Conciertos

Concierto de DARE en Madrid. Un sueño hecho realidad

Desde el primer momento que conocí a DARE ya ansiaba el poder verles en directo. Fue un amor a primera vista, o mejor dicho, a primera escucha. Jamás olvidare aquella madrugada, en la que casualmente me di de bruces con uno de los mejores temas de este grupo, We Were Friends perteneciente a su mejor trabajo, BeliefLa armonía de ese disco penetró hondo en mi interior, atravesando todos mis sentidos y haciéndolos vibrar como nunca. DARE había tocado mi alma y ésta bailaba al son de su música.

Contábamos los días que faltaban para el concierto, el ansia se hacía cada vez más exorbitante y no era para menos, sabíamos que esa noche, sería una noche inolvidable para todos nosotros. Poder escuchar en vivo y en directo esas canciones que tanto han hecho huella en nuestras vidas era algo que nos embelesaba a cada momento. Y así fue como Erik, Sandra y yo, estábamos expectantes casi en primera fila esperando ávidamente el inicio del concierto. Por cierto Erik, por un momento llegué a pensar que no veríamos juntos el concierto, estabas peor que Wally, ¡lo que me costó encontrarte jodío!

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Magnífico fin de semana en Sevilla, con motivo del concierto de AC/DC

Paseando por las hermosas calles de Sevilla, quedé asombrado por lo que se podía apreciar en el ambiente. Gente de todo tipo, de todas las edades,  con sus grupos de amigos, sus parejas, y lo que más atrajo mi atención, familias enteras, padres y madres, con sus hijos cogidos de la mano, todos con camisetas de AC/DC, compartían con alegría una misma ilusión, disfrutar de un bonito fin de semana, viendo a una de las bandas más importantes de todos los tiempos. Era de esperar, el concierto de AC/DC, no pasaría desapercibido en la capital hispalense.

Desde hacía tiempo, ansiaba la llegada de este fin de semana, el cual, marcaría en mi vida, un antes y un después. Este fin de semana no sólo ha supuesto para mí alegría y diversión, sino que ha cerrado eternamente una cansada etapa en mi vida, y ha abierto una nueva, que trae consigo cambios inminentes tanto en mi vida personal como en la profesional. Una nueva etapa en la que me encamino muy feliz, orgulloso de mí mismo y satisfecho.

Tras pasar un día espléndido, en el que disfrutamos de un exquisito almuerzo en un buen restaurante, y nos deleitamos saboreando unos deliciosos helados ya entrada la tarde, nos preparamos para poner rumbo al que sería uno de los conciertos más multitudinarios a los que he podido asistir en estos últimos años.

Más de 60 mil almas abarrotaron el Estadio Olímpico de La Cartuja. Y es que era de esperar. Al llegar a los alrededores del estadio, podías observar a docenas de autobuses allegados de todas partes, a miles y miles de personas congregadas allí, comiendo, bebiendo, riendo, en definitiva, preparándose para pasar una noche inolvidable. Una vez dentro, nos situamos en mitad de la pista, cerca de la pasarela que erigieron para que los músicos pudieran acercarse a un mayor número de gente.

A medida que los teloneros, Los Perros del Boogie, finalizaban una actuación más que notable, el estadio cada vez se llenaba más y más de gente. A día de hoy sigo mirando los videos que grabamos y de nuevo, me asombro. La pista era una marea de gente y las gradas, eran como gigantescas olas que cubrían el estadio y que acarreaban a una multitud apasionada. Era algo realmente asombroso.

A la hora prevista, y con el estadio a rebosar, los australianos AC/DC, salieron a escena.

Tras un video quemolabaquetecagas y sonando los primeros acordes de Rock ‘N’ Roll Train la gente cayó presa de la locura. Allí, a oscuras, y entre miles de personas, todos saltaban, gritaban, cantaban, se abrazaban, se besaban, otros tiraban sus cervezas al aire, y es que parecía nuestro último día en la tierra, ¡y qué si lo hubiese sido!, no habría mejor manera de despedirse de este mundo.

Tras la primera canción, les siguieron portentos como Hell Ain’t a Bad Place to Be, Back in Black, Big Jack, Dirty Deeds Done Dirt Cheap, Shot Down in Flames…¡extasis total! Era tal la alegría que podías sentir, cómo se metía en cada poro de tu piel.

Angus Young, que con cincuenta y cinco años, no para ni un momento de ir de un lado a otro, nos deleita con unos culminantes solos de guitarra que en ningún momento se hicieron cansinos,  no como en otros conciertos, que te entran ganas de subir al escenario y decirle al colega, hey, deja de aburrir, llama a tus compañeros y seguid tocando el resto de los temas!! ¿Y qué decir de Brian Johnson? ¡Todo un show-man!

