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Vuelta a los inicios

 

http://vimeo.com/gustavoamarante/p5

 

Mi primer contacto con esto del surfing fue hace ya muchos años, a finales de los años 90, cuando entre los más jóvenes se pusieron de moda los boogies y como ya os explicaba en la entrada de blog que dediqué al bodyboard, raro era no ver mínimo a una docena de niños en la playa cogiendo olas con sus tablas de corcho. Fue el deporte que más me cautivó en esos años de mi niñez, largas eran las horas que pasaba con mi primo y otros chavales la surcar esas pequeñas olas que tanto nos hacía divertir. Nos daban las tantas de la tarde…

Pasaron los años y sin motivo alguno, dejé de lado esta práctica. Mi adolescencia me volvió medio idiota y, entre una cosa y la otra, entre los nuevos amigos, la primera novia, y esa inmadurez que no te hace valorar las cosas como se merecen, dejé mi tabla arrinconada en un rincón de mi armario y ahí se quedó, prácticamente olvidada, siendo injusto con un deporte que tan buenos momentos me hizo pasar.

Quedando la adolescencia atrás, la idea de meterme de lleno con el surf se iba fraguando poco a poco en mi cabeza hasta que por fin di el paso, y con total decisión me adentré en este fascinante mundo del surf. Y así fue como hace unos años me compré mi primera tabla de surf y me entregué en cuerpo y alma, con toda seguridad e ilusión, a surcar las olas y de qué manera. Ahora que el surf es una parte importantísima en mi vida, no pienso en otra cosa que en mejorar y disfrutar de ello lo más que pueda, vivir todo lo bueno que pueda ofrecerme este grandioso deporte.

Y sin duda, con más ilusión aún, y después de tantos años, decido volver a surcar las olas como en aquellos días. Regreso con todo el ánimo y anhelo a la modalidad con la que me inicié en el surf, al Bodyboarding.

Un abrazo, ¡y buenas olas a todos!

Breaking Bad – El extraño caso del Dr. White y Mr. Heisenberg

Ya lo he dicho en más de una ocasión, y es que, queridos amigos, el verdadero cine se encuentra en las series de televisión. Al menos es así desde hace ya varios años. Sólo hay que echar la vista atrás y recordar series como Los Soprano, A Dos Metros Bajo Tierra, The Shield, 24, etc. Entre tanta serie de notable mediocridad y de las cuales abundan en su mayoría, nos encontramos con auténticas obras maestras, con un arte exquisito que se nos muestra a modo de ficción y por entregas. Cuando comencé a aficionarme a ver series de televisión, pronto me convertí en un serieadicto, por poco que me llamara la atención una serie, la acababa viendo entera. Pero con el tiempo, tras visionar series de tal calibre como las anteriormente mencionadas u otras como Galáctica, Dexter, Perdidos, Prison Break, por nombrar las más notorias, es lógico y habitual que el telespectador medio vea cómo sus gustos por las series se refinen y ya no se conforme con tan poco.

Pasé entonces a seguir por completo sólo esas series que lograban engancharme tanto o más como las que había visto con anterioridad. Las cribaba a todas y me quedaba sólo con un par de ellas o a lo sumo tres. Y las que me entretenían solamente, pasé a verlas sólo de vez en cuando y sin la intención de seguirlas concienzudamente. Por supuesto, a esto hay que sumarle que con los años, cada vez parece uno tener menos tiempo para estas cosas. Así que el poco tiempo que hay para ver series hay que dedicarlo precisamente a esas buenas series que tanto merezca la pena ver.

Así fue como llegué este pasado verano a decantarme por Breaking Bad. Sabía por boca de todos que era una gran serie, y de hecho la serie llamó mi atención mucho antes, pero entre la falta de tiempo y que por entonces estaba visionando algunas a las que les había dado preferencia, no fue hasta este verano cuando me metí de lleno en la vida de Walter White. Sabía que me encantaría, sabía que toda esa amalgama de excelentísimas críticas que la serie ha cosechado temporada a temporada no sería una exageración por parte de la fandom. Y por eso decidí que Breaking Bad sería la serie idónea para este verano, quería disfrutarla a mis anchas y dedicarle el tiempo que fuera (y mereciera).

