Música

¿Por qué me gusta tanto el Black Metal?

ATENCIÓN, ESTA ENTRADA SOBRE EL BLACK METAL TIENE SU VERSIÓN EN FORMATO PODCAST DONDE DURANTE CASI TRES HORAS PODRÁS EMBELESARTE CON EL MEJOR BLACK METAL Y SUS DISTINTAS VARIANTES. ¡PINCHA EN ESTE ENLACE, SUBE EL VOLUMEN Y DISFRUTA! 

He leído y escuchado muchas veces a lo largo de mi vida eso de «Me he hecho mayor, he madurado y, con el tiempo, escucho música más suave» Y a mí no me puede suceder más lo contrario. Si bien es cierto que, siendo adolescente, solía ponerme muy de vez en cuando algunos temas de Children Of Bodom o Kreator (me apasiona ese Violent Revolution), el Metal extremo no era lo mío, y el Black Metal, para ser más exacto, quedaba a años luz de mí. Lo que ansiaba a cada momento eran otros estilos de Rock y Metal, como el Hard Rock, Glam, AOR, Heavy Metal clásico y alternativo, Speed, algo de Progresivo y mucho, muchísimo Power. También ciertos básicos del Thrash, pero el Death Metal y el Black no solían envenenarme como ahora. No tardé mucho en inmiscuirme en el Death Metal, sobre todo su vertiente más melódica tipo In Flames o Amorphis, pero el Black se me seguía atragantando.

Pero desde hace apenas un año, aproximadamente, jamás me había enamorado tanto el Black Metal y toda la mutabilidad que exhibe. Tengo claro que ha sido el Post Rock más ambiental el culpable de haberme adentrado tanto en la senda más blackened. El Post Rock si es un estilo que llevo escuchando desde hace ya años, seguir su senda me llevó a rincones donde comencé a disfrutar de bandas de Ambient Black Metal y recorrer ese camino me ha lanzado a venerar la versatilidad de este género como nunca antes lo había hecho. A la vejez viruela.

Versatilidad es la palabra

Me complace, como antes ni imaginaba que pudiera hacerlo, el Black más extremo como el de Gorgoroth (claramente satanista) o Inquisition, transitando por sonidos más paganos como el de Burzum o surrealistas y tétricos como el de Terra Tenebrosa del que ya os hablé en Anhelarium no hace mucho. Y ni olvidarme de los violentos Marduk, Immortal o su reciente escisión, Abbath. Pero mi antojo por el Black Metal me ha hecho descubrir la volubilidad de esta música y la gama de contrastes que aporta, porque me envuelvo muchísimo en bandas como Wolves in The Throne Room, donde el Black Metal suena de lo más elegante y poético. Hay bandas de un corte más íntimo y melancólico como Illyria o Lustre. No me puedo olvidar de la parte Black más mustia y deprimida, orientada bastante al Depressive Rock como Lifelover o Forgotten Tomb, esta última con toques Doom. Tampoco me puedo olvidar de Enslaved, que por desgracia, me fue imposible ir a verles en su reciente visita a Madrid.

Insomnium
Concierto de Destruction en Madrid
Shadows of the Dying Sun [2014] + Flotsam & Jetsman + Enforcer + Nervosa

Por otra parte, tenemos bandas de Black Metal que experimentan con una música más diáfana como Astranoid o mis queridos Alcest, cuyo último disco, Kodama (2016), se ha alejado bastante del sonido de aquél Shelter que tanto me embelesó.


La complejidad y la sorpresa de encontrarme pasajes musicales y letras tan emotivas que me hicieran sentir tanto son los factores que, desde hace tiempo, han hecho que me beba los vientos por estos sonidos. Me gusta por la atmósfera que crea, me concede cierto recogimiento. Soy un gran amante del AOR/Hard Rock melódico, y los que os pasáis a menudo por Anhelarium lo sabéis de sobra, me encantan los estribillos pomposos, pegadizos y las melodías enérgicas que te provocan ganas de salir a la calle y disfrutar de la vida, pero no toda la música es eso. Hay momentos para todo. También me seduce la idea de salir a la calle a pasear una tarde o noche mientras escucho en reproductor de música varios discos/bandas de Black Metal por conocer. Me relaja. No seré hipócrita, y si estoy de subidón, si estoy muy contento y quiero ponerme música, sin pensarlo me pongo algo de Iron Maiden, Helloween, Posion, Ratt o a los putos FM mismamente (thaaaat giiiiirl…). Pero hay momentos y momentos, como he dicho antes. Algunas de las bandas a las que más enganchado estoy ultimamente son: TAAKE, Vreid, Vinterriket, IXXI, Saor, y muy recientemente ando encantadísimo con Downfall of Gaia. Desde Anhelarium, recomiendo con mucho elogio a todos los que se dejan llevar por esta música que escuchen atentamente todas estas bandas. Como no podía ser de otra manera, en esta entrada además recomendaré algunos discos que me han dejado absorto en estos últimos meses. En primer lugar comienzo recomendado Eldamar y su The Force Of The Ancient Land (2016). Con esta banda nos adentramos en un Ambient Black Metal de temática fantástica cuyas letras y armonías son una oda a la naturaleza apoyándose para ello en la mitología de J.R.R.Tolkien. El Suffocating in The Swarm of Cranes (2012) de Downfall Of Gaia es otro imprescindible que me apetece destacar en esta entrada para aquellos a los que les encanta el Black más atmosférico. Otro disco esencial para mí es el Ruun (2006) de Enslaved, Black Metal de sobresaliente. En su último disco, In Times, coordinan sus clásicos guturales con voz clara y se acercan un tanto a la complejidad del Metal Progresivo, dejando un disco de diez.


