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Sobre el Rock alternativo y algunos bohemios intelectuales

Parece ser que cada cierto tiempo me toca aguantar la pretenciosa y repelente actitud de algún fervoroso amante de lo alternativo, lo underground, lo indie, o como se le quiera  llamar. Si, esos que suelen asistir al Primavera Sound o al FIB Heineken. Me toca mucho los huevos el gusto paupérrimo que tienen por la literatura alternativa, la música alternativa, el cine alternativo, el arte alternativo, en definitiva, todo lo que sólo conozcan ellos, despreciando todo lo que se salga de su micro entorno intelectual, para luego flagelarse y llevarse las manos a la cabeza cuando se encuentran a gente que no conocen estas tendencias tan alternativas y tan modernas, estas obras tan desconocidas y que nadie en su sano juicio tiene capacidad para valorar ya que son demasiado…alternativas. Y es que, perdónenme, pero el cine de autor bielorruso se me hace difícil de entender, lo siento, no soy tan inteligente y mucho menos, no soy tan cool como debería.

Tranquilo, este primer párrafo será lo más vulgar que leas en esta entrada. No pienso entrar en descalificativos ni en desprecios, eso es algo que ya se los dejo a ellos. Pero, ¿qué es el gafapastismo? El gapastismo se presenta como una vanguardia social, personas políticamente progresistas, personas que suelen tener estudios superiores y un marcado carácter tremendamente snob. A pesar de que a todos estos intelectuales les encanta dejarse los cuartos en la FNAC y comprar aparatos Apple, suelen ser personas con una clara tendencia hacia la izquierda política, suelen simpatizar con la clase obrera, personas supuestamente cultas que adoran los libros corta venas de filósofos franceses, las películas en versión original aunque luego no se enteren de nada, para posteriormente hacer críticas de todo como si a la gente le importara una mierda su opinión. Son personas que luchan por alejarse de todas las tendencias, gustos e intereses de la mayoría. No, porque ellos son demasiado diferentes, demasiado inteligentes.

Como he dicho, cada cierto tiempo me toca aguantar la pedantería de alguno de estos sujetos. Y es por eso que escribí el siguiente mensaje en mi página de Facebook hace apenas unos minutos:

Creo sinceramente que hay más incultura musical en el ambiente alternativo/gafapasta (pseudo-intelectual) que en el reggaetonero, y ya es decir. Me irrita la gente que por aparentar ser más bohemio e inteligente desprecian cosas, cuando luego demuestran no tener conocimientos de aquello que desprecian y tampoco de lo que dicen amar.

Lo escribí a raíz de escuchar a un intelectual hablar sobre el Rock alternativo y lo insípida que le parecía la mayoría de la música que el resto de los mortales parecemos escuchar. Os prometo que a peores he visto, y lo peor, es que no en la televisión, sino cara a cara. Y es que ya me he topado con demasiados sabiondos a lo largo de mi vida, eruditos con los que a día de hoy me niego a seguir discutiendo sobre música, cine o literatura, veo que es algo inútil por mi parte, es realmente como hablar con la pared.

A diferencia de ellos, mis gustos son muy amplios, abiertos. No le hago ascos a nada, siempre y cuando presente un mínimo de calidad. Me encanta aprender, siempre he tenido una marcada tendencia por seguir aprendiendo, seguir conociendo, cuanto más mejor, cuanto más sepa, mucho mejor. El interés y la curiosidad por lo que no conoces, es algo que nunca se puede perder. De ahí que nunca le haya hecho ascos a nada, tenga la etiqueta que tenga. Tengo mis preferencias, y son inamovibles, claro está, pero no le hago ascos a algo que merezca verdaderamente la pena.

Me crispa ver cómo se las dan de inteligentes al despotricar de toda película salida de Hollywood, o cuando intentan ir de interesantes al decir que leen libros de tal autor serbo croata, autor que muy probablemente sólo tenga un libro publicado y el cual leen mientras están en un Starbucks, con su portátil Mac, degustando un café malo, ridícula y descaradamente caro, con la intención de ser visto, necesitando como el respirar esa aprobación por parte de los demás, que éstos reconozcan lo inteligentes que son. Necesitan eso, aprobación. Por no hablar de los que se van allí, al Starbucks, a estudiar. ¿Quién verdaderamente se concentra en un Starbucks estudiando?

