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Ni hace aún un año y un año va a hacer…

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…De aquella tarde en la que sintiera tanta alegría y orgullo por encontrarme conmigo mismo en aquel paseo tras esa etapa algo túrbida. De ese momento en el que me miré a los ojos, esos rebosantes de ilusión y me abracé con cariño. De aquella tarde en la que me encontré y de emoción lloré conmigo, en la que tropecé con mi ilusión, la de un muchacho muy joven y esperanzado que me animaba a seguir adelante. No. Ni hace aún un año y un año va a hacer. Y pareciendo que fuera ayer, desde entonces no he dejado de verme. No he dudado un segundo en acudir a mí para preguntarle a ese chico cómo de bien lo estoy haciendo, a lo que siempre me contesta con sonrisas y miradas de acogimiento. No sentiría jamás tanta complicidad.

Magia de la de los libros de cuentos
Gracias por otro año más
30 diciembre, 2014
27 diciembre, 2013

Ahora tan sólo sigo este ritmo acompasado como mejor sé, viviendo como si a morir fuera mañana, teniendo clara la idea de que la vida es ahora, y sólo ahora. Porque los proyectos de futuro son buenos, pero preocuparte y sufrir por ello es nefasto. Porque la vida es esto que está pasando ahora mientras te obcecas en pensar en el mañana. Sé muy bien de lo que hablo. Tuve que aprender a no pensar. Aprender a destrozar todo ese maldito pensamiento estructural que tanto me deterioraba. Me he sentido perdido. No sabía qué hacer ni a dónde me dirigía. Me sentía fracasado. He sufrido por cada intento fallido, me he visto frustrado, como un juguete roto. Pero aprendí, pues para eso estamos aquí, para aprender. Aprendí que poseo todas las virtudes para ser feliz y que mis carencias no significan que mi vida sea pobre o triste. Tengo todo lo que necesito para ser feliz, siempre lo he tenido. Me sacudí, me desprendí de toda energía negativa y ahí seguía el camino, cuesta arriba. Pero esta vez ya no miraba la cima, ahora me centraba en escuchar el fuerte sonido de mis pisadas.

No fue hasta ese momento cuando comencé a atisbar toda esa confianza que pareció desaparecer. Regresó la ilusión, y la fe en mí tornó más sólida que nunca. Henchido de confianza logré la tranquilidad que había perdido, reemprendí el camino con más fuerza de la que había puesto al comenzar. Y ha sido al lograr estar en este estadio cuando he podido dar forma, de la manera más sana y temperamental posible, a un proyecto de vida. Soy feliz porque sólo tengo que mirarme para saber que tengo todo lo que necesito para seguir hacia delante.

No necesitas nada de nadie y de nada más. Eres todo lo que eres, todo lo que necesitas, y estando bien contigo mismo, todo llega a su momento. FELIZ NAVIDAD Y FELIZ 2016, AMIGOS MÍOS. DISFRUTAD Y CONTENTAOS DE LA COMPAÑÍA DE LOS VUESTROS NO SÓLO EN ESTAS FECHAS, SINO SIEMPRE. SED FELICES.

 

Vivian Campbell – Uno de los mayores talentos del Heavy Metal de los 80

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Si me pongo en plan soñador y me imagino cómo hubiera sido si Vivian Campbell no se hubiera marchado de DIO, o la mujer de Roonie no le hubiera echado porque éste quería cobrar más que su marido, o lo que mierdas pasara. Si me imagino el cómo hubiese sido si Campbell y Ronnie se llevaran como hermanos y compartieran largos años de carrera juntos. Si me imagino más discos como el Holy Diver, The Last in Line y Sacred Heart. Si me imagino que los conciertos de esos maravillosos años hubieran tenido continuidad en el tiempo. Sólo se me viene a la imaginación que estaría ante la mayor banda de Heavy Metal, la más virtuosa y laureada, y sin duda, mi favorita. Pero no, el ser humano es así. Y en su relación con los demás, el ser humano puede llegar a ser de lo más visceral, tóxico y rencoroso. No me voy a meter en ese cruce de mierdas que tanto les salpicó a ambos durante años. Nunca me importó, y ahora menos, cuál de los dos tenía la razón, porque sus razones tendrían para no querer ni oír hablar el uno del otro. De hecho escribo esta entrada con la única intención de compartir con vosotros mi punto de vista sobre este prodigio de la guitarra, su virtuosidad, y lo que puedo ser y no fue. Y comenzaré por esto último.

