Qué sería de Anhelarium sin una entrada sobre AOR en pleno verano. ¡Nada! Perdería parte de su encanto, os lo digo yo, que de esto sé un rato. De entre todas las canciones que me marcaron de pequeño, tiene todo el sentido del mundo que alguna que otra fuera algún temón AOR. Como ya me pasara con Dreams de Van Halen allá por el año 1995 gracias a la peli de los Power Rangers (podéis leer sobre esta frikada que acabo de soltaros en este enlace) y que dejó en mí, aun sin yo saberlo, la semilla de este género musical que acabaría por germinar mucho tiempo después y me volvería un loco de remate de esta música, con este tema ocurrió algo similar. The One And Only es una canción lanzada en 1991 para catapultar a Chesney Hawkes, un adolescente británico hijo de una estrella del Rock y una conocida actriz. Esta canción fue número uno en muchos países, un rotundo éxito. Incluso en España llegó al primer puesto al que se aferró durante algunas semanas en nuestra ya mítica lista de los 40 Principales. Es muy probable que, por esto último, la canción llegara a mis oídos. Y digo que tiene todo el sentido del mundo porque estábamos en los años 90 y el AOR aún tenía mucho que ofrecer aunque su inminente desatención por parte de los medios no tardaría en llegar. La llama del Adult Oriented Rock aún seguía muy viva y fue en los primeros años de dicha década cuando se parieron grandísimos discos que se conviertieron casi de manera automática en buques insignia del género consagrando de por vida al grupo de turno que les diera forma. Es el caso de Harem Scarem, Bad English, The Storm, y un grandísimo etcétera. Pero en ocasiones, no eran grandes discos los que asomaban sino sólo algunas canciones que despuntaban como es el caso de esta pegadiza canción de Chesney Hawkes. El disco es prescindible a más no poder, pero el tema en cuestión es una verdadera delicia.
Con este simpatiquísimo videoclip se presentaba al mundo este sensacional tema AOR, otro más para la colosal colección que uno puede aglutinar entre tantos y tantos discos que salieron en esos años. Ya hablé en Anhelariumsobre el AOR de los años noventa, con ese sonido tan especial que ni el mejor AOR de estos últimos años ha conseguido trasmitir. Quizás el AOR murió de éxito, pues esta radiofórmula no podía dar más de sí llegando a saturar al público en general mientras se abría a paso de mamut un estilo como el Grunge que hechizó a medio mundo y que acabaría por barrer del centro de atención al AOR.
El tema reune todos los elementos que debía tener una canción en aquellos días para que fuera un auténtico Hit. Ese guitarreo que tanto me recuerda a los temas de Mitch Malloy, un tema pomposo sobre cómo conquistar a tu chica y un estribillo ante el que no te queda más remedio que rendirte. Me acuerdo que en su momento y durante varios años tarareaba el estribillo en un inglés patético que no tenía nada que ver con el título de la canción hasta que, con los años, cuando me metí de lleno en esta música, busqué como loco este tema, pues su estribillo se me venía a la mente de manera habitual y, dando con él, volví a escucharla tropecientas mil veces más. Es ahora, en este verano de 2017 cuando tras haber estado mucho sin haberla escuchado, la disfruto de nuevo y me enamora como el primer día. Respecto a Chesney, no llegó a triunfar en el mundo de la música siendo además su trayectoria bastante corta y poco fructífera. A mediados de la década pasada volvió a estar en boca de todos por su participación en un reality de la televisión británica y, eso sí, no ha dejado de estar encima de los escenarios puntualmente para seguir deleitando al público con este gran tema.