Leen libros que no entienden, porque no los entienden ni los que los han escrito. Algunos leen verdaderas joyas de la literatura, que tampoco entienden, pero que luego para dárselas de personas doctas, copian y pegan las frases más interesantes de la obra en su cuenta de Twitter o Facebook, así todos podrán ver lo interesantes e intelectuales que son. Ahora, si coleccionas cómics de superhéroes o te gusta la literatura fantástica, si eres un fan de El Señor de Los Anillos o Warhammer, entonces tienes que madurar. Lo mismo pasa con las películas, ellos no pueden entrar al cine a ver la última película de Peter Jackson o Zack Snyder, ellos sólo ven cine independiente tailandés, francés o croata, y pobre de aquél que entre a ver Iron Man 3 o Los Vengadores, porque ese será un ignorante de por vida.

Con vuestro permiso y sin pretender alargar mucho esta nueva entrada, me dispongo a  glosar de manera concisa lo que más detesto de estas personas tan doctas y tan cultas: su visión de la música. Para mí la música es algo fundamental en mi vida y el trato que estos seres superiores dan a la música es sin duda lo que más me crispa.

El gafapastismo y la música

Para ser un buen bohemio intelectual debes de amar a todos aquellos grupos y artistas minoritarios y que sólo ellos conocen a la perfección, como por ejemplo Joe Crepúsculo, Vetusta Morla o Sufjan Stevens. Salvo excepciones, claro, porque bandas como los Arctic Monkeys, Radiohead, MUSE, The Cure, Soundgarden, ya son palabras mayores, esas son ya las bandas a venerar por todo bohemio moderno e intelectual. Lo peor de todo esto es que el 90% de los amantes de esta música considerarán ruidoso e incluso molesto todas aquellas bandas que hagan Rock de forma distinta a estos súper grupos (?). Estos eruditos son capaces de sentir un orgasmo al escuchar canciones estridentes de grupos como Skillet, The Strokes o MUSE y al mismo tiempo despreciar todo lo que tenga la etiqueta de Hard Rock o Heavy Metal. Y es que esa música la dejan para los frikis y raros. Os doy mi palabra, que he conocido a varias personas a las cuales les he preguntado por sus gustos musicales y que me han reconocido no poder soportar el Heavy Metal o Hard Rock por ser demasiado retumbante, pero acto seguido me han comentado ser amantes de grupos como los anteriormente mencionados, que sin que nadie me lo pueda negar, poseen en su discografía temas bastante estruendosos, sin melodía alguna, temas cargados de guitarras rancias y estrepitosa percusión y lo más absurdo y delirante de todo es que alguno de ellos me confesaban disfrutar de vez en cuando con temas de grupos como Metallica o Guns N’Roses.

Fíjate, qué curioso, disfrutan de bandas tan extremadamente populares como Metallica o Gun N’ Roses, pero las demás, que son del mismo estilo, e incluso mejores, las desprecian. ¿Pero éstos no eran amantes de lo underground? ¿Cómo es posible que te gusten temas de Metallica pero digas que el Heavy Metal no es lo tuyo? ¿Cómo es posible que no te guste algo que no conoces? Etiquetas. Creen que parecerán así más interesantes si mencionan a sus interlocutores grupos de Rock alternativo que grupos de Power Metal. Es una muestra más de que lo que más les interesa es ser lo más cool posible. Porque claro, no es lo mismo reconocer que lo flipas con temas de Metallica que con temas de Testament o Megadeth. Queda mucho más guay lo primero. Pero sobre todo, a día de hoy sigue siendo muchísimo más interesante y modernete si dices que te gustan los Vetusta Morla. Si dices eso y además dices que estás leyendo un libro de Serguéi Gavrov, ya lo bordas. Eres una persona de lo más interesante, te sentirás mejor al ver cómo los demás tienen esa imágen de ti. 