El Heavy Metal perdía a uno de sus grandes titanes

Vivian Campbell, con permiso de mi añorado Marty Friedman, es uno de mis guitarristas favoritos. Lo es por todo lo que dio más que por lo que acabó dando, que no es poco. Y es que Vivian, antes de enrolarse en la fastuosa gira del homónimo y más coronado álbum de la banda de David Coverlade en 1987, sustituyendo al grandísimo John Sykes, era un joven diestro en la guitarra, toda una promesa del Heavy Metal en aquellos días. No solamente tocaba como el mismísimo diablo, sino que además fue parte en la composición de los que son y serán por siempre, los discos clave en este género musical. Hablo de los tres primeros discos de la banda DIO.

¿Veis? Pura magia. Su versatilidad, su energía, su juventud. El chico de oro. Cuando hace ya muchos años me dejé conquistar por estos sonidos, por esta música de dioses, mi pasión me llevaba a documentarme cada vez más sobre esas bandas que tanto me encandilaban, quería conocer todo lo que podía sobre esos artistas que con su música, jamás han dejado de hacerme vibrar de la emoción. Por eso, cuando siendo aún un adolescente que poco a poco se curtía con esta música y di con la trayectoria de Roonie James Dio y los suyos, me chasqueó la realidad de ver cómo aquello no fue a más. Para mí, con todos mis respetos hacia los fans de Def Leppard, fue y es una pena comprobar cómo Vivian Campbell colgó ese halo de magia en su perchero y aceptó tener un rol secundario en la afamada banda de Sheffield. Y por si fuera poco, su trayectoria con los Leppard no es para tirar cohetes y jamás ha vuelto a brillar como antes. No soy un experto en Def Leppard pero tengo el suficiente criterio como para decir que el fallecido Steve Clarks era el empuje de esos Leppard que llenaban estadios y vendían millones de discos. Quizás fueron esos los cantos de sirena los que hicieron que Vivian Campbell, aquél chico que, subido al escenario, deslumbraba a todos interpretando temas como Rainbow In The Dark o The Last In Line no se convirtiera en el mito que pudo haber sido. El Heavy Metal perdía a uno de sus grandes titanes.

Y el AOR entró en su vida

Pero no olviden que soy un gran admirador de Vivian Campbell y como no podía ser de otra manera, le seguí la pista. Ya los ochenta quedaron atrás, el Heavy Metal para él era parte del pasado. Los años noventa acababan de empezar y el AOR copaba como nunca las emisoras de radio. Encendías la tele y el AOR sonaba por todos lados. Sus videoclips eran los más demandados en la MTV y hasta las pelis y series de televisión no dudaban en utilizar el AOR como banda sonora. Quizás fueron esos los cantos de sirena los que hicieron que Campbell coqueteara con el mejor AOR. Y sí, su aportación al Rock melódico fue, en mi opinión, sensacional.

Así nació Riverdogs en 1990, y junto al batería Marc Danzeisen, completó el line-up que daría forma a uno de mis discos noventeros favoritos. Espléndido Hard Rock endulzado con la sensibilidad del mejor AOR. Así es este gran disco, uno que alberga temas como Whisper, tema con el que comienza este álbum o Toy Soldier. Lanzaron tres años después su segundo álbum, titulado Bone, ni la mitad de bueno que el homónimo y no, ya Vivian no se encontraba en las filas del grupo. A este segundo disco lo acompañaron con un acústico en directo que es toda una delicia, Absolutely Live, donde interpretan Toy Soldier como nunca. Tanto que prefiero su versión en acústico que la de estudio. El primer disco se ganó las alabanzas de la crítica y tuvo una muy buena acogida entre los fieles al Rock más melódico. En 2011, Vivian regresó a la formación para publicar World Gone Mad como tercer disco. Nada más que deba destacar.