Mi melomanía hace que nunca sea suficiente. La música es para mí como el motor para cualquier coche. Ya hace tiempo que ando metido en los rincones de la NewRetroWave, la nueva ola de música retro, o lo que os lo mismo, Synthpop a cascoporro. Fue gracias a esos vídeos relacionados de YouTube como, sin esperarlo acabé escuchando grupos nuevos que hacen música ochentera. Me hice con varios discos y esta nueva ola retro acabó por envenenarme. ¡Vaya si lo hizo! Esta música lógicamente no tiene el tirón que tuvo en sus años de gloria. Es un estilo underground que, teniendo una buena legión de fans y teniendo mucho movimiento por YouTube, no llega a las masas. Aunque exista todo un revival en estos últimos años, lejos está de vivir esa esplendor que cosechó durante toda la década de los ochenta y noventa. Pero a mí lo mainstream nunca me ha dicho nada, lo que me gusta es lo que me gusta, y me importa poco lo mucho que le importe a los demás. Aunque, y aunque suene contradictorio, si un grupo de música me gusta mucho, deseo que le vaya todo lo mejor posible y, para que a un grupo le vaya muy bien las cosas tiene que ser todo lo conocido que pueda. Pero no me desvío del tema. Este resurgir de todo lo ochentero viene pisando fuerte, tanto en películas como en series y por supuesto, en la música. ¿Prueba de ello? Véase la película Drive (2011) protagonizada por Ryan Gosling y donde este joven grupo pone de su parte en la banda sonora, la serie Stranger Things (2016) o esta nueva generación de músicos que hacen revivir los encantos de aquellos días. Los que más sobresaltan son, al menos a mi juicio, grupos como The Midnight, Fm84 o VHS Dreams.
De todos los discos retro que he escuchado es sin duda el de Electric Youth el que más me ha enamorado. La hermosísima Bronwyn Griffin y Austin Garrick son una pareja de Canadá que con este Innerworld debutaron hace tres años en esto de los sintetizadores. Aviso que todo lo que se pueda apreciar de ellos es puro veneno. Los vídeos que vi de este dúo me dejaron encandilado, y Bronwyn por supuesto tuvo mucho que ver. Aunque no lo parezca, pero estos vídeos son en directo, pero es tal la excelencia en su performance que no lo parece. Su música te cautiva desde el primer segundo, sus letras son, como no podía ser de otra manera, melancólicas y cargadas de mensaje y la voz de Bronwyn y su presencia ante las cámaras, hacen que se te queden los ojos como platos. Su voz es maravillosa y su elegancia y sensualidad no resulta más que desbordante.
Nací en 1986, tengo los ochenta recorriendo todas mis venas. No viví esos años siendo un adulto, no los pude vivir como me hubiera gustado para poder haberlos palpado como merecían, pero los años noventa estaban cargados de ese mismo halo. La música, y todo lo que enredaba aquella época, se reponía una y otra vez durante la colorida década de los noventa. He tenido la suerte de que mi infancia se desarrollara en esos años y para mi satisfacción he podido vivir esa época, como un niño, pero lo suficiente como para haberla disfrutado muchísimo, recordarla, y añorarla para siempre. Innerworld está repleto de buenos temas pero sin duda estos dos: Real Hero y Without You, son los mejores, sin desmerecer otros como Tomorrow, Another Story o WeAreTheYouth.
Una música tan cautivadora como inspiradora. Ideal para conducir, sea cual sea tu destino, o incluso hacerlo sin rumbo fijo. Pero el hecho de conducir con esta música, al anochecer, entre luces de neón y al amparo de las estrellas, se me antoja de lo más deleitoso. Si te gusta la buena música, amarás esta música, te encantará la voz de esta chica y por supuesto, de alguna u otra manera te embrujará tan sólo con su mirada. No podría ser más bonita.
Desde el pasado mes de noviembre tenía mi entrada comprada y desde entonces ya estaba algo nervioso por lo que suponía para mí saber que tendría la inmensa fortuna de poder estar con ellos encima del escenario. Sôber se convirtió sin esperarlo en mi grupo español favorito desde que escuché por primera vez ese Paradysso hace ya más de quince años. Era yo un adolescente imberbe cuando sentía la constante necesidad de escuchar su música y dejarme envenenar por sus letras. Y así ha sido. La pasada noche estuve con Sôber en el escenario. Sí, así, como leéis y podéis ver. Una experiencia única, irrepetible e inolvidable. Compartir un momento así con mi grupo español favorito se me hace difícil de describir. Estaba desbordado de alegría y excitación. Gracias Sôber, por el grandísimo concierto, por tantos y tantos años de buena música y por supuesto, por hacernos vivir algo tan bonito anoche. Jamás lo olvidaré. Tuvimos la suerte de poder conocerlos en persona y qué decir, son lo que siempre han transmitido ser, unas personas excepcionales, amables. Carlos, eres un tío extraordinario, siempre tan humilde y cercano.