Demuestran ser intolerantes, de una cultura musical nefasta y además, quedando en ridículo constantemente precisamente por lo que os acabo de comentar. Porque es irrisorio comprobar cómo la gran mayoría de ellos desaprueban el Hard Rock o Heavy, con el pretexto de que les parecen estilos ruidosos, y luego ves cómo se deleitan con temas, objetivamente, mucho más chillosos y retumbantes. Pero claro, es que lo otro es muy mainstream y el Rock alternativo o indie es más inspiracional, vanguardista más moderno y por supuesto, denota más intelectualidad. Yo llevo desde los 15 años escuchando Heavy Metal y Hard Rock y con el tiempo he sabido apreciar otros estilos más o menos alejados de la escena rockera que más me gusta. Ídem con la literatura o el cine. Dentro de mi lista de canciones se encuentra precisamente algunos temas que pertenecen a ese Rock alternativo que tanto idolatran, porque como he dicho, no soy ningún estrecho de miras y entiendo de lo que es bueno y lo que es malo. Me encantan temas como Radioactive o It’s Time de Imagine Dragons, uno de los grupos alternativos que más está despuntando a día de hoy. Y para más reseña, uno de los grupos más imprescindibles e importantes para mí son mis queridos The Cranberries, el grupo alternativo que más éxito ha cosechado, liderando las listas musicales durante toda la década de los 90. Me pregunto quiénes son más ignorantes, porque los hay quienes ponen barreras al seguir conociendo y se aferran a lo que conocen dentro de un campo que se han autodelimitado o los que, de lo contrario, saben apreciar y cuanto más mejor. No detesto el Rock alternativo pero sí el ambiente pedante que lo rodea. Personas que se creen superiores por escuchar una determinada música o consumir otro tipo de literatura o cine.

He escuchado a muchos soltar pestes de grupos como Europe, Bon Jovi, Iron Maiden, Whitesnake, Judas Priest, y un largo etcétera de grupos del mismo estilo musical. Grupos que han vendido millones de discos en todo el mundo y que llenan estadios y demás recintos deportivos en sus giras. Todas esas personas tienen un mal gusto musical. Las casi 80.000 personas que hubo en el último concierto de Maiden están equivocadas y los cuatro gatos que van a ver a grupos de Rock independiente a actuar en bares o en salas pequeñas y que no los conoce ni Dios, sí, esos sí saben qué música es la mejor. El Heavy, el Hard Rock, eso es música para los cavernícolas, esos que llevan melenas y chupas de cuero. Todos vamos con el paso cambiado y ellos, los gafapastas, son los que todo lo saben, los que únicamente saben dónde está la buena música, la buena literatura y el buen cine. Aún recuerdo cuando hace años, uno que supuestamente es periodista y que trabajaba para un conocido periódico de este país, un pseudo-intelectual conocido por ser un amante de las tendencias alternativas gafapastiles, asistió con otro amigo de la misma índole a un concierto de Saxon en Barcelona para posteriormente escribir una “reseña” en la cual ridiculizaba todo lo que en dicho concierto vio, incluso tildando a los allí presentes de homosexuales por llevar melenas y pantalones vaqueros estrechos, caricaturizándolos y burlándose del tipo de música que sonó aquella noche. No voy a decir ni su nombre ni os pondré el enlace a su crónica del concierto porque no merece ni la más mínima atención, os lo aseguro.

Así que desde aquí, le digo que si quieren sentirse interesantes  de verdad, es preferible que no lo hagan criticando todo lo que se salga de su entorno intelectual. Les invito a que sean creativos, que conozcan más allá, que no sean unos falsos intelectuales que copian cual loros todo lo que oyen o leen de los demás. Sobre gustos no hay nada escrito, a cada uno le puede gustar una cosa u otra, pero este tema lo toco porque ya no es un tema sobre gustos musicales, esto trata sobre la tremenda intolerancia, ignorancia e hipocresía. Siempre me ha crispado la gente que intenta ir de lo que no es, que se refugian en algo para así intentar aparentar ser algo más. Autenticidad señores, eso es lo que os falta.

¿Por qué tú, Superman?

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Superhéroes

¿Qué niño no ha sentido alguna vez predilección por algún superhéroe? Cuando éramos unos niños pasábamos largas horas imaginando ser algún superhéroe, algunas veces uno y otras otro. Cuando jugábamos con los demás niños del colegio a ser superhéroes, siempre existía la típica rencilla porque alguno se pedía ser el superhéroe que quería el otro. Y es que es muy extraño que un niño no sienta deleite por estos personajes enfundados en sus extravagantes uniformes y haciendo gala de sus extraordinarios poderes para combatir el mal y la injusticia, en el mayor de los casos.