«¿Pero entiendes lo que cantan?»

Es lo que me han preguntado en más de una ocasión cuando me han visto escuchando esta música. Y otras cosas peores, como que me voy a quedar loco si sigo escuchando esos berridos y esas cosas. La verdad es que, ante esta pregunta, no me queda más remedio que reír, sobre todo cuando recuerdo aquella entrevista a Alexi Lahio, cuando le preguntaron por qué en el libreto del Hatebreed, su segundo álbum de estudio con Children Of Bodom, apenas venían las letras de las canciones. Ahí el amigo, con todo el arte del mundo y toda la poca vergüenza, contestó que en muchas de ellas simplemente hace como que canta y que total, nadie entendía nunca nada y en realidad solo hace ruido con la boca. Aunque, y esto lo sabemos todos, donde no se le entiende nunca es en los conciertos, porque lleva casi siempre semejante cogorza que es incapaz de vocalizar. Si con el Hard Rock entiendo casi todo lo que dicen salvo palabras sueltas, ya que mi nivel de inglés no es malo sin ser excelente, con el Black Metal al revés, sólo entiendo palabras sueltas y tengo que recurrir a buscar las letras para saber de qué tratan. Pero no todo en el Black Metal son voces guturales, muchas bandas combinan voces claras y, así, descongestionan la canción de tanta vehemencia. A mí esa mezcla de guturales y voz limpia me gusta bastante.

¿Y a ti, te gusta el Black Metal?


Vangelis – La música de las estrellas

Mi conciencia cósmica se activa y parece querer expandirse como lo hace el universo. Como si de un cosmonauta se tratara, me veo surcando el espacio exterior, contemplando el vasto imperio de estrellas y planetas. Bajo la atenta mirada de Carl Sagan, que sonríe y me guiña un ojo en señal de aprobación, con la música de Vangelis siento el anhelo de explorar esa infinidad que cuya simple idea de existencia, ya nos asombra y sobrecoge. Vangelis es para mí la música de las estrellas, la música que elegiría si fuese un autoestopista galáctico que quisiera recorrer el cosmos para complacerme observando constelaciones como la de Andrómeda.

Evangelos Odysseas Papathanassiou, así se llama este teclista y compositor griego que, desde hace casi medio siglo, nos regala piezas musicales extremadamente bellas e inspiracionales. Sus composiciones más conocidas son sin duda Conquest of Paradise, que sirvió para poner música a la película de Ridley Scott, 1492: Conquest of Paradise. Pero quizás la que más fama le ha dado, fue su magnífica Chariots of Fire en 1981, poniéndolo a la altura de grandes compositores como John Williams del que ya os hablé en Anhelarium hace unos años.

John Williams, Jurassic Park
KATATONIA en Madrid
Mi banda sonora favorita  + VOLA + AGENT FRESCO

Estos dos temas son magnánimos, imprescindibles para nuestros oídos, es imposible ser melómano y no conocer semejantes piezas musicales. También, para los que somos amantes de la Ciencia Ficción, sabemos que Blade Runner no sería lo mismo sin la aportación de Vangelis. Esta maravilla del séptimo arte, también dirigida por Ridley Scott en 1982, cobró más trascendencia con la música de compositor de Volos. Pero su discografía está repleta de temas que te sumergen en un ensueño, como Pulstar, de su disco Albedo 0.39, publicado en 1976.