¡Y qué destino el mío! ¡Qué potra he tenido! Porque, amigos míos, he podido disfrutar, capítulo a capítulo, sin parón ninguno, de la mejor serie del mundo. Capítulo a capítulo, temporada tras temporada. Me siento afortunado de poder haber visto una serie así de esta manera, toda seguida, como ya hiciera con otras grandes series años atrás. Hay gustos para todos, y cada uno lo disfruta a su manera, pero sé que mucha gente tuvo que esperar tediosamente durante algo más de un año para ver que ocurría tras el final de la tercera temporada. Así que, permitidme que me regocije y me sienta orgulloso de haberla visto toda de golpe. Me sentía afortunado por terminar de ver uno de los tantos buenos e impactantes episodios, y sin dificultad e inconveniente alguno, poder disfrutar del siguiente y del siguiente hasta, así, terminar de verla.

De esta forma pude apreciar aún más la tremenda transformación de la serie y sus personajes, sobre todo de Walter y Jesse. Viendo la serie como la vi, pude distinguir y tener en cuenta la evolución de la misma, evaluar meticulosamente el desarrollo de la trama, el progreso y el cambio en los protagonistas, y aún más, pude estar atento al evidente despliegue de giros argumentales que la serie tiene.

Su primera temporada no es ni de lejos tan espectacular como las siguientes, y me vais a permitir que incluso diga que la serie parece otra. En la primera temporada, que consta de tan sólo siete episodios, vemos a dos mojigatos que se meten en el mundo de las drogas, una nueva tragicomedia al estilo Weeds. Walter White (Bryan Cranston) es un profesor de química en un instituto de Albuquerque, Nuevo México al que le diagnostican cáncer terminal de pulmón y que, con el miedo de morir tempranamente, decide meterse en el mundo del narcotráfico para así poder pagarse el tratamiento y permitir que su familia nunca pase apuros tras su muerte. Para ello cuenta con la ayuda de su ex alumno Jesse Pinkman (Aaron Paul) un joven muchacho, mal estudiante y adicto a las drogas y a las juergas, con apariencias de no tener ningún talento innato, sin expectativas de futuro. Para colmo, el cuñado Walter, Hank (Dean Norris), trabaja para la DEA (Drug Enforcement Administration).

Pero nada más lejos de la realidad, pues en la segunda temporada, ya no vemos a dos inexpertos intentando cocinar metanfetamina y jugando a ser narcos, la serie da un giro de tuerca y comienza a generar una atmosfera mucho más seria y malhumorada. Y como dijo el propio Walt en el episodio titulado «Say My Name», Walter se refiere a sí mismo y Pinkman como «los dos mejores cocineros de metanfetamina en los Estados Unidos«.  La serie comienza a ser un drama en toda regla.  Es aquí donde la serie toma cuerpo y sorprende a cada episodio, dejando al espectador totalmente metido en la historia, y es precisamente gracias a esos episodios tan llenos de tensión y apuros, con esas escenas nunca vistas en una serie de televisión, donde Breaking Bad se gana un multitudinario e incondicional público, convirtiéndola en la serie más vista y comentada. En esta segunda temporada, mientras ambos intentan cocinar la mejor metanfetamina de los Estados Unidos dentro de una caravana familiar en mitad del desierto, Walter encuentra a un nuevo socio de negocios, Gus Fring (Giancarlo Esposito), un narco predispuesto a pagar más de un millón de dólares por la metanfetamina que éstos produjeron en el desierto de Nuevo México y que además, resulta que es dueño de una cadena de restaurantes de comida rápida. Un hombre afable y servicial en apariencia, pero que llega a inspirar miedo con tan sólo ajustarse la corbata. Hablar de la segunda temporada es hablar de un abogado de dudosa reputación que se anuncia en la televisión de forma bastante penosa con su lema «Better call Saul» (Mejor llama a Saúl). ¡Me encantó este personaje desde el minuto uno! Saúl Goodman (Bob Odenkirk) ayuda a Walter y a Jesse a blanquear los beneficios del negocio de la metanfetamina y a solucionar problemas legales con métodos muy poco ortodoxos, por decir algo.