Fue como una noche de Reyes, los fans que estábamos allí no podíamos pedir más, imposible sentirse insatisfecho. Los que adquirimos las entradas VIP estábamos citados a las 16:30 en la sala La Riviera para poder presenciar la prueba de sonido del grupo, conocerles, charlar unos minutos y fotografiarnos con ellos. Por si fuera poco, nos regalaron una camiseta del nuevo disco y subimos al escenario a ensayar con ellos la última canción, la que pondría el broche final a aquella noche que aún aguardaba. Hasta que se abrieron las puertas de la sala pudimos estar todo el tiempo dentro y también fuimos testigos del ensayo de los dos grupos que telonearon el viernes a la banda de Carlos Escobedo: la agrupación madrileña Contrabanda y 3Trie State Corner, venidos desde Grecia.Muy buenos ambos, me sorprendieron bastante.
El concierto estaba a punto de comenzar, pero antes, una sorpresa más: disfrutamos en primicia el nuevo videoclip de la canción Estrella Polar, una de las más espectaculares del último disco, Vulcano. Y con el tema que da nombre a este último y gran trabajo de los madrileños, comenzaba el concierto que todos llevábamos esperando desde hacía tiempo. El sonido, como siempre, espectacular. La primera vez que los vi en directo fue en la primavera del año 2003 y recuerdo que de las primeras cosas que dije tras el concierto fue lo bien que sonaban en directo. El viernes sonaron como siempre y yo disfruté como nunca. El setlist elegido contentó a la mayoría, y no digo a todos porque sé que para algunos resultó algo moñas. Nunca llueve a gusto de todos, pero desde mi mi humilde opinión, el combo de canciones elegidas fue de lo más acertado. Repasaron grandes temas de todas sus etapas y eso es justo lo que debe hacer un grupo que lleva tantos años encima de los escenarios y con tantos éxitos a sus espaldas. Como podéis ver en el vídeo, abrieron con Vulcano y, además de apreciarse lo entregadísima y emocionada que estaba la gente allí presente, se ve a unos Sôber con ganas de comerse la noche. Con este primer tema sonaron de lujo, al que le siguió otro tema de su última obra, Irreal, quinto tema de este nuevo disco y del que ya os hablé en Anhelarium no hace mucho. Para mí vulcano es un trabajo de mayor calidad y sobre todo más maduro que Letargo, pero sin que llegue las cotas de Superbia que, junto a Paradysso, me resultan los mejores discos de la banda. Tras estos dos temas, regresaron a 1999 para tocar uno de los más conocidos de aquellos jovencísimos Sôber: Loco, de su segundo disco, Morfología.