Pero antes, en 1991, Campbell acompañó a Lou Gramm, cantante de la importantísima banda Foreigner, en un proyecto que quedó en el olvido incomprensiblemente. Una joya del AOR extraviada en el tiempo. Hablo del homónimo y único disco de la banda Shadow King. Presentaron este proyecto con el single I Want You, pero fue realmente su medio tiempo Don’t Even Know I’m Alive, la que causó más efecto. Poco antes de que acabara la década de los noventa Vivian presentó otro nuevo proyecto, uno con base muy melódica y tintes Pop. El grupo se llamaba Clock y de nuevo, poco más puedo destacar.

Tampoco entraré a reseñar su etapa en Def Leppard, un grupo del cual sólo me gustan temas sueltos y mucho menos, su intento de rescatar (a buenas horas, y de qué manera) el legado de DIO con The Last In Line, otro de sus nuevos proyectos. Ahora, se reúne con sus antiguos compañeros de aquella gloriosa etapa, Vinny Appice y Jimmy Bain para intentar hacer algo parecido a aquellos majestuosos discos con Ronnie al frente. No han conseguido acercarse lo más mínimo.

El rencor, la falta de armonía que hace perder las buenas formas, la poca inteligencia emocional y las muchas ganas de ganar dinero, provocaron que el talento de este guitarrista se esfumara y con él, la posibilidad de crear un legado sin igual que pudo empezar con aquél Holy Diver. Pero, amigos míos, perdonad si sueno pesimista, no es mi intención. Porque sé que al menos, tenemos esos discos, los primeros discos de DIO ayudaron a consolidar aún más, y de la mejor manera posible, el Heavy Metal, el género musical que lograría extasiar a la mismísima María Teresa de Calcuta.

Heavy Metal is the law!

Danza de Dragones. Quinto libro de la saga Canción de Hielo y Fuego, de George R.R. Martin

Danza_de_DragonesHan pasado ni más ni menos que seis años de la última vez que escribí sobre la saga de Canción de Hielo y Fuego en este blog. Fue allá por el verano de 2009, cuando devoré como un loco todos los libros publicados por la editorial Gigamesh sobre esta truculenta saga. Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Y es ahora, cuando esta saga se ha convertido en toda una franquicia que arrasa a nivel mundial y tras estar actualmente en rodaje la que será la sexta temporada de la serie emitida por la prestigiosa cadena norteamericana HBO, cuando me dispongo a reseñar su quinto título, Danza de Dragones. Créanme, no es fácil, y más sabiendo todo lo que arrastra esta serie de televisión. Recuerdo con cierta nostalgia aquellos días de verano, cuando solía leer en la playa todos esos libros de la saga titulada Canción de Hielo y Fuego, una serie de libros que sólo conocíamos los más frikis de la literatura fantástica. Pero ahora el escenario ha cambiado, y Juego de Tronos, como así ha quedado el título de su versión en la pequeña pantalla, se ha convertido en la serie más demandada, la serie referencia de toda la fandom y que más éxito tiene en la parrilla televisiva junto a The Walking Dead. Ahora todo el mundo, en mayor o menor nivel, está familiarizado con esta enredada y tremebunda historia.