Mención especial a todas esas preciosas chicas que las cámaras captaron y que aparecieron en las patallas del escenario , donde se podía ver cómo se levantaban la camisa y enseñaban su encantos. Entre el concierto y esto, ¿se puede pedir más? ¡Creo que no!

Un espectáculo como Dios manda. Un escenario admirable, una puesta en escena espectacular, pirotecnia, fuegos, una gorda y gigantesca muñeca hinchable que baila al ritmo de los temas, y unos genios de la música, hicieron que me quedase embobado en más de una ocasión.

Un concierto apoteósico, frenético, delirante, enardecido, triunfante, jubiloso, algo que jamás olvidarán las personas que allí dentro, olvidaban sus problemas, despejaban sus mentes, desnudaban sus almas y saboreaban la vida de esa forma en la que tendríamos que hacerlo siempre. Sorprendía observar la felicidad de tantísima gente, gente que vive en una sociedad cargada de violencia, odios y desprecios y que allí, eran capaces de abrazar y besar a desconocidos, como aquella chica que me pidió que la subiera a hombros para luego agradecérmelo con un beso.

Llegó el momento que todos esperaban, con Highway to Hell y For those About to Rock (We Salute You) el delirio se apodero de todo aquel que allí se encontraba. ¡Y no es para menos! ¡No es ninguna exageración! Porque poder estar abrazado a los tuyos, cantando a viva voz el mítico Highway to Hell, no tiene precio.

Con el inicio de For those About to Rock todos sabíamos que el concierto llegaría a su fin. Así que todos sacamos nuestras fuerzas y unidos, despedimos el concierto como es debido, ¡a lo grande! ¡Elevándonos todo lo que podíamos! ¡Deleitándonos como nunca!

Si impactante fue la entrada al estadio, más aún fue ver la salida. ¡Eso era un océano de gente!

Para mí, era todo un honor y toda una satisfacción, ver a hombres y mujeres, de edad bastante avanzada, rondando los cincuenta e incluso superando los sesenta, entusiasmados y entregados como cualquier veinteañero del lugar.

Por eso, no, no quiero dejarlo, después de lo vivido la noche del sábado en Sevilla, jamás abandonaré esta pasión por la música y mucho menos, este frenesí por los buenos conciertos.

Desde aquí, quiero agradecerle a Sandra su insuperable compañía y el haberme hecho pasar uno de los mejores fines de semana de toda mi vida.

Tras el concierto, pasé una noche inolvidable. Esa divertida charla frente al río, en La Torre del Oro, ese paseo a las cinco de la mañana por La Catedral, no se me olvidará jamás.

Al día siguiente, pase un día precioso. Un domingo como pocos, con ese almuerzo en la Calle Betis donde degustamos el mejor pescaito frito, esos muffin de chocolate y fresa y esos mojitos en el famoso chiringuito del Puente de Triana.

¡Un beso muy fuerte preciosa! ¡Gracias por todo!

 


Dinazty + The Poodles en la Sala Caracol (Madrid)

El domingo 8 de noviembre, pude disfrutar de uno de los mejores conciertos a los que he asistido en toda mi vida, y créanme, he ido a muchos. Justo antes de que acabara agosto, me cercioré de todos los conciertos que habría en este invierno y me apunté dos que seguro caían. Hace menos de un mes, volví a Madrid para ver a los míticos GUN, un concierto asombroso el cual podéis ver la crónica pinchando en este enlace. Pero ahora era la ocasión de los suecos The Poodles.

Tras haber pasado un bonito y precioso día en Chinchón (Madrid), me esperaba una gran noche cargada de los mejor del Hard Rock actual. Tras perdernos por un momento, mi hermana y yo dimos con la Sala Caracol, ubicada en la calle Sebastián El Cano 18, algo escondida. Entramos, y el grupo telonero, Dinazty, ya habían empezado su repertorio. Tras acomodarnos y pedirnos unas cervezas, me concentré en lo que estaba presenciando, un talentoso grupo nobel también venidos de Suecia (¡menudos grupos están saliendo de ese país!). Muy buenos músicos, un cantante con una voz excepcional que nos regalaba grandes agudos, temas excelentes, estribillos melódicos y pegadizos, y una actitud en el escenario de querer comerse el mundo. Así son Dinazty y orgulloso estoy de haberlos conocido. Tengo que confesar que no sabía de su existencia hasta la misma noche del concierto y estoy muy contento de haber encontrado otra banda puntera del momento. Tras su espectacular show, bajaron del escenario y se mezclaron entre el público. Momento que aproveché para hacerme fotos con todos los miembros del grupo que fueron muy simpáticos en todo momento.

Tras una espera de media hora larga, entran en escena los caniches suecos,  que tras su concierto, tengo que decir que cada día me gustan más y que prácticamente entran dentro de mi Top-5 de grupos favoritos.

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