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Passion – Let The Future Begin [2013]

Cover

De lo más bonito que he escuchado en mucho tiempo. Una música extraordinariamente elegante y enérgica, unas letras cargadas de amor y optimismo, justo lo que más necesitamos ahora, valentía y coraje. Conocí este proyecto musical de pura casualidad gracias a YouTube y sus vídeos relacionados. No recuerdo exactamente qué grupo andaba yo escuchando en ese momento, el caso es que justo al margen derecho me apareció un vídeo que llamó mi atención, tanto por el título de la canción como por la imagen predeterminada que mostraba el vídeo en el menú. El vídeo en concreto fue este:

Me transmitió paz, armonía, vitalidad, sentimiento. No tardé en seguir viendo los vídeos relacionados a Passion y por supuesto, sin pensarlo indagué en qué consistía todo lo que envolvía a esta música tan espiritual.

Supe así que Passion es una banda de músicos que desde 1998, llevan a los corazones de miles de personas una música, bajo la etiqueta del Modern Rock, cargada de amor y alabanza a Dios, pues es una música puramente cristiana. Y qué música, amigos míos…

Mensaje de paz

El Rock Cristiano siempre me ha parecido soberbio, ahí tenemos muchos casos, como por ejemplo Eden Curse, o los míticos Stryper o White Lion entre otros. Desde hace décadas, el Rock ligado al cristianismo y al mensaje de Jesús siempre ha estado ahí, regalando temas emotivos, llenos de afecto, llenos de energía vital. Passion es pura energía, vida, dinamismo, el aliento y entusiasmo que necesitamos. Y sí además, eres como yo, un amante incondicional del Rock más melódico, no puedes dejar pasar la oportunidad de deleitar tus sentidos con Passion.

Déjame decirte, que independientemente de cuál sea tu religión, o incluso si no eres una persona religiosa, esta música, ayuda.  Jesús es amor, ellos cantan a Jesús únicamente, olvídate de encontrar letras dirigidas a temas ortodoxos, a pasajes bíblicos, o creencias retrógradas, todo lo contrario. Son letras con un mensaje positivo, un mensaje de amor, el mensaje que Dios siempre ha mandado y que tanto ha malinterpretado el Hombre y su Iglesia. Somos Hijos de la Luz, del Universo, de Dios, llámalo como quieras, ten la fe que quieras, cree en lo que quieras, pero somos esa Luz, somos ese Universo, nosotros somos Dios, Dios está dentro de nosotros. Amemos, y respetemos, no excluyamos y repudiemos al prójimo.

Musicalmente, una delicia a escuchar

Además del mensaje claro de amor y paz, Passion es una música muy enérgica, como no podría ser de otro modo. Un Modern Rock, incluso con algún tema más apegado al AOR, que encandila tus oídos desde el primer momento. Como resalté anteriormente, este proyecto perdura dese 1998 y cada vez va teniendo más repercusión, tanto en EE.UU como en el resto del mundo. Este último disco ha llegado al número uno, manteniéndose durante varias semanas en esa posición en el mercado norteamericano, teniendo una buena acogida también en varios países de Europa como Inglaterra o Francia. Son varios los músicos que acompañan cada año esta pasión, varios artistas invitados, pero son un grupo de músicos los que siempre están tras la creación de esta maravillosa música, y esos son: Chris Tomlin, David Crowder, Charlie Hall, Matt Redman, Christy Nockels, and Kristian Stanfill. Estos artistas han dedicado toda su vida a la música cristiana, siempre colaborando juntos en sus conciertos, acompañados de otros artistas que intervienen en este proyecto eventualmente, como Colton Dixon, el cual apareció en esta última edición de la gira de Passion.

Let The Future Begin es su último disco, grabado ante más de 60.000 almas en Atlanta, Georgia. Sólo he tenido el placer de escuchar sus dos últimos discos, este y su penúltimo trabajo, White Flag y he de decir que estoy encantado, maravillado. Esta música ha calado muy hondo dentro de mí, y ya es imposible que salga de mi vida. ¿Crees que resulto exagerado? Créeme, es imposible que lo sea  ante temas como Revelation Song, el tema más impresionante de este disco, un tema apasionante, conmovedor, épico y melódicamente perfecto. El tema está compuesto por Jennie Lee Riddle y está interpretado por la preciosa  Kari Jobe, la que ha hecho sin duda alguna, la mejor versión de Revelation Song, un tema que desde hace más de una década impresiona a los amantes de este género.