En la tercera temporada de la serie, Walter confiesa a su mujer (que sospechaba desde hacía tiempo una doble vida por parte de su esposo) que se dedica al narcotráfico y ésta, enloquecida, le pide el divorcio. Comento esto porque creo que el personaje de Skyler (Anna Gunn), gana muchísimo peso en esta temporada, su papel llega incluso a ser tedioso para muchos seguidores de la serie según he podido leer por Internet. Tanto que hasta la propia Anna Gunn lo comentó en una entrevista reciente en el New York Times. Considero que su papel es inmejorable a partir de esta temporada, y que es precisamente gracias a sus intervenciones donde la serie recobra una mayor crudeza. Otro personaje que adquiere una gran importancia es el de Giancarlo Esposito en su papel de Gus Fring, quien ofrece a Walt tres millones de dólares por tres meses de su trabajo además de un laboratorio nuevo, moderno y totalmente completo y con un brillante asistente, Gale (David Costabile). Gus no es partidario de que Jesse, al cual considera un simple drogadicto, trabaje para él, pero Walt lo quiere a su lado, y aquí se complican aún más las cosas. Debido a que Hank va tras los talones de Jesse Pinkman, éste amenaza con entregar a Walt si es arrestado.

Ver esta serie es como ver un coche arder. Arde, parece que va a explotar de un momento a otro, pero sigue ardiendo y no sabes cuando explotará

Y es en este preciso momento, al menos así lo considero yo, donde existe un punto de inflexión. Es aquí donde somos testigos de cómo los protagonistas de la serie cambian radicalmente. Aquí es donde se asienta esa transformación, Walter ya no es Walter, ahora es Heisenberg a todas horas del día, ya no será tan fácil para Walt llegar a casa y quitarse el traje del famoso Heisenberg, porque ahora más que nunca, Heisenberg está siempre presente y continuamente actúa como tal. Es como si ese alter ego por él mismo creado se hubiera apoderado de él, le hubiese fagozitado. Y quizás sea por la razón de que Walt ve en el reflejo de Heisenberg lo que siempre quiso ser, un líder, alguien imprescindible, todo lo contrario al antiguo y bondadoso Walter White ninguneado por sus compañeros de Gray Matter. Walter ordena a Jesse que asesine a Gale para así obligar a Gus a contar con ellos como únicos, sobre todo con Walt, como único químico profesional para elaborar la droga.

Llevo años siguiendo muchas series de televisión y jamás he visto una serie con tanto ingenio y tanta perspicacia y capacidad. Y eso es sobre todo, gracias a unos excelentes actores, porque precisamente pocas serán las veces que veas a tan buenos actores en una misma serie. Breaking Bad lleva el arte de la actuación a un nivel superior, sobre todo si nos centramos en el trabajo que hacen Aaron Paul y Bryan Cranston. Tanto que toda una leyenda del cine como es Anthony Hopkins, escribió recientemente una carta pública a Bryan Cranston para comunicarle que «su interpretación como Walter White es la mejor actuación que he visto jamás»Por otra parte, la serie contiene además una serie de elementos que ensalzan su encanto aún más, y no sólo hablo de esa metanfetamina azul y el hecho de que ésta sea cocinada en una destartalada y antigua caravana, hablo de los problemas conyugales de la familia White, las conversaciones entre Walter y su hijo Walter Jr. los Pollos Hermanos, las adicciónes de Jesse, y un largo etcétera.