Otro de mis temas favoritos es Alexander que puso música a la película de Oliver Stone en el año 2004, reflejando las hazañas de Alejandro Magno, interpretado en la piel de Collin Farrel. Un tema de los más épicos y hermosos que he escuchado nunca. Voices, álbum presentado en 1995, abre con un tema que le da nombre y que me conquista de principio a fin de lo mucho que me trasmite. Vangelis ofrece una gran paleta de sonidos, entre ellos existen piezas profundamente melancólicas como Missing, que para la ocasión, ponía música a otra recomendable película que lleva su mismo nombre, del director Konstantinos Gavras y estrenada en 1982. Regreso ahora al álbum Voices para destacar otro tema precioso, Dream In An Open Place. Un tema conmovedor y de gran excitación. En otro de sus discos, de 1977, uno se topa con otra maravilla, To The Unknow Man, cuya quietud embriaga los sentidos, siendo un tema sencillo y al mismo tiempo de los más místicos de Vangelis.

Muchos etiquetan esta música como New Age, y cierto es que muchos de los adeptos de la Nueva Era adoran la música de Vangelis. Desde luego es difícil catalogar la música de este compositor, pues se mueve por muchos estilos, Pop, Rock progresivo, psicodélico, música Ambient, orquestal, bandas sonoras. Aunque no es sólo la diversidad en su discografía la que provoca que sea algo difícil etiquetar la música de Vangelis, sino también su complejidad. No sé que me gusta más, si sus obras para cine o los temas de su época setentera tan cósmicos. Por eso os dejo destaco con fervor otro de sus temas, Hymne, esta vez perteneciente a su Opera Sauvage, álbum de 1979. Sensacional, una música cargada de magia.

Dark Bird Is Home
El día que escuché a Tchaikovsky
The Tallest Man on Earth  Si la creación del Mundo tuviera banda sonora…

Vangelis comenzó a dar clases de piano tan sólo con cuatro años, y a lo seis ya ofreció su primer concierto. Impresionante. A finales de los años cincuenta, Evangelos forma parte de un grupo de música Pop, Formnix, que arrasa en Grecia, pero una década después, se verá obligado a exiliarse a Paris tras el golpe de Estado sufrido en Grecia en 1967. Allí forma otra banda, Aphrodite´s Child que, a pesar de tener un notorio éxito, se disuelve apenas tres años después. Ya en 1970 se traslada a Londres donde al poco tiempo vio como la popularidad  y el éxito de su música aumentaban y con él, el prestigio de este compositor. Comenzó componiendo junto a otros autores de renombre como Claudio Baglioni en 1974, Richard Cocciante (para el Concerto per Margherita, de 1974), y Milva en 1981. Durante toda la década de los setenta además trabajará para diversos documentales y otras películas de baja trascendencia hasta que, en 1981, ya sería mundialmente conocido gracias a sus carros de fuego.

vangelis

Desde Anhelarium, os invito a descubrir la música de este talento único, que cerréis los ojos y, cuando lo hagáis, os perdáis en vuestros sueños.


Romanza, de Salvador Bacarisse. Melancolía, belleza, guerra y dignidad

No puedo lograr imaginar la profunda frustración y tristeza que debieron sentir todos aquellos españoles que se vieron obligados a marchar de su amado país al acabar la guerra. Salvador Bacarisse, como tantos y tantos otros, se alejó de su querida España en 1939 para refugiarse en París, ciudad que le vería morir en 1965, siempre alejado de su familia, de sus amigos, del olor de su tierra. Perteneció a la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, en la que también se encontraban otros intelectuales de la época como María Zambrano, Ramón Gómez de la Serna, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Rosa Chacel, Luis Buñuel o Luis Cernuda entre otros. Activistas de izquierda  de aquella maltratada Segunda República española que lucharon con dignidad contra el auge del fascismo en España. Y es que esta hermosísima pieza musical no sólo transmite la melancolía por haber dejado atrás todo lo que más amas de la forma más bella posible, sino la dignidad de los que lucharon por lo que más querían, por lo que creían que era lo más justo. Murieron, perdieron y se marcharon, la gran mayoría lo hizo para siempre, y nunca han tenido el reconocimiento que también ellos merecen. Compuesta en 1957, Romanza es el segundo de los cuatro movimientos o partes que componen este Concertino para guitarra y orquesta en la menor. Esos cuatro movimientos son: AllegroRomanzaScherzo Rondò. Toda la composición es impresionante, apasionada, repleta de matices y acordes preciosos. Pero me centro en Romanza, porque en ella vemos el mayor sentimiento español jamás reflejado en una obra musical. Es en este momento del concertino de Bacarisse cuando uno parte a llorar, pues impacta y estremece el drama que reflejan esos violines al entrar con esa fuerza. La armonía que logró plasmar el compositor madrileño no podría haber sido más emocionante y arrebatadora. Reflejando un talento inigualable, esta pieza, junto a su autor, siempre quedaron eclipsados por grandes artistas coetáneos como Manuel de Falla, Isaac Albéniz o Joaquín Rodrigo. Pero no puede encontrarse semejanza con lo creado por Salvador.