Children of Light (feat. Kristian Stanfill), Whom Shall I Fear (God of Angel Armies) [feat. Chris Tomlin], We Glorify Your Name (feat. Chris Tomlin), Here’s My Heart (feat. Crowder), My Delight Is in You (feat. Christy Nockels), un tema muy emocionante. Todos, todos los temas son sensacionales, cada uno alcanzando tu corazón, todos encienden tu alma, todos los temas de este disco son alentadores. Imposible no destacar otras canciones como Shout (feat. Chris Tomlin & Matt Redman) o la emotiva In Christ Alone (feat. Kristian Stanfill) sin dejar una de mis preferidas, Come to the Water (feat. Kristian Stanfill):

Te invito  a que te dejes llevar por esta música, olvida por un momento cualquier prejuicio o convencionalismo, piensa en ti, sólo en tu existencia, en tu paz interior, en tu conexión con los demás y todo lo que te rodea, tu esencia, tu luz, tu amor. Eres un ser único e irrepetible, no olvides que vives y disfruta de cada momento con las manos alzadas y el corazón altivo.

Repite conmigo, ¡soy un ser de Luz!

El bodyboard

bodyboards-panorama

Fuente: kccsecurity.com/author/mobieagle/

Corcheros antes que surferos

Los que ya tenemos unos años, concretamente los que nacimos en la década de los ochenta y además nos hemos criado en una zona costera, hemos tenido contacto, algunos más y algunos menos, con el bodyboard, o en términos más coloquiales, con el boogie. Y esto lo digo porque, ¿quién en la década de los noventa no probó surcar las olas con uno de estos boogies? Aunque sus orígenes se remontan un siglo atrás, el bodyboard tuvo una gran repercusión internacional en las décadas de los ochenta y noventa, sobre todo en esta última. Era raro ir a la playa y no ver a una gran cantidad de chavales de entre los 9-17 años surcando olas con un boogie o corcho, como también se le denomina. A día de hoy en verano verás a algunos, pero nada comparado como hace veinte años, y esto, para los que somos amantes de los deportes acuáticos y sobre todo nostálgicos, tenemos buena cuenta de ello.

No exagero si digo que al llegar la primavera, todo adolescente, generalmente chicos más que chicas, ya pensaban en meterse a coger olas con el boogie, y los que no, pronto caían en la moda de tener uno. Y es que sí amigos, como muchas otras, durante los años noventa el boogie fue una auténtica moda, todo un furor entre los más jóvenes. En absoluto digo esto con un tono peyorativo, ¡para nada, todo lo contrario! Precisamente muchos de los surferos de mi generación lo son gracias a esa moda por tener un boogie. Muchos hemos sido corcheros antes que surferos.

Publico esta entrada porque desde que me metí en el mundo del surf he dejado bastante de lado el bodyboard. Pero ahora, como buen nostálgico, me apetece comprarme un buen boogie y retomar este deporte que, en mi humilde opinión, es más entretenido y divertido que el surf, aunque sobre esto haré hincapié un poco más adelante.

Este verano, al igual que hace casi veinte años, toca comprar un boogie. Ahora ya uno tiene una edad y una experiencia, pero recuerdo con mucho cariño aquella mañana en la que mi madre nos regalaba a mi primo Leandro y a mí unas tablas de bodyboard. Los dos íbamos con las mismas, exactamente iguales. Dos corchos muy estrafalarios, uno de los varios modelos que se vendían en los supermercados Hipercor en aquellos días, con unos colores muy llamativos en la parte de arriba y amarillo por abajo. Esos eran los boogies que elegimos.