Comienza así la cuarta temporada. Jesse mata a Gale, y como era de esperar, Gus decide separar a Jesse y a Walt, haciéndoles trabajar por separado. Mientras Walt cocina, Jesse acompaña a Mike (Jonathan Banks), uno de los matones de Gus, para encargarse de recoger pagas y servirle de apoyo. Y es aquí donde comienza otro trascendental punto de inflexión. Puesto que esto provoca que Jesse y Walter se distancien y entren en continuas disputas el uno con el otro. La hostilidad entre los dos se hace latente y pone en peligro el negocio. Pero lo que verdaderamente tensa la situación es que Hank, investigando el asesinato de Gale, descubre la conexión de éste con Gus. De esta forma, todo se tuerce aún más, ya que Gus, una vez que sabe de la relación existente entre Walt y Hank, amenaza a Walter y a toda su familia para no poner en peligro el multimillonario negocio. Sobra decir que a estas alturas, Walter White ha conseguido poder pagar su tratamiento sin problema alguno y, lo que es más llamativo, es que, gracias a su inigualable arte para cocinar metanfetamina de gran calidad, ya guarda más de diez millones de dólares como seguro para su familia. Lo que da de sí el negocio de la droga… Antes de que se me olvide, me gustaría destacar a dos personajes secundarios, a Skinny Pete y Badger, amigotes de Jesse y que merecen mención especial por sus apariciones, poniendo la nota cómica a tanto drama.

En estos momentos la serie está en su punto más álgido. La tensión es máxima, todo parece ir a peor, parece no haber salida alguna. El escritor de la serie, Peter Gould y su director, Vince Gilligan, hacen que la serie haya sido y sea, la mejor serie dramática televisiva de todos los tiempos. Y no, amigos, que no es una exageración. Ver esta serie es como ver un coche arder, arde, parece que va a explotar de un momento a otro, pero sigue ardiendo y no sabes si cuando explotará.

Jesse y Walter se reconcilian y se ponen de acuerdo para matar a Gus. Convencen así al antiguo criminal del cartel Héctor Salamanca, ingresado en una planta geriátrica de hospital, para que éste haga explotar una bomba suicida en presencia de Gus. Héctor logra su cometido y se mata a sí mismo, a Gus y a Tyrus, su principal secuaz. De esta forma, Walter White, alias Heisenberg, y Jesse Pinkman, destruyen el laboratorio de Gus, eliminando así toda amenaza. Fue aquí cuando ya no me hacía falta ver más para saber con toda seguridad que estaba ante la mejor serie que jamás había visto.

Walter White, la mutación de un hombre humilde e introvertido en un hombre feroz, frío, inhumano, desalmado, un hombre que no conoce límite alguno, un hombre salvaje y sin piedad.

Asesinado Gus, Walter y Jesse dan comienzo a una quinta temporada que en ningún momento decaería. Esta última temporada logra rizar el rizo, siendo aún más sorprendente que la anterior, algo que parecía difícil de superar. Walter, Jesse y Mike, comienzan a trabajar juntos. Y si la idea de Gus de ocultar su negocio  bajo una cadena de restaurantes de comida rápida, el ingenio y la perspicacia de Heisenberg iría por delante. El nuevo modelo de negocio consistiría en trabajar con un equipo de fumigadores de casas para cocinar metanfetamina en casas cerradas completamente cerradas y asiladas durante días por fumigación. Pero Hank y la DEA están cada vez más cercas de las huellas de Walt y logran identificar a nueve prisioneros y a un abogado que guardan estrechos lazos con Mike. Motivo suficiente para que nuestro querido Walt acabe con él asesinándolo. Pero por si fuera poco, Walt contrata a una banda criminal de matones neonazis para que asesine a los informantes que estaban en prisión. De esta forma, manteniendo a la DEA al margen, Walt a estas alturas, logra reunir nada más y nada menos que ochenta millones de dólares sin apenas haberse planteado si seguir o no en el negocio de la droga. Me es imprescindible destacar el coraje y la tremenda valentía que muestra Jesse a medida que avanza la serie.