Todo un fenómeno televisivo

En abril de 2011 comenzó a emitirse la serie Juego de Tronos y en un principio cada temporada de la misma abarcaría un libro de la saga Canción de Hielo y Fuego. David Benioff y D. B. Weiss serían sus guionistas y productores ejecutivos y contaría con un reparto por lo general lleno de caras jóvenes que a día de hoy, y tras el tremendo éxito de la serie, componen el elenco de actores más demandados. Porque a la veteranía de actores como Sean Bean (El Señor de los Anillos) y Lena Headey (300), se sumaron un catálogo de nuevas caras como la de Emilia Clark, que daría vida a la mismísima Daenerys Targaryen y que es toda una sex simbol del momento. Ni que decir tiene Kit Harington, actor que encarna el papel de Jon Nieve. Son los actores estrella de esta serie televisiva. Sin olvidarnos, cómo no, de Sophie Turner (Sansa Stark), Richard Madden (Rob Stark) o Peter Dinklage (Tyrion Lannister) entre otros. La serie es todo un fenómeno. Personas que nunca le han prestado la más mínima atención a la literatura fantástica (y quizás a los libros en general) se vuelcan con esta serie. Juego de Tronos ha calado hasta los huesos a un público de lo más heterogéneo, teniendo una acogida casi sin precedentes. En su palmarés cuenta con un Globo de Oro y 26 premios Emmy, dos de los cuales fueron para el actor Peter Dinklage como mejor actor de reparto al enfundarse en la piel del avinagrado Tyrion Lannister.

Dedicarle más líneas a la serie de televisión sería alargar mucho e ineficazmente esta reseña. Así que a partir de ahora me centro de lleno en este quinto libro, Danza de Dragones, un libro mucho más satisfactorio para el lector que Festín de Cuervos y más eficaz de cara a esta vil historia de traiciones, sangre y sexo. Si en algún momento tengo la tentación de spoilear, avisaré llamativamente, pero no suelo tirar de spoilers a la hora de reseñar un libro.

El principio del fin de una batalla épica sin igual

Antes de empezar, subrayo un detalle importante. Los acontecimientos que surgen en el cuarto libro de la saga, Festín de Cuervos, son contemporáneos a los de Danza de Dragones. Lo que brota de cada uno de los dos libros sucede en un mismo tiempo. Y si líneas atrás dijera eso de que este, por ahora, quinto libro, satisface más al fiel seguidor de esta saga, es porque en Festín de Cuervos, George Martin decretó centrarse en personajes secundarios, dejando lo más gordo para esta, su danza de dragones. Así, es en este quinto libro donde volvemos a encontrarnos en el camino con personajes tan importantes como la hermosa Daenerys, el incuestionable Tyrion y el atrevido Jon Nieve. Estos tres personajes llevaran el peso de este volumen, vertebrarán el que es por ahora el punto más álgido de la saga. Tras la publicación de Festín de Cuervos, los adeptos a esta maquiavélica odisea tuvimos que esperar seis años para disfrutar de esta quinta entrega. Por lo que fueron seis años de cierta inquietud por el desasosiego suscitado del cuarto libro que dejó, os lo aseguro, a muchos insatisfechos.

Con Danza de Dragones es un verdadero placer volver a disfrutar de personajes como Daenerys o Arya Stark. El autor nos muestra su situación y refleja la evolución de estos personajes, y de manera más destacable con los hijos de Invernalia, Arya y su hermano bastardo Jon Nieve. El problema para mí, es que en esta entrega George da demasiado protagonismo a personajes que lo único que hacen es distraer tontamente al lector, haciendo que este pueda descentrarse fácilmente y perder el hilo de la historia. No ocurre lo mismo con otros personajes, a los que Martin les hace dar un paso al frente, como el entrañable ser Barristan Selmy, Theon Greyjoy, Davos Seaworth o Quentyn Martell. Estos personajes secundarios cobran mayor entidad para conducir directa e indirectamente a los principales actores de esta saga, y sobre todo, son los que mejor ubican a lector en las distintas tramas que acontecen.