Esta obra maestra comienza con el raspeo de una guitarra española, orgullo sonoro de nuestra patria. Una melodía única que a todos los españoles nos llega al corazón. Cada acorde, con dulzura, parece querer traer a nuestra memoria los mejores recuerdos de nuestra vida, de todo lo que conocemos y añoramos. La sonrisa de un padre, la caricia de una madre, la risa de un amigo, los dulces besos de tu amante, tu ciudad y el encanto de sus rincones. Romanza comienza con esa melancolía que, al mismo tiempo que nos hace llorar, nos dibuja una sincera y sentida sonrisa. Pero en poco más de un minuto, la nostalgia da paso al estremecimiento con la entrada de esos violines, una entrada dramática que cala en lo más hondo de nuestra alma. Los violines evidencian el padecimiento del que sin duda fue el capítulo más negro de la historia de nuestra querida España, el estallido de la Guerra Civil. Todo comienza a marchitarse, las familias, como los sueños, se rompen. La vida no conoce más dolor. Eran días de pena, hambre, muerte y exilio. Llegaron los días más oscuros de la dictadura franquista y muchos intelectuales de la época, como Salvador, huyeron. Era una guerra entre hermanos donde cada bando pensaba que hacía lo mejor para su país y para su pueblo. Y al terminar, ganara quien ganara, era de esperar que apareciera más odio y venganza. Yo no pertenezco a ninguno de esos dos bandos, fue una guerra que no viví, como espero no vivir ninguna. Los años treinta del siglo pasado eran años convulsos en toda Europa, años de analfabetismo, miseria y violencia, donde las ideas que imperaban radicalizaban y crispaban a la sociedad. Entrar a analizar esos años no es el objetivo de esta entrada. Sí lo es el agradecer eternamente a Salvador Bacarisse que pariera esta maravilla, una página imborrable de la música española, y por supuesto, homenajear de la manera más humilde a todos aquellos que lo perdieron todo y tuvieron que dejar para siempre aquello que amaban y soñaban. Esta obra es fiel reflejo de ello. Salvador vertía en esta hermosa composición aquellas heridas de España. Profundas heridas. Esas que nunca llegaron a cicatrizar y aún siguen abiertas. Apartándome de toda ideología y confrontación alguna, tan sólo he editado este vídeo como pequeño homenaje a su autor y para ilustrarlo, sin ninguna pretensión, lo acompaño de fotos de aquellos que sufrieron esos lúgubres años de nuestra historia, pues en ambos bandos hubo gente buena, no tengo ninguna duda de ello, que sólo fueron víctimas de los días que vivieron. Es por eso que, sin demonizar ni buscar culpables, sólo emito un reflejo más de esa época que, espero, al menos nos haya servido para aprender y no volver a cometer los mismos errores nunca más. Sé que este es un tema no superado en España y tenemos que buscar todos los medios para que así sea. Ha pasado más de ochenta años y no veo que haya habido un perdón de verdad. Sólo tratando esta época sin rencores podremos avanzar como sociedad, y este país podrá ser algo mucho mejor. Hay que encontrar algún nexo de unión, porque aunque siempre existan divergencias políticas, la herida de la Guerra Civil española nunca se cierra porque nunca nadie parece querer curarla, sobre todo los que tan malamente nos gobiernan hoy día.

Por dignidad, nunca podemos olvidarnos ni de los que murieron ni de los que se fueron para no regresar jamás. Fueran del bando que fueran. En estos momentos que ansío regresar a mi tierra, y que tengo la inmensa fortuna de regresar, me conmueve enormemente pensar en todas esas personas que tuvieron que huir echando la vista atrás y llevando consigo sólo un triste recuerdo que duraría para siempre. Me aterra la idea de un exilio, de no volver a sentir lo que con fuerza siempre anhelo. Es la muerte en vida. Y aquí, es inevitable no empatizar con el bando perdedor, el que más sufrió la represalia y el exilio. No hay nada más triste que verte despojado de lo que tienes y amas.

Quizás, si los españoles nos dejaramos llevar por la evocadora música de la Romanza, podríamos cerrar este negro capítulo y mirar hacia delante, hacia un nuevo país.