Las cosas siguen retorciéndose en esta quinta temporada. Y precisamente por ser tan enrevesada esta recta final de la serie, y sobre todo, porque se me está alargando bastante este artículo, comentaré para finalizar que no había mejor manera de ponerle el broche final a esta sensacional serie de televisión. Hank descubre quién es Heisenberg y queda en shock. Pero esto no le parará los pies y sin tapujos irá tras el criminal de su cuñado. Las cosas entre Walt y Jesse vuelven a ir mal, todo vuelve a dislocarse, sus discusiones van a mayor, porque Jesse descubre algunas de las sucias artimañas acometidas por Walt tiempo atrás. Ambos querrán matarse por ello y Walt será abandonado por su familia y desenmascarado ante todo el mundo. Esto hará que Walt se vea obligado a huir de Alburquerque y a obtener una nueva identidad.

A estas alturas es cuando se da el momento más grandioso de la serie, al menos desde mi humilde opinión. Walt es despreciado por su familia y abandonado a su suerte. Ve que todo su trabajo no ha servido para nada, sólo para atraer desgracias que lo destrozarían todo. Todo el dinero que ha conseguido reunir para su familia es rechazado por ésta. Walt decide visitar a Gretchen y Elliot Schwartz, sus antiguos compañeros de Gray Matter que poco o nada contaron con él, ninguneándolo, y bajo amenaza de ser asesinados, les pide que en los meses siguientes,  y a modo de donación desinteresada de ambos, entreguen a la familia de Walt el dinero. Es en este precioso momento donde se da la que para mí es la mejor escena de tantas que tiene la serie. Gretchen y Elliot en esta escena magnifican esa sensación de sorpresa y conmoción que todos los seguidores de esta serie hemos sentido, al confrontar la cruda realidad y la impresionante transformación de Walter White, la mutación de un hombre humilde e introvertido en un hombre feroz, frío, inhumano, desalmado, un hombre que no conoce límite alguno, un hombre salvaje y sin piedad.

A pesar de que en esta entrada he destripado un poco bastante parte de la trama, me aguanto las manos y no diré nada sobre el final. Porque si has leído este artículo y no has visto la serie y no ves el final, no tienes perdón de Dios. Porque con esta entrada no sólo he querido rendir homenaje a la mejor serie del momento, sino que pretendo alentar a todos aquellos que aún no la hayan visto a que la disfruten, porque en la televisión no siempre podrás ver tanto talento y calidad al mismo tiempo.

La idílica voz de Johnny Gioeli

gioeli_slide1Con motivo del último artículo publicado sobre el Hard melódico, no he visto mejor momento que este para hablaros sobre el que es mi cantante favorito, Johnny Gioeli. Desde hace un tiempo a rondado por mi cabeza dedicarle en Anhelarium un articulo a este magnífico artista que, desde hace años, es su voz la que pone gran parte de la música en mi vida. Una voz rasgada, potente, con muchísima personalidad, una voz con un timbre y estilo único.

Como siempre he hecho cuando he hablado sobre alguien en concreto, me gustaría hacer una breve presentación. Johnny Gioeli,  es un famoso cantante de Hard Rock de origen norteamericano. Nació en Brooklyn, New York, en 1967 (en la actualidad tiene 46 años) y desde 1983, desde que tenía tan sólo 17 años, lleva dedicando su vida a la música que tanto ama, al Rock puro Rock.

A la edad de 17 años, tocaba la batería en Killerhit, un grupo que formó con su hermano Joey. No cosecharon demasiada popularidad hasta finales de esa misma década donde, tras haber asistido a varios festivales y codearse con diversos artistas pertenecientes a grupos como Poison o Van Halen, decidieron formar otro grupo llamado, Hardline.