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Pero otro problema que le veo es que Martin ha abusado mucho de querer presentar al lector demasiados enredos del pasado, esto sí que nos ha disipado muchas veces perdiendo un tanto el hilo principal, pues en su afán de crear una novela rica y cargada de personajes repartidos en distintas generaciones familiares, provoca una red engorrosa de personajes que no sabes ni dónde salen ni qué pintan ahí. Y es que George Martin peca en demasía con este quinto libro de dedicarle tiempo a eventos que poca trascendencia tienen en los sucesos que verdaderamente importan en esta historia. Si Tolkien se tomaba su tiempo para detallarte las ramas de un árbol o el arroyo de un río, Martin se queda a gusto dedicándole páginas a asuntos verdaderamente nimios. Todo esto, claro, es mi opinión. Seguro habrá seguidores que opinen lo contrario y hayan disfrutado con la lectura de cada palabra. Lo que no les hace por supuesto más adeptos a esta obra. Pero este tinglado tiene su aquél. Y es que dicen las malas pero inteligentes lenguas que todo esto es cosa de HBO, saben que Juego de Tronos es la gallina de los huevos de oro, y es que cuanto más duren los libros, más audiencia, cuanta más audiencia, más dinero. Y poderoso caballero es Don Dinero. Por cierto, antes mencioné tontamente al señor Tolkien y, para mí, la continua comparación de Martin con el profesor británico es, para este que os escribe, toda una memez. Nadie ha conseguido crear una obra de la magnitud de El Señor de Los Anillos y todo lo que esta epopeya de la Tierra Media engloba. Pero sigamos con Danza de Dragones.

George Martin, en cuanto a su prosa y manera de presentar la historia sigue en su línea. El lector no notará en esto nada nuevo. Pero hay algo a destacar aquí que llamó mi atención. Martin se ha vuelto más explícito, más si cabe. Indiscutiblemente Canción de Hielo y Fuego es de esas obras de fantasía épica directo a un público adulto, nada que ver con la fantasía de R.A. Salvatore o Christopher Paolini. Por lo que si George Martin ha elevado las escenas de sangre y sexo, dudo que sea por dotar de más seriedad o madurez a esta obra. Sus intenciones serán otras. Pero tampoco voy a quejarme de lo perverso que pueda resultar alguna que otra escena porque a estas alturas nadie debe asustarse de nada y por otra parte, él hace lo que le da la gana con su libro. A quien no le guste que no lo lea. Y es que, este ratón de biblioteca que os escribe, ya ha escuchado a alguna que otra adolescente avinagrada quejarse de tanta explicitud por parte de Martin en este último libro publicado. Bobadas.

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Volviendo a la historia, la trama avanza a trompicones y el invierno se acerca, y Jon Nieve y Samwell Tarly son testigos de cómo el Muro, Desembarco del Rey y el Mar Angosto se están convirtiendo en el escenario de la mayor guerra que se haya conocido jamás en los Siete Reinos. Ramsay, el bastardo de los Bolton, es el sádico hijo de puta más grande que pueda haber y Stannis Baratheon no cesa en su empeño de sentar su huesudo culo en el Trono de Hierro tentado por la implacable Melissandre. La Madre de Dragones en Mereen se enfrentará a una guerra civil, cada noche se verá bañada en sangre y sus dragones crecen, crecen y se impacientan. Theon Greyjoy se gana por méritos propios el cariño del lector, haciendo que cada uno de sus capítulos sean un regalo. La transformación de Arya Stark invita a cuestionar si es esa la verdadera edad de la niña, pues no solamente su impecable actitud sino cada una de sus palabras no es habitual en una adolescente. Estamos ante uno de los personajes que junto a su hermano Bran, darán mucho que hablar más adelante. La taimada y astuta Cersi Lannister no toma mucho protagonismo en este volumen, pero su breve paso por Danza de Dragones es digna de heroína. Todos colocan sus fichas en el tablero. Danza de Dragones es pues el principio del fin de una batalla épica sin igual.

No me quedo del todo a gusto si no termino este reseña señalando lo mucho que gusta levantarle los cuartos a los consumidores. Cuando este humilde bloguero empezaba con la apasionada lectura de estos libros, los mismos tenían un precio en el mercado de veinte euros como mucho. Seis años después de Festín de Cuervos y tras el imponente éxito de la serie comandada por HBO, veinte euros es lo que acabó costando la edición de bolsillo de Danza de Dragones, costando el doble, cuarenta euros, su edición normal. Tela marinera.

Canción de Hielo y Fuego, una saga que resulta obligada de leer si de verdad te gusta disfrutar de la lectura. Fin de la reseña. Y mira tú por donde, ¡sin spoilers!

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