La dichosa capa deslizante

Con los días, mientras pasábamos largas horas hablando de bodyboard entre nosotros y con más chavales, aprendimos que los mejores boogies eran los que llevaban capa deslizante, ¡y los nuestros no llevaban! Nuestra inexperiencia nos hizo elegir unos que no tenían esa capa deslizante en la parte inferior del corcho y que sí poseían los boogies más chulos y que sólo los más guays de la playa llevaban. Al recordarlo me río de cómo mi primo Leandro y yo nos mirábamos con cierta resignación al ver que todos los chavales nos decían -¡cómo si ya no lo supiéramos!- que nuestros boogies no eran de capa deslizante, haciéndonos sentir como unos novatos pringaos. Aunque tampoco es que fuera un trauma, porque una vez que nos metíamos en el agua, pronto nos olvidábamos de si nuestras tablas tenían o no capa deslizante, porque surfeábamos igual de bien que todos esos chulitos que tenían esos boogies tan pro. Es cierto que con capa deslizante es mucho mejor tener un boogie, pero mi experiencia os dice que de verdad la diferencia no se nota lo más mínimo. Era más el hecho de vacilar con que se tenía un boogie de ese tipo que el hecho de tenerlo en sí. Cosas de niños…

Momentos para el recuerdo

Nos lo pasábamos genial, ahí con los demás cogiendo olas, alguna bastante puñetera, nos sentíamos los reyes del verano. Llegábamos a ser tantos ahí corcheando que éramos un espectáculo. Recuerdo que mucha gente se nos ponía a mirar, muchos eran padres que alucinaban con lo que hacían sus hijos, e incluso algunos nos llegaban a echar fotos. ¡Qué tiempos aquellos!

Nosotros personalmente solíamos pasar las tardes enteras con el boogie, ya que era por la tarde cuando mi primo y yo solíamos ir a la playa juntos. Jamás olvidaré esas puestas de sol y esas últimas olas que surcaba antes de secarnos e irnos a casa. Para mí, era lo mejor del verano. Bueno, eso, y las noches en el porche de casa, sobre todo si había pinchitos y patatas fritas para cenar.

Como todas las modas, el corcheo o el bodyboarding, decayó. Ya no he vuelto a ver abarrotada la orilla de la playa de niños con boogies cogiendo olas. Pero en la actualidad observo con añoranza a esos chavales que lo siguen practicando, porque me traen a la mente recuerdos tan maravillosos y por supuesto, inolvidables.

¿Más divertido el bodyboard que el surf?

Antes os comentaba que a mi parecer, el bodyboard es más divertido que el surf. Antes que nada deciros que soy un gran enamorado del surf y de todo lo que a este maravilloso deporte rodea, no estoy en ningún momento infravalorando al surf ni mucho menos. Pero, ¿por qué pienso así? Pues porque el bodyboard, a pesar de que también es un estilo en el que se pueden hacer bastantes piruetas y puede ser bastante técnico, es muchísimo más asequible que el surf. Por norma general, a una persona, y siempre partiendo de la base de que tiene una correcta complexión física y es apta para el deporte, se le hace más costoso aprender a hacer surf que a corchear. Uno se hace más pronto al bodyboard y, muy importante, este estilo no frustra como sí lo hace el surf. A paciencia siempre he dicho que no me gana nadie, y menos cuando algo me hace tanta ilusión como el surfing, pero tengo que reconocer que hubo un momento en el que el surf me frustraba por lo difícil que me parecía. Y amigos, no soy el único al que le ha pasado esto, creo que nos pasa a todos cuando nos acercamos a este deporte. Con el bodyboard no pasa en absoluto, pues a la primera zambullida ya disfrutas el estilo, ya disfrutas del oleaje, haces bodyboard desde el primer minuto.

«El océano es tan magnífico, tranquilo e impresionante. El resto del mundo desaparece para mí cuando estoy en una ola»
Paul Walker

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Concierto acústico de Danny Vaughn y Eric Martin en Madrid

Llevo años deleitándome con la bonita voz de Eric Martin, una de las mejores voces del AOR. Conocí a este artista hace ya siete años. En el verano de 2006, el amigo de un amigo mío tenía como hobby el coleccionar videoclips que se bajaba de internet para posteriormente almacenarlos en esos cedes Verbatim de 700Mb. Aún guardo con mucho cariño la tarrina de discos llenos de videoclips que me regaló.  Era todo un sofrito entre grupos AOR/Hard Rock y Heavy Metal, tanto de la década de los ochenta, noventa y vídeos de grupos de los años dos mil. Una madrugada de ese mismo verano me puse uno a uno todos esos discos en el reproductor del salón y fue ahí donde supe de Eric Martin por primera vez. Hacía mucho calor, no tenía sueño, así que me abrí una cerveza y me puse cómodo en el sofá, quería pasar un buen rato escuchando música y sabía que seguro conocería algún tema o algún grupo que me encandilara. Entre esos vídeos se encontraba el de Mr.Big, concretamente el vídeo correspondiente a la canción Shine, la primera que escuché de ellos y sin duda, mi favorita del grupo.