El éxito de Hardline

Hardline fue el nuevo proyecto en el que se embarcan los hermanos Gioeli. Justo antes de editar el disco debut, el productor de éstos Neal Schon, guitarrista de Journey, quedó tan maravillado con los temas que Joey y Johnny tenían preparados para sacar al mercado que Neal pidió a Joey, si por favor, éste podía pertenecer a la banda. Poneos en situación, imaginaos por unos instantes que el guitarrista de Journey os pide el favor de pertenecer a vuestra propia banda ya que se ha enamorado de los temas que tenéis preparados. ¡Se le sube a uno el ego por las nubes!

En 1991, se edita el que es uno de los mejores discos debut de la historia del Rock, Total Eclipse, el cual se merece un artículo aparte en Anhelarium y que por supuesto, tendrá. El disco es perfecto, de principio a fin, y sin entrar en detalles exhaustivos, como ejemplo podéis escuchar los que son par a mí (y supongo que para la mayoría) los mejores temas del álbum, como Dr.Love, Takin’ Me Down y la inigualable e insuperable, Hot Cherie.

No era de extrañar el rotundo éxito que cosecharon. Sus singles de presentación sonaban una y otra vez en todas las emisoras y sus videos eran de los más vistos en la MTV. Su disco debut les llevó a girar por todo Estados Unidos y Canadá e incluso llegando a tocar en los mejores festivales de Europa.

Los hermanos Gioeli resisten a la fiebre Grunge

Ya casi entrando en el 94, el creciente movimiento Grunge parecía no tener fin, aunque irónicamente lo tuvo poco después de la desaparición de Nirvana. Incompresiblemente, han sido muchas las bandas que cosecharon un gran éxito y que, por diversas razones, acababan disolviéndose. En el caso de Hardline, las continuas discrepancias entre Neal Schon con la productora y su siguiente salida de la banda, y por supuesto, la notable insidia que se palpaba hacia los grupos de Hard Rock por parte de las productoras y medios (éstos se frotaban las manos con lo que ellos creían, iba a ser la nueva mina de oro, el Grunge) hizo que la banda quedara estancada. Tanto, que fue ya en 2002 cuando Frontiers Records, la entidad que ha hecho rebrotar la pasión colectiva por el AOR y el Hard Melódico (tanto que hasta el propio Alice Cooper ha fichado por el sello italiano) convenció a los hermanos Gioeli para sacar a la luz bajo un nuevo disco, todo aquel material que escribieron casi una década atrás.

Personalmente, Hardline II, como así se llama el segundo trabajo de la banda, no lo considero tan bueno como se esperaba y más siendo cómo fue su primer disco. La calidad de su disco debut está muy por encima y superarlo, o tan siquiera, acercarse a él, era tarea difícil. Tras varias giras y grabar un DVD en directo, siete años más tarde Johnny Gioeli, de nuevo sin Neal Schon y esta vez sin su hermanao Joey, regresó con un nuevo line-up y ahora sí, encandiló a todos con un nuevo disco de Hardline, Leaving the End Open, uno de los mejores discos lanzados en 2009 y del cual podéis leer una reseña en esta misma web. Hardline volvía a enamorar con temas cargados de melodía y estribillos pegadizos, un disco que no te puedes perder y menos si contiene canciones como In This Moment, Voices o Start Again.