Son muchos los factores que hacen que los niños sientan esa atracción por los superhéroes. El carisma, el tipo de vestimenta que lleven, su popularidad, sus poderes. Muchos son los motivos que pueden hacer que un niño tenga cierta empatía con algún o algunos personajes en concreto. Pero sean cuales sean esos motivos, lo que siempre me ha gustado de todo este ambiente imaginario y fantástico, son los valores que de estas historias emanan. Aunque la comparación pueda parecer muy osada e incluso ridícula, esto me recuerda en cierto modo a las religiones. Elijas la religión que elijas, esa religión está destinada a crear buenas personas (eludiendo creencias radicales y sectarias). Ya seas musulmán, cristiano, judío, protestante, budista, cualquiera de estas religiones tienen como meta hacer de las personas algo mejor. Y eso es precisamente lo que veo en los superhéroes, sean cuales sean, sean éstos como sean. Los superhéroes dan ejemplo, inculcan valores, enseñan el significado del bien y la justicia. Esos valores son fundamentales, esenciales por y para la convivencia colectiva, y me parece grandioso que los niños tomen conciencia de ellos desde bien temprano.

Puedes indagar entre todos los héroes de Marvel, DC, los cientos y cientos de personajes del Anime y del Manga japonés, etcétera. Batman, Spiderman, Thor, Ironman, pasando por otros héroes como Goku, Los Caballeros del Zodíaco, Naruto, las Tortugas Ninja, El Capitán Trueno, y una larguísima lista de personajes de ficción que luchan contra los malos, contra la maldad y la corrupción. Algunos de ellos combaten la violencia con violencia, sí, por todos son conocidas las grandes e impulsivamente violentas peleas entre Son Goku y Freezer o Célula. El Anime quizás peca más de violencia en sus historias. Pero quien haya visto con atención Dragon Ball Z o series similares, comprobará la benevolencia que irradian sus principales protagonistas y su implicación por evitar siempre toda confrontación. Todo esto lo digo porque puede haber un sector que se muestre reticente a la hora de que sus hijos tengan contacto con este tipo de personajes, por miedo a que se vuelvan violentos o enloquezcan de algún modo. Solo diré que son varias generaciones las que hemos crecido viendo y adorando de la forma más sana a superhéroes de todo tipo, millones de niños en todo el mundo, y esas generaciones dan paso a las demás. Todos estos personajes son icónicos, símbolos que perduran en el tiempo y que, en mi humilde opinión, juegan un papel importantísimo y más en la sociedad en la que vivimos a día de hoy.

Esta sociedad sea hunde cada día más. Ahora nos sorprendemos más de ver noticias en las que gente buena hacen cosas buenas que cuando vemos atentados o asesinatos y violaciones entre tantos robos y corrupción. Nos sorprende más las buenas acciones que las malas. Hasta ese punto hemos llegado. La sociedad se corrompe cada día más y los valores morales parecen no tener importancia alguna. Y esto no puede ser. Son nuestros profesores y padres los principales, los que tienen el deber de educar e inculcar a los más pequeños toda la entereza y adiestramiento posible. Un niño debe de recibir un buen ejemplo tanto en el colegio como en casa. Los niños deben de aprender no sólo matemáticas o letras y bellas artes, deben de aprender a convivir, tener un alto nivel de civismo. Estos valores lo pueden ir adquiriendo de distintas formas, mediante la cultura, el deporte, la música, y por supuesto, mediante la fantasía, la imaginación. El conocimiento es infinito, el aprender no ocupa lugar ni espacio.

El superhéroe más grande de la historia

¿Por qué tú, Superman? Me pregunto a mí mismo. ¿Es por tu elegante y majestuosa capa? ¿Es porque puedes volar a la velocidad de la luz? ¿Será por tu infinito poder? ¿Es por esos rayos tan chulos que te salen de los ojos capaz de derretir cualquier cosa, o por ese súper aliento capaz de congelar una ciudad entera? No, no fueron los poderes de Superman lo que me atrajo principalmente, sino la historia que hay tras él, su historia, y por supuesto, su delicadeza, su sensibilidad. Lo que más me marcó fue el enorme concepto de la educación y el saber estar de Clark Kent y el coraje, la valentía y las agallas de Superman.

