempre me he considerado huérfano.

Los partidos políticos lo único que quieren es quedar por encima del otro, enchufarse al erario público y vivir como lo que son, parásitos que sólo les importa llegar al poder, apoltronarse. A los partidos políticos de este país parece que lo que menos les importa es España. Esta es la sensación que desde siempre he tenido. Parece que no les interesa progresar, mejorar, modernizar este país. Votaré a aquél partido que mejor administre nuestros recursos para proteger a las plantas, animales y a nuestras personas. Con esto sí que puedo parecer romántico o más bien utópico, pero no pierdo la fe.

España es un país políticamente maldito. Por eso no voy a entrar en comparación con otros países, como Estados Unidos, que respetan sus barras y estrellas independientemente de la ideología de unos y otros. España necesita, cual computadora, un formateo, un reinicio. Sólo veo en el panorama político a gente resquemada y anclada por el pasado, ese que nunca dejamos atrás. Porque para lo único que nos tiene que servir es para aprender, sin despertar fantasmas. Esta entrada trata sobre una bandera, sobre la bandera que nos representa, una bandera con la que nací y me crié. La que han visto mis ojos ondear durante todos mis días. Pero es una bandera que por desgracia, no parece que quieran algunos que nos represente a todos. Hay temas mucho más importantes que la bandera, pero no por ello dejar de serlo.

Yo abogo por una España unida, una España de todos aun reconociendo la pluralidad del todo el Estado. Creo en una España integradora. Y como de símbolos trataba en un principio esta entrada, que reconozco que se me han ido un pocos los dedos, apoyo respaldar nuestro símbolo de rojo y oro como nuestra seña de identidad, y con los ojos puestos en el futuro. Por eso, anhelo que nos remanguemos todos, ayudemos, vayamos a una para afrontar los temas que más inciden en nuestra sociedad. Que nos sintamos orgullosos de ser españoles y cuando miremos la bandera, nuestra bandera, no sintamos antipatía, esa que han sembrado en nosotros los que tras sus colores nos han engañado a todos. Sintamos dignidad por nuestra identidad, pero sobre todo, esperanza por conseguir un país de todos, un país mejor.