Etapa en Axel Rudi Pell. Johnny Gioeli en todo su esplendor

Tras Charlie Huhn vino Rob Rock, pero la banda de origen alemán no encajaba con ningún vocalista y todo parecía ir bien hasta que el gran Jeff Scott Soto, que sería el elegido para ser el  tercer vocalista de Axel Rudi Pell, abandonó el grupo en 1997. Fue así, bien entrados en 1998, cuando el guitarrista alemán tuvo la brillante idea de reclutar en sus filas a Johnny, convirtiéndose éste en la voz de esta fantástica banda, porque ya son más de 16 años los que Johnny Gioeli lleva en Axel Rudi Pell y diez los discos que han grabado juntos. Johnny se metía en una senda más dura, probaba suerte con el Heavy Metal. Su etapa en Axel Rudi Pell comenzó con uno de los discos más venerados por los seguidores de este conjunto, Oceans Of Time, donde la clase magistral de Axel se unía a la extraordinaria voz de Johnny para crear unas canciones soberbias, como The Gates of the Seven Seals, una canción de más de diez minutos de duración, o Ashes From The Oath y por supuesto, la canción que le da nombre al disco, Oceans Of Time, uno de mis temas favoritos.

Sólo estas tres canciones causaban más agitación en los fans de la banda y en los seguidores de este tipo de música que todos sus discos anteriores, así que el camino que acababan de comenzar juntos no podía quedarse ahí, la senda marcada tendría que durar mucho más y así ha sido. Porque a este discazo le siguió The Masquerade Ball, otro portento de disco con temas tan espléndidos como The Line, Voodoo Nights, y la gran canción que es The Masquerade Ball, donde una vez más, apreciamos el brío y la tremenda calidad que posee la voz de Johnny Giolei.

Hago un pequeño break para contaros que no sólo la voz de este chico es digna de mención. Porque desde que soy seguidor de esta banda siempre he admirado el carácter de este tipo. No sólo por la calidad de su voz se ganó un puesto permanente en la banda, para los que los seguimos, constantemente podemos comprobar el encanto y el buen rollo que trasmite Johnny. Es uno de mis rockstar favoritos y precisamente porque no va de rockstar por la vida es porque me gusta. Su actitud humilde y sencilla, su cercanía con todos, en especial con sus fans. Un tío simpático, amable, un tío encantador. Os dejo uno de sus vídeos más simpáticos en este enlace.

Se rizaba el rizo, la buena honda seguía, el buen ambiente en la banda y la total integración de sus miembros se hacía notar con un nuevo disco más, el tercero de Johnny Gioeli en Axel Rudi Pell. Así, en 2002, año en que Hardline editaba su segundo disco, la banda alemana publicaba Shadow Zone y volvían a encandilar a todos, Johnny de nuevo enamoraba poniendo su voz a temas como Saint Of Fool, All The Rest Of My Life y, con poniéndoseme los vellos de punta al recordarla, mi queridísima Heartbreaker, la canción más portentosa del disco, al menos desde mi punto de vista.

Al leerme habréis podido palpar el amor que siento por este grupo, por estas canciones, por esa voz. Por discos como estos, soy el melómano que soy. Gracias al arte de todos y cada uno de los integrantes de esta banda, y de muchas más, la música es una parte esencial en mi vida. Así que desde este artículo, agradezco una vez más a todos esos músicos que nos regalan los oídos, que nos riegan de sentimiento con sus canciones.

Si de verdad te has metido de lleno en la discografía de esta banda sabrás que no exagero, que lo que lees en este artículo no es más que una ligera aproximación a lo que verdaderamente podrás sentir si escuchas sus discos. Porque dos después de publicar Shadow Zone, la banda regresaba con uno de mis discos favoritos, Kings & Queens. Con este disco volvían a entrar como un elefante que entra en una cacharrería, no pasaron desapercibidos y menos aún con ese tema, con un tema que es ya un himno, Strong As A Rock. Alucinante, ¿verdad? Es apasionante comprobar cuanta energía desprenden sus discos, y este no iba a ser menos. Porque con este disco disfrutamos del mejor Gioeli en temas como Sea Of Evil, la enérgica Flyin High, Cold Heaven, Only The Strong Will Survive, y de nuevo, una nueva power ballad que emblandece al más duro, Forever Angel.