1351014506_1Su origen, es conocido por todos, o por la inmensa mayoría. Un chico proveniente de un planeta llamado Kriptón, que cae de las estrellas y que es adoptado por una pareja de entrañables campesinos, Jonathan y Martha Kent. Los padres que todos querríamos tener. Desde el primer instante, siempre me llegó al corazón cómo ambos trataban a Kal-El, como así se llama realmente Clark. Éste sufría demasiado, veía lo distinto que era del resto de los niños, nunca le fue fácil asimilar que no era como los demás, siempre se sintió como un bicho raro. Y sólo el cariño de unos padres encantadores que le dieron todo lo mejor que podían dar, hizo que siguiera adelante y que pudiera convertirse en el mayor ejemplo para la Humanidad. El apoyo de sus padres adoptivos fue esencial para el comienzo del mito, del mayor héroe que jamás se ha visto: Superman. No puedo no mencionar por supuesto a sus padres biológicos, su padre, el científico Jor-El, y su madre Lara Lor-Van, ambos sacrificaron todo lo que tenían por su único hijo.

Clark Kent es el hijo modelo, un trabajador ejemplar, el perfecto ciudadano. Habla correctamente, no infringe norma alguna, su comportamiento es óptimo, su concepción del respeto y de la responsabilidad es excepcional. Representa de manera insuperable la fidelidad y el amor por los suyos. Y Superman, qué podemos decir de él, de su papel como el Hombre de Acero. Indestructible, un ser que usa su infinito poder sólo para ayudar a los demás, para conseguir la armonía que la sociedad necesita. En más de una ocasión me he preguntado en algún momento: ¿qué haría Superman? Y es que este personaje me ha ayudado a ser mejor persona, a impregnarme siempre de todo lo bueno y apartar de mi todo lo nocivo, todo lo que dañe a mi persona y a los demás, principalmente a los míos, los que me rodean y me hacen sentir querido e importante. Desde pequeño he visto en él un referente más.

Y por si fuera poco, si añadimos a esto al inolvidable e inigualable Christopher Reeve, la cosa ya es superior, tremendamente inmejorable. Para mí, Superman es y será siempre Christopher Reeve y éste siempre será Superman. Crecí con Superman, crecía viendo a este sensacional actor al cual la vida no lo pudo tratar con mayor severidad. Superman siempre será él. Todo un ejemplo de fortaleza, todo un ejemplo de superación personal. Supo sacar todo lo mejor de sí mismo para seguir ayudando a los demás, y es que Christopher Reeve dedico el resto de su vida a ayudar a todos aquellos que sufrían una discapacidad física o psíquica. Tras su desgraciado accidente, el actor viajaba por numerosos países dando charlas motivacionales a todo tipo de personas, principalmente a aquellas afectadas por algún tipo de discapacidad o enfermedad. Su caso me conmocionó, jamás olvidaré aquellas lágrimas, las lágrimas de un niño que vio sufrir de esa manera a su mayor ídolo, al que fue y será siempre la imagen del mito, del mayor superhéroe de todos los tiempos.

Tras la cruz que simboliza el cristianismo, el símbolo de Superman es el símbolo más reconocido por la sociedad mundial. Este es un ejemplo de la grandeza de este personaje.

Creado por Jerry Siegel y Joe Shuster a finales de la década de los años 30, Superman es todo un ícono mundial, ha sido objetivo de innumerables adaptaciones en distintos medios, cuenta con un sinnúmero de referencias musicales, parodias, homenajes de todo tipo y una vasta comercialización y sobre todo un increíble impacto social y cultural.

Cuando era pequeño, solía coger el delantal de cocina de mi madre y me lo colocaba a modo de capa y así, pasaba las tardes jugando a ser Superman, haciendo como el que volaba por todo el jardín de nuestra casa, imaginando que surcaba los cielos y hacía frente a los malos. Lo recuerdo con mucho cariño. El delantal era blanco y de cuadros azules y solía estar salpicado de machas de aceite o grasa. Normal, era un delantal de cocina. Pero me daba igual, era tal mi pasión por Superman que no me importaba lo más mínimo. Por suerte para mí, mi madre parece ser que se compadeció al verme y me regaló una elegante capa roja hecha por ella misma. Ya directamente ni me la quitaba, pasaba los días enteros con la capa puesta. Hasta quería llevármela puesta al colegio, algo que con el tiempo agradecí que mi madre no me dejara, sino hubiera sido el maldito hazmerreír de todos los compañeros de clase. Sentía verdadera devoción por Superman, la misma que siento ahora.

Son muchas las noches en las que, mientras concilio el sueño, imagino que surco los cielos como él, con mi capa roja. Gracias Superman, por hacer que nunca dejemos de soñar con algo mejor, con algo maravilloso.