No tenía ni idea de quiénes eran, no sabía nada del grupo que estaba viendo, pero la canción, por muy comercial que sonara, porque eso sí, la estética del video y del grupo y la canción en sí, no pegaba casi nada con la del resto de canciones de los grupos que en esos discos había, me encantó. Incluso llegué a pensar que a este chico se le había colado el vídeo ese sin querer en el recopilatorio. Lo curioso de todo fue que pensé que el cantante, Eric, era un chaval de unos veinte años, y cómo fue mi sorpresa cuando me enteré que en esos años era un cuarentón. ¡Y es que este hombre parece que ha hecho un pacto con el diablo! Ahora, metido en los cincuenta, sí se le notan los años, pero a principios y a mediados de la década pasada, realmente llamaba mucho la atención que con cuarenta años aparentara muchos menos. Mirad el vídeo de Shine y sabréis a lo que me refiero.

Dejando tonterías aparte; la canción me pareció fantástica y su voz me enamoró. Una voz rasgada, delicada, muy personal, tanto que durante todos estos años sólo he encontrado una voz que se le parezca, aunque salvando las distancias, y es el cantante de Heartland cuya voz se asemeja un tanto a la de Eric. Y es que eso precisamente me encanta, un cantante que tenga una voz totalmente única y reconocible. Como es el caso de Andi Deris, Bruce Dickinson, Michael Kiske, y por supuesto, Eric Martin. Son muchos los cantantes que poseen voces totalmente sorprendentes, como la voz de Danny Vaughn, pero cantantes con esa tonalidad de voz, hay muchos, cantante con voces potentes, con grandes agudos y demás los hay a montones, y es por eso que valoro mucho las voces tan personales y palpables, esas voces que reconoces al segundo.

Lógicamente me metí de lleno en la banda, escuché todos los discos de Mr.Big y Eric Martin en solitario, me enamoré de temas como To Be With You, Take Cover, Promise Here The Moon, Wild World, Everytime I Think Of You, These Are The Good Times y un gran etcétera. Canciones que formaron, desde la primera vez que las escuché, parte de la banda sonora de mi vida, canciones imprescindibles para mí.

El concierto comenzó con la actuación, igualmente en acústico, de Manuel Seoane, cuya banda ha sido reformada y donde la formación actual la constituye Johnny Benson (Bai Bang) a la batería, Tobbe Skogh (Carnival Sun) encargado del bajo, Mikkel Henderson (Fate) al teclado y el mismísimo Danny Vaughn (Tyketto) a la voz. No lo pudieron haber hecho mejor, tocando temas de su Burning Kingdom y una sensacional versión de Here I Go Again del supergrupo ochentero Whitesnake. Danny, al igual que Seoane, se mostró muy simpático y cariñoso con el público allí presente. Nos sorprendió a todos con la gran voz que posee. Sin duda Manuel Seoane ha hecho un magnífico fichaje para continuar con su grupo.

El momento esperado de la noche llegó cuando Eric se subió a la tarima. Ya sabía que era un tipo muy divertido y bromista, ¡pero no tanto! Estuvo durante todo el concierto haciendo reír a todos, siempre con sus gestos y bromas. Donde más me reí fue cuando dijo en mitad de la canción: aquí es donde viene el sólo de Richie Kotze o cuando comenzó a hacer un solo de guitarra y paró a los pocos segundos diciendo que era muy bonito, sí, pero era lo único que sabía hacer.

Principalmente se centró en temas de Mir.Big, y para mí, como comprenderéis, el momento más especial fue cuando interpretó Shine. Al poco de finalizar el concierto, Danny y Manuel Seoane se unieron a Eric Martin para cantar algunos temas juntos. El trío nos regaló un momento inolvidable cuando tocaron Wild World, sin duda el mejor momento del concierto, fue la canción más celebrada por el público.

Tuve la suerte de poder estar con Eric al finalizar el concierto, sólo unos segundos, le di las gracias por la gran noche que nos hizo pasar y el me miró sonriendo devolviéndome las gracias. Un cantante extraordinario, un artista muy profesional y una persona encantadora. Así es Eric Martin.

Desde aquí, darle las gracias a este gran artista por tan mágico momento. ¡Muchas gracias!