Axel Rudi Pell demostró ser una máquina engrasada y funcionando a toda potencia. Por eso, en 2006, volvían con Mystica y con la voz de Johnny, podemos disfrutar de temas como Rock The Nations o Fly To The Moon. Es por eso que no me muerdo la lengua al decir que Axel Rudi Pell probablemente sea una de las banas más infravaloradas, puesto que no tenemos la fortuna de disfrutar de grupos que, de forma tan continua, ofrezcan tan buen material, porque ya han pasado más de quince años y estos tipos nunca defraudan, siempre están ahí, aportando y de qué manera, calidad y  sobre todo, mucha vida, a este mundillo del Heavy Metal. No digo con esto que Axel Rudi Pell no tenga aceptación ante el público jevi, porque lo tiene y mucho, pero no nos vamos a engañar, y siendo sinceros, se merecen mucho más.

Fijaos si me gusta tanto este grupo, que me he enrollado hablando sobre Axel Rudi Pell y he pasado por alto su participación en Crush 40, en un principio llamada Sons Of Angels. Johnny trabaja conjuntamente con Jun Senoue, un afamado compositor de música para videojuegos. Johnny puso voz a varios de sus temas y una cosa llevó a la otra, de tal forma que juntos, en gran parte impulsados por la gran acogida que sus canciones tuvieron sobre todo en el país nipón, decidieron crear un grupo. Ya han sacado tres discos, y han puesto la música para uno de los juegos más conocidos y amados por los gamers, Sonic The Hedgehog. Algunos temas a destacar, Revvin Up, I Am All Of Me o Live And Learn.

Tales Of The Crown sería el séptimo disco de Johnny con Axel Rudi Pell. Y como si el tiempo no hubiera pasado por ellos, como si no tuvieran ya en su haber seis discos excelentes, con la misma fuerza e ilusión nos obsequian con canciones como Riding On An Arrow o Northern Lights. Temas con la que es y fue la nueva marca de Axel Rudi Pell, canciones con un estilo único, cargados de una atmosfera especial. Reconoces un tema de Axel Rudi Pell al instante.

resize_imageY como un cuento que no parece tener fin, la inercia sigue, y no es de extrañar, pues la fuerza con la que empezaron fue contundente. Así, como viene siendo habitual, a los dos años sacaron The Crest. En 2010 volvieron a sacar otro más que notable disco. Y los fans de esta banda, agradecidos y excitados como yo, de nuevo enloquecimos al escuchar temas como Prisoner Of Love, la impresionante The End Of Our Time, pero sobre todo, la magnífica Glory Night, una de las mejores canciones de la banda en los últimos años.

En 2011 Axel Rudi Pell publicó otra nueva entrega de The Ballads, el cuarto álbum recopilatorio de sus baladas, donde en esta ocasión podemos escuchar a Johnny interpretar temas convertidos en power ballads tan significantes como el Holy Diver de DIO o Hallelujah, una canción versionada por cientos de grupos, In The Air Tonight, una excelente versión del afamado Phil Collins. Pero personalmente destaco sobre todo una de ellas, Don’t Say Goodbye, una de las mejores canciones que he podido escuchar en estos últimos tiempos.

El pasado año volvieron a la carga con otro disco más, Circle Of The Oath, un disco que sin llegar al nivel de los anteriores,  no dejó de sorprender, sobre todo con temas como Before I Die, Hold On To Your Dreams o Bridges To Nowhere.

Desde luego es una banda incansable, y los que somos amantes de este género musical, debemos estar más que agradecidos por poder disfrutar una y otra vez de la energía de bandas como esta. Pero sobre todo, de poder disfrutar de voces tan únicas y con tanta clase como la que posee nuestro querido Johnny.

Desde Anhelarium, gracias Johnny por tu entrega y profesionalidad durante todos estos años y los que quedan, y sobre todo por esa voz tan bonita que se te ha dado.