La actitud de la banda fue de total entrega desde el minuto uno, pero tras estas primeras canciones se les vio mucho más cómodos, quizás por la tranquilidad que da saber que el sonido acompaña y todo es propicio para que el concierto salga a pedir de boca. Llegó el turno de Sombras, tema inédito para cumplir su veinte aniversario y que publicaron en 2014. Carlos Escobedo presentaba el siguiente tema, uno de mis preferidos de Superbia, le tocaba el turno a Fantasma. El publico asistente recibió los primeros acordes de esta canción con mucha euforia, es sin duda uno de los mejores temas del grupo de estos últimos años. Sonó de escándalo y Carlos estaba que se salía, no sólo por su calidad como músico y por esa voz tan prodigiosa, sino por esa actitud que lo hace ser un gran frontman, siempre interactuando con los allí presentes, simpático, bromista, invitando al público a darlo todo. Papel mojado, uno de los platos fuertes del nuevo disco, fue otras de las más celebradas por todos, el primer medio tiempo de la noche. Escuchar esta canción tan sensible y cargada de esa melancolía tan característica de Sôber en directo es una verdadera maravilla: Soy el único actor que sufre y llora, con cada historia de amor. Quiero ser el escritor que sangra y siente con cada letra el dolor. Me dejé la voz cantando estos versos que me erizan la piel. Regresamos ahora al 2001 con Oxígeno, de su tercer disco de estudio, Synthesis. Pura nostalgia de aquellos Sôber. Como dijera, el repaso que dieron a su carrera musical fue más que acertado. Su siguiente tema fue Blancanieve, single de su anterior álbum, Letargo. Con este tema La Riviera estaba que se caía. La gente mostraba una atractiva conexión con la banda. Volvimos a Superbia para disfrutar en directo de Umbilical, donde Sôber se luce con este tipo de temas tan cañeros. Y antes de la primera parada para tomar aire, nos regalaron otro tema magistral, Hombre de hielo de Reddo, disco de 2004.
Me hizo mucha gracia al mismo tiempo que curiosidad ver cómo presentaba Carlos esta canción: Esta canción es de nuestro disco Reddo, sí, psé, Reddo, bah. Lo dijo como quitándole peso a este disco, como haciéndonos saber que sabe perfectamente que no es de sus mejores discos, o que no es un disco que tenga a los fans tan enamorados como con los demás. Con ironía o no, así fue cómo lo dijo. Personalmente este disco no es de los que más me gustan y precisamente el viernes cayó los dos temas más incuestionables de Reddo: Hombre de hielo y Cientos de preguntas. Volvieron a su nuevo trabajo con Arena, un tema impecable, otro de los grandes temas de Vulcano. Ahora a este tema le tendré un mayor cariño, porque justo al terminar, Carlos extendió su brazo y me regaló su púa personalizada con la que toca el bajo. Llegaron el segundo descanso con Lejos y Arrepentido, dos temas de aquél genial Paradysso. Regresaron al escenarios para calmar las ansias de la gente con un tema excepcional, que ya habíamos podido disfrutar aquella noche antes del concierto: Estrella polar. Uno de los grandes momentos de la noche fue con este tema. No había nadie que no lo cantara. El momento más sensible de todo el concierto. Llegamos a la recta final, con Náufrago y Tic Tac, de nuevo, del grandísimo Superbia. Tirarán siempre de este disco en sus conciertos porque es una joya, sus temas son verdaderas obras maestras del Rock patrio.
Y llegó el momento más ansiado, al menos para mí. Uno de los organizadores nos comentó horas antes del concierto que estuviéramos atentos porque, al comenzar el penúltimo tema, Diez años, debíamos acudir a una de las puertas laterales donde nos juntarían a todos y nos harían pasar al escenario y estar preparados para cantar Heroes, la última canción de la noche y que supondría toda una fiesta encima de las tablas. La banda junto a sus fans cerraron una noche de ensueño. Meses he estado imaginándome cómo sería este momento, suspirando porque llegara ya el 31 de marzo. Minutos antes de salir al escenario me temblaban hasta las orejas. Los que me conocen saben que sufro de ese absurdo miedo escénico, pero al verme con bastante más gente y con las ganas que tenía, en ese momento lo único que quería era vivir intensamente la oportunidad que nos brindaba Sôber, una oportunidad de oro que los fans nunca dejaremos de recordar y agradecer. Creo que sobran las palabras, que demasiadas ha habido ya en esta nueva entrada de blog, y más para intentar describir aquellos minutos. Mejor, véanlo con sus propios ojos. Sólo decir que ni queriendo, me hubiera salido un vídeo tan cojonudo. Sin querer corté la grabación, pero menos mal que ya llevaba casi cinco minutos y pude registrar para siempre algo así. Aquí lo tienen:
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